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González Pecotche: Demócrata y Humanista – Capítulo V: El Ser Individual y el Ser Colectivo

El creador de la Logosofía visto desde el ángulo de su concepción política y humanista.

 Por Dardo Víctor Cabiró – Montevideo 1999
  1. Individuo y sociedad.
  2. El proceso de la postguerra. Individualismo y colectivismo.
  3. Una síntesis armónica entre individualismo y colectivismo.

1-. Individuo y sociedad.

La concepción de González Pecotche acerca de las relaciones del individuo y la sociedad no evidencian inclinación en favor de alguno de esos dos términos de la cuestión.

Su indeclinable propósito de que el hombre supere sus calidades morales, intelectuales y sicológicas, no le inhiben pensar en la proyección que esas mismas calidades –superadas en la medida de las posibilidades de cada quien- deben tener sobre el cuerpo social. Dicha superación permitirá sobreponerse a la indiferencia y al egoísmo.

Y, a su vez, la sociedad (y particularmente el Estado, en su representación jurídico-política de la misma), debe propiciar el desenvolvimiento de la individualidad, fomentando y no trabando el desarrollo del libre albedrío de la persona y sus manifestaciones externas.

Uno y otro propósito requieren el marco de un régimen democrático.

2-. El proceso de la postguerra. Individualismo y colectivismo.

“La postguerra será un proceso que convendrá cuidar con extrema atención y firme voluntad para que la humanidad no sufra un colapso que podría ser de fatales consecuencias. Ese proceso abarcará todos los cambios y transformaciones que tienen que operarse en el futuro inmediato y mediato, y, se sobreentiende, habrá que dirigirlo con el máximum de energía e inteligencia hacia una superación efectiva, hacia una evolución realmente consciente, en la que cada ser humano se sienta responsable no sólo de sus actos sino también de los de toda la humanidad, de la cual forma parte; siendo así, se creará un verdadero espíritu de confraternidad, de comprensión, de colaboración, de paciencia, tolerancia y justicia”.

“Uno de los grandes problemas, quizá el más grande, es, y seguirá siéndole hasta tanto se solucione, el creado entre el ser individual y el ser colectivo, o sea, entre el individualismo y el colectivismo, que termina en lo que ha dado en llamarse estatismo, lo cual, en resumen, es la absorción del individuo por el Estado”.

“…Privar al ser humano de sus naturales prerrogativas, de los alicientes y estímulos del libre albedrío, es arrancarle lo mejor de su existencia…”

“Quitar al hombre tales prerrogativas es postrarlo en una muerte moral y condonarlo a una consunción psicológica y mental. Las grandes democracias y los pueblos libres que hoy luchan por mantener intactos los principios fundamentales de la existencia humana así parecen haberlo comprendido”. [1]

3.- Una síntesis armónica entre individualismo y colectivismo.

Sabemos que el individualismo y el colectivismo han sido ideados o concebidos como dos fórmulas para ordenar la convivencia humana. En el pensamiento común, generalmente aparecen como contrapuestos.

En el pensamiento de González Pecotche, se hace una síntesis armónica entre individualismo y colectivismo, a saber: “Debe existir un equilibrio de convivencia, un equilibrio de comprensión entre el individuo y la sociedad. Entendemos que el individualismo ha de evolucionar hasta su máxima expresión, propiciando el encuentro conciliatorio con el colectivismo, y del mismo modo éste, ir al encuentro del individualismo sin absorberlo ni pretender privarlo de sus derechos, prerrogativas y libertad de producción. Si las funciones sociales del individuo deben tender al mejoramiento de la colectividad, las funciones de ésta han de tender al mejoramiento de cada uno de sus miembros, desde que cada uno, individualmente, tiene su fisonomía propia, y en la suma de sus valores y cualidades debe hallarse, mediante la libre expresión de sus pensamientos y de su acción, su mejor aporte a la sociedad.” [2]

Sentimos que el equilibrio, la ecuanimidad y la equidistancia invariable entre los extremos, es una característica esencial del Pensamiento de González Pecotche.

Esto se refleja también en las transcripciones que anteceden. De ellas fluye, asimismo, la índole humanista de su concepción al evidenciar su preocupación por la libertad y el libre albedrío del hombre, al par que se remite, para la superación efectiva de éste, a la necesidad de que se produzca una evolución realmente consciente, que es, en definitiva, su gran ideal.

(Ver en el capítulo siguiente, el título: “La evolución consciente de la humanidad debe ser el imperativo de la hora presente).

* * *

[1] Revista Logosofía N° 51, marzo de 1945 y Colección de la revista Logosofía tomo V, pág. 105 y ss.

[2] Revista Logosofía Nº 26, febrero de 1943

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González Pecotche: Demócrata y Humanista – Capítulo IV: Concepción de lo Social-Económico.

El creador de la Logosofía visto desde el ángulo de su concepción política y humanista.

Por Dardo Víctor Cabiró – Montevideo 1999
  1. El capital no existe.
  2. Los peligros del estatismo.
  3. Estatismo y liberalismo económico.
  4. El capital en formación.
  5. El problema social es la preocupación básica de la hora presente.
  6. Evolución del concepto sobre los problemas sociales.
  7. El problema social y sus soluciones.
  8. Sobre industrias y comercios de tipo medio.
  9. Las demandas sociales.
  10. Aspectos de la educación del obrero.

1.- El capital no existe.

Hemos tomado este título, tan sugestivo, para comenzar este capítulo. En él se encuentran consideraciones de mucho interés y, a nuestro entender, no exentas de originalidad. Trataremos de referir sus principales aspectos.

Considera que “solo existe el trabajo como hecho cierto” y hace una clasificación del mismo en trabajo superior e inferior.

El trabajo superior o el de la inteligencia sería el que reemplaza a lo que se acostumbra denominar capital; es el que corresponde a la inteligencia y está a cargo de las jerarquías en la actividad industrial y comercial, etc. El trabajo inferior o mecánico corresponde a los empleados y obreros de rutina. En uno y otro plano, todos son trabajadores, todos son obreros.

Según se desprende del artículo, no hay un monopolio de la palabra trabajo o trabajador a favor de ninguna clase social.

Y hace hincapié en lo siguiente: dicho trabajo inferior “es compensado en la medida de lo que cada uno produce como esfuerzo personal…pues no puede estimarse de acuerdo al resultado producido, ya que éste es consecuencia del producto de la inteligencia puesta al servicio del obrero para que éste pueda   desempeñarse en sus funciones de tal”.

Insiste más adelante, que el verdadero capital es la inteligencia. Así, afirma: “El volumen del capital estará siempre en relación con el grado de cultura de la inteligencia.”

Luego entra en ciertos discernimientos que nos parecen de utilidad para la debida comprensión de las relaciones entre lo que habitualmente se denomina capital y trabajo. Expresa que “una inteligencia desarrollada exclusivamente para el lucro, se pervierte, desnaturalizando su verdadera función.”

Y entonces refiere a quienes “ocupando posiciones en el plano del trabajo superior, forman un quiste social, siendo precisamente éstos, los verdaderos explotadores de la sangre humana”. Los llama la “raza usurera”.

Cierra este enfoque lamentándose que “sean confundidos con los que actúan en el trabajo superior con nobles propósitos y humanitarias miras”. [1]  (Los destacados son nuestros).

Vemos una total independencia y ecuanimidad en el juicio, dando a cada cual lo suyo. Se percibe además, la línea evolutivista, humanista, que es invariable en el Pensamiento de González Pecotche (en el Capítulo VI nos detendremos en el concepto logosófico de humanismo).

2.- Los peligros del estatismo.

Nada hay que afecte más la economía y progreso de un pueblo, que la absorción, por parte del Estado, de lo que podríamos llamar las verdaderas fuerzas vivas del país, o sean las fuentes privadas de producción, so pretexto de que, la administración nacional requiere controlar y regular las actividades comerciales o movimientos financieros del capital privado.”

“Si recorremos los anales históricos en los que aparecen las épocas más prósperas y felices de los pueblos, sin dificultad alguna advertiremos que la paz ha reinado en ellos cuando los gobiernos, en vez de trabar u obstaculizar la iniciativa privada, la han estimulado garantizando el trabajo libre y sano de los hombres…”

“Las autoridades de cada nación democrática, en la que aún se respire el aire puro de la libertad sana y constructiva, deben pensar que jamás el Estado podrá hacer rendir a un hombre lo que éste, estimulado por las perspectivas de su triunfo, puede rendir, y no olvidar que su trabajo, unido al de todos los demás, es el que cimenta las bases más sólidas y duraderas de una nación”.

“¿El auspicio al esfuerzo privado, no es, acaso, el que atrae los capitales del mundo entero para que se inviertan en el país y se agigante el progreso de la nación, haciendo florecer las industrias? ¿Qué capital extranjero podrá confiar en establecerse allí donde el estatismo todo lo absorbe y lo esteriliza?”

“Piénsenlo esto bien quienes tienen en su poder el destino de los pueblos jóvenes de América y encontrarán que el camino a seguir es uno y único, el del respeto al patrimonio y esfuerzo particular, por ser éste y no otro, el que contribuye con mayor eficacia al engrandecimiento y prosperidad de toda nación civilizada”. [2]

3.- Estatismo y liberalismo económico.

La posición de González Pecotche respecto de los temas que venimos encarando, se define en un punto de equilibrio, a saber: “Liberalismo comercial e industrial como principio, para que el Estado no sojuzgue al particular, pero estatismo cuando sea necesario, para evitar que los consorcios y combinaciones capitalistas desvirtúen las leyes naturales y provoquen estados injustos e incompatibles con una sana economía…”[3]

Pensamos que resulta destacable que González Pecotche haya escrito sobre los peligros del estatismo en la década de 1940, cuando las tesis intervencionistas gozaban de gran predicamento. A nuestro modo de ver, su pensamiento también fue precursor en este terreno.

Por otra parte, establece un razonable y necesario punto de equilibrio entre el liberalismo económico y el intervencionismo estatal, debiendo éste actuar a fin de evitar la negativa influencia de los cárteles, trusts, etc., etc., sobre la vida económico-social de una nación.

4.- El capital en formación.

“…estos capitales en formación son, precisamente, los más afectados por el impuesto a la ganancia excesiva, dado que para poder formarse requieren, por fuerza, un mayor porcentaje de beneficios que los exigidos por los grandes capitales. Además, a estos capitales en formación, que responden desde luego, a la iniciativa privada, se les debe en gran parte el desarrollo de la industria y el comercio, ya que son ellos los que promueven el mayor aporte de trabajo y la más apreciable cifra de transacciones en el mundo de los negocios que cumplen su función en el desenvolvimiento económico de la Nación.”

“El capital en formación constituye, podría decirse, uno de los principales factores del progreso económico de un país; es éste, repetimos, el que abre perspectivas al trabajo, fecunda ideas, realiza obras y hace posible un desenvolvimiento más holgado en la vida de los pueblos. Debe existir, pues, una consideración especial para los que se empeñan en abrirse camino y superar con su esfuerzo el volumen de su producción individual, a fin de que no se malogre una de las más caras aspiraciones del individuo en su pugna por alcanzar dentro de la sociedad, posiciones firmes de respeto y responsabilidad que le permitan convertirse en un valor apreciable y un auxiliar necesario de la misma.” [4]

Las razones esgrimidas por González Pecotche en favor del capital en formación, en este artículo del año 1945, también nos hacen pensar en el carácter precursos de su figura.

¿Qué diferencia sustancial hay entre esas razones y los argumentos que hoy día militan a favor de la pequeña y mediana empresa? Acaso la diferencia pueda encontrarse en la terminología empleada, pero en lo sustancial, armonizan.

5.- El problema social es la preocupación básica de la hora actual.

Este título de mayo de 1945, cobijó unas consideraciones importantes –y si se quiere, originales- de González Pecotche.

Empieza por concretar lo que se entiende por problema social, esto es, “cuanto se relaciona con el obrero, y con especialísima preferencia en lo que atañe a la cuestión económica. Se entiende que al decir obrero está incluida la clase trabajadora y pobre”.

Señala que, a su juicio, “el gran obstáculo que se interpone para resolver el problema en su raíz”, es “la indiferencia con que los que son ayudados reciben las mejoras que se les brinda”, posición que los lleva a pensar que es una obligación de quienes les confieren las mejoras, “sin que de su parte exista la menor preocupación por corresponder de alguna manera al bien recibido”.

Agrega: “Sería de todo punto necesario, pues, hacer llegar a la mente y al corazón de todos los obreros del mundo, que es deber de ellos acompañar en sus esfuerzos y preocupaciones a aquellos que luchan por el bienestar general…” Esto crearía “una nueva conciencia en las masas obreras, tendiente a hacerles compartir en lo que fuera posible, los desvelos, afanes y angustias por que tantas veces pasan quienes actúan en las directivas del comercio, de la industria y de toda otra actividad en que se plantea el problema de la conducción de los negocios a través de las múltiples fluctuaciones y embates de la marea económica colectiva”.

Cierra el artículo diciendo: “Debe existir una correspondencia mutua de preocupaciones y esfuerzos, naturalmente que en la medida de las posibilidades de cada uno. Ello habrá de ser la contribución más firme y eficaz que podría hacerse con miras a alcanzar nobles y justas soluciones, tendientes a resolver el problema social, que, hoy como ayer, constituye una de las más hondas preocupaciones en todos los países del mundo”. [5]

Cuando comentamos “El capital no existe” al comienzo de este capítulo, dijimos que encontrábamos una total independencia y ecuanimidad de juicio en González Pecotche, cuando encara el problema social.

A lo largo de muchos de sus artículos sobre este tema, advertimos su ideal humanista, procurando que, partiendo del nivel socio-económico en que se encuentre cada hombre o mujer, pueda superarse en sus cualidades morales e intelectuales.

Extendemos estas consideraciones en particular, a los títulos que siguen: “Evolución del concepto sobre los problemas sociales” y “El problema social y sus soluciones”.

6.- Evolución del concepto sobre los problemas sociales.

Con total independencia de juicio –como siempre se caracterizó- González Pecotche, bajo el título precedente, expresó, entre otros conceptos, los que se transcriben seguidamente: “Se impone en esta hora una nueva concepción de los problemas sociales, en base a una mutua estimación de los valores, necesidades y merecimientos. Se hace indispensable una revisión completa de las leyes obreras encaminadas a perfeccionarlas, a fin de que las propias masas directamente interesadas se esfuercen en ser cada día más eficientes y útiles a la sociedad de la que son parte inseparable, así las ideas, como las costumbres y las demandas que formulen habrán de merecer las más justas apreciaciones del sentir general”.

“Para todo ello será necesario alcanzar la comprensión de que las posiciones que los trabajadores obtienen en la vida, ya por méritos personales, ya por ayuda ajena, deben ser no sólo mejoradas sino mantenidas por el propio esfuerzo y capacitación, desde que no es nada justo que el cuidado de las situaciones particulares queden a cargo exclusivo de los más aptos, de los que más se preocupan en conservar lo que tanto les costó obtener”.

“Lo esencial es que cada uno, sin excepción, contribuya a que la paz se afiance en las naciones, y especialmente en la gran familia humana, a fin de que los problemas de toda índole que a diario surjan, puedan ser resueltos con serenidad, con claro discernimiento, y una amplia concepción de la justicia en sus dos inseparables columnas: el deber y el derecho de cada ser humano. De hecho se desprende que los que más pueden y tienen, deberán contribuir en mayor proporción a que el mundo vuelva por los cauces de la normalidad, aminorando y aún eliminando los riesgos que pudieran sobrevenir acerca de un nuevo estallido en el futuro, cuyos estragos serían incalculables” (diciembre de 1945 – los destacados nos pertenecen-).[6]

7.- El problema social y sus soluciones

Refiriéndose al problema planteado por las masas obreras y sus reivindicaciones, y tal como lo hemos dicho en otra parte de este trabajo, expidiéndose con total independencia de juicio, expresó: “…un principio de solución que llevaría quizá a la solución total, es, sin duda alguna, la instrucción que necesariamente debe darse a la clase obrera para que, paralelamente a los aumentos que reciba, sepa organizar su vida y administrar sus economías. Se ha comprobado en múltiples circunstancias que no progresa mucho el obrero con las mejoras que obtiene si a la vez no se preocupa por instruirse convenientemente, puesto que sin ello no puede abrir las puertas a mayores posibilidades. Da prueba de esto el obrero inteligente, que en la escala de esas posibilidades ha ido convirtiéndose en patrón, mientras que los que no se preocuparon por capacitarse permanecieron en la misma posición pese a las mejoras obtenidas.”

“En recientes oportunidades se ha hablado de la participación del obrero en los beneficios de las empresas, pero nada se ha dicho respecto a si debe participar también de las pérdidas. Muy plau­sible sería la idea si las empresas tuvieran asegurados tales beneficios; nos referimos, sobre todo y muy especialmente a las de menor cuantía que son las más numerosas y las que más deben luchar para subsistir y poder prosperar como corresponde a toda industria y comercio, dado que las pérdidas en empresas de peque­ños capitales han llevado en muchos casos al cierre de sus puertas por la imposibilidad de poder cumplir con los múltiples compromi­sos que tienen que contraer. El quebranto de un comercio o una industria afecta también a los obreros que trabajan en ella, y es lógico pensar entonces, que ha de ser preocupación común de pa­tronos y obreros el propender a la mejor marcha de los negocios ya que de la mutua comprensión depende en mucho dicha prosperidad. Se hace pues necesario que los obreros sean ilustrados con la amplitud debida acerca de todos estos problemas que deben preocupar a ambas partes por igual. Es muy posible que de ese interés recíproco en conservar lo que se tiene, surjan las más felices soluciones. Y mucho habrá de contribuir a ello la competencia en el obrero y su estimación por parte de los empleadores.” [7]

En los fragmentos que precedentemente se han transcripto, se puede verificar, una vez más, el propósito evolutivista del filósofo que nos ocupa. Su concepción del hombre y la humanidad, va mucho más allá del aspecto económico. La atención de este aspecto, obviamente necesaria, no será razón suficiente para el bienestar individual y social, si no se estimulan la instrucción y la responsabilidad, esto es, factores educativos y morales.

8.- Sobre industrias y comercios del tipo medio.

“Nos referimos a esos nobles y virtuosos hombres de trabajo y de ingenio que forman lo que hemos denominado el tipo medio de industriales y comerciantes.”

“En efecto; mientras por una parte la masa obrera es favorecida con las mejoras recibidas, y los grandes capitales, o sea los grandes comercios y las grandes industrias, no sufren mayormente el latigazo de los gravámenes, por la otra, los industriales y comerciantes de tipo medio, que son los que trabajan sin descanso con sus pequeños capitales y los que al par que mantienen con honorabilidad a sus familias asegurando su equilibrio económico, ayudan a que muchos hogares puedan ser sostenidos por los hombres a quienes dan tra­bajo y a quienes impulsan a adelantar en sus puestos de labor, en­caran situaciones en extremo difíciles.”

“La masa obrera, que por su número constituye toda una fuerza a la que no es posible pasar por alto, tiene, por virtud de esa fuerza, un medio poderoso para manifestarse, hacerse oír e inclinar en su favor la atención de los magistrados. La pudiente tiene, también, sus medios poderosos de expresión, o sea sus influencias, a las que tampoco pueden permanecer indiferentes los hombres de Estado. Pero esa masa intermedia, ese gran conjunto de hombres de trabajo y de negocio que forma el tipo medio de la sociedad; esa masa de seres de la cual surge la mayor parte de los hombres del pensamiento, de Estado, estadistas; hombres del periodismo, del arte, de la ciencia, es, precisamente, la más desamparada. ¿Por qué? Por­que es sufrida y está siempre temerosa por hallarse emparedada entre dos fuerzas: la masa pudiente y la masa obrera. Sólo le queda un callejón por el cual se ve obligada a marchar, sin que hasta el presente haya podido dar con esa nota tónica que derrumba muros y rocas, cuando encuentra el eco salvador.” [8]

* * *

Vuelve González Pecotche sobre el tema de las industrias y comercios de tipo medio, sobre lo cual escribió en julio de 1945.

Nos remitimos al otro título de este mismo capítulo: “El capital en formación”, por entender que son complementarios.

9.- Las demandas sociales.

Bajo el título “El problema social-económico”, en julio de 1947, González Pecotche vierte una serie de consideraciones fundamentales sobre el tema, de las cuales transcribiremos las siguientes:

“Todo es justo y aceptable mientras las sanas aspiraciones convergen en metas realizables que no exceden la capacidad matriz que dispensa los márgenes tolerables. Es esto una ley intransformable, como lo es cada ley que gravita sobre la conservación del mundo y de las especies que lo pueblan. No se pueden vaciar, pues, las arcas de una industria y exigir, al mismo tiempo, que ésta se sostenga en sus finanzas. En tales condiciones la industria se resiente, se debilita y quebranta. Y una vez exhausta la caja, se apagan las llamas que alimentaban a una cantidad de hogares, paIidecen las esperanzas, se esfuman todas las ventajas y se vuelve al punto de partida para empezar de nuevo. Es la eterna y lapidaria sentencia: “No matar la gallina de los huevos de oro”, cuyo olvido ha estrellado a tantos contra una realidad de la que nadie escapa ileso.”

“…la libre competencia y el aumento de producción es lo único que instantáneamente, como por obra de magia, hace bajar los precios sin necesidad de que los gobiernos deban recurrir a ningún expediente. Hacer, pues, que afloren las actividades comerciales en marcha ascendente de pro­greso, sin trabarlas en su desenvolvimiento, es propiciar la abun­dancia, que colma todas las necesidades. Encarar la solución de modo adverso, sería encajar una de las ruedas que sostiene el peso de la enorme carroza estatal, mientras la otra gira velozmente en el aire, aparentando marchar muy bien, aunque sin lograr avanzar una pulgada del sitio donde se encuentra.” [9]

* * *

El pensamiento de González Pecotche tiene, en todas sus manifestaciones, una fuerte impregnación moral. Siempre exalta la responsabilidad de los actores sociales y así como fue severo al enjuiciar a los grandes capitalistas que olvidan sus deberes para con la sociedad (“la raza usurera”, les llamó), también reiteradamente llama a responsabilidad a las masas obreras y señala una y otra vez el tratamiento que deben merecer para su mejoramiento.

Bien se comprende que la solución del problema social no pasa solamente por lo económico. Antes y después, hay temas educativos en lo personal y de capacitación laboral, que resultan fundamentales (nos remitimos al título que sigue).

10.- Aspectos de la educación de obrero.

Los fragmentos que se transcriben a continuación, evidencian el énfasis que pone González Pecotche en los aspectos morales y educativos cuando refiere a los problemas sociales.

“…no hay ser humano que pueda quebrar la inexorabilidad de las leyes. Por más poderoso que sea, jamás podrá poner en un recipiente más agua que la que éste sea capaz de contener; la que exceda se derrama inevitablemente. Del mismo modo se derramará, porque es inevitable, toda mejora que sobrepase los límites de la capacidad humana de comprender y aprovechar dicha mejora sin hacer derroche de ella. De ahí que sea tan necesario, como lo hemos predicado siempre, que paralelamente a la ayuda que se alcance a las clases obreras, se las instruya para que sepan usar y no abusar de la misma…” [10]

“A nuestro juicio –agrega en otro lado-, el problema debe encararse desde el punto de vista de la administración individual de los haberes.”

“Habría, pues, que enseñar con decidido empeño la forma de administrar los propios haberes. Los excesos son los que desequilibran el presupuesto.” [11]

Reitera que las “mejoras del asalariado deben consistir, más que nada, en estímulos al estudio y en el propiciamiento de los deberes morales y sociales”, agregando que los “derechos y los deberes son dos rieles paralelos que, sin juntarse nunca, hacen deslizar en marcha ascendente la máquina del progreso.” (Los destacados son nuestros). [12]


[1] Revista “Logosofía” Nº 23, noviembre de 1942

[2] Revista “Logosofía” Nº 11 de noviembre de 1941

[3] “Nueva Concepción Política”, 1940, págs.59 y 60.

[4] Revista “Logosofía”, N° 54, junio de 1945

[5] Revista “Logosofía”, N° 53, mayo de 1945

[6] Revista “Logosofía” N° 60, diciembre de 1945

[7] Revista “Logosofía” N° 65, mayo de 1946.

[8] Revista “Logosofía” N° 67, julio de 1946

[9] Revista “Logosofía” N°  78, junio de 1947

[10] Revista “Logosofía” N°  78, marzo de 1947

[11] Revista “Logosofía” N°  13, enero de 1942

[12] Revista “Logosofía” N° 39, agosto de 1944

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González Pecotche, demócrata y humanista – Capitulo III: Las Libertades

El creador de la Logosofía visto desde el ángulo de su concepción política y humanista.
Por Dardo Víctor Cabiró – Montevideo 1999

Capítulo III – Las libertades

Índice
1.- Libertad y libre albedrío. El totalitarismo.
2.- “No deben cercenarse derechos que son inalienables”.
3.-  La libertad.
4.- Paz, libertad y derechos humanos.

 

1.- Libertad y libre albedrío. El totalitarismo.

Comenzaremos esta parte, citando el discernimiento entre libertad y libre albedrío, que hace el autor que venimos estudiando.

En el concepto logosófico: “La libertad se diferencia del libre albedrío, en que mientras la primera tiene su expresión en lo externo, el último la tiene en lo interno.”

Afirma que la libertad de cultos, de palabra, de comercio, como la de carácter político, social o económico, constituyen un requerimiento necesario para “la convivencia humana y, a la vez, imprescindible para que las facultades del individuo encuentren campo más propicio para su desarrollo y cometido.”

En los regímenes totalitarios que asolaron Europa, los pueblos no gozaron ni de libertad ni de libre albedrío, desde que éste fue eclipsado y aún anulado, ya que desde la infancia se les privó “de promover el libre juego de las funciones que atañen a su inteligencia, … sobreviniendo en consecuencia… el atrofiamiento de sus facultades y el debilitamiento de la razón hasta anularla.” [1]

 

2.- No deben cercenarse derechos que son inalienables.

 “El derecho a pensar con libertad –escribía el Maestro González Pecotche en mayo de 1942- es tan necesario al hom­bre como el derecho a vivir. Vivir sin pensar es convertirse en un autómata, o más claro aún, no es vivir. La diferencia entre el  hombre y el animal radica fundamentalmente en el pensamiento; si éste no puede cultivarse, el hombre se irá asimilando a un es­tado salvaje o animal. Ello significaría su muerte como entidad racional, civil y social; y anularía todas sus posibilidades de mejoramiento o evolución. En efecto, quien no puede expresar con libertad su pensamiento, no puede sentir la vida en su ver­dadero carácter y esencia.”

“La libertad de  pensar no significa en  manera  alguna que la sociedad autorice la licencia, el abuso o las extralimitaciones de cualquier género. La órbita del derecho está perfectamente  diseñada en todas las legislaciones y quien salga de ella caerá de inmediato bajo alguna disposición penal: El ejercicio de una facultad nada tiene que ver con el buen o mal uso que de esta  se haga; a nadie se le ocurrirá prohibir la circulación del dinero por el  hecho de que haya ladrones y falsificadores, o del vino, por haber borrachos. [2]

Los conceptos que venimos de ver, nos sugieren que la libertad debe ser enseñada a través de una pedagogía no dogmática y debidamente sopesada por principios morales (lo es también la libertad), como la responsabilidad. De esta manera, nos parece, se neutraliza la demagogia y la licencia.

Cabe concluir, entonces, que debe respetarse el libre albedrío del educando y crear un ámbito de libertad necesario para el desarrollo intelectual del hombre del futuro.

3.- La libertad.

Refiriéndose al dilema planteado a la humanidad por la Segunda Guerra Mundial, en la cual el triunfo de un bando supondría el triunfo definitivo de la fuerza, y el del otro, la victoria del derecho sobre la fuerza, González Pecotche escribió lo siguiente (año 1943): “La libertad individual, inspirada en las profundidades de la conciencia, permite al hombre ser útil a sus semejantes, a la sociedad y a todo el mundo, desde que buscando la superación por el esfuerzo, y la capacitación mental por el ejercicio de la inteligencia, encuentra dentro de sí, en la intimidad de su corazón y en la potencia de su pensamiento, inestimables recursos que le permiten poner de manifiesto, en provecho de los demás, el fruto de sus estudios, de sus meditaciones, que siempre, en
todas las épocas, ha servido como punto de referencia, muchas veces de incalculable utilidad, tanto a los hombres de Estado para la dirección de los negocios de su país, como a los que tienen a su cargo el estudio y sanción de las leyes que hacen posible el mantenimiento de la estructura política en sus formas respectivas de gobierno, y de la social en sus múltiples aspectos.”

El extenso artículo, a lo largo del cual se siembran otros hermosos conceptos sobre la libertad, finaliza así: “Lo que ha dañado a la libertad o, mejor aún, al concepto de libertad -bueno es reconocerlo y declararlo-, es la licencia y el desquiciamiento y derroche de las prerrogativas que confiere la libertad. Esto es lo que debe frenarse volviendo por los fueros del orden y de la limpieza moral, pero sin perjudicar los nobles fines de la libertad, en su más pura y diáfana expresión de plenitud.” [3]

 

4.- Paz, libertad y derechos humanos.

Sostiene González Pecotche que no es posible concebir separación alguna entre estas tres palabras: “…El hombre vive en paz consigo mismo y con sus semejantes, sólo cuando es libre y disfruta del pleno goce de sus derechos; o sea, cuando siente la plenitud de esos derechos conformados a sus deberes de ser racional y humano.”

Más adelante agrega: “Las leyes constituyen, pues, los fuertes puntales que aseguran la solidez de la paz en la sociedad humana. Cuando ellas se suplen por la arbitrariedad y se desconocen los derechos de los hombres, se corre el riesgo de caer en la anarquía y en el caos social. [4]

Poco tienen que hacer nuestros comentarios, ante un pensamiento que se manifiesta de modo tan diáfano y preciso, como lo es el de González Pecotche.

No obstante, quisiéramos hacer hincapié en los métodos pedagógicos del totalitarismo, cuya aplicación constituyó, nos parece, un verdadero crimen contra la humanidad.

Hubo una inculcación despiadada y sin limitaciones de las consignas políticas del régimen; no hubo el mínimo respeto al libre albedrío del niño y del joven. Puede decirse que se organizó la sugestión, a través de la palabra (el discurso único), la música (himnos y canciones cautivantes) y todo un aparato propagandístico, lo cual ya comenzaba en el aula escolar.

 

Como sabemos, los métodos pedagógicos de índole dogmática coartan la libre expresión del propio pensar y sentir; el hombre es desconocido en su intrínseca condición de ser libre e independiente; se lo sojuzga mental y moralmente.

La raíz humanista del Pensamiento de González Pecotche, asoma claramente al referirse a estos aspectos relacionados con la educación de los niños, adolescentes y jóvenes.

Hemos seleccionado solamente tres fragmentos, siendo que al respecto la literatura logosófica es abundante. “Durante ese período la mente es el campo virgen y fértil donde germina y desarrolla rápidamente cualquier idea o pensamiento. Si éstos tienden al bien, la vida se tornará útil y benigna; si tienden al mal, la vida se tornará sombría y estéril.”

 

“La juventud requiere ser orientada; sólo así no habrán de malograrse los esfuerzos y la inteligencia de los que mañana, a su vez, deberán preparar a las generaciones que les sucedan.”

“El fomento del estudio en todas sus formas, de las actividades sanas, del culto al saber, a la humanidad, a la familia y, muy particularmente, del culto al respeto que el individuo se debe a sí mismo, a lo que es suyo, y al respeto que debe a los demás y a la pertenencia ajena, es lo fundamental para que tal orientación cumpla su gran objetivo, cual es el de formar en la juventud la conciencia cabal de su responsabilidad frente a la vida, a sus semejantes y al mundo.” [5]

En suma: digamos que nuestro filósofo defiende la libertad desde la cuna, a la que no desliga de la responsabilidad.

 

Se nos dirá que esta referencia al método pedagógico de los totalitarismos, tendría su mejor ubicación en el capítulo anterior. Es posible, pero como la comprensión de la libertad, de sus valores intrínsecos y de sus consecuencias políticas, sociales y culturales es, en el fondo, un problema de educación, nos pareció adecuada la ubicación de este fundamental aspecto, en este capítulo sobre la libertad.

 

 


[1] C.R.L. tomo II, págs. 7 y 8.

[2] Revista Logosofía Nº 17 (mayo de 1942)

 

[3] Revista Logosofía Nº 28 (abril de 1943)

[4] Revista Logosofía N° 55 (julio de 1945)

[5] Revista Logosofía N° 58 (C.R.L. tomo I, pág. 177) (octubre de 1945)

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González Pecotche Demócrata y Humanista

El creador de la Logosofía visto desde el ángulo de su concepción política y humanista

Por Dardo Víctor Cabiró – Montevideo 1999

(Impreso en talleres Multicolor Limitada – Noviembre de 1999)

Palabras liminares

El propósito de este trabajo es contribuir a la difusión del Pensamiento del filósofo americano González Pecotche, referido a su concepción política y humanística.

Teníamos “in mente” un esquema previo: el de estudiar por separado la condición de demócrata y la de humanista del citado pensador. Pero al ponernos a trabajar sobre el tema, muniéndonos del material logosófico que estuvo a nuestro alcance, vimos que ambas condiciones o facetas se presentan tan estrechamente unidas en González Pecotche, que nos resultó, a nosotros, imposible disociarlas.

Sin la preparación académica ni la especialización que reputamos necesaria para abordar el tema con la debida capacidad analítica, ante un pensamiento tan profundo y diverso como el de González Pecotche, estimamos sí que nos habilita a aproximarnos a él nuestra antigua e ininterrumpida vinculación, ya que Nueva Concepción Política, su obra del año 1940, llegó a nuestras manos cuando cursábamos el bachillerato, época en la cual nos incorporamos como miembro activo de la Obra Logosófica y en la que hoy permanecemos, continuando nuestros estudios logosóficos.

Digamos también que nuestra extensa actuación en Enseñanza Secundaria como profesor de Educación Cívica, nos ayudó a poder concretar este trabajo.

CAPITULO I

Concepción de la Democracia

1.-El régimen democrático
2.- Posición ante las izquierdas y derechas.
3.-Capital Cultural y Estado.
4.- Fuerzas poderosas luchan en el ambiente mental del mundo.
5.- El rumor público: función de la prensa.

1.- El régimen democrático.

Nueva Concepción Política es la obra que, publicada en el año 1940, don Carlos B. González Pecotche dedicó a los argentinos. Su contenido trasciende las fronteras de su patria y en ella encontramos conceptos de validez universal.

“La soberanía política sólo es posible cuando está basada sobre el imperio de las leyes, el respeto a la Constitución y la armonía de los intereses del Estado con los del pueblo.”

La libertad, “que sólo es posible dentro de la estructura democrática del Estado, no debe ser confundida con la licencia y el desquicio. Se impone una democracia política con contenido económico y social, cuya verdadera esencia está en la igualdad de oportunidades y en la supresión de los predominios de grupos; pero no una democracia blanda y vacilante que tolere en su seno los gérmenes disolventes de la demagogia y de la dictadura. No. Se hace toda una necesidad el propiciar una democracia en la cual se asegure, sobre la base del sufragio universal, secreto y obligatorio, la jerarquía por una correcta selección y se apoyen gobiernos que al representar auténticamente la soberanía popular, establezcan una inquebrantable y férrea garantía de paz, orden y progreso. Una democracia que no constituya un término medio entre los extremos de derecha e izquierda, sino una estructuración institucional cuya autoridad legal emanada de la soberanía del pueblo garantice el enérgico control de las actividades de la Nación. El imperio omnímodo, indiscutible y absoluto de la ley deberá regir tanto la actividad de los pueblos como la de los gobiernos surgidos de su seno.”

“Concibo una democracia enérgica y activa, capaz de llevar a cabo, sin las demoras que tanto perjudican, verdaderas obras de progreso, que corrijan los males y errores que carcomen la esencia de las instituciones convirtiéndolas en estériles armazones que luego no sirven, como debieran, para amparar los derechos e intereses de la población.

“Concibo una democracia superior en sus destinos, que estimule y aúne el esfuerzo de los ciudadanos por obtener la más alta expresión de la nacionalidad en el conjunto de los perfiles que se destaquen en los respectivos órdenes de las actividades humanas, en contraste, precisamente, con las democracias débiles, que aíslan a los sabios, dispersan el esfuerzo individual y son indiferentes a los adelantos e iniciativas de los que trabajan y luchan confundidos entre la multitud, por más que sus figuras estén por encima de la conciencia vulgar.”

“Concibo una democracia generosa y recta, que encuadre las perspectivas ciudadanas en un área de comprensión común, reprimiendo el abuso y el egoísmo mientras propicia toda labor constructiva que tienda al bien general, en especial las que con mayor relieve señalen los rasgos más prominentes de nuestra cultura nacional, como manifestación o muestra del espíritu que encarna una naciente civilización.”

“Concibo una democracia perfeccionada, que se mantenga fiel y firme en sus principios soberanos, que elimine la corrupción y el fraude y sostenga el imperio del derecho y la justicia.”

“Y, por último, concibo una democracia fuerte, que ordene la vida de la Nación bajo sabias normas; que conciliando la libertad y el derecho con los deberes y obligaciones del ciudadano, promueva en el espíritu popular sanas reacciones que coincidan con las directivas del gobierno, de modo que cuando éste haga un llamado a la opinión, encuentre siempre en ella apoyo y aprobación unánime.” [1]

Partiendo del concepto de soberanía política, asentada sobre la base del sufragio universal, secreto y obligatorio, debe dársele un contenido económico y social. Sostiene el principio de la igualdad de oportunidades y preconiza la supresión de los predominios de grupos.

La Democracia debe ser firme sostenedora del imperio del Derecho y la Justicia, a la vez que, paralelamente, debe eliminar la corrupción y el fraude.

La Democracia no tiene porqué ser un régimen débil, indeciso, infecundo; por el contrario, tiene que constituirse en un régimen enérgico y activo.

Por otra parte, vemos que quedan contemplados los tres aspectos de la Democracia: el político, el social y el económico.

En suma: registramos que los conceptos políticos de González Pecotche, vertidos en su ya citada obra del año 1940, mantienen rigurosa actualidad.

2.- Posición ante las izquierdas y derechas.

 Al asumir la Dirección de la Revista Logosofía, en enero de 1941, González Pecotche definió su posición en estos términos:

“…la Dirección de LOGOSOFIA declara su absoluta prescindencia de toda ideología política y social, como asimismo, que no está limitada por ningún dogmatismo y que mantendrá una equidistancia inalterable de las llamadas izquierdas o derechas.

“Su posición queda así plenamente definida, pues prefiere ocupar el centro y ser consciente de hallarse en el medio regulador que gradúa el equilibrio y hace posibles las relaciones pacíficas entre los hombres.

“Sentado lo que precede, la Dirección se ve en la necesidad de destacar que lo manifestado no quiere significar que se abstendrá de exponer su pensamiento crítico sobre todo aquello que merezca de un modo o de otro, su atención, ya que sus preferencias habrán de estar siempre condicionadas al objetivo expresado, en bien y utilidad exclusiva del semejante.” [2]

La claridad de la definición política e ideológica que antecede nos exime de todo comentario.

3.- Capital Cultural y Estado

En Nueva Concepción Política, González Pecotche afirma que:

“La existencia de los capitales privados hace posible a los pueblos ser libres e independientes, y constituye la base de toda sociedad bien organizada.”

Sostiene además, que las democracias podrán “existir mientras existan como símbolos del progreso, el capital y la cultura; es decir, mientras el Estado respete el capital público y privado y facilite su libre desenvolvimiento, y en igual forma cuanto respecta a la superación de los valores humanos en la más alta expresión de una verdadera cultura integral.” [3]

Queda bien patente, nos parece, el propósito humanista en el pensamiento político de González Pecotche, lo cual se concretará particularmente en el título “La evolución consciente de la humanidad debe ser el imperativo de la hora presente” y cuando nos refiramos específicamente al concepto logosófico sobre humanismo (Capítulo VI).

4.- Fuerzas poderosas luchan en el ambiente mental del mundo.

En 1943, González Pecotche escribió sobre las causas reales y esenciales que generan corrientes mentales extremistas.

Extraemos algunos conceptos:

“No podrá haber paz y concordia mientras no se reafirme definitivamente en el espíritu de los hombres, sean del país o de la raza que fueren, el principio fundamental de la libertad individual, que hace posible el mantenimiento de la dignidad humana y permite el libre desenvolvimiento de la inteligencia para los altos fines del progreso y la evolución de los pueblos.”

Advierte que el peligro contra ese principio fundamental, “está en que los pensamientos de absolutismo se manifiesten y cobren forma en la mente de los que circunstancialmente se hallen en el poder”, sea político, económico, religioso, etc., ya que en esas posiciones circunstanciales ocupadas por el hombre, “pueden ocurrir cambios de pensamiento que decididamente alteren las perspectivas de libertad individual que hasta el momento de reproducirse tales cambios se disfrutaba” (los destacados nos pertenecen).

En otra parte del mismo artículo, se expresa: “El imperialismo, el comunismo, el nazismo, el fascismo, la democracia, el socialismo, luchan denodadamente por conquistar en el ambiente mental del orbe un puesto prominente, y si a es­tas corrientes agregamos las luchas de razas, de religiones y en menor escala los enconos y los desafíos partidistas de cada po­blación, fácilmente se comprenderá que la congestión mental es de todo punto grave y difícil de conjurar.” [4]

Sentimos que el hombre del siglo XX, que ya fenece, y con más razón del siglo XXI, con el perfeccionamiento constante de los medios de comunicación y su extensión masiva, no puede permanecer indiferente ante esa “congestión mental” a que alude González Pecotche. Es muy fácil ser atrapado por la misma.

Respecto a tan delicadas cuestiones, no podemos omitir la mención al formidable aporte de la Concepción Logosófica, cuando refiere a las defensas mentales del hombre, que enseña a instituirlas en diversos campos y que sale al encuentro del estado de desamparo mental en que pueden encontrarse los seres humanos. [5]

(En el siguiente título, hacemos referencia a los procesos formativos de la opinión pública, de tanta incidencia en el normal funcionamiento de los regímenes democrático-republicanos).

5.- El rumor público: función de la prensa.

 “La opinión pública es, fuera de toda duda, el pensamiento de más rigurosa actualidad que agita y preocupa a la mente de los que habitan un país. Pero esa opinión, antes de ser pública es privada; es el criterio que cada uno elabora en relación a su capacidad. De ahí que al volcarse en la calle se complemente con la de los demás. Estas ideas se discuten y de ellas queda luego, como resultado, el sedimento útil y constructivo de una realidad que, como necesidad, es aceptable por la mayoría. Cuando las reacciones del entendimiento son muchas, al tamizarse el elemento en discusión, la idea es expulsada con desconformidad de la mente pública, o sea de todas las que expresan tal repulsión.”

“…Acontece así que el comentario público corre de un lugar a otro como una bola de nieve, tomando cada vez mayor volumen aquello que comenzó siendo una simple opinión. La gente común va tras el relato a media voz colmo las moscas tras el azúcar, salvo una leve diferencia: en la gente la curiosidad es insaciable…”

“¿Qué fuerza, pues, puede frenar esa corriente desbordante del comentario público, que tanto daña la tranquilidad espiritual de un pueblo?”

“La prensa, y sólo la prensa, es la que puede neutralizar esa licencia callejera; la que puede poner dique a ese desborde analizando con fría serenidad el asunto que dio pie al comentario y ofreciendo al público, que sabrá así a qué atenerse, su juicio bien madurado y bajo la garantía de su seriedad.”

“Se ha dicho, y con razón, que la prensa es una de las tribunas más dignas del pensamiento humano, porque es en esa tribuna donde pueden concurrir todas las ideas para su libre discusión. Ya se ha visto cómo en aquellos países que hicieron callar esa voz de la conciencia pública, brotaron y recrudecieron los males por todas partes. Parecería como si la libertad que se privó a aquéllos, se prodigó con la mayor liberalidad a las corrupciones de pensamiento, ya que éstos, sin temor de que fueran denunciados sus vicios, hacían a su antojo cuanto puede ocurrírsele a una mente en sus vehemencias y discrecionalidad.” – Marzo 1944 [6]

González Pecotche enaltece, en varias publicaciones, la función de la prensa, en cuanto formadora de la opinión pública.

Aquella vieja definición de los sistemas democráticos como gobiernos de opinión, pone de relieve la importancia de este tema. Parece apropiado recordar que hay que observar cuidadosamente los procesos formativos de la opinión pública en general y la opinión política específicamente.

Todo se desarrolla en el plano mental y es altamente conveniente que el pueblo sepa captar el origen y la finalidad de las corrientes mentales que surcan los ambientes nacionales e internacionales. Esto resulta vital, nos parece, para la buena salud democrática de una nación.

Reiteramos nuestra alusión al conocimiento logosófico sobre las defensas mentales en el hombre, conocimiento que impide que sea absorbido por la masa “que lo aglutina en exóticas ideologías o en la dialéctica fascinante de la demagogia”.

Cabe deducir de las palabras de nuestro pensador, que la ciudadanía debe equiparse –mentalmente hablando- de modo adecuado para ser consciente de esos procesos formativos de la opinión pública.


Adelanto de los próximos capítulos a publicar.

 Capítulo II – Los totalitarismos

1.- Los extremismos mentales.
2.- Democracia y extremismo.
3.- “La bondad de un régimen se prueba por la consistencia de sus principio”.
4.- El triunfo de la Democracia.

 

Capítulo III – Las libertades

1.- Libertad y libre albedrío. El totalitarismo.
2.- “No deben cercenarse derechos que son inalienables”.
3.-  La libertad.
4.- Paz, libertad y derechos humanos.

 

Capítulo IV – Concepción de lo social-económico

1.- “El capital no existe”.
2.- “Los peligros del estatismo”.
3.- Estatismo y liberalismo económico.
4.- “El capital en formación”.
5.- “El problema social es la preocupación básica de la hora actual”.
6.- “Evolución del concepto sobre los problemas sociales”.
7.- “El problema social y sus soluciones”.
8.-  Sobre industrias y comercios de tipo medio.
9.- Las demandas sociales.
10.- Aspectos de la educación del obrero.

 

Capítulo V – El ser individual y el ser colectivo

1.- Individuo y sociedad.
2.- El proceso de la postguerra. Individualismo y colectivismo.
3.- Una síntesis armónica entre individualismo y colectivismo.

 

Capitulo VI – La concepción humanista

1.- Bases nuevas para la reconstrucción de la sociedad.
2.- “Un nuevo orden para el mundo”.
3.- “La evolución consciente de la humanidad debe ser el imperativo de la hora presente.”
4.- “La iniciativa privada. Su contribución a la prosperidad de los pueblos.”
5.- “La guerra constituye para la humanidad una gran esperanza”.
6.- “Sugestiones para la futura organización del mundo”.
7.- “Comprensión básica de los problemas humanos”.
8.- “Horas de reflexión”.
9.- “Finalización de la 2da. Guerra Mundial.
10.- “El problema básico de los pueblos”.
11.- El concepto logosófico sobre humanismo.

 


[1] Estando agotada la obra Nueva Concepción Política, nos ha parecido conveniente tomar las referencias de la Colección de la Revista Logosofía (en adelante C.R.L.) tomo IV, pág. 222 y ss., en la cual se reproducen, entre otros, los fragmentos transcritos en el texto. Esto facilitará la consulta del lector interesado.

[2] Colección de la Revista Logosofía, tomo IV, pág. 228 – Revista Logosofía Nro. 1, pág. 4

[3] De CBGP, Nueva Concepción Política, Editorial Lytton, Buenos Aires, 1940, págs. 157 y 158

[4] C.R.L. pág tomo V, pág. 79 y 81 – Revista Logosofía Nº 33 pág 19

[5] De CBGP, Curso de Iniciación Logosófica, “Pronunciamiento logosófico sobre las defensas mentales del hombre”, 2da. reimpresión, Editora Logosófica, San Pablo (R.F.B.), 1978, pág. 57 y ss.

[6] C.R.L. tomo IV, págs. 205 y 206 – Revista Logosofía N º 39 Pág. 20

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González Pecotche: Demócrata y Humanista – Capítulo II: Los totalitarismos

El creador de la Logosofía visto desde el ángulo de su concepción política y humanista.

Por Dardo Víctor Cabiró – Montevideo 1999

(Impreso en talleres Multicolor Limitada – Noviembre de 1999)

 

Capítulo II – Los totalitarismos
1.- Los extremismos mentales.
2.- Democracia y extremismos.
3.- “La bondad de un régimen se prueba por la consistencia de sus principio”.
4.- El triunfo de la Democracia.

 

1.- Los extremismos mentales.

Para González Pecotche, el extremismo representa una de las tendencias típicas de la mente humana. Junto con la explotación de esa tendencia, se manipuló otra debilidad humana: el descontento.

De tal modo, fueron surgiendo avasallantes corrientes mentales llevando – así escribía González Pecotche en el año 1941 – “pensamientos monstruos que absorbiendo primeramente la vitalidad intelectual de los hombres, hacen de sus mentes campo propicio para toda clase de idea extremista que se encuentra fuera de la realidad humana”. [1]

Nos remitimos, para mejor comprensión, al título “La bondad de un régimen se prueba por la consistencia de sus principios”, en este mismo capítulo.

 

2.- Democracia y extremismo.

En marzo de 1941, en la Revista Logosofía pudo leerse: “También es significativo que el extremismo sea cosa que ha nacido y prosperado en el Viejo Mundo, mientras en el Nuevo y novísimo continente, la democracia constituye el clima natural de los hombres. El americano es demócrata de nacimiento; le es tan imposible concebir una América extremista como suponerla dividida en las cuatro castas brahmánicas o hablando el lenguaje de los esquimales.

Recordemos, finalmente, que la democracia tiene y tendrá aún innúmeros matices; caben en ella tantas interpretaciones como hombres de talento existan en la sociedad. El extremismo tiene una sola cuerda: la coerción. La misma cuerda con que ata a los hombres”. [2]

 

3.- La bondad de un régimen se prueba por la consistencia de sus principios.

En junio de 1941, apareció en la Revista Logosofía un artículo con este título, en el cual se expresó: “El totalitarismo actual que comprende las ideologías extremistas, se  opone directamente a la democracia, no ya como sistema de gobierno en su aspecto político, sino como estructura social y espiritual…”

“El comunismo, como el nazismo y el fascismo, nació del descontento, pero quienes le dieron vida fueron los que explotaron ese descontento convirtiéndolo poco a poco en una fuerza destructora dirigida en sus comienzos contra los regímenes constituidos. Esto aconteció tanto en Rusia como en Alemania e Italia. De ninguna otra manera hubieran podido llegar al poder los líderes de esos movimientos, sino por los medios que usaron, exaltando a la multitud y electrizándola con fogosos discursos en los que se proclamaban los derechos del pueblo a intervenir en los asuntos del Estado y el derecho a exigir un standard de vida mejor…”

“…A ese mismo pueblo que se instigó para que reclamase sus derechos de intervenir en los asuntos del Estado, fué al primero que se privó de toda ingerencia, aun en las cosas más sin importancia. La opinión que se agitó para llegar al poder, es la que inmediatamente se aplastó y anuló después…”

“Las nuevas autoridades, para llevar a cabo el plan de reconstrucción, de grandezas y dominio, implantaron normas rígidas de vida; la gente, acostumbrada a despilfarrar, a vivir holgadamente, sin preocupaciones, quedó restringida en todo sentido, hasta llegar al racionamiento.”

“La bondad de un régimen se prueba por la consistencia de sus principios, y éstos no deben permanecer ocultos a nadie, pues ninguno ha de aceptar a ciegas, y mucho menos pueblos enteros, lo que puede ser luego causa de sus peores infortunios. Los súbditos de las democracias libres no comprenden por qué los propagandistas o secuaces de esas rígidas ideologías, se violentan, amenazan y odian al que profiere la menor crítica del sistema”.

“Regímenes que no inspiren simpatía y confianza, lograrán conquistar el mundo por la fuerza, pero, repetimos, jamás ganarán el corazón de los hombres. Una humanidad sometida ha perdido las prerrogativas de su género. Una humanidad que triunfa sobre la opresión, afirma la soberanía del espíritu y se inmortaliza en el alma de las generaciones.” [3]

La caída del Muro de Berlín, en el año 1989, fue la exteriorización material de la inconsistencia de los principios en que se basó el totalitarismo. Por el contrario, la Democracia, aunque siempre problematizada, basada en el principio de la libertad individual y respetuosa de los derechos humanos, supo salir airosa de la gran prueba a la que la sometió la Segunda Guerra Mundial y permanecer en vigencia.

 

4.- El triunfo de la Democracia.

Tomaremos unos fragmentos de un artículo escrito en noviembre de 1945: “El triunfo de la democracia sobre el totalitarismo es el triunfo de la libertad y de los derechos humanos”.

“Principia, pues, una nueva era, que se perfila como la más fecunda y gloriosa de todas las que la precedieron: la era del individualismo y el colectivismo conciliados en una mutua comprensión de sus respectivas situaciones.”

“La libertad de pensar y de accionar, junto a las garantías que amparan los derechos del hombre y las leyes que resguardan su vida y su propiedad, estimulan el florecimiento de las ideas y el renacimiento del entusiasmo por el estudio y el trabajo, en alto grado, como una necesidad impuesta por la naturaleza misma de la especie humana.”

“La última guerra ha demostrado acabadamente cómo los pue­blos declinan y se deslizan por pendientes resbaladizas hasta llegar a la barbarie, toda vez que pretenden anular la iniciativa privada y negar al hombre sus derechos y sus libertades. Muchas cosas y muy grandes puede hacer el hombre cuando su espíritu está libre de temores, de angustias y limitaciones.”

Parece de oportunidad recordar que en la década del 40 y precedentemente, hubo un fuerte doctrinarismo que sustentaba con una lógica que después se vio que era más teórica que real (en rigor, era una dialéctica), los principios en que se asentaba el totalitarismo y que logró insuflar grandes corrientes mentales, a nivel nacional e internacional.

Pero como el “americano es demócrata de nacimiento”, [el totalitarismo] no prosperó mayormente en el Nuevo Mundo, aunque nada autorice a bajar las defensas mentales ante posibles retoños que se puedan presentar con camisetas de otro color…

El irrecusable juicio de la realidad se manifestó, como lo aludimos antes, con la caída del Muro de Berlín. Lo que pareció inexpugnable, monolítico, demostró que era rígido pero no sólido; no conjugaba con la naturaleza humana, como sí lo hace la democracia.

La clara descripción que hace González Pecotche del “modus operandi” del totalitarismo –en particular en los títulos que anteceden- nos exime de mayores comentarios.

Bajo otro aspecto, nuestro filósofo rompe una vez más una lanza en favor de la iniciativa privada, concepto que se analizará en la extensión que él le otorga, más adelante (Capítulo VI).

 

 

 


[1] Revista Logosofía Nº 3, pág. 5, “El cuadro mental y psicológico que presenta el mundo” (año 1941).

[2] Revista Logosofía Nº 3 pag 31 “Alcance del conflicto europeo. Democracia o extremismo” (marzo 1941)

[3] Revista Logosofía N° 6 pag 25 (junio de 1941)

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Frente al individualismo y al Colectivismo

Publicado en revista “Logosofía” N°  73

Por el Prof.  Dardo V. Cabiró

Al ocuparnos en el presente artículo del individualismo y del colectivismo, dos fórmulas ideadas para ordenar la convivencia humana, incluiremos el aspecto económico, en el que aparecen las siguientes expresiones dando contenido al problema: capitalismo opuesto a obrerismo; estatismo opuesto a liberalismo económico o iniciativa privada.

Refiriéndose a las consecuencias que acarrea el colectivismo en el orden económico, expresa Raumsol:

“Las últimas generaciones han pasado en muchos países por las alternativas del individualismo y del estatismo. Entre las manifestaciones más sugerentes de esas tendencias, se señalan las de algunos Estados que han intervenido progresivamente en la vida individual, reglamentado cada día con más minuciosidad el trabajo, el comercio y la industria, y aun constituyéndose en industriales o comerciantes; pero el ensayo no ha podido resultar provechoso para nadie, pues se ha visto que el Estado no puede convertirse en dueño y señor del ciudadano y, menos aún, del habitante en general del país, porque no puede ni podrá jamás atender y hacer producir en cada ocupación o comercio, lo que el hombre, individualmente, es capaz de realizar, y con mayor entusiasmo sabiendo que labra su porvenir y el de su familia”. (“Nueva Concepción Política”, pág. 57)

El estatismo se traduce, por consiguiente, en una acumulación de funciones por parte del Estado. Además de sus fines primarios (los que caracterizaron al Estado juez y gendarme, producto de la concepción individualista: justicia, policía y salud pública) se agregan los secundarios. Y así el Estado se hace banquero, comerciante, industrial, agricultor, etc.

Es conveniente recordar, ahora, un hecho conocido, pero, sin embargo, frecuentemente olvidado.
Cuando se hace el elogio del Estado, cuando aquí y allá se encuentran motivos que justifican su intervención, cuando se le lleva en todos los planos al sitial de supremo e infalible árbitro, pocos han de ser los que se preguntan: ¿Y qué es el Estado?

El Estado, considerado en sí mismo, es una abstracción; es un conjunto de normas jurídicas. Por sí solo no tiene vida. Quienes le dan vida, quienes lo hacen actuar, son los que están a su frente, los que gobiernan. Ahí reside la habilidad de los totalitarios: esforzarse por extender el Estado, por presentarlo como deidad infalible, porque en la realidad de las cosas, el Estado son los gobernantes, en este sentido. Y cuanto más se ensancha el Estado, más se ensancha el poder de los mismos.

Conviene ver, entonces, en qué situación se encuentran los hombres que prestan su servicio al Estado, y si esto tiene o no proyecciones en la vida colectiva.

Obvia significar que en el Estado colectivista, el principio de jerarquía y, correlativamente, el de subordinación, adquieren una desmesurada aplicación, ya que el personal de que dispone ese Estado para atender sus múltiples cometidos, se torna numerosísimo.

Refiriéndose a la situación del hombre al servicio del Estado, el criterio logosófico expresa que “la dependencia hiere el sentimiento humano del libre arbitrio y cierra las prerrogativas que se abren al hombre mientras lucha y atesora experiencias que luego le sirven para sortear otras dificultades o vencer las resistencias que pueden ofrecerle los obstáculos que se oponen a la realización de sus propósitos”. (“Nueva Concepción Política. pág. 57)

Nótese que esa relación de dependencia, aparte de lesionar el sentimiento del libre arbitrio, condición esencial del hombre, en un régimen colectivista es mucho peor que frente a un patrón particular, porque allí el Estado es el gran empleador, y si éste resuelve despedir al ciudadano, es muy difícil que encuentre nueva ocupación.

La misma obra citada (pág. 58) señala también la diferencia existente entre la paga fija mensual que recibe el empleado público y las ganancias que derivan de la propia empresa, lo que resulta mucho más estimulante para el individuo; y en tal sentido ha afirmado categóricamente que “en la producción individual reside el principio de la libertad individual” (Raumsol.   Conferencia Pronunciada el 26 de enero de 1946) y que “cada avance del gobierno en ese orden de cosas, trae como consecuencia un control cada vez mayor sobre la vida individual y restringe la libertad de derechos, al suprimir la igualdad de oportunidades”. (“Nueva Concepción Política”  pág. 59)

La experiencia prueba harto elocuentemente, que muy rara vez la función pública colma las aspiraciones económicas. El hombre al servicio del Estado sufre en su economía y como desaparece el incentivo de la mayor ganancia, se manifiesta en él una marcada propensión hacia la inercia. La formación de una gran burocracia, consecuencia ineludible del Estado colectivista, perjudica económicamente al país, pues sabido es que aquélla es una clase social, más de absorción que de producción.

Pero no es ésta ni con mucho la peor consecuencia. Es obligada secuela del Estado colectivista, la reducción al mínimo de la libre actividad de los habitantes. Aquí se abre el gran capítulo de la iniciativa privada. Hay quienes sólo tienen presente sus ventajas, y quienes, en cambio, no ven más que sus defectos.

La animadversión hacia la iniciativa privada, como principio rector para el ordenamiento económico, proviene de la experiencia histórica, atento a las proyecciones que el liberalismo económico tuvo en ese aspecto: el Estado liberal no pudo evitar que los ricos se hicieran más ricos y que los pobres se empobrecieran más aún. Este es el testimonio de la historia.

No obstante, como la ciencia logosófica proclama el principio de la iniciativa privada, nos apresuraremos a dar su concepción al respecto:  “La iniciativa privada es, incontrariablemente, un patrimonio tan sagrado como la propia vida. Ella es el principio de donde arranca cuanto realizó la mano del hombre desde sus primeros días, en los albores del mundo. Pensamientos, ideas, grandes concepciones de la mente humana, han surgido de cada ser, individualmente; jamás por germinación colectiva, siendo, precisamente, de la iniciativa privada de donde nace el pensamiento que forja y construye la base de la sociedad”. (“Logosofía” Nº 33, pág, 13)

Cuando se habla de iniciativa privada, por lo general, la mirada mental se proyecta en forma exclusiva sobre la actividad comercial; en cambio, para el criterio logosófico, como queda expresado en lo transcripto, ella abarca todos los sectores de la actividad humana. Se explica, entonces, su posición frente a la misma, con cuyos fundamentos convenimos plenamente ya que bajo la palabra rectora de su ciencia hemos observado la realidad psicológica, individual y colectiva, de los seres.

La iniciativa privada cumple un ideal evolutivo. Si Raumsol la exalta, su fundamento no puede ser otro que ése, pues su ciencia, la Logosofía, tiene como postulado esencial enseñar a los hombres la realización de un proceso de evolución consciente, regido por las leyes básicas de evolución, caridad y herencia.

En el orden moral, sostiene que la iniciativa privada “crea en el hombre una noción más exacta de su responsabilidad. Merced a su propia iniciativa, sabe que es el sostén de su familia y trata, por el esfuerzo y siguiendo siempre sus íntimas directivas, de mantenerla en niveles sociales cada vez más altos, según las exigencias que esa misma iniciativa haya creado en el seno de sus relaciones en la marcha de sus actividades”. (“Logosofía” Nº 33, pág. 14)

En el orden intelectual, a la iniciativa privada se deben “las grandes conquistas de la ciencia, como las grandes reformas que experimentó la humanidad, los triunfos en el arte, en la técnica y en todas las actividades humanas”. (“Logosofía” Nº 43, pág. 9)

En el orden económico, ella es la propulsora de las grandes realizaciones:

“Todas las perspectivas humanas  dice  están cifradas, por lo común, en la situación económica que cada persona logre alcanzar. Cada uno se esfuerza y esmera en progresar para reunir, primeramente, un capital privado a fin de poder formar un hogar, y luego, para aumentarlo y poder dar un bienestar a su familia y un porvenir a sus hijos.

“Se ha dicho que el dinero es un vil metal y que envilece a los hombres. Creámoslo; pero, si admitimos esto, debemos también admitir que el capital bien utilizado, ennoblece a los hombres, y los dignifica, al estimularlos en sus esfuerzos para prosperar y mejorar en lo posible aquello que cada uno ve necesario a objeto de afrontar la vida en mejores condiciones. Y digámoslo de una vez: es el aliciente que acicatea el espíritu humano y mantiene vivo el anhelo de trabajar esforzándose en alcanzar las metas más altas y asegurarse una vejez tranquila”.  (“Nueva Concepción Política”, pág. 158)

Queda demostrado entonces, a través de las transcripciones realizadas, que la iniciativa privada resulta el medio más eficaz para estimular en los seres la evolución de las condiciones intelectuales, sociales y morales.

En conclusión: todo Estado que atenta contra la iniciativa privada, atenta contra las posibilidades evolutivas del ser.

Hay que dar a aquélla, en consecuencia, las máximas dimensiones para su desarrollo. Pero aquí se hace presente el problema de los límites de esa posición. Si se afirma como absoluto el principio de la iniciativa privada, se corre el riesgo de caer en los vicios del Estado liberal, ya aludidos, puesto que no todos los que usan de la libre iniciativa (principalmente en el orden comercial e industrial) lo hacen legalmente. Con palabras claras y terminantes lo expresa Raumsol llamando “explotadores de la sangre humana” y “quiste social” a esa clase de capitalistas envueltos por un desenfrenado egoísmo.

¿Cuál es, pues, en síntesis, la posición logosófica ante el liberalismo y el colectivismo?

Veámoslo: “Liberalismo comercial e industrial como principio, para que el Estado no sojuzgue al particular, pero estatismo cuando sea necesario, para evitar que los consorcios y combinaciones capitalistas desvirtúen las leyes naturales y provoquen estados injustos e incompatibles con una sana economía”. (“Nueva Concepción Política”, pág. 59)

En cuanto a la situación económico social de obreros y empleados, su autor hace afirmaciones valientes y que rompen, con su lógica, claridad y realidad, muchos prejuicios y confusiones ambientes, estableciendo que el problema “debe encararse desde el punto de vista de la administración individual de los haberes” (“Logosofía” Nº 13, pág, 15).

También sostiene que las mejoras al asalariado tienen que consistir, más que nada, en estímulos al estudio y en el propiciamiento de los deberes morales y sociales. Los derechos y los deberes son dos rieles que, sin juntarse nunca, hacen deslizar en marcha ascendente la máquina del progreso. Se mantiene aquí el criterio evolutivista, propiciando la superación del obrero y del empleado. Poco vale, a los fines evolutivos, un aumento en los jornales si no se está preparado mental y moralmente para hacer un uso recto y honesto de ese dinero.
Resumiendo nuestro pensamiento sobre la posición logosófica frente al individualismo y al colectivismo, en el aspecto que venimos realizando, decimos:

1º  La posición logosófica no resuelve el problema inclinándose absolutamente hacia uno u otro extremo. Afirma el principio del liberalismo económico (que es el individualismo proyectado hacia el campo de la industria y el comercio), pero restringido por el estatismo cuando sea necesario. El criterio de necesidad es un criterio de restricción. (“Nueva Concepción Política”, pág. 61)

2º  La posición logosófica no es capitalista ni obrerista. El capital no existe (Véase “Logosofía” Nº 23, pág. 5); existe la inteligencia; mas cuando esa inteligencia sirve a un egoísmo sin medida, pide restricción y sanción para ese trabajo inteligente capitalizado, que ha olvidado su función social. Y en cuanto al obrero, le señala el camino de la capitalización, del esfuerzo y el trabajo, sin desentenderse de sus legítimas aspiraciones.

Nos parece obvio advertir que la posición logosófica no es una posición de conformismo, que pretende quedar bien con Tirios y Troyanos. Es una posición real; ella se asienta en firmes conclusiones científicas (consúltese la bibliografía logosófica sobre concepción de la mente, de los pensamientos, etc. etc.) y en no menos firmes constataciones personales.

El mal, según la hoy difundida afirmación logosófica, radica en la mente de los hombres, y si esto es así, como está harto probado, teniendo los seres humanos la misma conformación psicológica, todo criterio clasista es falso.

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El programa de la enseñanza logosófica

Prof. Dardo V. Cabiró – Montevideo

 

Intentaremos dar respuesta a preguntas recibidas de amigos y personas que tratamos, acerca de los estudios logosóficos. Adelantamos que lo haremos en prieta síntesis, para que esta nota tenga la extensión debida para su publicación en Tribuna Logosófica.

1.- El estudio y práctica en lo individual abarca tres etapas, desarrolladas en progresión ascendente a lo largo de la vida.

Primera etapa: es el estudio interpretativo de los temas logosóficos. Este estudio va acompañado de precisas indicaciones sobre la realización logosófica.

Segunda etapa: comprende la profundización de la enseñanza y su aplicación a la vida. La mira es la formación consciente, vigilando las oscilaciones temperamentales, los factores que inciden en las mismas, etc.-

Tercera etapa: es la etapa de la madurez logosófica, “cuando tras el aprendizaje técnico, se elaboran comprensiones básicas de las enseñanzas que luego se llevan al campo experimental de la propia vida”. El método insituído por la Logosofía es psicodinámico y es el que permite llevar adelante el proceso gradual de perfeccionamiento individual que preconiza esta ciencia.

2.- El programa indica luego la prosecusión con un estudio serio y detallado del sistema mental (la conformación de la inteligencia y sus distintas facultades, como están explicitadas en la bibliografía logosófica).

También a esta altura de los estudios se da entrada a la parte que trata sobre las deficiencias, que son las “fallas caracterológicas, habituales en el ser común normal, originadas por el enquiste psicológico de pensamientos negativos”.

Ordena el programa seguir con el estudio del sistema sensible y sus facultades, también ampliamente desarrolladas en la bibliografía logosófica.

Otro rubro importante a tener en cuenta, es la identificación y clasificación de los pensamientos –agentes causales de la conducta humana-, por su innegable gravitación en la vida de las personas, para bien o para mal.

3.- Se complementa el estudio y práctica de la Logosofía en lo individual, con el estudio y práctica en lo colectivo.

En la Fundación Logosófica se integran núcleos diferenciados, que se forman de acuerdo con la edad de los integrantes, con sus aptitudes y el grado de capacitación alcanzado.

Se disfruta de un ambiente cálido, propicio para el cultivo del afecto y respeto y por demás facilitador de la colaboración, despojada de egoísmos y personalismos.

4.- La Logosofía no aconseja creer ni aceptar a pie juntillas lo que se ha estudiado, por ciertas e inobjetables que parezcan sus afirmaciones, de ahí que imponga la experimentación como base segura del proceso hacia el saber.

Sintéticamente: “hay que experimentar lo que se estudia y estudiar lo que se experimenta”.

Si vale el testimonio personal, hemos de expresar que la convivencia propiciada por los estudios logosófico en la Institución, es una de las más felices circunstancias que nos depara vivir esta nueva cultura, por su nivel ético y su clima de gran dignidad humana.

A la misma altura de apreciación, ubicamos la garantía que para nuestro entendimiento nos brinda el precepto logosófico de reemplazar el creer por el saber, como efectivamente lo hemos vivido a lo largo de más de medio siglo vinculado a estos estudios trascendentes.

Dejamos en claro que sólo hemos dado una noticia sobre el estudio y práctica de la Logosofía, porque su método tiene una mayor dimensión y su finalidad una trascendencia humana y espiritual que excede en mucho nuestros modestos límites.

 

Fuente: Curso de Iniciación Logosófica  de Carlos B. González Pecotche (Raumsol):

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