Conócete, ¿y?

Del  libro “Razón y Co-razón”

Por Celia Testa (Celtes) – Montevideo

Observadores antiguos y modernos han encontrado las semejanzas que existen entre todo lo creado. Se han ideado decenas de técnicas y ciencias, para que el ser humano se conozca a sí mismo y conozca a sus semejantes. Así se llegó a la conclusión de que con diferentes matices, somos los humanos más o menos iguales: padecemos de las 44 deficiencias conocidas (la cortedad, la credulidad, el egoísmo, la impaciencia y 40 más), como de las virtudes reconocidas (la solidaridad, la modestia, la buena memoria, y las otras). (1)

Cada uno de estos estudios explica, a su manera, cómo es cada ser humano, o mejor dicho, cómo es de esperar que sea y reaccione. La astrología indica las características innatas de la persona según el momento exacto de su primer hálito vital; la quirosofía mediante la lectura de las líneas de las dos manos; la fisiognomía estudia el carácter partiendo de la premisa de que “los ojos son el espejo del alma”, y hasta las letras que componen el nombre propio son motivo de observaciones para estudiar las reacciones humanas.

Todo esto está muy bien para saber cómo es de esperar que sea cada uno, pero es del caso preguntar: ¿para qué quiere el hombre conocerse? Conocerse por mera curiosidad y dejar las cosas como están, o conocer a los semejantes sólo para quedar en una posición ventajosa frente al prójimo, parecería un gasto inútil de tiempo y atención. De poca utilidad sería también, echarle la culpa de la propia intemperancia y del mal carácter al destino y decirse “porque así tengo que ser”, al viento norte, al pie izquierdo o ¿tal vez a Dios?

Conocerse para tener un conocimiento más que no se le preguntará en ningún examen –salvo en el examen de conciencia-, no lo beneficiará mucho. Sin embargo si recuerda que hay también un libre albedrío al servicio de la inteligencia y de la voluntad, con el que puede contar, podrá hacer algo al respecto. Entonces al usar esos conocimientos como el punto de partida hacia el mejoramiento de sus calidades cumplirá con la finalidad de sus aspiraciones de perfeccionamiento individual, aunque deba hacer algunas (¿pequeñas?) enmiendas a su conducta.

 

(1) Del libro “Deficiencias y Propensiones del Ser Humano” de Carlo González Pecotche (Raumsol)

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