Formando el carácter del niño

Por Dalmy Gama, de Araguari, MG, Brasil

¿Cuál es, dentro de todas, la mayor responsabilidad de un padre, de una madre? La respuesta parece obvia. ¿Será así? Vea si Ud. está de acuerdo: la mayor responsabilidad de un padre y de una madre es la de evolucionar ellos hacia la perfección.

Pero… ¿y los hijos? Bien, se trata de una gran responsabilidad, pero viene luego de aquélla. La formación del carácter del niño es la segunda gran responsabilidad que pesa sobre los adultos.

¿Por qué ese orden? Justamente porque nadie puede dar lo que no tiene. Si los padres no aprenden, no evolucionan y no se perfeccionan, ¿cómo van a estar preparados para educar bien a sus hijos?¿Cómo van a darles los elementos que no tienen para sí mismos? No hay otra  forma, y fue Dios quien lo hizo así: se enseña primero a sí mismo; sólo luego, a los demás.

Según la Logosofía, el carácter del niño está en formación, todavía no existe. Existen las tendencias, buenas y malas. Si los padres son docentes preparados, conseguirán identificar cada una de esas tendencias, estimulando las buenas y corrigiendo las malas. Es ésta la contribución más valiosa que se puede dar para el futuro de cada niño.

Eso exige que los padres, maestros y demás responsables por la formación del niño tengan una idea clara respecto de los conceptos y valores fundamentales para la vida. ¿Cuál es el sentido de la existencia humana y universal? ¿Qué es realmente vencer en la vida? ¿Qué enseñanza dar a los menores sobre la responsabilidad de la conducta individual?  ¿Qué les vamos a decir sobre cómo es posible la redención de sus faltas? ¿Qué seguridad les trasmitiremos acerca del concepto de lo que es acertado y de lo que es erróneo? ¿Qué ideal superior les enseñaremos a cultivar? ¿Qué les diremos sobre la moral?

Frente a asuntos de esta naturaleza, lo que hemos visto es un progresivo retraimiento por parte de los adultos. Al no saber cómo evolucionar conscientemente y cómo promover su auto-perfeccionamiento, se muestran incapaces de enfrentar los desafíos que la época actual presenta a los educadores.

“Es un hecho innegable”, señala la Logosofía, “que la orientación dada a la infancia y a la juventud carece de verdadero incentivo moral. Ni el niño ni el joven son llevados a formarse un claro concepto de su responsabilidad como seres inteligentes y dueños de una vida que deben dignificar con el ejemplo de su voluntad puesta al servicio de sus aptitudes. En otros términos, no se les enseña a ser conscientes de lo que piensan, hacen y sienten. El frío método pedagógico de los establecimientos educativos oficiales y privados carece de eficacia en lo hondo de la psicología de cada educando; antes bien, se mantiene en la superficie de la misma dando lugar a una defectuosa formación de la personalidad.”

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