Espiritualidad y laicidad

Diario “El País” de Montevideo, mayo de 2005

Por Alex Müller

Respecto a la Editorial del 4 de mayo sobre la espiritualidad de los uruguayos quiero realizar algunos comentarios.

La afirmación que la laicidad –que aún no está plenamente lograda como bien se expresa- no es una conquista social pues solo fueron unas pocas mentes las que lucharon por su realización, merece una reflexión. Está comprobado por siglos de historia que no se puede sostener ninguna posición estatal por mucho tiempo si la sociedad en su conjunto no la avala al menos con su sensibilidad, de modo que, luego de tantas décadas de separación de la Iglesia del Estado, no nos queda ninguna duda que es una conquista querida, actual y de profundo arraigo en la sociedad Uruguaya.

También llama a reflexión la sugerencia de que la espiritualidad es un asunto religioso y que la laicidad atenta contra ella. Es ampliamente conocidoque desde los orígenes mismos de la historia existieron corrientes intelectuales que no siendo religiosas rindieron incuestionable culto a la espiritualidad desde un punto de vista racional y sensible, prescindiendo completamente de los dogmas. Nos referimos por ejemplo a los griegos, a los filósofos de la época de la revolución francesa, a los científicos de la época de Keppler y Newton, y a gran parte de la camada de intelectuales Sudamericanos de principio del siglo pasado.

Consideramos que la espiritualidad para nada es potestad exclusiva de las religiones. De hecho tengo para mí que éstas, en cierta forma la desnaturalizan. Permítame ejemplificarlo. Me encuentro en este momento en un país donde la inmensa mayoría de las personas son cristianas. Donde la mayoría cree, sorprendentemente, que el mundo tiene solamente 6 mil años, y donde se debate si se debe o no enseñar los descubrimientos sobre la evolución de las especies de Darwin en los programas oficiales. Me refiero a los Estados Unidos. Y sin embargo es, tal vez, el país más superficial y materialista del mundo. ¿Curioso no?

Nadie puede negar que las bases de la cultura occidental son cristianas y que el lenguaje y los conceptos que influyen en las actitudes y determinaciones de casi todas las personas son de ese origen. Sin embargo miremos la historia y miremos las noticias de la actualidad: ¿dónde está la espiritualidad que esta cultura reclama proliferar?

Coincidimos si con lo expresado en el artículo referido sobre cómo la intolerancia atenta contra la laicidad: basta ver la historia pasada y reciente de esta cultura occidental cristiana para observarlo. Pero la cuestión está en determinar de qué lado se ha encontrado principalmente la intolerancia. Coincidirán quizás los lectores en que no son justamente las religiones las que han dado ejemplos reales de tolerancia.

Y fundamentalmente coincidimos con que “aumentar los territorios del espíritu es trabajar por el bien del hombre”. Aunque considerando lo antedicho, ¿serán las religiones el camino adecuado hacia esa espiritualidad?

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