En la mente humana se halla la clave que habrá de emancipar al mundo de su actual decadencia

Publicado en el diario “El País” de Montevideo, el día 5 de diciembre de 1944.

Por  Carlos Bernardo González Pecotche (Raumsol)

Cuando se enfocan temas de capital importancia en los que las principales figuras que se mueven en el  escenario que nos incita a la crítica son el hombre, el mundo y la misma humanidad, es necesario tener siempre muy  en cuenta aun los detalles más nimios, por contener éstos, muchas veces, indicios elocuentes de causas que se ocultan entre los pliegues de mil circunstancias, que en forma de tupida maraña impiden el acceso a las mismas.

Se ha visto, por ejemplo, que durante el tiempo de la aparente paz vivida desde la terminación de la guerra mundial del catorce hasta el estallido de la presente, fueron surgiendo problemas que, si bien en un principio no ocuparon mayormente la atención, al crecer en dimensión se transformaron en grandes problemas que preocuparon seriamente el juicio de todos, tales como la desocupación, el aislamiento, la indiferencia internacional y las rivalidades cada vez más acentuadas a propósito de las zonas de influencia política y comercial. Todas estas cuestiones, al no haber sido solucionadas a su debido tiempo, fueron de día en día perturbando el orden, la armonía y la estabilidad social y económica de los pueblos. De ahí que tales cuestiones, al llegar al máximum de volumen tolerable, dieran lugar a considerar la guerra como único medio para solucionarlas. Lo lamentable es que en esa destrucción que trae consigo la guerra, contemplada en la hora actual y en todas las épocas, deban perecer millones de seres humanos y destruirse tantas ciudades y tantos esfuerzos que fueron orgullo de la humanidad.

Habrá, pues, que encarar los problemas que vayan surgiendo en esta postguerra teniendo muy presente la experiencia pasada y buscando nuevas fórmulas para su eficaz solución.

En la mente humana, y no en otra parte, deberán encontrarse las claves que permitan llegar a altas y  satisfactorias soluciones, ya que en la mente humana se gesta cuanto conviene a la vida y progreso de la humanidad. Y siendo así, nada podrá ser más auspicioso por los imponderables resultados que permitirá obtener, que propiciar y estimular en toda forma la libre iniciativa, vale decir, la libre expresión del pensamiento individual orientado hacia ese  futuro que todos, sin excepción, anhelan sea mejor y más feliz.

La preocupación de cada uno en tal sentido deberá constituir un deber espontáneamente aceptado por todos;  más aún, esa aspiración particular por contribuir a la edificación de un mundo mejor, tendrá que convertirse en un verdadero culto a la humanidad, culto que a la vez se transformará en comprensión de los problemas y necesidades mutuas, en todos los órdenes de la vida.  Pero para evitar que ese concurso que podrían aportar tantos seres capaces,  tantas inteligencias cultivadas, se desaproveche, ya que ese esfuerzo en un gran porcentaje se pierde por no llegar  oportunamente a conocimiento de los hombres que en sus manos tienen la responsabilidad de establecer las nuevas normas y el orden que imperará al terminar la actual contienda, será de suma conveniencia e importancia que se tenga en cuenta las sugerencias que señalamos, a fin de poder encontrar la manera de utilizar el concurso de cada ser,  permitiendo que éste, por alguna vía segura, haga llegar a quien corresponda sus ideas e iniciativas expresadas con la  mayos claridad y manifiesta confianza en la bondad de las mismas.

En cualquier forma, mucho habrá de contribuir al mantenimiento de una paz estable cuanto se haga para que la mente de todos tenga una actividad constante; y a este respecto pensamos que es mucho lo que se puede hacer en beneficio del género humano. Por ejemplo: esa actividad mental a que aludimos, podría propiciarse grandemente y con muy felices resultados, si la futura Sociedad de Naciones que se constituirá adoptase como norma para asegurar el éxito de sus altas gestiones, la de realizar encuestas mundiales sobre cada problema que, por su índole, juzgare

conveniente efectuarlas. Establecidos los problemas en su orden y categoría, éstos podrían ser conocidos  mundialmente por transmisiones radiotelefónicas y publicaciones mediante la prensa en general. Seguido de la exposición de los mismos vendría la consulta, cuya respuesta todos podrían hacer llegar al seno de esa alta institución universal, en la forma y medios que fuese dispuesto.

Pensamos, y lo hemos tenido muy presente al formular esta iniciativa, que si para enfrentar una guerra se incorpora a los ejércitos que van a luchar, tantos millones de hombres jóvenes, y se echa mano del concurso de cuantos ofrecen sus servicios, para enfrentar la postguerra, cuya trascendencia es mayor, se deberá aceptar la colaboración de todos, ya que también la tarea del futuro requiere grandes y continuados esfuerzos. Ello será, además, un ejemplo de verdadera democracia, que podría ser considerado por todos los Estados del mundo. Esto, que no deja de constituir una novedad, promoverá en todos los seres humanos y en todos los órdenes, el reconocimiento de una efectiva confianza en el porvenir del mundo.

¿Y quién podría dudar de la actividad mental y el entusiasmo que ello suscitaría, y de sus efectos eminentemente constructivos y benéficos para el ánimo y el sentir de la humanidad? Tampoco sería posible dudar de la expectativa que habría en todas partes por conocer en su debida oportunidad el resultado de la encuesta que se hiciera para cada asunto o problema. Y esto, naturalmente, evitaría a la vez, el que muchos espíritus, hoy atribulados y susceptibles a infinitas fluctuaciones, fueran instrumentos de pensamientos o ideas de otro orden y naturaleza, que, por lo general, concluyen aumentando el volumen de las preocupaciones, lo que no sólo se evitará, precisamente, adoptando el sistema de la encuesta, sino que se disminuirá considerablemente.

Y para subrayar cuanto hemos expuesto al respecto, agregaremos que nada puede ser más digno y enaltecedor  para la familia humana, que el concurso desinteresado y leal de cada uno de los miembros que la integran.

Quienes esto lean y luego sigan con atención el curso de las deliberaciones y alternativas que se promoverán  allá, en la nueva Sociedad de Naciones, podrán juzgar el valor y oportunidad de nuestras sugestiones, interpretándolas, desde luego, como expresión pura y sincera de nuestro empeño en aportar el concurso de nuestras ideas e iniciativas.

Anuncios

, , , ,

  1. Deja un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: