Los valores humanos según Logosofía

Exposición en el Rotary de Solymar, Canelones, Uruguay – 1º de junio de 2009  (Reseña)

Por Jorge N. Dusio

El motivo de mi presencia aquí esta noche es exponer algunos aspectos sobre la institución logosófica y los valores humanos que su fundador y la institución propugnan.

Sintéticamente diré que Logosofía es una nueva ciencia humanista de carácter netamente experimental y práctico, de aplicación en todos los órdenes de la vida, que se aparta deliberadamente de toda teorización y especulación intelectual.

Justamente por su naturaleza viva y experimental es que me referiré a ella desde mi ubicación como estudiante e investigador de la misma, hasta donde he podido llegar en mis esfuerzos de comprensión y aplicación a la vida. La palabra oficial, pues, está en los libros de su autor, el pensador y educador argentino Carlos Bernardo González Pecotche, conocido también como Raumsol.

González Pecotche nació en Buenos Aires en 1901 y vivió hasta 1963. Desde muy joven su espíritu inquieto lo movió a buscar e investigar todo lo concerniente a la vida y destino del hombre con relación al futuro de la humanidad. Le preocupaba con profundidad el rumbo que estaba tomando el mundo, la decadencia moral, la incomprensión humana que llevaba a las guerras y la gran desorientación espiritual que ninguna doctrina filosófica, religiosa ni científica lograba encauzar.

Los milenarios interrogantes filosóficos, de dónde venimos, para qué estamos y a dónde vamos, estaban lejos de ser respondidos con elementos que indicaran un rumbo sensato y firme, un punto de apoyo que la razón y la sensibilidad pudieran usar para elevar la conducta, la moral y la sensatez, forjando conductas más sensatas, responsables y una humanidad más feliz.

Luego de profundas observaciones e investigaciones en la naturaleza humana, sus condiciones y posibilidades mentales, morales y espirituales, halla las claves por sí mismo, valido de su propia herencia espiritual y saber. Encuentra la veta de conocimientos fecundos, potentes, que habían sido orillados pero pasado por alto por los pensadores antiguos y modernos. Nace así una nueva concepción del hombre, del universo y de las leyes que rigen todos los procesos inteligentes de la creación.

Tras un período prudencial de ensayo y verificación de la fuerza y valor de los conocimientos que propiciarían la evolución humana, crea en 1930, la Fundación Logosófica en pro de la superación humana, en la ciudad de Córdoba, Argentina, obra a la que dedicaría gran parte de su vida y sus esfuerzos.

Desde 1930 entonces, paulatina y firmemente, va extendiendo su pensamiento por América y el mundo. Plasma sus conocimientos en libros, revistas y periódicos; dicta cientos de clases y conferencias y escribe miles de cartas, estableciendo contacto co universidades, pensadores, políticos e intelectuales de todo el mundo, difundiendo así su nueva concepción.  Todo esto a la vez que dirige personalmente la marcha de la institución con sus filiales, instruyendo y capacitando a todos con ejemplar maestría.

Dos años después de su creación, en 1932 la Logosofía llega al Uruguay donde encuentra una cálida acogida en un momento de gran ebullición intelectual y cultural. Tanta fue la simpatía y el afecto que sintió por nuestro país y su elevado nivel cultural y humano, que dedicó a la sede de Montevideo mucho tiempo, visitándola con frecuencia y promoviendo en ella y en sus integrantes logros destacables en el avance de la institución, que servirían luego como modelo de las demás en el mundo.

Es así que se construye aquí la primera sede cultural con fines académicos luego de un gran esfuerzo económico del cual nos quedó como legado también el balneario “Los Titanes”, que atestigua con su nombre y el de sus calles la lucha titánica por dejar a nuestro país una institución pujante.

Se creó aquí la primera “Escuela Primaria Logosófica”, y luego un liceo, que serían a su vez ejemplo y modelo para los que se fundarían después en otros países. Y también tuvo lugar en nuestro país el “Primer Congreso Internacional de Logosofía”, que concitaría la atención mundial y en que se sentarían las bases para la acción futura de la institución en el mundo.

Las escuelas primarias y secundarias logosóficas son escuelas laicas habilitadas, donde se imparten los programas oficiales de cada país y se estimula al niño y al joven a pensar con libertad y con alegría. En ellas se enseñan los altos valores de la libertad, alejándose de doctrinas o credos que atenten contra el sano juicio y albedrío de los niños, dignos del mayor respeto de todos.

Encontré en la Fundación Logosófica un ambiente especial, una inusual combinación de afecto, respeto y sabiduría en las concepciones; un ambiente de humanismo y sensatez, donde la ética era una norma invariable de conducta. A poco que comencé a estudiar descubrí porqué. La Logosofía me presentaba una enseñanza y un método sumamente estimulante y práctico. Todo allí invita a la superación, jerarquizando al ser humano y estimulando sus mejores condiciones.

Comenzaba a encontrar allí la explicación a interrogantes que traía desde la temprana juventud, en especial en cuanto al desarrollo de las condiciones humanas y la finalidad de la vida. Reconocía los valores con que contaba, así como el de los demás con quien interactuaba, pero sentía que los míos no avanzaban, estaban estáticos, limitados. Me limitaba la creencia que al nacer, una suerte de lotería genética determinaba la inteligencia y el carácter, con muy poco margen de cambio. Esas inquietudes por fin comenzaban a tener respuestas y encauce. Había toda una zona de la vida desconocida e inexplorada.

Es que con Logosofía cada cual moviliza todos sus recursos internos: ella propicia el conocimiento de sí mismo, acrecienta el desarrollo de las propias capacidades, amplía la actividad de las facultades mentales y el cultivo de sentimientos nobles y altruistas, y estimula la adquisición de valores morales, mentales y espirituales, así como la eliminación gradual de deficiencias del carácter, entre otros importantes objetivos.

Todo esto es factible de ser realizado por la aplicación de un método práctico que se adapta al punto de partida y capacidades individuales, que no agobia, sino estimula la inteligencia y despierta la sensibilidad humana. Su primer postulado y garantía de transparencia, establece que no se debe creer en ninguno de sus preceptos por inobjetables que parezcan, sino que se deben comprobar en la aplicación práctica de ellos a la vida. Se comienza a si el proceso de sustitución del creer por el saber.

Logosofía invita a una revisión libre y amplia de todos los conceptos admitidos, muchos transformados en prejuicios, pues son, justamente, los conceptos con los que cada cual rige su vida.

Cambiando los conceptos, de hecho se cambia la vida.

El eje central de la superación y del conocimiento de si mismo, es la realización de un proceso de capacitación y captación de conocimientos de carácter trascendente, denominado “Proceso de Evolución Consciente”. Bajo los auspicios del método logosófico, éste promueve la acción lúcida de la conciencia individual, que va guiando el ensayo de lo que se estudia, a la vez que el estudio de lo que se experimenta.

Es ser se capacita así, para bastarse a sí mismo, para conducir su vida con un mayor grado de lucidez y acierto y para redimir sus errores por sí mismo. La sensación de libertad que se siente es notable.

Agregaré algo sobre el proceso de formación de valores.

La moral, logosoficamente concebida y realizada, surge del cultivo de las excelencias del sentir interno, y la ética, como manifestación externa de ese cultivo. Cultivar el sentir y el pensar elevado requiere un proceso intelectivo gradual y constante de adquisición y práctica de conocimientos que enriquezcan la conciencia, pues ésta es en definitiva, quien guía la vida a través de todas las etapas del existir humano.

Son pues los conocimientos, el principio y el fin de la vida del ser humano, y los que lo han impulsado siempre a los más nobles esfuerzos y logros. En todo ser humano hay un espíritu que lo impele a la búsqueda del conocimiento, una partícula divina que capta y perpetúa todo lo mejor que va cultivando, ya sea en pensamientos, acciones y sentimientos elevados, trasmitiéndolo a la vez, a su propia herencia individual. Es ese diamante interno que solo se puede pulir con su propio polvo, el que dignifica y distingue al ser humano entre todas las especies.

Es hacia esa esencia vital que en definitiva Logosofía dirige sus enseñanzas de superación humana, procurando crear un mundo mejor y una humanidad más feliz.

Para finalizar citaré un fragmento de una conferencia dada por el Maestro González Pecotche en Montevideo, titulada “Responsabilidades Supremas del Ser Humano”:

“Lograr que las generaciones futuras sean más felices que la nuestra será el premio más grandes a que pueda aspirarse. No habrá valor comparable al cumplimiento d esa gran misión que consiste en preparar para la humanidad, un mundo mejor”

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