La Logosofía, la cultura y la multitiud en la historia

Un diálogo con Raumsol

Diario “La Mañana” de Montevideo, Uruguay, 9 de octubre de 1957

Fue huésped de nuestra ciudad Carlos B. González Pecotche, que con el seudónimo de “Raumsol” ha iniciado en la Argentina el movimiento conocido con el nombre de “Logosofía” que se ha extendido al Brasil y, desde 1932, al Uruguay. Con prescindencia del mérito que se le asigne a su contenido ideológico, es innegable que la logosófica supone una corriente que ha concitado a su alrededor innumerables adhesiones y que, en el Uruguay, cuenta con una sede propia importante, una actividad intensa y copiosa afiliación. ¿No es la magnitud del movimiento suficiente acicate para dialogar con quien es su fuente y estímulo? En el plano de las ideas, toda coyuntura que tienda a agitarlas provocando la discusión, es invariablemente un excitante que ha de aprovecharse.

¿Un aporte nuevo?

En los últimos años surgen en el mundo algunas reacciones dirigidas a proveer al hombre de nuevas armaduras para la cruenta batalla de su contemporaneidad vista como el enemigo del espíritu, del bien y del amor fraternal. Unos se desplazaron en el plano dogmático, otros en el moral. Este pretende emplazarse en el plano de la cultura. Pretende ser una cultura en sí misma. Por eso dice Raumsol que la “Logosofía no se trata de un aporte, sino de una nueva cultura llamada a corregir los grandes errores del pasado y presente en los enfoques que estructuraron la actual civilización. Esos errores serían: las posiciones intransigentes tomadas respecto al hombre en su perspectiva mental, psicológica y espiritual. Igualmente respecto a otros puntos no menos trascendentes que son materia de investigación y estudio en los ámbitos logosóficos”.

Y aclara la mención en esa ciencia de Dios diciendo: “…porque la logosofía considera a Dios creador de la Ciencia Universal puesto de manifiesto en todos los procesos de la Naturaleza y en la magnífica y extraordinaria constitución del organismo humano. La ciencia del hombre no hubiera podido tener sentido alguno si no tuviera su razón de ser en las mismas instancias de la Ciencia Universal.”

Algunas puntualizaciones

Nosotros pensamos que todas las religiones que, originariamente se confunden en el fondo del tiempo; que todos los sistemas filosóficos suponen en algún aspecto un sistema moral con el bien y el mal por centro de irradiación. Y entonces le observamos, ¿por qué cree en la necesidad de proclamar otro sistema moral -el suyo- por la conquista de un hombre mejor, individual y socialmente? ¿Tal vez tales religiones y filosofías contienen -a su entendimiento- claros, vacíos, o imperfecciones que obligan a la estructura de otra concepción humana y filosófica?

Y nos replica: “…no he proclamado un sistema moral, sino una nueva concepción del hombre y su vida, señalando la necesidad de un advenimiento espiritual concorde con su naturaleza de ser racional y sensible. Para el logro de ese fin, la Logosofía ha instituido su método, enteramente original, que permite al individuo realizar un proceso real e integral de evolución consciente. No tiene la concepción Logosófica punto de referencia ni semejanza con ningún sistema, teoría o religión conocidos. Basta examinar los conceptos Logosóficos y cualesquiera de los admitidos hasta aquí para apreciar tal diferencia y la necesidad de una concreción para enderezar el equivocado camino que está siguiendo la humanidad”.

El precepto y la norma

Frente a los ocho libros de Raumsol sobre la Logosofía todos arquitectados sobre argumentos subjetivos, de trascendencia preceptual, le objetamos: ¿Por qué cree más en la eficiencia del precepto que de la noción, con lo cual el perfeccionamiento se dirige más al perfeccionamiento individual que al colectivo? ¿Cree más útiles las normas de conducta y ética individual y es por esta razón que la mayoría de sus pensamientos convergen en formular y dictar normas destinadas a fijar un estilo de vida con el bien por finalidad y la espiritualización como medio de lograr esa finalidad?

“Sin el perfeccionamiento individual -responde- todo intento de superación colectiva carecerá de base. Debe lograrse primero la conciencia de la responsabilidad en el individuo, para que esa conciencia sea una realidad entre el número de los hombres de la sociedad humana. Lo contrario sería dictar fórmulas rígidas, que la colectividad debería acatar sin ninguna libertad de opción”.

La multitud y la historia

¿Ignora -le decimos- o desconoce, acaso, la obra anónima de la multitud en la historia y exalta y glorifica la obra individual?

“La concepción Logosófica no hace valoración de lo que se llama la obra anónima de la multitud, ni glorifica la obra individual. Principiando: la masa humana siempre habrá de hacer aquello que le indican o la obligan a hacer sus dirigentes, sean éstos del orden que sean, lo que implica reconocer al individualismo siempre gobernando lo colectivo. Lo contrario es una ilusión óptico-mental. La democracia, por ejemplo, se fundamenta en que la ciudadanía, o sea el pueblo, elige sus representantes, y éstos gobiernan en nombre del pueblo, como individuos. De ahí que sea tan necesario que el hombre, individualmente, se perfeccione, para que el conjunto, el  pueblo, sea el primer beneficiado, puesto que la suma de todos los hombres que individualmente se perfeccionan, habrán de formar un pueblo más consciente de sus responsabilidades y mejor constituido”.

El subrayado

La amplia casa donde el apartado logosófico del Uruguay cobija sus actividades, se ha transformado en un recinto humano ávido de oír al “conductor”. Entre ese enfervorizamiento de adherentes entusiastas no es fácil hallar el hueco propicio a la aclaración.

No dejamos empero, de subrayarle, que no concebimos, que un adoctrinamiento sea estructurado sin que ninguna de sus ideas se asemejen a otras y tengan una originalidad absoluta, hasta representar ellas mismas una cultura por ellas solas. Una cultura es siempre una realidad colectiva de dimensión histórica. No se levanta solo el programa que elabora un hombre; asciende sobre las circunstancias transformadas en valores en función de espíritu, que elabora la historia y sublima la tradición.

Y el tiempo que apremia y los partidarios que esperan la palabra fácil y cálida de Raumsol, corta el diálogo y con él la réplica, por cierto.

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