Valores éticos y morales en la enseñanza

Diario “El País ” de Montevideo, setiembre de 2000

Por Raquel Pizzorno de Ferreira

El señor presidente de nuestro país (Jorge Batlle) volvió a sorprender con sus removedoras ideas. Esta vez lo ha sido con expresiones tales como que “los valores morales, los valores éticos tienen que estar en la base de la enseñanza de los seres humanos”.

Desde ese instante suman ya un número destacado las cartas, los programas de televisión y las audiciones radiales que se ocupan del tema. De gran importancia, sin duda.

Ha promovido algo muy digno de ser destacado: nos ha llevado a reconsiderar, revaluar, recordar, reconsiderar cuánto bien hemos recibido en la enseñanza pública, así como a reiterar el agradecimiento a nuestros padres por los firmes conceptos éticos y morales que naturalmente nos brindarán. Todo lo cual no merece cuestionamientos.

La realidad es que aparecieron aspectos que sorprenden, aspectos que parecen dar a entender que hay otras intenciones detrás de tanta discusión. Hoy, ya no se habla sólo de los valores morales.

Lo que he leído en vuestro editorial del martes 24 de los corrientes, titulado “El grito del tero” conmueve profundamente. No por desconocido, sino que ante tan grave denuncia, recordamos nuestra Carta Magna y acá sí, pienso que los ciudadanos, todos, deberíamos esperar la inmediata intervención del Ministerio de Educación y Cultura para su cumplimiento, ofreciendo los mecanismos para que se cuente con las normas precisas tendientes a impedir que se produzca “El efecto multiplicador que tiene la acción de un docente es devastador…” (del artículo ya citado).

Los padres deberían tener pleno conocimiento de esas normas, así como saber de las disposiciones legales que les ampararan en la atenta vigilancia sobre la orientación que sus hijos reciben en el aula.

Parecería que el derecho de los padres estuviera reclamando ser defendido y protegido a fin de ser ejercicio en plena libertad, la que debe estar vinculada al deber y a la responsabilidad individual.

Lo expresado en el último párrafo del mencionado editorial es un toque de alerta que, entiendo, debe ser leído y releído, lo sentí como un clamor que no se puede dejar de tener en cuenta. Vuestra denuncia es muy seria.

El debate sobre laicidad, por tanto, no debería centrarse en el tema religioso sino en el político.

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