Directivas que necesita la juventud

Por Carlos Bernardo González Pecotche (Raumsol)

De la revista “Logosofía” nro. 55,

Una de las cosas que más cuesta aprender a los adolescentes que entran en la vida, es el comportamiento que corresponde adoptar en cada circunstancia que se presenta en el transcurso de sus días como uno de los tantos obstáculos naturales que aparecen en los caminos del mundo.

Puede decirse que entran a ciegas en un mundo que les es desconocido y en donde se produce el contraste inesperado que ofrece la realidad a sus incipientes juicios acerca de lo que ese mundo es en sus múltiples y variadas tonalidades y aspectos. La poca edad, la falta de experiencia y de saber, los priva de las más elementales defensas, tan necesarias para prevenirse contra las frecuentes caídas que, repetimos, se originan por la escasa edad y la inexperiencia.

En los jóvenes la reflexión apenas actúa, pronunciándose sólo en aquellas situaciones que le afectan íntimamente y frente a las cuales el entendimiento debe elegir la mejor conducta a seguir, pero sin tener conocimiento sobre las mil engañosas figuras que se mueven en el escenario de la apariencia, la que muchas veces toma por realidad para su propio mal, ya que luego debe experimentar las amarguras de ese engaño. Si bien es cierto que en estos casos queda la experiencia como precedente para prevenirlo en situaciones futuras similares, no es menos cierto tampoco que tales situaciones se presentan siempre bajo nuevos aspectos y diferentes circunstancias.

Para el ser que comienza a ver la vida en los momentos en que ella se transforma en existencia independiente y responsable, le es de todo punto indispensable recurrir, para su mejor adaptación a esa realidad cuya fuerza empieza a sentir, al consejo de los mayores, que ya experimentaron esos trances; al estudio y observación de sus propios inconvenientes y de los ajenos, y, por sobre todo ello, debe realizar una preparación de carácter integral que convocando todas sus energías para el más amplio desarrollo de las facultades de su inteligencia, pueda munirle de los conocimientos que le habrán de servir para preservarse del mal y triunfar en las luchas que deba sostener contra la adversidad.

En los centros universitarios la enseñanza que se imparte es destinada exclusivamente a la preparación general del estudiante, esto aparte de la especialización, que exige adquirir los conocimientos de la profesión elegida; pero aún no ha sido contemplada la posibilidad de crear una cátedra dedicada especialmente a la preparación de la juventud para la vida, en la que se le brinden todos los elementos de ilustración a ese respecto: una cátedra que permita a los jóvenes conocer cuál ha de ser su comportamiento y actuación en las diversas y múltiples situaciones que la vida acostumbra a presentar a los que se inician en ella.

Tal capacitación traería como resultado, es indudable, un mejoramiento en la vida de relación, y, propiciado por esta misma capacitación adecuada de la juventud para tal fin, un desarrollo más fecundo de la cultura.

Es indudable que con tal directiva se aseguraría el libre desenvolvimiento de las fuerzas juveniles, encauzándolas hacia actividades criteriosas que de por sí habrían de significar un gran aporte a la sociedad.

 

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