Autonomía de ANEP

Publicado en diario “El País” de Montevideo, el  6 de setiembre de 2000

Por Luis Felipe Monteverde

El editorial de El País del día 24 del corriente, comentando el art. 245 de la ley de presupuesto que dispone incluir en los programas curriculares de los ciclos primarios y secundarios una amplia variedad de temas, entre los que se incluyen, higiene ambiental, higiene sexual, salud, drogadicción, familia y seguridad vial, destaca como acertada la preocupación del legislador por atender estos aspectos que se relacionan fundamentalmente con la parte humana del educando.

Pero al mismo tiempo manifiesta su “radical discrepancia” con el procedimiento que hace al origen de la iniciativa, por cuanto se considera que el mismo no solamente es violatorio de la autonomía de la Anep sino que además lo juzga inconstitucional.

Sin arriesgar juicios de valor acerca de esto último, por ser tema sobre el cual carecemos de competencia, no puede dejar de considerarse el mérito de poner en la agenda del sistema educativo nacional, algunos temas de la significación como los propuestos. Removedores sin duda, hecho que el mismo editorial acredita al exponerlo a la consideración pública in extenso y en lugar tan destacado.

Nos ha resultado sugestiva y evocadora la nominación de “Educación y responsabilidad social” que se propone allí para designar la materia que eventualmente conjuntara los temas propuestos en el artículo de la ley a que se hace referencia.

Y decimos evocadora, por las coincidencias de intención que advertimos en esa titulación con una propuesta del filósofo argentino González Pecotche que, al abordar aspectos del mismo tema en uno de los libros de su autoría, sugiere una denominación afín, llamándolo “Curso de especialización social”. (Biognosis – Buenos Aires -1940).

Propone además allí, diversos temas para el programa de ese curso, entre los que anota: aspectos atinentes a la vida de relación; dificultades corrientes que se le presentan al hombre y modo de zanjarlas; aprovechamiento de las experiencias; regulación de la capacidad moral y económica; ilustración sobre el cumplimiento de obligaciones; estímulos que fomenten el amor al trabajo y al progreso, etcétera.

Es evidente que el espíritu de las dos denominaciones propuestas, sugieren una proyección de contenidos que van mucho más allá de los objetivos a que se circunscribe el programa que se anota en la ley de referencia, buscando éstos, otros horizontes que trascienden los enfoques pedagógicos comunes.

Debemos anotar que el filósofo argentino mencionado, se ocupó permanentemente a lo largo de varias décadas del tratamiento de los más diversos aspectos vinculados a los temas que hacen a la docencia, la pedagogía, así como a la orientación de la niñez y la juventud, atendiendo a la trascendencia que le asignaba a la formación ética y moral del ser humano.

Para testimoniar, y a título de ejemplo, uno de esos múltiples abordajes que realizara sobre estos temas, transcribiremos un breve extractado –parte de un artículo de su autoría publicado en el año 1941 en una revista argentina–donde analiza la problemática educacional desde un perfil muy afín al que viene de comentar el editorialista. Allí anotaba:

“En nuestros días la juventud no ha recibido la preparación mental suficiente como para actuar por su exclusiva cuenta e iniciativa. Los estudios comunes que se realizan en las aulas en modo alguno llenan el vacío reservado a la experiencia, y mientras ésta no se manifiesta, pues aparece con los años, es necesario suministrar al conocimiento de la juventud, los elementos básicos que han de formar su criterio, llevándola a pensar en los grandes y pequeños problemas que se presentan en el curso de los días, tanto a la criatura humana en particular, como a la humanidad en general, y enseñándola a concentrarse, desde luego, en los que más directamente afectan al suelo patrio”.

“Lo esencial es guiarla hacia una mayor conciencia de su responsabilidad frente a los deberes que le impone la hora presente, y esto sólo pueden hacerlo aquellos que con sus ejemplos son capaces de sostener sus palabras”.

Bienvenida pues la presentación del tema, esperando que esto se constituya en punto de partida para propiciar un debate fructífero en nuestra sociedad; debate libre, abierto y sin preconceptos, buscando nuevos horizontes en la conciencia de las nuevas generaciones.

 

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