En Defensa de la Moral Social

Publicado por González Pecotche, en El Heraldo Raumsólico N° 42  (febrero de 1939)

Cuantos esfuerzos se hagan y cuanto se diga en defensa de los derechos humanos y la moral social será poco,  pues nadie ignora cuanto se ha resentido en nuestros tiempos el respeto común que fuera la piedra angular del edificio social.

Ello es debido a que muy pocos se toman el trabajo humanitario de defender la integridad del cuerpo cuando éste es atacado en cualquiera de sus partes. Es que para realizar tan valiente actitud se requiere autoridad, prestigio, méritos de indestructible esencia.

Existen, empero, muchos medios de defender la sociedad y no se irá muy lejos si se advierte que un gran paso se daría si los mismos que la componen fueran más humanos, vale decir, si hubiera tan sólo más piedad en las almas.

En efecto  la sociedad humana ha ido carcomiendo poco a poco durante siglos sus propios valores; diremos más, su propia naturaleza de entidad moral. De ahí ese caos, esa descomposición social que amenaza con destruir la civilización del presente. ¿Y todo ello porqué? ¿Cuál es la causa a la cuál pueda señalársele de autora de semejante infortunio público? No nos equivocaremos muy lejos si decimos claramente que a las injusticias que comete el hombre se deben las aflicciones que luego han de padecer unos y otros en el conjunto de las relaciones sociales.

La moral humana, es decir la del hombre, sufre hora tras hora el ultraje de sus semejantes. Parecería como si no pudiesen vivir sin calumniarse, sin difamarse los unos a los otros, o por lo menos admitir éstos de aquellos cuantas falsedades hagan circular las malas lenguas con la evidente mala intención de atentar contra la moral de su prójimo. Pero es el caso que nadie está exento de semejante agravio, y cuando menos lo piensa el que con sonrisa siniestra, menosprecia al injuriado creyendo con entera facilidad y hasta con hipócrita compasión los chismes del perverso, se ve de pronto frente a otros que sienten frente a él, idénticas sensaciones de “piedad”. Entonces vienen las sorpresas, las solícitas explicaciones, los asombros…

El cobarde huye siempre protegido por las sombras de su anonimato, pero salpicando por todos partes su repugnante baba, contagiando a los débiles que luego repiten sus infamias.

En todos las épocas operó como un cáncer de la sociedad, una secta, que a poco de comenzar sus actividades siniestras era descubierta por alguien que daba el toque de alarma y por más esfuerzos que hubiera hecho en ocultarse, acababan por ser conocidos todos esos individuos indeseables que la gente culta repudiaba por constituir un atentado contra las buenas costumbres y probidad de la familia humana.

Ésa secta, que al fin de cuentas es como una mafia con diversos barnices, se compuso siempre, como en nuestros días, de sujetos llamados fariseos. Los de hoy descienden de aquellos renegados que cometieron el crimen del Gólgota; los de ayer provenían de las primeros hundidas que tuvo la humanidad.

Usan falsos títulos de “doctores”, “ingenieros” y “arquitectos”. Su manera de obrar, la amenaza, la extorsión, la defraudación y cuanto delito puedan cometer a fin de satisfacer todas sus inconfesables bajezas, llegando a utilizar a sus propias mujeres para el logro de prebendas o sobornos degradantes a fin de salir impunemente de las redes de la justicia cuando son llevados a ésta por alguna de sus víctimas.

En los momentos actuales está ocurriendo algo de eso. Ya hemos dado a publicidad una serie de hechos que constituyen todo un peligro para la sociedad.

Observamos que al principio hubo mucha indiferencia. Se pensó que esa gente actuaba movida por algún interés mezquino y los hombres se encogieron como de costumbre, pero, los que con tanto ensañamiento pretendieron enlodar nombres honorables no era por simples causas de encono, sino porque la Obra que realiza la Escuela Raumsólica de Logosofía, empeñándose en dar  al hombre las defensas mentales que tanto necesita, les descubría sus estigmas vergonzosos y ese fue el origen de la campaña difamatoria que llevaron encarnizadamente contra la misma y su fundador con los tristes resultados para ellos, que hoy puede apreciar cualquier persona inteligente y sobre todo bien intencionada.

Si alguna satisfacción muy íntima hemos tenido de las innumerables que conquistamos en la lucha contra esos entes del mal, sobre toda en estos últimos meses,  fue la de estrechar tantas manos amigas y sinceras, y la de anotar como rasgos de alto significado, los generosos ofrecimientos que se hicieron y que la mayoría no se aceptaron pensando que ellos no serían ya necesarios para derrotar y aplastar definitivamente a quienes tan injusta como ignominiosamente las atacaron llegando hasta fraguar planes para consumar atentados incalificables.

Sean, pues, estas líneas el modo más elocuente que se le ocurre a nuestra pluma, fiel intérprete de nuestros pensamientos, para expresar a todos los que desinteresada y generosamente nos brindaron su colaboración y pusieron a nuestro alcance sus valiosos servicios y sus mejores empeños.

 

Fenómenos

A un Maestro un importuno le pedía
.. que le mostrase su sabiduría
con espectáculos “sobrenaturales”
¡A tantos les sacó de sus cabales
buscar esas groseras invenciones
que revelan las degeneraciones
en que cayeron sujetos ya famosos
buscadores de mediums y de histriones!
Preguntó el Maestro: ¿Estáis ansiosos
por ver un fenómeno, realmente?
Sí, contestó el curioso impertinente
y con él la divertida concurrencia
que quería gozar de la experiencia.
Le ordenó al personaje: Bien. Paraos.
Manteneos muy firme… Ahora quitaos
la corbata… el cuello.., la camisa…
y al revés que pongáis, ya se precisa,
los bolsillos de vuestros pantalones.
Paso a paso siguió las instrucciones
cumpliéndolas estrictas el cuitado.
Pensaba en su pedido, entusiasmado
por la magna visión que alcanzaría…
¡y en su afán por ver, ni ver podía
su ridícula y triste catadura,
fruto de pretensiones imprudentes!
Mostrando el personaje y la figura
en que quedó tras tanto prolegómeno,
el Maestro les dijo a los presentes:
Tenéis ante los ojos… El fenómeno
      * * * * * * * * * * * * * * *
El torpe aventurero que se lanza
En pos de una quimérica esperanza
Pierde de la razón el firme báculo
Y al querer estaturas que no alcanza
Se convierte a si mismo en espectáculo.

¿Por qué triunfa la Logosofía?

1) Porque en estos momentos de desorientación universal posee una  ruta definida e inconfundible; porque en esta época en que todo el mundo pregunta, ella responde.

2) Porque no exige creencias ni implanta dogmas; porque concilia la sagrada libertad de pensar con la imprescindible disciplina del conocimiento.

3) Porque reabre las perspectivas del espíritu y restaura su jerarquías, casi ahogadas bajo el peso de ideologías brutales e instintivas.

4) Porque dirige su enseñanza en derechura al proceso de la vida humano, sin generalizaciones, ambigüedades ni literatura; porque trabaja sobre la realidad humana y no sobre esquemas imaginativos o teóricos; porque trata la psique humanamente, tal cual es y no tal cual fue hace veinte siglos, o tal cual debiera ser o tal cual se cree que será dentro de muchas épocas.

5) Porque sólo puede aprenderse en forma experimental, a través de comprobaciones sucesivas, de manera que no deja lugar a las dudas, confusiones, titubeos, quimeras, y otros vástagos de la incertidumbre, que representan tan graves pérdidas de tiempo en  el común de las vidas humanas, cuando no la pérdida de la vida entera. –

(El Heraldo Raumsólico, 1939)

 

 

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