El comercio argentino – uruguayo

En base a un artículo de la revista “Logosofía”

Por Jorge N. Dusio

Ante los continuos vaivenes de la política comercial Argentina, rescatamos este artículo histórico que se adelantó décadas al Mercosur, y que ya señalaba la inconveniencia de las trabas aduaneras entre ambos países.

En lugar de una medida proteccionista preventiva, como la instituida por Argentina recientemente,  que resguarde de la posible comercialización de productos fuertemente subvencionados – que es lo que aducen las autoridades argentinas – bien puede pensarse en una acción correctiva posterior, en caso de verificarse esas temidas prácticas desleales. ¿Cuánto podría afectar que ocurriera una situación puntual de este tipo, antes que se tomaran las medidas correctivas?

Sin embargo, se castiga a toda una gama de productos, comercios e industrias, “por las dudas”, pues bien se sabe que la demora de 30 o 60 días en muchos casos, deja fuera de competencia a muchos productos de estación o zafrales.

Si ambos países – y los restantes del Mercosur – entienden que la unión aduanera es la forma de fortificar su comercio regional  y proteger la mano de obra de sus respectivos países contra los grandes bloques económicos de otras regiones, es un contrasentido pretender tener los beneficios sin a su vez concederlos a otros. El flujo comercial es variable, y cuando un año la balanza comercial favorece a un país, al siguiente generalmente se invierte. Es una pretensión querer ganar siempre, y esto atenta contra la integración política que tanto se enuncia querer alcanzar.

Nuestro país debe mejorar las relaciones comerciales con el Uruguay

Por Carlos Bernardo González Pecotche – Revista “Logosofía” Nro. 41 – enero de 1941

Entre las preocupaciones básicas que en estos momentos absorben la atención de nuestro gobierno, debería figurar, incuestionablemente, la de mejorar en el más alto grado posible las relaciones con el Uruguay. Nos referimos a la importancia que al presente tendría un acuerdo comercial y sanitario que facilitase y fomentase el desarrollo del intercambio, ya que en ese acuerdo se contemplaría la unificación de las policías sanitarias de ambos países para evitar que los flagelos vegetales y animales sean causa de obstáculos insalvables para la realización de operaciones mercantiles de esa índole, que tanto favorecerían el comercio de las dos naciones hermanas.

Se hace cada vez más necesaria la concertación de un pacto comercial que permita la libre expansión de los productos de uno a otro, país, neutralizando de este modo los efectos poco edificantes de las teorías ultra-proteccionistas, en las que no se contemplan los beneficios que reportaría el intercambio, desde que si no se compra, pocas son las perspectivas de vender.

La política de egoísmo a nada conduce, y ya ha sido lo suficientemente experimentada por las naciones, como para comprender que se impone la vuelta al método de la mutua cooperación comercial, y en especial modo, entre los países que por su determinación histórica y geográfica, son llamados a establecer cada día más sus vinculaciones, no sólo en el sentido comercial sino también en el orden social y cultural, puesto que ello traería aparejada la consolidación de la amistad en la familia americana.

A propósito de este asunto, meses atrás “La Prensa” destacó con bastante acierto el punto que nos ocupa, manifestando entre otras cosas lo siguiente:

“La unión aduanera es la relación natural con nuestros vecinos, que parecen no haber comprendido que así el mercado interno para sus productos crecería seis o siete veces. Y de este lado no puede sostenerse que la incorporación del Uruguay a ese mercado común, dañaría el interés argentino, porque es incuestionable que nuestra economía resultaría fortificada como si no hubiese acaecido la separación de la Provincia Oriental. Tanto como nos comprara más Uruguay, gracias a la unión aduanera, podría vendernos; quizás un poco más o quizás un poco menos, por saldos que el uno o el otro país transferirían de o a su cuenta con un tercer país.

“Naturalmente que a falta de ese desiderátum, sería mejor que permanecer separados por una muralla china, hacer en ésta algunas brechas mediante un convenio de recíprocas abrogaciones de los derechos de importación y de policía sanitaria común, que permitiría la exportación libre de uno a otro país de ganados, cereales, frutas, hortalizas, papas, legumbres, etcétera, que hasta la reforma tarifaria de 1930 entraban libres de derechos de importación en la Argentina, sin que eso impidiese que la producción de esos mismos frutos creciese aquí, con el consiguiente beneficio para el consumidor. Un régimen de recíproco libre cambio de alimentos permitiría disponer de una provisión abundante aun en tiempo de escasez.

“Ese convenio comercial, que en primer término haría que los dos países se otorgasen recíprocamente el tratamiento de la nación más favorecida, poniendo fin a la situación absurda actual, permitiría la exportación libre de uno a otro país de arena, piedra y pedregullo, que dejaron de entrar libres de derecho a nuestro mercado, como muchos otros productos del Uruguay, a modo de represalia por la política ultraproteccionista que oponía ese país a las exportaciones argentinas, por el hecho de que se aprovechaba la inexistencia de derecho de importación en la Argentina sobre esos productos para imponerles impuestos municipales de exportación que recaían sobre la edificación y la pavimentación de calles en la Argentina.

“Podrá facilitarse también por un tal convenio, el intercambio de toda clase de productos minerales, químicos y cuantos señalan los memoriales presentados por las cámaras de comercio uruguaya y argentina que con el objeto de fomentar las transacciones entre uno y otro país se han constituido en los dos, y por otras entidades uruguayas, entendido que la liberación de cada articulo debe ser recíproca, es decir, de las dos partes.

“En el Uruguay se ha suscitado, en efecto, un movimiento de reacción contra la política que separa a nuestros dos países, y también a las cinco naciones de la llamada región del Plata, entre las cuales se intenta un acercamiento comercial, aun cuando sería mejor reunirlos en una federación económica, por las razones que ya expusimos con referencia a una unión aduanera argentino–uruguaya.”

La simpatía que el pueblo argentino siente por el uruguayo es tan evidente, que no ha existido circunstancia propicia en la que ella no fuera exteriorizada ampliamente, y del mismo modo en lo que respecta al sentimiento de la nación hermana hacia nosotros.

Nada puede, entonces, impedir que en un futuro próximo asistamos a la celebración de un acuerdo comercial que de una vez por todas elimine las vallas que obstaculizan el libre intercambio comercial entre ambas naciones. Sería un triunfo más en la política de acercamiento y buena vecindad que tanto auspicia Roosevelt, el gran presidente americano.

 

 

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