La Guerra y la Paz

Antología “Para los ratos libres” (cuaderno 3)

Por Celia Testa (Celtes)

Se habla mucho de la guerra y de la paz, generalmente para condenar a una y aspirar a la otra, pero por lo que se ve, la venta de “armas de guerra” en las jugueterías es aún un buen negocio, las películas de violencia en los cines y la televisión tienen muy buena aceptación, las crónicas policiales y las entrevistas periodísticas a los delincuentes o sus familiares así como los entretenimientos se promocionan en base al drama, la tragedia y el terror que inspiran.

Se pide paz porque se aspira a la paz, pero se promueve la violencia en los más diversos envases. Los comunicadores nos han familiarizado con los delincuentes y nos han hecho conocer los destrozos en los penales así como los derechos humanos de sus autores quienes exigen que estén las cámaras de televisión presentes para “negociar”.

Los sindicatos emplean huelgas como método de coacción y los vecinos cortan carreteras y calles por sus reclamos particulares. Cada cual emplea la violencia a su alcance para respaldar sus pretensiones  y se perjudica a los que no pueden hacer nada para solucionar problemas ajenos.

Se rompen, ensucian y maltratan los bienes de uso público y se protesta por el estado de descuido de los mismos, y los estudiantes gastan tiempo, atención y energía en destrozar lo que sus padres y abuelos construyeron pero sus hijos no podrán usar.

La historia universal es una crónica de guerras, de crímenes e intrigas por el poder, donde la paz ha sido solamente un paréntesis entre una guerra y otra, entre temores y terrores que muchas veces se han justificado presentándolos como un servicio a un dios de amor, paz y justicia.

De las guerras no se han extraído experiencias para evitarlas, sino que, por el contrario, las ciencias y las tecnologías han contribuido a fomentarlas, y el comercio de armas ha sido el favorecido. Por otro lado se familiariza a los niños con la muerte, aunque sea en la ficción.

La paz no es solamente la ausencia de guerra como explica el diccionario sucintamente. La paz es el equilibrio de la justicia, la armonía y el orden en todos los aspectos de la vida. Y la guerra es la culminación lógica de una serie de pequeñas y grandes situaciones de violencia que advertida o inadvertidamente, cada uno promueve, que van minando el espíritu, opacando la razón, creando resentimientos, odios y “ganas de matar”.

A este estado de desorden no ha sido ajena la avidez de quienes, poniendo su inteligencia al servicio de sus mezquindades, y de sus intereses egoístas, olvidaron que la fraternidad es ley de la vida. También de quienes han pretendido imponer sus creencias y sus ambiciones a sus semejantes, cuando se ha confundido responsabilidad de gobernante para servir al Estado, con omnipotencia para servirse del Estado.

Muchos dirigentes sociales han olvidado que la democracia bien entendida requiere que el beneficio sea justo y sea para la mayoría de los ciudadanos, sin tener en cuenta parientes, amigos o las presiones de masas humanas.

Educar para la paz ha de ser misión ineludible del futuro próximo. Ha dicho el pensador Carlos González Pecotche y es axiomático que solamente se puede tener paz si cada uno la proporciona. Y las Naciones Unidas han proclamado que “dado que las guerras se gestan en las mentes de los hombres, será en las mentes de los hombres donde habrá que empezar a construirse la defensa de la paz”.

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