Educar para la paz

Antología “Para los ratos libres”

Por Celia Testa (Celtes)

Explican los diccionarios que la paz es ausencia de guerra, y la guerra es confrontación, lucha armada. Propongo hacer un cambio y decir que paz es armonía, orden, equilibrio, y guerra es ausencia de paz. El cambio se justifica si consideramos que la paz ha de ser la condición normal entre las naciones o entre individuos y sus ideas.

La paz es también una condición interna del ser humano, entre su sentir y su pensar, entre sus ideas y su conducta, entre sus méritos y sus exigencias. Del mismo modo que es equilibrio de deberes y derechos entre individuos, entre comunidades y entre naciones.

Educar para la paz no es hablar de paz, ni hacer ostentación de un anhelo del corazón y esperar que sean los demás quienes lo lleven a la práctica. Pedir paz no es exhibir carteles con consignas agraviantes o plañideras, exaltando sentimientos propios para exigir que se contemplen pretensiones personales. Pedir paz es un ejercicio inútil como sería pedir una buena cosecha cuando no se ha sembrado.

La paz no es artículo que se pida, sino que se ejerce poniendo en armonía el sentir con el pensar y la conducta, basando todo eso en la justicia, el orden, la legalidad y en el justo equilibrios de derechos y deberes. Es la estabilidad interna que permite afrontar la vida con valentía, es el reconocimiento de los errores ajenos así como de los propios al recordar que los errores son experiencias en el camino de la vida que pueden ser subsanables con buena voluntad, inteligencia y comprensión.

Para educar para la paz será necesario elevar los ideales, aclarar conceptos y fundamentarlos; enseñar tolerancia, honestidad, sinceridad y todas las demás virtudes con el ejemplo; familiarizar a los jóvenes con pensamientos y reacciones positivas donde se exalte la bondad y la concordia, se eviten enfrentamientos y agresiones; y se extiendan los sentimientos fraternos de la familia a la comunidad y a la humanidad en conjunto. Será necesario dar a los jóvenes los estímulos para su desarrollo psico-físico-espiritual y tener un reconocimiento de gratitud para los semejantes –vecinos que comparten nuestras circunstancias- así como para los ancestros y las generaciones pasadas que delinearon  nuestra idiosincrasia, nuestra patria y el futuro que es hoy, nuestro presente.

También será necesario alentar a formar ideales de superación moral y mental como metas de la vida, para lo que habrá que elegir noticias y comentarios que enseñen, alegren, informen, a la vez que alejarse de aquellos que vomitan resentimientos y odios.

En síntesis, educar para la paz es familiarizar a los educandos con los ideales positivos para vivir en paz consigo mismo y recordarles que la vida es breve y perecedera pero la humanidad es eterna.

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