Reflexiones sobre autocrítica médica

De la Revista “Logosofía” N°  76

Por el Dr. Erasmo Arrarte

La ciencia médica estudia la autocrítica para lograr, en lo referente a sus palabras y acciones, el conocimiento de las nociones de sensatez y cordura que el individuo posea de sí mismo.

Es obvia la importancia de este estudio, por cuanto el conocimiento que el propio ser tenga del valor y significado de sus pensamientos y actitudes, es el que permitirá saber si la conciencia mantiene su integridad, total o parcialmente, o si habiendo ella desaparecido, determinará como lógico resultado, la anulación del individuo como entidad humana, con sus obligaciones y responsabilidades.

Lo dicho es suficiente para concebir la multiplicidad de los problemas que, en lo referente a la capacidad civil, toman nacimiento en las variaciones que ese estudio señala para la integridad de la conciencia. Por otra parte, si consideramos la diversidad de apreciaciones en materia tan delicada, podemos juzgar las causas que han hecho escribir tantas páginas sobre el tema y la existencia de no menos concepciones referentes a capacidad civil.

La autocrítica, constituyente básica de la autognocia o culto logosófico del primero e indispensable de los conocimientos: el de sí mismo, tiene alcances y proyecciones que exceden considerablemente al estudio de la capacidad corriente y admitida como normal, por el motivo de que ésta es el punto de partida para su ampliación y fortificación en el campo experimental. Por consiguiente, en tanto que la autocrítica científica se dirige a establecer si hay o no capacidad y responsabilidad, o en qué grado está disminuida o perturbada la mentalidad, a los efectos de dar una ubicación en un test o en un cuadro gnoseológico, la autocrítica logosófica dirige sus enfoques hacia el estudio de los estados mentales y clasificación de los pensamientos -el basamento consciente puede hacer factible este estudio inicial-  a fin de ordenar, modificar y ampliar la disciplina interna hasta adquirir una actividad mental propicia al discernimiento y equilibrada apreciación del valor y sentido de las realidades que se traduzcan en una mayor capacitación.

La ciencia oficial propende mediante su autocrítica a establecer si hay un valor civil y social en el individuo y en qué grado, con el fin de delinear el derecho individual y sentar normas para la convivencia social. La Logosofía, en cambio, parte de la capacidad corriente para fortificarla, introduciendo orden, mesura y paz en el recinto mental, en forma que las aptitudes realizadoras y creadoras, orientadas hacia una evolución consciente, hagan efectiva esa evolución, la aceleren y coloquen al hombre en un plano de mayor significación, impidiéndole caer en acciones o vicios que desdicen y son opuestos a una capacidad normal.

Los conocimientos derivados de la autocrítica científica, conducen a una estimación y consideración entre los seres, y a ciertas nociones de responsabilidad en las esferas moral y legal. En el dominio logosófico, la autocrítica proporciona un anhelo de realización y de penetración en el campo de nuevos conocimientos y actividades; un hondo sentido de la responsabilidad que palpita en la misma significación de cada pensamiento o palabra emitida; una amplia tolerancia para los conceptos y actos ajenos, y un sentido de perenne cooperación cordial en las más variadas circunstancias, en forma que el concurso mutuo amplíe las posibilidades y aptitudes, a la vez que se lucha sin tregua contra las prepotencias, mofas, egolatrías y rivalidades que, después de conducir a las ofuscaciones y agresiones, originan el separativismo morboso y el total olvido de la consideración y respeto debidos entre seres realmente cultos que tienen análogo origen, luchas y destino. Para dar un comienzo eficaz a este proceso, la autocrítica deberá operar en la vida y actividad de los pensamientos, en los que comienza, repetimos, la responsabilidad inherente a la naturaleza inteligente y consciente de la entidad humana.

La autocrítica logosófica, después de complementar y dar gran significación a la científica, se instituye como una necesidad de modelación humana desde los primeros días de la vida, para que el ser posea, ya en sus manifestaciones iniciales, dominio consciente sobre sí mismo, conocimiento y control de sus pensamientos y actos, a la vez que un hondo sentido humano, todo lo cual le permitirá cimentar la gran individualidad que las leyes universales le prescriben edificar insensatamente en el curso de su existencia.

 

 

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