González Pecotche: Demócrata y Humanista – Capítulo II: Los totalitarismos

El creador de la Logosofía visto desde el ángulo de su concepción política y humanista.

Por Dardo Víctor Cabiró – Montevideo 1999

(Impreso en talleres Multicolor Limitada – Noviembre de 1999)

 

Capítulo II – Los totalitarismos
1.- Los extremismos mentales.
2.- Democracia y extremismos.
3.- “La bondad de un régimen se prueba por la consistencia de sus principio”.
4.- El triunfo de la Democracia.

 

1.- Los extremismos mentales.

Para González Pecotche, el extremismo representa una de las tendencias típicas de la mente humana. Junto con la explotación de esa tendencia, se manipuló otra debilidad humana: el descontento.

De tal modo, fueron surgiendo avasallantes corrientes mentales llevando – así escribía González Pecotche en el año 1941 – “pensamientos monstruos que absorbiendo primeramente la vitalidad intelectual de los hombres, hacen de sus mentes campo propicio para toda clase de idea extremista que se encuentra fuera de la realidad humana”. [1]

Nos remitimos, para mejor comprensión, al título “La bondad de un régimen se prueba por la consistencia de sus principios”, en este mismo capítulo.

 

2.- Democracia y extremismo.

En marzo de 1941, en la Revista Logosofía pudo leerse: “También es significativo que el extremismo sea cosa que ha nacido y prosperado en el Viejo Mundo, mientras en el Nuevo y novísimo continente, la democracia constituye el clima natural de los hombres. El americano es demócrata de nacimiento; le es tan imposible concebir una América extremista como suponerla dividida en las cuatro castas brahmánicas o hablando el lenguaje de los esquimales.

Recordemos, finalmente, que la democracia tiene y tendrá aún innúmeros matices; caben en ella tantas interpretaciones como hombres de talento existan en la sociedad. El extremismo tiene una sola cuerda: la coerción. La misma cuerda con que ata a los hombres”. [2]

 

3.- La bondad de un régimen se prueba por la consistencia de sus principios.

En junio de 1941, apareció en la Revista Logosofía un artículo con este título, en el cual se expresó: “El totalitarismo actual que comprende las ideologías extremistas, se  opone directamente a la democracia, no ya como sistema de gobierno en su aspecto político, sino como estructura social y espiritual…”

“El comunismo, como el nazismo y el fascismo, nació del descontento, pero quienes le dieron vida fueron los que explotaron ese descontento convirtiéndolo poco a poco en una fuerza destructora dirigida en sus comienzos contra los regímenes constituidos. Esto aconteció tanto en Rusia como en Alemania e Italia. De ninguna otra manera hubieran podido llegar al poder los líderes de esos movimientos, sino por los medios que usaron, exaltando a la multitud y electrizándola con fogosos discursos en los que se proclamaban los derechos del pueblo a intervenir en los asuntos del Estado y el derecho a exigir un standard de vida mejor…”

“…A ese mismo pueblo que se instigó para que reclamase sus derechos de intervenir en los asuntos del Estado, fué al primero que se privó de toda ingerencia, aun en las cosas más sin importancia. La opinión que se agitó para llegar al poder, es la que inmediatamente se aplastó y anuló después…”

“Las nuevas autoridades, para llevar a cabo el plan de reconstrucción, de grandezas y dominio, implantaron normas rígidas de vida; la gente, acostumbrada a despilfarrar, a vivir holgadamente, sin preocupaciones, quedó restringida en todo sentido, hasta llegar al racionamiento.”

“La bondad de un régimen se prueba por la consistencia de sus principios, y éstos no deben permanecer ocultos a nadie, pues ninguno ha de aceptar a ciegas, y mucho menos pueblos enteros, lo que puede ser luego causa de sus peores infortunios. Los súbditos de las democracias libres no comprenden por qué los propagandistas o secuaces de esas rígidas ideologías, se violentan, amenazan y odian al que profiere la menor crítica del sistema”.

“Regímenes que no inspiren simpatía y confianza, lograrán conquistar el mundo por la fuerza, pero, repetimos, jamás ganarán el corazón de los hombres. Una humanidad sometida ha perdido las prerrogativas de su género. Una humanidad que triunfa sobre la opresión, afirma la soberanía del espíritu y se inmortaliza en el alma de las generaciones.” [3]

La caída del Muro de Berlín, en el año 1989, fue la exteriorización material de la inconsistencia de los principios en que se basó el totalitarismo. Por el contrario, la Democracia, aunque siempre problematizada, basada en el principio de la libertad individual y respetuosa de los derechos humanos, supo salir airosa de la gran prueba a la que la sometió la Segunda Guerra Mundial y permanecer en vigencia.

 

4.- El triunfo de la Democracia.

Tomaremos unos fragmentos de un artículo escrito en noviembre de 1945: “El triunfo de la democracia sobre el totalitarismo es el triunfo de la libertad y de los derechos humanos”.

“Principia, pues, una nueva era, que se perfila como la más fecunda y gloriosa de todas las que la precedieron: la era del individualismo y el colectivismo conciliados en una mutua comprensión de sus respectivas situaciones.”

“La libertad de pensar y de accionar, junto a las garantías que amparan los derechos del hombre y las leyes que resguardan su vida y su propiedad, estimulan el florecimiento de las ideas y el renacimiento del entusiasmo por el estudio y el trabajo, en alto grado, como una necesidad impuesta por la naturaleza misma de la especie humana.”

“La última guerra ha demostrado acabadamente cómo los pue­blos declinan y se deslizan por pendientes resbaladizas hasta llegar a la barbarie, toda vez que pretenden anular la iniciativa privada y negar al hombre sus derechos y sus libertades. Muchas cosas y muy grandes puede hacer el hombre cuando su espíritu está libre de temores, de angustias y limitaciones.”

Parece de oportunidad recordar que en la década del 40 y precedentemente, hubo un fuerte doctrinarismo que sustentaba con una lógica que después se vio que era más teórica que real (en rigor, era una dialéctica), los principios en que se asentaba el totalitarismo y que logró insuflar grandes corrientes mentales, a nivel nacional e internacional.

Pero como el “americano es demócrata de nacimiento”, [el totalitarismo] no prosperó mayormente en el Nuevo Mundo, aunque nada autorice a bajar las defensas mentales ante posibles retoños que se puedan presentar con camisetas de otro color…

El irrecusable juicio de la realidad se manifestó, como lo aludimos antes, con la caída del Muro de Berlín. Lo que pareció inexpugnable, monolítico, demostró que era rígido pero no sólido; no conjugaba con la naturaleza humana, como sí lo hace la democracia.

La clara descripción que hace González Pecotche del “modus operandi” del totalitarismo –en particular en los títulos que anteceden- nos exime de mayores comentarios.

Bajo otro aspecto, nuestro filósofo rompe una vez más una lanza en favor de la iniciativa privada, concepto que se analizará en la extensión que él le otorga, más adelante (Capítulo VI).

 

 

 


[1] Revista Logosofía Nº 3, pág. 5, “El cuadro mental y psicológico que presenta el mundo” (año 1941).

[2] Revista Logosofía Nº 3 pag 31 “Alcance del conflicto europeo. Democracia o extremismo” (marzo 1941)

[3] Revista Logosofía N° 6 pag 25 (junio de 1941)

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