El Origen del Principio

Por Celia Testa (Celtes)

Una buena amiga mía quería saber quienes habían sido los primeros pobladores del orbe, quería conocer el origen de la humanidad. De modo que fue con verdadero agrado que recibió mi sugerencia de consultar a un anciano vecino y a visitarlo nos encaminamos. Él no se inmutó con la pregunta, por lo que interpretamos que ya tendría esa interrogante contestada para sí y que nosotras nos aprovecharíamos de sus hallazgos con solo preguntar.

Después que el anciano la escuchó atentamente le formuló tres preguntas:

  1. para qué quería saber el origen de la humanidad
  2. si cuando él se lo dijera, ella le creería o lo comprobaría, y en este caso, cómo lo comprobaría.
  3. qué iba a hacer con ese conocimiento.

Las dos gozábamos por anticipado de conocer, al fin, nada menos que el origen de la especie humana, así que rápidamente le respondió a la primera pregunta diciendo que quería saberlo para satisfacer su curiosidad; a la segunda respondió que como no tenía forma alguna de comprobar lo que se le dijera, estaba dispuesta a creerlo y con eso se daría por satisfecha;  y a la tercera contestó que no sabía y que no pensaba hacer nada especial.

El anciano sonreía enigmáticamente y yo permanecía expectante, pues sabía que conocer el origen del principio sería haber conquistado los secretos de la Creación o hacer una apreciación temeraria.

Mientras yo observaba oí que el anciano decía que quien no era capaz de descubrir o comprobar por sí mismo los detalles de ese hecho, no estaba en las condiciones óptimas para beneficiarse con un conocimiento que las generaciones pasadas se habían encargado de olvidar, y que de conocerlo, quizás se volvería a olvidar. Luego agregó que si ella estaba dispuesta a creer cualquier cosa que él le dijera, poco importaba a cuál creencia se aferrara y que, por lo tanto, ahora tenía la oportunidad de elegir lo que quisiera creer. Podía inventar una historia o creer alguna de las ya inventadas. Y el hecho no tendría consecuencias para ella, ni para la humanidad.

Sonriendo agregó que no había formulas mágicas para calmar una inquietud, aunque sí formulas tontas para calmar una curiosidad. Y de ese modo quitó la curiosidad del medio, sin haber concretado nada.

Desde entonces yo he quedado pensando ¿cuál habrá sido el origen del principio?, ¿y cuál habrá de ser el final?

 

 

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