Vivir solo

Por Luz Elena Geis López – de su libro “Cuentos para Adolescentes” (1998)

La conversación que mantenían Jaime y Cesarina era muy animada. Comentaban sorprendidos la decisión de su hermana mayor de irse a vivir sola. Reiteradamente había manifestado ese pensamiento, pero ellos nunca encontraron motivos justificados para que lo hiciera.

Los dos conocían a personas relacionadas con la familia que vivían solas, pero eso nunca los había preocupado, porque se debía a que habían llegado a una altura de la vida en que las circunstancias determinaron que se creara esa situación. En el caso de su hermana era diferente. Les costaba aceptar su decisión, porque si bien se producían desacuerdos era mucho más todo lo agradable y bueno que les ofrecía la vida hogareña.

Ella cursaba Arquitectura y desde hacía tiempo trabajaba en el estudio de dos arquitectos, lo que le resultaba muy conveniente, pues además de disponer de su dinero era una adecuada práctica para la carrera que había elegido. Meses atrás había cumplido veintiún años y como recientemente se desocupó un pequeño apartamento amueblado muy bien ubicado, propiedad de un tío, consiguió que él se lo alquilara a un precio muy razonable para irse a vivir allí.

-Para mí que se contagió de dos o tres compañeros de estudio que viven solos y están muy satisfechos de haberlo hecho, con el argumento de que así pueden desarrollarse libremente y crecer como individuos, ya que se ven obligados a resolver por sí mismos miles de cosas que generalmente se tienen solucionadas o las resuelven otros cuando se permanece en el seno del hogar –dijo Cesarina.

-Pamplinas –apuntó Jaime.- Se crece cuando te ves obligado en tu propio hogar a convivir lo más armónicamente posible con tus padres, hermanos y abuela, como en nuestro caso, donde se producen rozamientos y a veces encontronazos por la forma de pensar diferente de unos y de otros, lo que va limando las asperezas del carácter y ayudando a producir cambios en la forma de ser de cada uno.

-Es verdad, son muchas las cosas que debemos aguantar cuando el orden que impera en el hogar hace que aceptes pautas de comportamiento que no siempre gustan.

Jaime agregó en seguida:

-¿Acaso no están los momentos plácidos, de mutuo entendimiento, que también modelan nuestra forma de ser, de ver y de sentir la vida?

-Si, por supuesto, pero ahora tratábamos de comprender qué le pasó a nuestra hermana y a mí me parece que por diferentes motivos atribuía a los demás la falta de comunicación que experimentaba, sin detenerse a pensar que en ella misma estaba la causa de que no se sintiera integrada en el ambiente que constituye la familia.

-Mamá nos llama para cenar. Cortemos aquí el tema y no lo sigamos en la mesa –dijo Jaime.

* * *

Publicación de Ediciones A.U.L.I. 1998. (Asociación Uruguaya de Literatura Infantil–Juvenil). Publicación auspiciada por el Ministerio de Educación y Cultura de la República Oriental del Uruguay

 

Anuncios

,

  1. Deja un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: