La juventud y la enfermedad del vacío

Por Dalmy Gama – Minas Gerais, Brasil

Padres vacíos, hijos vacíos.

Por más que quieran, nunca podrán dar a los hijos aquello que no tienen. Y no tienen porque tampoco recibieron. Dio en el clavo quien un día dijo que el futuro de la humanidad no está en la infancia ni en la juventud, sino en la mente de los adultos. Principalmente de los padres y maestros.

Hoy, los viejos conceptos y valores (la mayoría de inspiración religiosa) van siendo destruidos con voracidad indecible. ¿Qué tienen los padres para ofrecer a cambio? Sin conceptos y valores, la vida declina, entra en decadencia.

Llegados a la adolescencia, los hijos levantan la cresta. Toman prestados los modismos y las ideas del mundo. Se enfrentan a los padres empuñando la bandera de la “modernidad”, y reaccionan contra toda norma y principio. Confunden libertad con libertinaje, y destruyen el pudor y la intimidad en la misma hoguera en que calcinan los tabúes. Atan el sexo al poste de las aventuras sin compromiso, sin responsabilidad, y practican un amor sin raíces, indiferente al mañana. Esterilizan el presente y comprometen el futuro a cambio de placeres efímeros, ofreciendo la propia salud física y psicológica en aras del descuido, de los desequilibrios, del cansancio prematuro de la vida, de la muerte de todo sueño superior…

¿Y qué hacen los padres? Los que se preocupan sinceramente, sufren por la falta de recursos. Se desesperan, se quejan del mundo, lloran. Unos cuantos recurren a los analistas, en busca de alguna luz, de una convicción. Y están los que dejan para más adelante y lo ponen en manos de Dios o del Diablo –que tampoco aceptan el problema-.

En la hora de la verdad, los padres no saben qué pensar, qué decir, o qué hacer…Su pobreza de contenido se muestra, entonces, desnuda y cruda. Las excepciones, que felizmente existen, son cada vez más raras.

¿Dónde está la solución? En la conquista de la Sabiduría, o sea, en el conocimiento consciente y práctico que el hombre adquiere de sí mismo, de la vida, de las Leyes de la Creación y de Dios. Dijimos “conocimiento”, y no “creencia”. La mayoría de los padres ya son creyentes desde la infancia, o desde Adán y Eva…

Un ejemplo de Sabiduría, tal cual la entendemos, puede ser palpado en el libro El Mecanismo de la vida Consciente, de Carlos Bernardo González Pecotche, en venta en la Librería Kit Mania. En sus páginas, encontramos muchos elementos sobre el conocimiento de sí mismo, la evolución consciente del hombre, la integración del espíritu, las Leyes Universales, la herencia de sí mismo. Y también sobre las facultades de la mente y de la sensibilidad, el instinto, los pensamientos como entidades autónomas, las deficiencias psicológicas, el concepto de redención, el estudio trascendente del Universo y de Dios.

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