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Sugerencias sobre la preparación mental y espiritual de la mujer

Por Carlos Bernardo González Pecotche, Revista Logosofía Nº 3 (marzo de 1941)

Uno de los problemas que a veces suele recrudecer en el alma de la mujer es aquel que entraña al de su complejo humano, por ser el que más incapaz se siente para resolver con felicidad.

Su figura es en la mayoría una obsesión permanente. Lucha por mostrarse bonita, atractiva, de porte distinguido y ademanes cultos o, mejor aún, graciosos. Y no hay dudo que muchas lo obtienen, y con facilidad. El conjunto de su persona aparece así atrayente, vistoso, y de seguro que ejerce una influencia considerable al primer golpe de vista del sexo contrario, pues es inobjetable que hacia él es a quien va dirigido el hechizo.

Sin embargo, en su afán de embellecerse físicamente, la mujer ha descuidado en grado extremo la belleza de su fisonomía moral y psicológica. Muchas, sin darse cuenta de la gran importancia que revisten las características superiores –por cierto tan sublimes que imprimen en el rostro “el inconfundible rasgo. de la cultura en su más exquisita manifestación–, se afligen de sus fracasos y no atinan a comprender a qué obedece su infelicidad.

Una flor puede ser muy vistosa hasta admirada en el conjunto de un ramo de flores, pero si no tiene perfume, al contemplarla sola, la ilusión de su belleza se esfumará tan pronto se manifieste como algo sin alma, como una cosa inerte, incapaz de comunicarnos las delicias de su intimidad, la fragancia de su espíritu, que tan grato resulta al alma que lo aspira.

Un pájaro de precioso colorido, que no cante, podrá provocar también admiración, mas ello será mientras le tengamos ante nuestra vista y cesará conforme se aleje. ¡Cuánto más extasía el espíritu el pájaro que deja escuchar sus maravillosos trinos! Aunque no le veamos, aunque el colorido de su plumaje sea el menos vistoso, nos atraerá, y su canto nos deleitará hasta el punto de anhelar tenerlo siempre con nosotros.

La mujer cuyo espíritu carece de cultivo, de ilustración, puede resultar tan insulsa como la flor puramente vistosa pero si se esmera en pulir sus modales más que sus uñas, si advierte que la bondad y la alegría deben formar parte inherente de su naturaleza femenina y se aplica en hacer desaparecer los defectos de su carácter al tiempo que hace desaparecer las impurezas de su rostro, encontrará que su vida florecerá llena de esperanzas y se convertirá, por sus encantos, en la flor predilecta del espíritu.

La Logosofía encara el problema de la mujer, en su fondo, comenzando por interesar vivamente su pensamiento y haciendo que la naturaleza femenina experimente los beneficios de un encanto superior, cual es el de la gracia del espíritu por el cultivo de las facultades mentales. Ello no requiere grandes esfuerzos ni agitados o pesados estudios.

No bastan solamente, los arreglos externos para realzar la figura humana por encima de la vulgaridad, pues en el trato con los demás aparecen con frecuencia las deficiencias propias de un estado semejante, y cuánto se anhela en esos momentos poseer lo que reclama a gritos el pudor interno. Una mujer discreta, gentil y culta es agradable siempre dondequiera se halle. Los atractivos del alma suelen ser mucho más poderosos que los del físico.

La mujer debe ser fina en sus modales, y en su lenguaje. Todo gesto, expresión o actitud que atente contra su feminidad, la afea y llega hasta convertirla en un ser que inspira rechazo.

Para adquirir las bellas cualidades que tanto adornan su carácter es necesario que la mujer se disponga a ello con especial dedicación. Aprendiendo a conocer de qué modo los pensamientos actúan e influencian la vida, buscará la compañía de aquellos que eleven su espíritu y contribuyan, por un lado a dar brillo a su figura de mujer superior en el medio ambiente en que actúe, y por otro, a que su alma disfrute de las innumerables prerrogativas que abre el conocimiento a las posibilidades de vivir una vida más amplia y más llena de atracciones que la vulgar, por contener ella una variedad tan incontable de motivos que no sólo despiertan al ser interno en un nuevo mundo, si no que lo extasían ante la grandeza de esa parte de la creación que permanece ignorada para los que no saben que existe ni se aprestan a obtener los medios para conocerla.

El cultivo mental debe constituir, pues, para la mujer, una necesidad intensa como la que siente para embellecer su persona.

Pero esto no es todo. Bien puede presumiese que los beneficios que reporta a la mujer una preparación de esta índole son incalculables. Muy diferente es la posición espiritual de la que se sabe con aptitudes para enfrentar la vida, a la de aquella que no las posee. ¿Y quiénes si no los propios hijos habrán de recordar con gratitud esa gracia, poco menos que sublime, que una madre inteligente y culta derrama sobre el alma de los mismos? ¿qué premio más grande puede haber para sus sacrificios que aquel que su nombre, símbolo de ejemplo, sea bendecido y venerado por todos? Mujeres así son las que forjan el ideal de las generaciones.

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Los resabios de la filosofía Yoga y consecuencias de sus prácticas -Parte I-

La concentración mental base del Yoga. Nuestro concepto sobre concentración mental. Diferencia fundamental entre las pretendidas prácticas yogues y mentalistas y la concepción logosófica sobre la función verdadera del pensamiento en la concentración mental.

Por Carlos Bernardo González Pecotche.

De su libro Biognosis (1940, capítulo V)

… Urge hacer una revisión de algunas popularizadas ideologías sobre mejoramiento espiritual, cuya boga ha continuado, a pesar del reiterado fracaso que sus métodos arrojaron en la práctica. Se diría que la esperanza humana sigue inconscientemente aferrada a ese débil y adulterado reflejo de las verdades de otro tiempo, no obstante los severos contrastes con que la realidad le advierte que debe dirigirse a mejores fuentes de saber.

Consideremos, por ejemplo, la doctrina del Yoga, cuyas exposiciones, comentarios y derivados ocupan tanto lugar en las bibliotecas modernas, y que no hace mucho merecieron una apología de Romain Rolland. Se entenderá que nos referimos al yoga o a cualquiera de sus derivaciones mentalistas, en la forma que circulan actualmente. Lejos estamos de aludir a la vieja disciplina, tal cual floreció en la India unos cuarenta siglos atrás, pues de, ese monumento sólo quedan ruinas y recuerdos; así lo reconoce el más renombrado de sus expositores modernos, Swami Vivekananda, cuando nos dice: “En la India, debido a diversas causas, el Raja-Yoga cayó en manos de personas que perdieron el noventa por ciento de este conocimiento y del resto que les quedó trataron de hacer un gran secreto”. Y más adelante añade: “… y es un hecho sorprendente que cuanto más moderno es el comentarista que de ella se ocupa, tanto más equivocadamente la interpreta”.

Cuanto se diga de la historia del Yoga, de la vida de sus primitivos expositores, de las épocas en que surgió, etc., será indudablemente, muy interesante y podrá dar lugar a que se escriban páginas brillantes. Pero, en lo que al conocimiento de sí mismo se refiere, la utilidad de esas páginas ya es harina de otro costal. La humanidad de hoy exige métodos preciosos. y científicos, de base homogénea y de absoluta certeza y seguridad en sus resultados, que es inútil pedirlos a una filosofía que data de hace más de treinta siglos, escrita en idiomas que cuanto más se conocen, más enseñan a desconfiar de traducciones e interpretaciones.

Los actuales tratados de yoga comienzan, generalmente, por indicar al estudiante ejercicios de concentración y vacío mental, laxaciones musculares, hábitos de aislamiento, meditaciones y repetición memórica de fórmulas  destinadas al logro de esta o aquella cualidad.

Por ejemplo: Ramacharaka aconseja, desde la primera lección, afirmar: “Yo soy el dueño de mi mente”; esto es afirmar una mentira, como si con la sola repetición de una frase pudiera lograrse el objetivo perseguido.

Para que el hombre llegue a ser dueño de su mente es menester que comprenda a fondo su naturaleza ; que se compenetre bien de sus modalidades; que conozca las actividades de los pensamientos, etc., etc. La fórmula que indica Ramacharaka – al igual que tantas otras que pueden encontrarse en libros análogos – no es más que un automatismo inconsciente por repetición de palabras o de gestos, sin ningún resultado práctico. Lo mismo valdría que el estudiante repitiese “yo soy el dueño de mi estómago” o “yo soy el dueño de mi nariz”. ¿Qué resultados podrían aguardarse de ello? Si le sobreviniese un estornudó, por ejemplo, por más dueño de su nariz que repita ser, tendrá que estornudar.

También recomienda el citado autor: “Haced que vuestra imaginación os vea a vosotros mismos como poseedores de una cualidad mental y como llevándola a cabo. Empleadla en vuestra imaginación una y otra vez tan a menudo como sea posible. .. “.

Ramacharaka cree que con tales ejercicios se desarrolla la cualidad imaginada. Pero no hay tal cosa, y es inadmisible la ingenuidad que presupone ese fantaseo autosugestivo.

El único resultado que puede brindar la repetición de semejantes fórmulas es la  hipertrofia de la imaginación, ya que es la única cualidad que actúa en el caso; por ejemplo, si una persona se pone a imaginar que posee la firmeza, no está cultivando la firmeza, sino la imaginación.

La realidad se ha encargado de demostrar esto a muchos ilusos, cuando al cabo de unos  meses de práctica sobre la voluntad, la energía o la memoria, tuvieron que recurrir a alguna de ellas y se encontraron con que habían acumulado un capital quimérico, que se evaporaba al contacto más leve con las asperezas de la vida corriente.

Prosiguiendo el análisis de esta clase de libros, encontramos igualmente tal ausencia del sentido de la realidad y tal abundancia de puerilidades, que no parece sino que los autores se hubieran propuesto convertir al hombre en un Tartarín frente a sí mismo. Tanto lo inducen a repetir e imaginar que es el dueño de su mente y de su destino; que es el centro en torno al cual gira el mundo, etc., etc., que hasta llegan a sugestionarle y hacerle creer que está en posesión de una cuantiosa fortuna espiritual representada por fuerzas, poderes y conocimientos de toda índole. La historia nos muestra  muchos antecedentes de esta viciosa inclinación de la naturaleza humana a la fantasía. Dícese que él rey Jorge IV, a fuerza de repetir a los demás que había asistido a la batalla de Walterloo, terminó por creerlo él mismo.

Quien se propone realizar el “Nosce te ipsum” debe estar muy en guardia contra los  extravíos de la imaginación. Es, precisamente, el excesivo y defectuoso desarrollo de esta facultad uno de los más serios adversarios con que se encuentra el hombre moderno que se propone superar su condición espiritual.

Ninguno de los sistemas yoguis contiene una palabra de advertencia al respecto; muy al contrario, aconsejan exacerbar la fantasía y desenfrenar totalmente la imaginación, haciendo que el hombre sueñe estar en posesión de toda clase de facultades superiores, día tras día y en forma rutinaria. Este parece ser el único “método de mejoramiento espiritual que recomiendan, pues según ellos, el medio más eficaz de adquirir cualidades superiores es imaginando uno poseerlas.

Ahora bien; es casi imposible determinar los absurdos a que puede llegar un hombre abandonado a sí mismo, sin más guía que la de esos consejos rudimentarios e indicaciones vagas, y sin el auxilio de otra facultad que la imaginación, de la que tanto debería prevenirse. No obstante, puede señalarse como norma general, que la insistencia en tales ejercicios conduce al desequilibrio, al hastío o a estados agudos de sobreexcitación psíquica y nerviosa. Lo único que puede obtener el hombre de las “concentraciones del pensamiento” que se le indican como llave de todo conocimiento, es un dolor de cabeza después de cada sesión o bien, quedarse profundamente dormido en el curso de la misma.

Nadie hasta aquí ha denunciado la verdad sobre esos resultados, obedeciendo ello, sin duda, más que nada a ese temor al ridículo que experimentan quienes practicando el yoga se han vuelto insensatos hasta el punto de afirmar que han logrado realizar lo que en semejante forma es completamente inalcanzable. La Logosofía pone al descubierto tales errores y absurdos, basada no sólo en razones de lógica esencial, sino en la observación directa de múltiples casos que por ser públicos y notorios, nos eximimos de comentar.

El lector que tal vez no ha tenido oportunidad de presenciar estos casos y que muy posiblemente sólo haya escuchado alabanzas respecto al yoga, ¿duda de la seriedad de esta afirmación? Perfectamente. He aquí, entonces, algunos trozos de la ya citada obra de Vivekananda que evidencian sin réplica a qué extremos puede llegar la persona mejor intencionada, por medio de estos equivocados manejos mentales:

“Si concentráis vuestro pensamiento sobre la punta de la nariz, dentro de algunos días principiaréis a sentir las más exquisitas fragancias”

“Aquellos que practican asidua y constantemente observarán muchos otros signos. Algunas veces percibirán sonidos a manera de un repique de campanas oídas a distancia, que a su oído parecerán como un sonido continuo. Otras veces verán diminutos puntos de luz que flotan y cada vez se hacen mayores. Cuando esto suceda, tened por seguro que estáis progresando rápidamente…” (pág., 104)

Es evidente que para estos consejos habría que añadir algunos artículos al código Penal. Inducir a tales desatinos y todavía afirmar que esos síntomas de debilitamiento nervioso son señales de progreso, es un crimen de lesa humanidad; un atentado contra la sabiduría de ayer y de hoy, cuyos verdaderos representantes jamás aconsejaron semejantes locuras.

He aquí otra prueba que figura un poco más adelante: “observaréis que al principio las cosas más tenues os desequilibran. Una pequeña cantidad de alimento de más o de menos llevará la perturbación a todo el sistema hasta tanto que logréis un perfecto dominio, en cuyo caso podréis comer lo que os plazca. Cuando principiéis a concentraros, notaréis que la caída de un alfiler os hará el efecto de un trueno que hubiese pasado a través de vuestro cerebro” (pág., 105).

Tales son, indudablemente, los síntomas del estado de sobreexcitación que enunciáramos. Confundirlos con los del mejoramiento espiritual es tomar la enfermedad por salud y el debilitamiento por vigor. ¿A dónde conduciría un médico que padeciese análogos errores?

(continuará)

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Concepto sobre el perdón o acto de perdonar

Por Carlos Bernardo González Pecotche

De su libro “Diálogos”, (1952, Diálogo No. XXXVI, pág 144)

FAUSTINO —Días pasados comentábamos, entre varios condiscípulos, la eficacia o la ineficacia de la aplicación de ciertas prácticas y principios sustentados por algunas religiones, teniendo presente, desde luego, algunas enseñanzas logosóficas que difieren de las interpretaciones conocidas. Tal, por ejemplo, lo referente al perdón o acto de perdonar.

Por mi parte, siempre he considerado humano el perdonar las faltas de los demás, aún cuando en mi caso en particular —y creo que en muchos ocurre lo mismo— me ha sido difícil hacerlo al instante; antes bien, después de un tiempo, y, según los casos, he perdonado o no. En cambio, me resulta incomprensible el perdón que las religiones otorgan a sus fieles por el mero hecho de confesarse, o por destinarse un día del año al perdón de las faltas mútuas entre semejantes. Tal vez exista en ello algo enigmático, ajeno totalmente a mi conocimiento. Será de gran valor para mí escuchar al respecto vuestra autorizada palabra, profunda y convincente siempre.

PRECEPTOR —Este asunto del perdón es algo muy delicado, que merece, dada su índole y por el hecho de ofrecer aspectos tan variados como singulares, tratarse con la extensión debida.

Como fórmula moral es admirable, pero no siempre cumple su primordial objeto. Ahora bien; prescindiendo de todo otro concepto, la Sabiduría Logosófica concibe el perdón como una virtud de espíritu universal que se extiende por todos los ámbitos de la Creación y cuyos beneficios alcanzan a la criatura humana mientras no abuse de tan preciada prerrogativa.

Así, pues, en tanto vive el hombre en la ignorancia, ajeno por completo al mecanismo universal que gobierna y regula por medio de sus leyes los movimientos y actividades de la existencia animada, comete errores y faltas de toda especie. En su inmensa mayoría, dichos errores y faltas son reparables, pero las sanciones que salen de la órbita jurídica de las relaciones humanas rara vez tienen inmediata aplicación; de ello se encarga luego la adversidad haciéndole sufrir las consecuencias.

No obstante, las leyes supremas son justas y magnánimas, y a la vez estrictas. Conceden al hombre el tiempo necesario para reparar sus faltas, primero mediante el reconocimiento de las mismas y después mediante el esfuerzo tenaz para enmendarlas íntegramente. Realizado esto, el perdón surge de la propia conciencia individual, al quedar reparados la falta o el error. Si tales hechos hubiesen afectado a sus semejantes, esa conducta asimismo lo rehabilitaría.

FAUSTINO —Es la vuestra una originalísima concepción que supera en alto grado los antiguos conceptos. Pero aún me resta una duda: los seres afectados por los errores o faltas de un semejante, ¿no deben, acaso, perdonarlo para que aquél pueda quedar absuelto?

PRECEPTOR —He ahí, precisamente, un hecho cuya frecuencia hace necesaria su aclaración. Él perdón que comúnmente otorga el ofendido, o simplemente afectado, es siempre ostentoso, haciéndolo sentir, por lo general, en forma harto deslucida. Ese perdón, concedido desde la altura ilusoria en que éste se ubica, constituye para el perdonado un verdadero, agravio.

Entre seres evolucionados, el perdón de las faltas y errores ajenos es una virtud consubstancial con el propio espíritu, justo y magnánimo, y, sin necesidad de manifestarlo en gesto externo, se lo evidencia por el olvido del daño que, a juicio de quien perdona, le hubo ocasionado un semejante.

FAUSTINO —Pero si quien incurriera en un desliz no se enmienda luego ni reconoce sus faltas o errores, ¿qué proceder cabría?

PRECEPTOR —Conviene agotar siempre todo recurso noble para que el ofensor comprenda finalmente su equivocación; si nada diera resultado, siempre queda el retiro discreto de la amistad.

Jamás deberá privarse, a quien ha incurrido en falta, de la oportunidad de subsanarla corrigiendo su equivocada actuación. Pero si no se enmienda, cuenta de él será afrontar las consecuencias, que han de comenzar por su desconcepto.

FAUSTINO —Me interesa conocer cuáles son esos recursos nobles que habéis mencionado, de los cuales se puede echar mano en tales casos.

PRECEPTOR —La paciencia y la tolerancia que exige todo comportamiento elevado, en primer lugar. En segundo término, el llamado de atención, sin alterar la serenidad que requieren esas circunstancias ni mostrar las violencias de las reacciones que hubieran podido experimentarse.

FAUSTINO —Resumiendo, ¿podríais señalarme, entonces, el verdadero alcance del perdón?

PRECEPTOR —Claramente se desprende de cuanto os he expresado que el verdadero perdón, el que redime, surge de la conciencia individual al enmendarse quien ha incurrido en falta o en error.

Es ese el perdón grato a los ojos de Dios, por ser el más fecundo. También lo es el que se evidencia por el olvido o atenuación que discretamente se hace de una falta; no así el que se pronuncia de labios afuera, porque revela incomprensión y aún hipocresía, pues generalmente está subordinado al sometimiento humilde del perdonado que lo acepta.

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En pro de una Escuela de Educación y Cultura Política

Por Carlos Bernardo González Pecotche.

De su libro “Nueva Concepción Política” (1940)

Como ya ha podido apreciar el lector, no escribo por primera vez sobre estos temas que tanto apasionan a las gentes y mueven el espíritu de las masas de un extremo a otro de la opinión y del sentir.

Me ha preocupado siempre todo cuanto atañe a la vida del hombre, tanto en sus relaciones mutuas con su sentir y pensar como con el espíritu íntimo de la naturaleza que anima su existencia. Mi pensamiento no se ha circunscripto jamás a ningún sector de los que suelen ser preferidos por la inteligencia y a cuyo punto los hombres encauzan sus miras y concretan sus aspiraciones y actividades. De ahí que me interesara vivamente cada cosa que pudiera ser objeto de una observación especial, a fin de aportar, sólidamente afirmado sobre profundos conocimientos de la psicología humana, toda la luz necesaria, pensando que ella podría ser aprovechada con positivos beneficios por el entendimiento común, que tanto necesita ser auxiliado en la maduración de sus precarios juicios.

No debe, por tanto, sorprender a nadie que mi pluma exponga hoy mi concepción política y ofrezca mi concurso desinteresado e inspirado en el más sano patriotismo, al alma de un nuevo movimiento cívico que encarnando el sentir unánime del pueblo argentino, marche con paso firme y seguro hacia la conquista definitiva de los sagrados y supremos ideales de la patria.

Estas manifestaciones que hago con la más absoluta independencia mental, tendrán tal vez una acogida fría y escéptica en los políticos que actualmente descuellan en las filas partidarias y aun en el marco de la vida nacional; pero, también es posible que encuentren campo propicio en los ciudadanos conscientes, que aunque se hallen en altas posiciones no dejan por ello de buscar en medio de la opinión, nuevas voces de aliento, estímulos reconfortantes y palabras sabias que orienten sus espíritus en esas horas inciertas y temibles que aparecen en la historia de los pueblos y que, justamente, en estos momentos nos encontramos atravesando.

El mismo Sr. Presidente de la Nación lo ha dicho en su discurso – programa pronunciado en el Luna Park el 6 de julio de 1937-. “La política no debe ser acción de profesionales que dirijan la vida de los partidos hacia el logro de sus aspiraciones personales”. Y ha dicho más aún; ha expresado en el citado acto que “no es Posible, en la hora grave que vivimos, ser indiferentes a la función política”.

Esta función no es un monopolio del cual sólo han de participar unos cuantos centenares de elegidos. En su expresión más sobria y concordantes con el alma popular, ella debe ser el campo experimental donde el ciudadano pone a prueba sus aptitudes, capacidad y sinceras aspiraciones de ser un elemento eficiente y necesario en la función política de que habla el Primer Magistrado, para el mejor desempeño de todas las tareas que incumben al Estado.

Entre los cursos que forman el bagaje de enseñanza en las escuelas comunes o primarias, figura uno sobre Instrucción Cívica; pero éste no basta para formar la conciencia del ciudadano de mañana.

En noviembre del año 1935 publiqué un proyecto de Escuela de Educación y Cultura Política ([1]) que voy a permitirme insertar para mejor documentar mis preocupaciones en este género de actividades, de las cuales, como ya dije, me he mantenido al margen en el sentido de una actuación personal. Dice así:

“El problema político de los pueblos va tornándose cada vez más insondable a causa del relajamiento gradual que ha venido sufriendo la política. Es hora ya, de que los dirigentes de todas las grandes agrupaciones de esa índole, hagan un alto en su constante batallar por la conquista de posiciones públicas y se apresten, con serenidad y cordura, a hacer una revisión de sus valores, actos y palabras. Nadie ignora que existe un gran desequilibrio entre la masa política y sus dirigentes, pues la primera obedece, simplemente, a las sugestiones de estos últimos.

“Las deficiencias que adolecen los partidos políticos, van ahondando cada día más los resentimientos entre los partidarios de diversas tendencias y éstas son ya lo suficiente visibles a la opinión pública como para que el problema sea encarado decididamente, a fin de conjurar el mal en sus propias raíces.

“Se dirá: ¿En qué forma puede ser realizado ese milagro?

“Los problemas muchas veces dejan de resolverse, no porque sean difíciles o insolucionables, sino porque se carece del valor y grandeza de alma necesarios para encarar las soluciones que el mismo problema invita a adoptar a los hombres.

“Se han ensayado ya muchos sistemas, muchos métodos, e intentado infinidad de reformas que en el orden político pudieran redundar en un cambio favorable para los intereses partidarios; pero, los resultados han sido siempre los mismos, sin que se haya llegado hasta el presente a una conclusión práctica y digna de servir de ejemplo a los demás.

“Es necesario dar al pueblo bases para que no sucumba luego por la falta de recursos técnicos, en el laberinto de las circunstancias que surgen a raíz de sus actividades políticas internas.

“Los partidos políticos se forman unas veces en torno de personas que asumen la dirección de los mismos, y otras, por un movimiento de opinión que agrupa en el vórtice de las aspiraciones comunes, una gran cantidad de individuos aprestados a sostener decididamente sus postulados o ideales políticos.

“Los medios que utilizan los distintos partidos para conseguir prosélitos son harto conocidos y no vale la pena mencionarlos. Se ha visto cómo emerge de la incógnita masa una porción de seres que sin la debida ilustración, experiencia y cultura, son llevados por entusiasmos pasionales a ocupar altas posiciones públicas o representativas. De ahí que se relajen luego los resortes orgánicos que funcionan movidos por constituciones sanas y nobles.

“Esto acontece porque no se ha señalado a las agrupaciones políticas, una norma, una disciplina, una educación esencial para que sus componentes puedan llegar a ser aptos y eficientes colaboradores, cuando la oportunidad requiera de ellos una cooperación patriótica y digna en el seno del gobierno, del parlamento u otras posiciones públicas de estricta responsabilidad.

“Es hora ya de pensar en instituir en cada nación libre, que quiera llegar a altos designios, una Escuela de Educación y Cultura Política, abierta a todos los ciudadanos del país, sin excepción.

“A semejanza de las disciplinas universitarias, esa escuela podría tener un programa de estudios que abarcase hasta el bachillerato en ciencias políticas.

“Con seguridad que se cometerían así menos errores en la selección de los candidatos y se refrenarla un tanto la ambición que tiene la mayoría de los políticos, desde sus comienzos, de llegar a ser Presidente de la República o de ocupar altas posiciones con miras no siempre a la altura de la responsabilidad que tales cargos exigen.

“Establecido un vasto programa que comprendiese los conocimientos indispensables para investir de aptitudes inobjetables a los futuros políticos, la Nación contarla con hombres de carrera, quienes sabrían desempeñarse a entera satisfacción de su pueblo, con lo cual se evitaría el lamentable espectáculo que presenta el panorama político, no sólo en los momentos preelectorales sino y lo que es más sensible en las deficiencias que suelen observarse en las actitudes de los gobernantes, como tantas veces ocurre en la vida de los pueblos.

“Un programa bien definido que orientara en forma clara y precisa el desempeño de cualquier misión o cargo político, constituiría toda una solución al problema que se busca resolver por tantos medios.

“Podrían señalarse como base de la educación y cultura política, los siguientes cursos:

  • Enseñanzas elementales de política. Ética política.
  • Enseñanza parlamentaria. Enseñanza administrativa.
  • Historia política de los pueblos (métodos, reformas, resultados, cte.).
  • Política interna.
  • Política internacional. Urbanismo.
  • Oratoria y propaganda política. Actos electorales.
  • Materias diversas sobre competencia política, etc.

“El cuadro de profesores debería estar formado por políticos de sana reputación, cuyas tendencias fueran de mayor consideración, y de igual modo las mesas examinadoras, prohibiéndose toda referencia partidaria dentro del recinto de esa institución nacional.”

Desde luego, el proyecto expuesto no es más que una simple enumeración de puntos que podrían servir de base para un proyecto definitivo. Sólo he querido sugerir con el planeamiento enunciado, una conducta a seguir con descontadas probabilidades de éxito para el futuro político de la Nación.

Más que nada, la iniciativa tiende a desterrar de nuestras prácticas al comité como escuela política, pues nadie ignora que allí, en esos ambientes viciados por las pasiones, se forman la mayoría de nuestros hombres de Estado y funcionarios de gobierno, con la rémora del lastre caudillesco.

Pienso, decididamente, que es en la cátedra donde el político de buen cuño habrá de hacer obra fecunda, instruyendo a las juventudes más que con discursos fogosos, con aquella prédica sana que abre el alma del ciudadano e inflama sus sentimientos de fervor patriótico, puro y generoso.

Es ahí, en esa Escuela de Educación y Cultura Política, donde el instructor, aparte de guiar a los aspirantes hacia el buen sentido de las cosas que conciernen a la acción pública y privada de los hombres de nuestro pueblo, los llevaría a compenetrarse de los problemas que preocupan al país, estimulando el discernimiento a fin de que cada uno, por sus propios esfuerzos, alcance más tarde a colocar su grano de arena en la obra que cumplen las generaciones para el mayor engrandecimiento de la patria.

Se obligarla así a pensar a los hombres del mañana que aspirasen descollar con méritos en el escenario de la vida nacional, incitándolos al esfuerzo individual, a la iniciativa y producción en materia de perfeccionamiento y manejo prudente y honesto de la cosa pública.

Cuántos elementos valiosos podrían salir de esas aulas y cuántas soluciones se hallarían en ese laboratorio, en el cual la competencia y la selección, en pleno apogeo de una rivalidad moral, habrían de hacer florecer no pocas ideas verdaderamente luminosas en la mente de los que aspiraran a desempeñarse allí donde la Nación requiera sus servicios, que luego ha de premiar llevándolos a posiciones de mayor responsabilidad.

También seria un freno constante para la juventud que quisiese participar en las lides políticas, puesto que la comprensión y capacitación obtenidas por las disciplinas que regirían en esa Escuela de Educación y Cultura Política, predispondrían su espíritu a una mayor conciencia de las situaciones y no se dejaría arrastrar tan fácilmente por la seducción de las deslumbrantes perspectivas que cada posición partidaria presenta a los ojos de los que entran bajo la acción del proselitismo electoral.

El político debe ser, en la verdadera acepción de la palabra, según mi concepto, un hombre dinámico, de inteligencia lúcida, amigo de la investigación y del progreso, de un complejo psicológico resistente a todos los contrastes de la vida pública, principalmente en su acción de gobernante.

Del comité salen a menudo hombres inflados, abúlicos, codiciadores de cargos públicos con altas remuneraciones, pero sólo para mandar, pues les fastidia toda idea de trabajo. Su ocupación favorita ha sido siempre y seguirá siendo, la de charlar; “hacer política”, de lengua afuera; darse importancia con los de abajo y halagar el oído de los de arriba, salvo raras excepciones en que prevalece el espíritu de lucha, de organización, asistido por patrióticos anhelos.

Soy de opinión que la cultura cívica de nuestra Nación, debería alcanzar a los comités, transformándolos en centros respetables de reuniones partidarias, donde los ciudadanos que tomen contacto con sus correligionarios, no se sientan defraudados al advertir una apreciable contradicción entre los pulidos discursos de los candidatos y las toscas palabras y no menos deslucidos modales de los que allí concurren durante las campañas políticas.

Por lo general, los partidos han carecido de ideales fijos o, en el caso de haberlos tenido, éstos se esfumaron no bien triunfaron las fórmulas electorales. Durante más de veinticinco años he escuchado de labios de los más calificados políticos, casi idénticos proyectos y una singular coincidencia en sus pensamientos, expuestos, por lo general, en discursos de circunstancia más que en escritos que contuvieran el resultado de meditados y prolijos estudios sobre los problemas que afectan al país.

Los presidentes argentinos la historia lo testifica han hecho obra de gobierno acudiendo a sus inspiraciones íntimas y orientados por sus propias iniciativas, más que siguiendo rutas, ya que éstas brillaron por su ausencia en los estandartes partidarios.

Sin embargo, pese a todos los buenos propósitos de los gobernantes, pese al clamor público y a las erogaciones inmensas que significan para el país los puestos nacionales, los gobiernos no han podido quebrar esa resistencia, activa y pasiva a la vez, tenaz y abrumadora, que ofrece la demagogia, inseparable compañera de la burocracia.

¿Quién la fomenta? El mismo nombre lo dice: empleos públicos. He ahí el ideal único e insustituible detrás del cual han marchado hasta hoy las multitudes como rebaños al redil. ¿Qué ciudadano no se siente atraído y con derecho a ocupar esos puestos de pocas horas de trabajo y sueldos crecidos?

Cuando el Estado exija un mayor rendimiento a los empleados públicos, haciendo primar la competencia a la cuña política, se habrá dado un gran paso y más de una repartición se verá raleada de escribientes y mejor atendida por los que supieran entender sus obligaciones. Pero con harta frecuencia vemos que los jefes de grandes reparticiones, como los gobernadores de provincias, plagan de parientes el Presupuesto, y si algunos puestos les sobran, los reparten entre los caudillos que palanquearon sus candidaturas o les sirven de dóciles instrumentos para su manejos administrativos o políticos.

No hay duda que con mal disimulada sorna, dirán los aludidos que “la caridad empieza por casa”. olvidando que en este caso crean de hecho una situación incómoda y peligrosa a la moral pública e infligen un serio agravio a la economía o erario, ya que no tenemos aquí castas privilegiadas a quienes les esté concedido el derecho exclusivo de gozar y explotar el patrimonio nacional. Y si todo ciudadano tiene idénticos derechos, resulta que de tal postura deriva una disputa interminable, pues cada “mandón” que asume una jefatura de esa jerarquía, hace suya la máxima y manda a paseo a los familiares y favorecidos del que le precedió. Errores de nuestras prácticas políticas que ni las lecciones del pasado ni las experiencias del presente han logrado aún extirpar de raíz.

No se concibe, pues, en la Argentina por lo menos, que el proselitismo tenga algún éxito si no es en base a ofrecimientos, ventajas inmediatas, promesas que sugestionan; de ahí que entre los pliegues que dibuja la sonrisa irónica de los “generosos” distribuidores de puestos, se deje entrever a los votantes la perspectiva de acercarse al, “palenque” y beneficiarse con la influencia de los caudillos.

Ese apego febril de las masas ciudadanas, hasta cierto unto estimulado por los caudillos, a cifrar todas sus esperanzas en la Administración Nacional, de la que por años, a expensas de ella, hacen su modus vivendi perjudicando, indiscutiblemente, los intereses de la patria esa misma que a pleno pulmón y en ardiente prédica política declararon defender y engrandecer -, no existiría si los gobiernos se preocuparan de dar al ciudadano otra cultura, otra instrucción o preparación, la que haría de él un hombre a  o para desempeñarse en las múltiples labores que le ofrecen diferentes medios de ganarse honradamente el pan. ¿No es, acaso, una vergüenza que la mayoría de los comercios prefieran empleados extranjeros a los hijos del país? ¿Por qué el ciudadano argentino encuentra más difícil la vida que cualquier extranjero, gozando éste de prerrogativas que se le niegan a aquél? Es que al argentino le falta, en este caso, lo que, por lo general, le sobra al extranjero: capacidad y disciplina. En cambio, abundan en él la pretensión, la exigencia y la despreocupación por los intereses de la casa donde trabaja.

Un escaso porcentaje de jóvenes se inclina por el aprendizaje de oficios o especialización en las diversas ramas de la actividad común. Con excepción de los que siguen alguna carrera, los demás, mayoría siempre, abandonan sus estudios y si no tienen parientes o amigos influyentes que les aseguren un puesto dependiente del Presupuesto, comienzan su odisea en busca del mismo, llevando recomendaciones de un lado a otro, hasta que al fin, “si la buena estrella” no los abandona, encuentran alguna ubicación; de lo contrario, terminan por convencerse de que la vagancia es perjudicial para la salud y el porvenir.

Todo esto y cuanto al respecto vengo diciendo, evidencian la necesidad ineludible de crear una Escuela de Educación y Cultura Política, que, bien regida y con las exigencias del caso, prepararía el alma ciudadana creando aptitudes dignas y aspiraciones más justas sobre las cuales las juventudes habrían de labrar su porvenir y el de la patria. La burocracia y la demagogia recibirían un rudo golpe y la argentinidad, un enorme beneficio.


[1] Artículos y Publicaciones. (Recopilación) (1937)

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Primer Congreso Internacional de Logosofía: Pronunciamientos

Realizado en Noviembre de 1960

Sede:  8 De Octubre 2662 – Montevideo, República Oriental del Uruguay

AUTORIDADES DEL CONGRESO

Presidente de Honor:                Sr. Carlos Bernardo González Pecotche
Presidente:                                    Dr. Ricardo A. Bassi
1er. Vice-Presidente:                Prof. Alcira López Ibarburu
2do. Vice-Presidente:               Sr. Afonso Ranieri
Secretario General:                  Dr. Mario J. Lusiardo
Pro-Secretario:                           Arq. Araceli Tomás Salles

El 25 de Noviembre de 1960, tuvo lugar en Montevideo, Uruguay, la sesión inaugural del 1er. Congreso Internacional de Logosofía, cuyas deliberaciones se celebraron en el Aula Magna de la Fundación Logosófica en Pro de la Superación Humana.

Esta primera e importante concentración de logósofos, delegados de las Fundaciones que funcionan en las ciudades de los distintos países donde se difunde el saber logosófico, tuvo el mayor de los éxitos. Contó con los más francos auspicios de la prensa, la radio y la televisión, por lo que la opinión pública le prestó preferente atención.

La labor del 1er. Congreso Internacional de Logosofía puede apreciarse con la lectura de los pronunciamientos surgidos de sus intensas y proficuas deliberaciones, los que se transcriben en este folleto previo a la publicación de la Memoria. Por este medio se da amplia difusión a la concepción logosófica, testimoniada a través de los resultados obtenidos mediante la aplicación del método logosófico durante treinta años, por millares de investigadores, en silenciosa tarea, la que permitió comprobar fehacientemente los sólidos cimientos en que se apoya la Sabiduría Logosófica.

Juzgamos importante destacar la preferencia que el Congreso otorgó al estudio y consideración de los temas vinculados a la educación de la niñez y a la orientación de la juventud. Con ellos se hizo eco del calificado material que, respecto a la aplicación del método logosófico en esa materia, estaba contenido entre los seiscientos ochenta trabajos remitidos al Congreso sobre los distintos puntos del temario.

La magna asamblea tuvo además la virtud de vigorizar altamente al Movimiento Logosófico, el cual, fundado el 11 de Agosto de 1930, es guiado magistralmente por su creador Don Carlos Bernardo González Pecotche, autor de la Logosofía y a quien por aclamación se designó Presidente de Honor del 1er. Congreso Internacional de Logosofía.

Este movimiento de emancipación moral y espiritual del hombre se encamina directamente a la consumación de sus más altos destinos humanísticos. Con él se inaugura la era de la evolución consciente del género humano.

Firman:  Ricardo A. Bassi – Presidente      –    Mario J. Lusiardo-Secretario

Cantidad De Trabajos Presentados Sobre El Temario

Tema            I                                             104      trabajos
Tema            I I                                          174         “
Tema            I I I                                         97         “
Tema            I V                                           45         “
Tema            V                                             72          “
Tema            V I                                           61         “
Tema            V I I                                        62         “
Tema            V I I I                                     40        “
Tema            I X                                            25        “
Total                                                            680        “

El análisis de los trabajos sobre cada punto del Temario fue realizado por las Comisiones del Congreso, quienes produjeron los respectivos informes que, previa su consideración y debate en las sesiones plenarias, dieron lugar a los pronunciamientos que constan en la presente publicación.

 Objetivos Del Congreso

1 . Reunir, con motivo de haberse celebrado el trigésimo aniversario de la Fundación Logosófica, a sus más caracterizados miembros del país y del extranjero a fin de planificar la acción futura del movimiento de superación humana que anima al pensamiento Logosófico.

2 . Exponer la concepción logosófica como fuente de una nueva cultura.

3 . Examinar los resultados obtenidos mediante la aplicación del método logosófico y formular una recomendación especial a todas las universidades e instituciones docentes del mundo, para que sea adoptado previo los ensayos correspondientes.

Temario

1° Cuadro sicológico, moral y espiritual que presentan los seres humanos en el momento actual
2° Cómo enseña la Logosofía al hombre a conocerse a sí mismo; en qué consiste ese conocimiento y qué importancia tiene para la solución de los problemas humanos.
3° Trascendencia que tiene para la vida humana el proceso logosófico de evolución consciente.
4° Importancia del método logosófico como base para el desarrollo de la individualidad en su carácter integral.
5° Positivos resultados logrados en la educación de la niñez mediante la aplicación del método logosófico.
6° Influencia constructiva del conocimiento logosófico en la juventud.
7° Emancipación mental, moral y espiritual del hombre y la mujer mediante esta disciplina.
8° Proyecciones de la ciencia logosófica sobre la orientación presente y futura de la humanidad.
9° Proyectos de acción futura del movimiento de superación que anima al pensamiento logosófico.

* * *

TEMA I

“Cuadro sicológico, moral y espiritual que presentan los seres humanos en el momento actual”.

El conocimiento logosófico al penetrar en las honduras del complejo sicológico del hombre, advierte sus estados predominantes, descubre las causas que los originan y efectúa una clasificación precisa de los factores que concurren a formar el cuadro sicológico, moral y espiritual del ser humano en el momento actual.

Este estudio permite observar como aspectos dominantes de este cuadro: la desorientación, el nerviosismo ambiente, la inseguridad en si mismo, el debilitamiento de las fuerzas morales, el quebrantamiento de la conducta y relajamiento de las costumbres, la superficialidad de los objetivos que se propone el ser y la volubilidad en los esfuerzos para alcanzarlos, que manifiestan en conjunto la orfandad espiritual en que el hombre se encuentra. Se agrega a ello la presión que constantemente ejercen en el hombre las corrientes mentales que hacen oscilar su vida y dificultan la formación de convicciones reales. Lo acompañan prejuicios, creencias y temores; experimenta grandes inquietudes y siente anhelos angustiosos de paz y bienestar para los cuales no encuentra cauce ni vislumbra metas por impedírselo – tal como la Logosofía lo evidencia – la ignorancia en que se encuentra con respecto a sí mismo y a los principios de carácter universal que inciden en el desarrollo de su vida.

El saber logosófico enseña a descubrir que la causa principal de la precaria situación del hombre es que ha dejado de pensar en el sentido amplio de esta función y al quedar dominado por la Inercia mental, pierde la prerrogativa de alcanzar la verdadera libertad, alejándose cada vez más de los reales objetivos de la vida.

Se destaca también como otra causa de importancia, que el hombre infringe constantemente los principios morales que regulan la conducta, principios que adquieren realidad, Permanencia y efectiva vigencia, sólo cuando radican en la propia conciencia. Asimismo es causa fundamental de la referida orfandad espiritual en que el hombre se halla, el haber quedado el espíritu sometido al más injusto abandono por desconocimiento de la misión específica que está llamado a cumplir en el ser humano, el que, en su vuelo quimérico, sólo concibe a su propio espíritu, como algo abstracto y ajeno a su realidad inmediata.

Existen en los trabajos presentados por los investigadores logósofos, las constancias alcanzadas por vía del estudio experimental de cómo asiste Logosofía al ser humano para cambiar esos estados al ofrecer una concepción original del hombre y de su vida y un método “sui géneris”, los cuales se constituyen en génesis de una cultura Interna que modifica radicalmente causas y efectos.

Entre los aportes de la Sabiduría Logosófica se destacan:

A) El conocimiento de la estructura síquico-espiritual del hombre. Al verificar esta realidad interna, el ser comprueba las posibilidades de que dispone para encontrar la verdad dentro de sí mismo y descubrir las causas internas y externas de cuanto le acontece, facultándose para manejarlas y accionar conscientemente.

B) El método que capacita para ejercer la función de pensar conscientemente, liberados los sistemas mental y sensible por la renovación de conceptos entre, los que tiene capital importancia el que concierne al pensamiento como agente natural de la vida humana.

C) El conocimiento de las leyes universales y la presentación del objetivo superior de la vida, con los recursos que hacen viable su conquista. Es en la prosecución de este objetivo -testimoniado en los trabajos de todos los que han iniciado el proceso logosófico de evolución consciente que se superan los estados precarios, se logra estabilidad, firmeza de convicciones, confianza en si mismo y la felicidad que proporciona la certeza de que los pasos se dirigen decididamente hacia la realización de los más altos ideales de humanidad.

La ciencia logosófica, al proporcionar el conocimiento trascendente y el método para su asimilación, habilita para transformar el cuadro sicológico del hombre actual, pues opera cambios sustanciales en cada individuo. Cabe destacar también, que los ambientes experimentan la influencia benéfica de los valores mentales, morales y espirituales de la nueva cultura de la que es fuente Logosofía.

En base a lo expuesto, el Primer Congreso Internacional de Logosofía,

DECLARA:

1 ° El conocimiento logosófico descubre y analiza las causas que en el momento presente originan el precario estado mental, moral y espiritual en que se encuentra la mayor parte de los seres humanos.

2 ° El hombre ignora aspectos fundamentales que conciernen a su realidad interna en sus contenidos sicológicos y espirituales. De esta causa central derivan las demás que afectan el ánimo y debilitan la voluntad. Desconoce la importancia de la actividad de su inteligencia, en especial de la función de pensar en los aspectos trascendentes. La falta de conocimientos precisos sobre la acción de los pensamientos como agentes naturales de su vida, de las leyes universales y de la razón de ser de su existencia, lo dejan indefenso y expuesto a la influencia nociva que ejercen prejuicios, creencias y temores.

3 ° En los aspectos moral y espiritual la ciencia logosófica demuestra que el hombre ignora la manera eficiente de comportarse de acuerdo con los principios y alcances de la Ley Moral que debe regular su conducta. La conciencia necesita ser asistida por conocimientos relacionados con la actividad del espíritu y la participación activa y permanente que éste debe tener en las variadas instancias que configuran el diario vivir. La sensibilidad humana ha sido vulnerada, lo que debilita -hasta el riesgo de hacerlo perder el patrimonio moral y sensible del ser. Carece el hombre del aliciente superior que lo eleve por encima de las limitaciones actuales y lo habilite para satisfacer las nobles exigencias de su propio espíritu. La Sabiduría Logosófica, al aportar el original contenido de su enseñanza y su método experimental, posibilita la modificación de las causas que dañan la vida y abre nuevos horizontes hacia destinos que jerarquizan la entidad humana.

 * * *

TEMA II

“Cómo enseña la Logosofía al hombre a conocerse a sí mismo; en qué consiste ese conocimiento y qué importancia tiene para la solución de los problemas humanos”.

Consideraciones generales Debe señalarse que los trabajos presentados sobre este tema constituyen una documentación -viva y fehaciente de la realidad que entraña la concepción logosófica sobre el conocimiento de sí mismo y de sus beneficios inherentes. Sus autores dan testimonio de esta realidad, remitiéndose al resultado de su experiencia personal consciente. Surge de ello que la investigación sobre el tema ha sido rodeada, como corresponde, de rigorismo científico inobjetable y por consiguiente, que su verificación queda al alcance de todo el que se proponga realizarla.

Formuladas las apreciaciones precedentes que concretan el carácter experimental de los trabajos considerados, a continuación se formulará una síntesis ceñida de los aspectos fundamentales contenidos en el material estudiado, cuya esencia conceptual, como es obvio, ha sido extraída exclusivamente de la, ciencia logosófica.

Bases para lograr el conocimiento de sí mismo

Todos los autores de los trabajos examinados coinciden en manifestar -expresa o tácitamente que para encauzar con acierto la tarea de conocerse a si mismo, les ha resultado indispensable familiarizarse previa y activamente con las enseñanzas logosóficas conducentes a tal fin.

Someramente se mencionan a continuación los conocimientos más accesibles y por lo tanto, los de más rápida aplicación y verificación.

En primer término los que se apoyan en la, concepción logosófica sobre los pensamientos, que los define como entidades sicológicas animadas de vida propia, capaces de desarrollar actividades dependientes e independientes de la voluntad del hombre.

Individualizar los pensamientos que accionan en la mente, como paso inicial del proceso que lleva al conocimiento de sí mismo, clasificarlos según su naturaleza constructiva o negativa, utilizar acertadamente los primeros y establecer las defensas adecuadas para enfrentar los últimos con valentía e impidiendo así que lleguen a concretarse en palabras, actitudes o hechos, constituye la primera aproximación para identificarse con la propia realidad interna.

La ilustración, siempre activa, sobre la estructura sicológica del ser humano, configurada por los sistemas mental, sensible e instintivo, es igualmente una instancia ineludible para ir situándose con el acierto necesario dentro de la investigación; mediante un libre y armónico ejercicio de las facultades de los sistemas mental y sensible va alcanzando su propio equilibrio interno, transformándose el ser en una fuente permanente de energías y estímulos.

Son asimismo fundamentales para la labor de investigación interna, ¡os conocimientos sobre el funcionamiento y las formas en que se manifiestan las leyes universales dentro de cada ser humano en el plano espiritual, entre otras: Ley de Evolución, Cambios, Caridad, Herencia de sí mismo, Afinidad, Adaptación, Correspondencia, Tiempo.

Los conocimientos básicos señalados precedentemente, trasladados al terreno de la comprobación individual, bajo la rectoría de la conciencia, permiten al investigador en Logosofía, realizar una ajustada exploración de su mundo interno, mediante la que podrá justipreciar los valores reales con que cuenta y concomitantemente las deficiencias que, afectando su organismo sicológico y espiritual, imposibilitan el afloramiento de las riquezas potenciales y conspiran contra el anhelo de concretar su perfeccionamiento integral.

En qué consiste el conocimiento de si misino que propone la Logosofía

El conocimiento de sí mismo que se articula y realiza con la Logosofía es esencialmente dinámico.

No se trata, en efecto, de un simple relevamiento topográfico que lleve al ser a conocer sus características, sus anhelos, sus virtudes, sus defectos, sus prerrogativas-y sus deberes, y que deje allí finiquitada la investigación.

Se trata. como se ha dicho, de un conocimiento dinámico, pues conduce incesantemente al ser a conocer para perfeccionarse. Se Individualizan así, facetas positiva, a fin de estimularlas concretándolas en realizaciones superadas. Igualmente, se Identifica, perfiles, defectuosos, en el propósito de corregirlos o eliminarlos en sí mismo.

Para la sabiduría logosofía, conocerse a sí mismo es, entonces. recorrer un camino con el propósito conscientemente concebido v realizado de ensanchar permanentemente sus horizontes y sus perspectivas, hasta lograr la identificación con propio espíritu.

Esto requiere, como es lógico, una sucesión, de cambios ascendentes , a los que el ser humano va adaptándose placenteramente, sin violencias ni desarmonías, pues se trata de una tarea adoptada por propia decisión en  cumplimiento de los anhelos más íntimos y depurados.

Tarea de autoperfeccionamiento, y autocreación, cumplida en consonancia con las Leyes Universales que rigen todos los procesos de la Creación, leyes que la sabiduría logosófica ha venido a descubrir al entendimiento humano, para que éste se aplique a conocerlas y cumplirlas conscientemente. Es sólo así que el hombre encontrará la legitima felicidad, al conocer el funcionamiento de su mente, al dinamizar su sensibilidad y al conquistar una nueva  disposición para el bien.

Importancia del conocimiento de sí mismo en la solución de los problemas humanos

Los problemas que más frecuentemente afectan al hombre, tienen su origen en forma directa o indirecta, mediata o inmediata, en el desconocimiento de si mismo.

Ese estado de inadvertencia y aún desconocimiento de su realidad interna limita sus posibilidades, anula sus prerrogativas y vuelve sus pasos inseguros y vacilantes. Por ello busca generalmente la causa y la solución de sus problemas y dificultades en lo externo.

Sin embargo, el conocimiento gradual de su realidad, lo lleva a comprender, inequívocamente, que es dentro de sí donde siempre se encuentra el factor sustantivo de las situaciones que lo perturban y lo inquietan.

De ahí la importancia que el conocimiento de la propia realidad tiene para la solución de los problemas. Al modificar mediante la aplicación del conocimiento logosófico los factores que los originan, por ejemplo, fallas temperamentales, deficiencias, etc., aquellos se solventan o decrecen.

Además, en la medida en que se va ampliando la, propia capacidad los problemas disminuyen en magnitud y se empequeñecen al ritmo de la mayor dimensión alcanzada por la vida.

Como síntesis de todo lo expuesto, el Primer Congreso Internacional de Logosofía,

DECLARA:

1° Logosofía, como fuente de una nueva cultura articulada sobre bases esencialmente científicas, enseña al hombre a conocerse a sí mismo mediante la realización del proceso de evolución consciente en el que tiene importancia primordial la propia conciencia y la forma en que se manifiestan y funcionan las leyes universales.

2° El conocimiento de sí mismo que hace posible la sabiduría logosófica consiste en la comprobación experimental de:

a) Los sistemas que integran la propia estructura sicológica: el mental, el sensible y el instintivo;

b) Los pensamientos que actúan dentro de la propia mente, así como la influencia que ejercen en la vida;

c) La técnica y estrategia en la preparación y organización de las defensas mentales para luchar con éxito contra los pensamientos negativos y dominantes;

d) Las propias deficiencias y el modo eficaz de ir eliminándolas gradualmente;

e) Las reservas internas que yacen latentes en el mundo interior de todo ser humano y que no se utilizan precisamente por ignorar su existencia.

3 ° Los conocimientos que sobre sí mismo brinda el saber logosófico son de vital importancia para la solución de los problemas humanos, porque con ellos se logra:

a) Descubrir cuáles son las deficiencias que perturban la vida y afectan la evolución que se procura llevar a cabo;

b) Ser cada día más consciente de lo que se es y se posee internamente;

c) Determinar cuáles son los recursos del saber con que efectivamente se cuenta;

d) Conocer cuáles son las posibilidades y prerrogativas que se tienen como ente físico y espiritual;

e) Adaptarse con agrado a los cambios que la evolución consciente va operando dentro de sí mismo.

Todo lo anterior, al ensanchar la vida y dotarla de mayor firmeza y sensatez en el diario acontecer permite resolver con acierto las inquietudes, interrogantes y problemas; de ahí su importancia.

* * *

TEMA III:

“Trascendencia: que tiene para la vida humana el proceso logosófico de evolución consciente”.

Generalidades previas

De los valiosos aportes tenidos en vista se desprende en mayor o menor grado, que la realización del proceso de evolución consciente que la Logosofía prescribe y enseña a realizar ha brindado resultados positivos en medida Insospechada para los Investigadores logósofos.

Cabe señalar también la coincidencia en los resultados y experiencias consignados en los trabajos de logósofos pertenecientes a las Fundaciones con sede en los diferentes países que participan en este Congreso, en los que se evidencia que el proceso logosófico de evolución consciente es accesible a seres de las más variadas modalidades, costumbres y cultura.

Fundamentos conceptuales del Tema

La ciencia logosófica alerta al hombre respecto a la vigencia de leyes universales que rigen tanto la vida cósmica como la humana. Entre, ellas, la Ley de Evolución, que rige todos los procesos de la creación, inclusive el que realiza el hombre inconscientemente, y que en esta oportunidad está específicamente relacionada con la parte medular de los trabajos considerados.

El ser humano, en efecto, cumple individualmente durante su vida, además de su evolución somática, una evolución síquica que se desarrolla espontánea y naturalmente sin Intervención directa de su conciencia. Esta evolución está librada un poco al azar y a circunstancias derivadas del ambiente en que corresponde actuar al hombre.

Por ser la Ley de Evolución una de las de mayor jerarquía que rigen en la Creación, no puede el hombre, como parte de esa misma Creación, permanecer ajeno a su influencia modeladora. Puede si ignorar que esta ley existe, y por lo tanto transgredirla, siendo, ésta la primera causa que le impide gozar de una felicidad amplia y duradera.

El conocimiento logosófico lleva al ser a que se compenetre en primer término de esta realidad, y luego le enseña a recorrer el camino de su propia evolución, para que no se engañe, con las apariencias y llegue a suponer que el perfeccionamiento humano es consecuencia de la civilización que viene cumpliendo desde, los albores de la existencia.

El estado actual de la humanidad certifica que el carecer del potencial impulsivo necesaria para culminar en realizaciones trascendentes, expone a los seres a cumplir, etapas de vida vacías de contenido espiritual.

En el proceso de evolución consciente, por el contrario, cada ser humano, guiado por las enseñanzas logosóficas, toma a su cargo como tarea fundamental de su vida el planificar e ir concretando las etapa., de su perfeccionamiento integral. Es decir, que aquella evolución espontánea m transforma en un que hace, deliberado y atento, en el que cada instancia a superar es previamente planeada por el Interesado, partiendo de sus Posibilidades reales y llevando prolija cuenta, de todo, lee movimientos que hacen posible su consecución.

De esto se desprende con facilidad que mediante el proceso logosófico de evolución consciente el ser humano abrevia e, gran medida el trayecto de su perfeccionamiento. Este proceso evolutivo consciente puede compararse a un túnel que acorta distancias. En tanto el ser pasa por ese túnel, su vida se enriquece con todo lo que ve y conoce de sí mismo, mientras observa por dentro los paisajes de plenitud que le ofrece el conocimiento trascendente de su existir.

Además, cada conquista lograda es estable, porque al llevar cuenta de los resortes psicológicos que ha puesto en juego para alcanzarla, el ser queda en condiciones de reconstruirla en cualquier momento.

Posee la virtud Imponderable de permitir, por igual motivo, brindar valiosa ayuda a los demás, porque es posible ofrece, algo que, realmente se posee y señalar con precisión la trayectoria exigida para lograrlo.

Beneficios obtenidos en su realización

Para la Logosofía la verdadera civilización es la del espíritu, aquella que cada individuo logra en función de necesidades Internas mediante el proceso precitado, que implica cambios de condición, de modalidad y de carácter, ajustándose al tono de Individuo racional y consciente en el sentido más amplio de la expresión.

Según se deduce de lo expuesto, el proceso de evolución que enseña a realizar la Logosofía es de importancia capital para la vida humana. Significa la posibilidad de trascender las limitaciones de la ignorancia y la incapacidad para resolver los problemas que aquejan al hombre, motivados en su mayor parte por el desconocimiento de su mundo interno y por la influencia nociva de las deficiencias que dificultan su vida de relación.

El cumplimiento de este proceso, que debe ser efectuado bajo los auspicios de la inteligencia y sometido al control directo de la conciencia, se evidencia en la superación de los valores mentales, morales y espirituales del individuo.

Mediante la realización del proceso evolutivo consciente, según lo prescribe esta ciencia, a la par que se eliminan les creencias y prejuicios que impiden el funcionamiento de la facultad de pensar, se conquista una mayor solvencia en todos los órdenes de la vida y una creciente capacidad para resolver con libertad las diferentes situaciones. El ser trasciende las limitaciones corrientes y adquiere plena confianza en sí mismo.

La Logosofía, al enriquecer la conciencia con nuevos y profundos conocimientos relacionados con la vida Interna, con Dios y con el propio destino del hombre, abre un mundo de posibilidades al investigador que va conociendo la verdad a través del proceso de evolución consciente. Cabe destacar que, al efectuarse dicho proceso, el ser humano avanza sin limitaciones en el camino de su autoperfeccionamiento. Al verificarse en la conciencia su evolución espiritual, deja de ser instrumento caprichoso de factores circunstanciales extraños a su auténtico pensar, sentir y querer.

El hombre prepara su propio destino edificándolo conscientemente al cumplir la gran empresa que tiene asignada en la Creación: alcanzar la plenitud de la vida superior. En esta tarea magnifica, la propia redención es consecuencia de la realización consciente del bien hacer, al vivir de acuerdo con los dictados de Leyes Universales.

Consecuentemente con todo lo expuesto, el Primer Congreso Internacional de Logosofía,

DECLARA:

1 ° El proceso de evolución consciente que sólo la Logosofía enseña a realizar, tiene extraordinaria trascendencia para la vida humana. Es el único, camino que le permite al hombre salir de la vulgaridad, dejar de ser juguete de las circunstancias, lograr la verdadera supremacía individual y ser alguien de quien los semejantes tengan algo que aprender.

Mediante su realización el ser humano logra:

a) Trascender las limitaciones de la ignorancia y eliminar por adquisición del conocimiento creencias y prejuicios que impiden el funcionamiento de la facultad de pensar.

b) Adquirir plena confianza en sí mismo, la que se robustece a medida que descubre en su mundo interno energías y valores que ignoraba.

e) Acelerar en grado sumo el desarrollo de la propia individualidad.

d) Capacitarse para la solución de todos los problemas que la vida le depare.

e) Reconciliarse consigo mismo, lo cual le habilita para actuar en la vida de relación con la cordialidad y el espíritu constructivo, base de la paz y armonía en la familia, en la nación y en el mundo.

f) La auto-redención, al aprender a corregir sus deficiencias y enmendar sus errores.

g) Conectarse con la propia conciencia y dar al propio espíritu una creciente participación en la existencia.

h) Ser artífice de su propia vida, al conocer el manejo inteligente de las leyes que la rigen y los factores que influyen en ella.

* * *

TEMA IV

“Importancia del método logosófico como base para el desarrollo de la individualidad en su carácter integral”.

El método, logosófico que permite alcanzar los objetivos propuestos al investigador por, el conocimiento trascendente, incide en todos los aspectos del ser humano. Es original y se diferencia de cualquier otro método conocido por la trascendencia que alcanza su aplicación en la vida del hombre.

Entre los rasgos que lo singularizan y muestran su originalidad está su carácter integral, experimental, estimulante y flexible, activo por excelencia: acciona en toda la dinámica interna de quienes lo aplican. La universalidad del método que nos ocupa radica en que es accesible a todas las mentes, sea cual fuere su grado de cultivo intelectual, evidenciando a la vez su carácter amplio y flexible en el hecho de que se particulariza en cada investigador según su condición, edad, estado, etc.

Cabe destacar que sus lineamientos generales se configuran en las siguientes etapas:

Estudio e interpretación de los conocimientos:

Este estudio debe hacerse con la mayor frecuencia posible y lo primero que hay que lograr es la familiarización con la enseñanza logosófica. Esta fase debe ser completada con:

a) la maduración de lo que se ha estudiado para extraer los elementos que constituyen cada enseñanza y

b) un examen detenido de la utilidad práctica que ellos pueden dispensar a la vida.

Ensayos sobre la aplicación de esos conocimientos:

La mente del estudiante se dirige hacia la enseñanza o el conocimiento que más le atrae en el primer momento y esa buena disposición favorece y facilita la comprensión y aplicación inmediata de lo que se está estudiando. La mayoría de los trabajos presentados coinciden en este punto; es decir, afirman lo útil y beneficioso que es preferir para estudiarlos y aplicarlos, aquellos capítulos del conocimiento logosófico que más atraen y más en relación están con las propias necesidades. A poco de ensayarlos se comprueba que se vinculan íntimamente con otros cine amplian las posibilidades de conquista del investigador. Al parecer no tienen las enseñanzas un ordenamiento; sin embargo, es en la propia mente del estudioso donde se completan y complementan articulándose con las ya adquiridas, convirtiéndose en una realidad. Un factor muy importante en esta etapa es la observación consciente de sí mismo y de los demás.

La observación interna va desde la verificación de un movimiento mental hasta los pliegues más recónditos de la estructura anímica. La experimentación interna se lleva a cabo en el campo mental, sensible e instintivo y en lo externo se realiza en el ambiente familiar, social, de trabajo y en el mundo logosófico constituido por los otros estudiantes de Logosofía que asisten a las Fundaciones. Vale decir, que el campo experimental de esta ciencia es la vida misma y el método puede aplicarse en todos los momentos por llevar el ser humano el laboratorio más maravilloso que se puede concebir: la propia mente.

Este método conduce paulatinamente al conocimiento y manejo inteligente de las facultades de la mente y de los pensamientos. Es en la mente donde se combinan y recombinan los conocimientos, se crean los pensamientos, donde se formulan los propósitos y alientan los anhelos. Por su intermedio se captan los sentimientos y se manifiestan las facultades de la sensibilidad. Todas estas funciones, y otras que la mente realiza, nos ilustran sobre las instancias que vivimos. El análisis prolijo de los resultados obtenidos, en todos los campos de la constitución sicológica del hombre, después de cada ensayo del método, va indicando las modificaciones, ampliaciones y reiteraciones que deben hacerse en las siguientes aplicaciones, y así progresivamente hasta lograr la seguridad en el uso de cada enseñanza.

Confrontación de la propia realización con la de los semejantes que siguen los mismos estudios:

Es de suma importancia la comprobación y confrontación de los propios resultados con los que obtienen en su labor metodológica, tras reiteradas experiencias, otros investigadores.

Adquiere igualmente importancia el perfeccionamiento de la aplicación para llegar a la conquista de cada conocimiento y alcanzar la seguridad del proceso seguido.

Puede afirmarse que el método logosófico sustancia su esencialidad en el proceso de evolución consciente, en el cual se comprueba de manera Inequívoca la eficacia del mismo. Se debe favorecer su práctica en el interior de cada hombre o mujer, para que se efectúe allí, en el ámbito mental y sensible, la más significativa de las experiencias sicológicas realizadas por el propio investigador. Este verifica, tras sucesivas aplicaciones, una realidad que le era totalmente Ignorada hasta que comenzó esta labor: “que la personalidad es todo lo externo con que se reviste el ser para mostrarse superior a los demás”. Lejos de constituir un baluarte de la jerarquía que tiene como Individuo, advierte la fragilidad de la misma cuando comienza a aplicar los primeros conceptos logosóficos a la propia vida. Comprueba por medio de la observación consciente y la experimentación reiterada, que los valores de su personalidad, a, los que atribuyó tanta significación, son aparentes, sin consistencia y sin operancia en las alternativas que la vida le presenta, probando una y otra vez las diferencias entre lo que tiene el carácter de permanente y de realidad Integral, frente a la ficción y lo transitorio. Al mismo tiempo verifica que nuevos rasgos morales y sicológicos de gran valor positivo afloran como evidencia de los benéficos resultados que la aplicación del método dejará a quien sigue sus prescripciones.

La tolerancia, el respeto, la actitud comprensiva, el acercamiento afectivo, como primeros resultados, favorecen fundamentalmente la vida de relación. Cabe destacar, asimismo, que la palabra se transforma en verdadero vehículo de pensamientos de bien y consideración al semejante, y es cabal expresión de una ética superior. As¡ surge con claridad en la vida del Investigador la evidencia de que conquista progresivamente valores y calidades que van Integrando su individualidad con una precisión que no es posible encontrar en ningún otro método conocido, y que lo habilitan para constituirse en un factor positivo en la obra de reconstrucción humana que el creador de la Logosofía, don Carlos B. González Pecotche está realizando.

Atento a las consideraciones que preceden, el Primer Congreso Internacional de Logosofía,

DECLARA:

1°) Los numerosos testimonios y trabajos presentados evidencian la importancia del método logosófico para el desarrollo integral de la individualidad.

2° ) La eficacia del método logosófico depende de su inteligente y constante aplicación a la propia vida, lo cual permite lograr singulares resultados. En esta aplicación es donde se verifica su carácter flexible, dinámico, estimulante, as! como su universalidad y respeto al libre arbitrio.

3° ) En relación al método logosófico y su importancia para el desarrollo de la individualidad, este Congreso Internacional considera útil destacar:

a) siguiendo su técnica pedagógica el ser, cualesquiera sean su condición, edad o estado, logra superar las limitaciones mentales, sensibles y volitivas que le impiden llevar a cabo sus anhelos de mejoramiento;

b) depara a quien sigue sus, prescripciones una gran armonía y paz interior, que le facilita el acercamiento afectivo con sus semejantes, en particular con la familia;

e) en la aplicación del método experimental logosófico, la conducta se ajusta a los dictados de una ética superior. Esta conducta que Logosofía enseña a vivir, aproxima afectivamente a los seres y hace cobrar a su palabra una mayor autoridad a los ojos de sus semejantes;

d) quienes siguen dicho método, advierten rápidamente que sus mentes amplían su capacidad para llevar a cabo, con acierto, las más complejas actuaciones;

e) en virtud de la aplicación de este método, se acrecienta la responsabilidad en todas las actividades humanas sean ellas intelectuales, artísticas, técnicas, profesionales, comerciales;

f) el carácter dinámico y estimulante del método logosófico, se comprueba en la integración gradual de la individualidad con los valores morales, sicológicos y espirituales que definirán la nueva identidad del hombre.

* * *

TEMA V

“Positivos resultados logrados en la educación de la niñez mediante la aplicación del método logosófico”.

La evidente flexibilidad y adaptabilidad de las enseñanzas logosóficas permite que el método logosófico actúe con gran eficacia en la mente del niño, a pesar de la incipiencia funcional en que se encuentra su organismo psicológico.

Quien tome a su cargo la tarea de vincular al niño con el conocimiento logosófico, ya sea padre o docente, debe saber que para cumplir a conciencia esta labor es imprescindible que él mismo refleje como una garantía del conocimiento que posee, la seguridad que pueda dar con su propio ejemplo. Esta garantía evidencia el dominio que el ser posee de aquello, que quiere enseñar y se constituye en el más firme punto de apoyo para el proceso que habrá de realizar el niño en su aprendizaje. El ejemplo de sus mayores es base de seguridad primero y constancia incontrastable después, de la verdad que el conocimiento logosófico pone a su alcance.

El niño, para su desarrollo, depende de los elementos que le aportan los mayores, y la calidad de los mismos habrá de incidir en la formación del joven y el hombre del futuro, salvo los casos excepcionales.

La pedagogía logosófica realiza un análisis sobre esa singular etapa que es la niñez, describe con precisión las particularidades que se advierten, tanto en la estructura como en el funcionamiento del complejo síquico-espiritual del ente humano durante la infancia y estudia y considera el incipiente e incompleto desarrollo de las facultades de la inteligencia y la sensibilidad en el niño. Radica en esta incipiencia la causa principal de que el niño no pueda lograr un contacto estable con la realidad y sus acciones fluctúen entre las que tienden hacia el bien y las que tienden al mal. Esta situación da lugar a que ciertas facultades, por ejemplo la imaginación, actúen intensamente limitando, el ejercicio de otras, como ser la observación y la razón que pueden, llega ser suplantadas por aquélla, lo que deja al niño expuesto a la falacia de la quimera, hasta el punto de afectar negativa y permanentemente sus perspectivas, en la edad adulta.

Es en el ambiente, familiar donde principalmente recibe los estímulos Iniciales y a la vez las explicaciones que van ilustrando su incipiente entendimiento en relación, con el mundo que lo rodea. Los primeros estímulos activos, la calidad de las explicaciones y la adaptación, de ellas a las verdaderas necesidades por las que atraviesa el niño, ponen a prueba el haber efectivo mental, moral y espiritual que poseen sus mayores. El método particulariza la responsabilidad consciente en el docente logósofo que debe emplear a fondo sus recursos, porque se lo exigen los contenidos básicos del sentimiento y el conocimiento. Al docente le es más fácil la observación de los diferentes estados, tan  variables que se suceden en  la mentalidad infantil, en la que puede claramente distinguir la influencia de uno u otro pensamiento, ya sean de su medio familiar, o recogidos de otros ambientes. Además, debe prestarse la mayor atención a todas aquellas manifestaciones que, aunque fugaces, si son positivas, dan signos de las excelencias que se están anunciando en la niñez, y que, de ser, negativas, revelan, las deficiencias que perturbará. su vida futura.

Un conjunto de enseñanzas sencillas, adecuadas al nivel mental y sensible del niño, y una técnica precisa que sabe ajustarse a cada caso en particular, constituyen parte vital del caudal de que dispone el docente parra lograr que, el conocimiento logosófico opere benéficamente en las regiones mental y sensible del niño y oriente su conducta, hacia expresiones positivas que, brindándole la posibilidad de producir aciertos, lo tornen alegre y feliz. Las variadas formas del capricho, del egoísmo, de la agresividad, etc., que frecuentemente vulneran la actuación del niño. son contrarrestadas por  claros análisis que se le ayuda a hacer de su propia conducta; por el ejercicio de la observación,  sobre causas y resultados; por la acción de estímulos positivos; por la afectuosa comunicación de reflexiones y orientaciones que le proporciona el adulto y, principalmente, por el invalorable vínculo que establece en el conocimiento logosófico que, contenido en breves enseñanzas, de fácil captación para su entendimiento, le hablan de la vida que él vive, anticipándose con sus advertencias y planteamientos, a las soluciones de los posibles pequeños problemas que deberá resolver.

La aplicación de los recursos que integran la metodología logosófica -que sucintamente se han consignado – inicia al niño en un proceso de superación de sus calidades síquicas y espirituales que luego, al transcurrir su juventud, podrá conducirlo hacia la realización de un proceso de evolución consciente sustentado en bases sólidas e inalterables.

La formación del niño logósofo se cumple sobre el principio de una completa independencia de la presión que ejercen los temores, los prejuicios y las creencias o imágenes negativas, con que es frecuente que se afecten las manifestaciones naturales de su espíritu retrayéndole en el intento de modelar su conducta. Desde pequeño aprende a distinguir la índole de loa pensamientos que promueven su accionar, reconociendo su presencia en el propio mundo mental y en el mundo que le rodea. Con naturalidad se ejercita en la selección de los mismos y comienza a adiestrarse en su manejo, que realiza en forma primaria, elemental, pero igualmente eficiente y con positivos resultados.

Complementando su acción constructiva, la enseñanza logosófica, mientras equilibra gradual y progresivamente el juego normal de las facultades mentales y sensibles del niño, crea las defensas mentales llamadas a resguardar el patrimonio de sus valores humanos y hace que conozca y ame la realidad, liberándolo de experimentar los rigores que habitualmente sacuden a la crisálida humana en las transiciones de la juventud.

Toda esta labor tiene como objetivo “…hacer lo más agradable posible la vida del niño a fin de que florezcan en él una pujante virilidad y un sincero amor y optimismo hacia la vida, que comenzará a manifestarse a medida que avance en edad y que deberá Ir conquistando con esfuerza, entusiasmo y la Idoneidad suficiente o necesaria”. [1]

La continuidad en la práctica del conocimiento logosófico culmina proporcionando al niño la posesión de valores de gran trascendencia para toda su vida. La suma de estos valores le otorgan confianza en si mismo, confianza en los recursos propios que está cultivando, como ser: el conocimiento que ya maneja y la capacidad que forja para sortear las dificultades que en su nivel deberá afrontar. Esta confianza en sí mismo lo habilita para continuar su tránsito por la vida en procura siempre de los más altos ideales de superación.

Como suma de los resultados positivos que brinda la aplicación del método logosófico desde la niñez, corresponde expresar que cuando en el campo virgen y fértil de la mentalidad infantil se siembra la simiente fecunda del conocimiento logosófico, es posible. forjar individuos moral y espiritualmente sanos y vigorosos, llamados a desempeñar fundamental papel en el escenario social y vital de los pueblos.

Por los conceptos expuestos, el Primer Congreso Internacional de Logosofía,

DECLARA :

1 ° El método logosófico obra de un modo admirable en la difícil tarea de la educación de la niñez, a la que preserva del mal, fortaleciendo su alma, con lo que impide que ésta caiga en los engaños que acechan al ser en ese primer tramo de la vida.

2 ° Libera a la mente infantil de los temores y prejuicios que suelen inculcársele y que tanto atormentan y perturban su incipiente reflexión.

3 ° Capacita al niño mental, moral y espiritualmente para enfrentar sus dificultades, conocer gradualmente la realidad y defenderse con acierto de los artificios ingeniosos de los pensamientos siempre listos para inducirle a la travesura o a la falta.

4 ° Enseña progresivamente al niño a confiar en sus propios recursos y a discriminar con creciente lucidez sobre el valor de los consejos y ejemplos de los mayores, culminando en la hermosa realización de saber bastarse a sí mismo.

5 ° El método logosófico, al enseñar al niño el modo eficiente de usar sus resortes mentales, permite que su inteligencia cobre un rápido desarrollo y despierte en él una sana avidez por leer, estudiar y aprender. De esto resulta que para el niño se va convirtiendo en poderoso estímulo todo aquello que antes era ignorada posibilidad.

6 ° Los resultados del método logosófico se traducen en la conquista de una ética superior, cuyos beneficios son experimentados por todos. Cabe destacar que padres y maestros encuentran en ello un poderoso auxiliar en la delicada y difícil relación con hijos y educandos. Advierten de inmediato que comienza a ejercer una creciente influencia sobre éstos, cuyo comportamiento se torna día a día más respetuoso y afectivo.

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TEMA VI

“Influencia constructiva del conocimiento logosófico en la juventud”

La pedagogía logosófica coordina un vasto plan de educación superior instituido con los conocimientos que emanan de la Sabiduría Logosófica; constituye una preparación básica para la juventud y es fundamentalmente preparación para las altas funciones de la vida. Esta realidad está ratificada en los múltiples trabajos que se han analizado. Confiere una importancia capital al conocimiento vivo, experimental de sí mismo, de la propia realidad del joven como entidad humana, que se articula en su estructura síquica, mental, sensible e instintiva.

La verificación cabal que realiza el joven de la acción de los pensamientos y su significación en la vida, lo llevan a descubrir en sí mismo, desde las causas que pueden trabar la libre acción del discernimiento, dificultar el logro de sus propósitos, oponerse a sus decisiones o desvirtuar la expresión de sus sentimientos, hasta el potencial latente de su vocación, expresión de la herencia de si mismo.

Estimuladas las funciones del sistema mental, particularmente la función de pensar, y aplicados los conocimientos que instituyen las defensas mentales y regulan la conducta, los jóvenes verifican gradualmente el aumento progresivo de su capacidad mental y moral. Pueden así solventar las diversas y múltiples situaciones que la vida plantea a quienes se inician en ella.

La influencia benéfica de este conocimiento queda también evidenciada en el hecho de que el joven conscientemente analiza y reflexiona todo cuanto toma contacto consigo mismo, liberándole de temores absurdos y eliminando todo atisbo de credulidad.

Las defensas mentales permiten a la juventud preservar los valores que conquista y darles permanencia. Al amparo de ellas se hace posible superar las propias condiciones y con la capacitación progresiva de la propia inteligencia, extenderlas como colaboración al sector de la sociedad donde actúa.

La juventud pertrechada con defensas mentales instituidas, cómo es lógico, mediante un proceso consciente, a la vez que ampara la, delicada región de sus sentimientos, impide que se cercene su libertad de pensar. Se defiende con decisión de Influencias extrañas a su sano sentir y selecciona, con razones que sustenta en su limpieza mental y en su sensibilidad, cuanto juzga conveniente a los fines de su superación integral. Prepara as! con empeño inteligente su propia mente a fin de que sea el baluarte más precioso de su individualidad.

Ni la ficción, ni el ridículo, ni el engaño, ni la inestabilidad afectiva podrán hacerla víctima de aquellos que especulan y medran con los diversos aspectos de la solidaridad humana; se sustrae así con inteligencia a la influencia y el hechizo de ideologías inhumanas.

En la preparación de la juventud, tal como la propicia el conocimiento logosófico, juegan asimismo un papel preponderante los estímulos positivos, con preferencia aquellos que se originan internamente como resultado de luchas, esfuerzos y aciertos que se suceden en el proceso de evolución consciente que preconiza la Logosofía; estímulos que el joven recoge de su propio acontecer y también del ambiente que lo rodea. Entre éstos cabe destacar aquellos estímulos que surgen de conductas ejemplares que orientan y persuaden por representar caminos luminosos y ser motivo de nuevas inspiraciones. Unos y otros producen de inmediato un efecto tonificante, un renovado entusiasmo y una sana alegría.

En la asimilación del saber trascendente, el joven conoce a fondo su realidad y acrecienta una consciente confianza en sí mismo, porque se sabe en posesión de valores mentales, morales, espirituales y aun físicos. El joven también aumenta su sentido de libertad, pero ésta queda equilibrada por el sentido de la responsabilidad, igualmente acrecentado, que le señala el adecuado uso de esa misma libertad.

A medida que se realiza el proceso evolutivo, la conciencia se enriquece con los conocimientos que promueven el perfeccionamiento y se mantiene activa mientras propicia que el espíritu acuse su presencia en el acierto y la seguridad que caracteriza una conducta superior. El joven que recibe la preparación del conocimiento logosófico, en las diferentes alternativas de la vida, no se satisfará con manifestaciones circunstanciales o post – factum – vulgo “remordimiento de conciencia” – como puede verificarlo en otros jóvenes que intenten sostener una actuación elevada. Esta actitud, más de una vez encomiada, de arrepentirse y luego, en el mejor de los casos, procurar modificar en los nuevos hechos los resultados de su anterior comportamiento, no satisface ya. Es desplazada porque el arrepentimiento, como sentimiento retardado, pierde vigencia y valor moral a medida que la conciencia vigorizada con el proceso que indica Logosofía, lo asiste ayudándole a defenderse contra el mal que le acecha y le previene del error para no tener luego que lamentar y arrepentirse.

En suma, es posible establecer que en el contenido dinámico y constructivo del conocimiento logosófico, existen los recursos pedagógicos que al accionar en el joven lo guían en el aprovechamiento inteligente de sus energías internas, dirigidas hacia un fin superior y le otorgan el dominio de su propio campo mental y sensible para que Pueda trascender sus limitaciones y desenvolver su vida a conciencia con un profundo sentido humano y espiritual.

Como consecuencia del análisis que precede, el Primer Congreso Internacional de Logosofía,

DECLARA :

1 ° Los conocimientos logosóficos capacitan al joven para desarrollar su individualidad sin tutelas extrañas; y para comportarse en su relación con los mayores con el respeto y la consideración debidos. Aprende a mantener una actitud respetuosa aún en situaciones en que se ve precisado a expresar sus discrepancias.

2 ° Los conocimientos logosóficos son en esa etapa difícil de la vida, eficaces para encauzar los vigorosos impulsos propios de la edad. El contralor de la imaginación y de los pensamientos que Logosofía le enseña a ejercer, es en ese tramo tan crítico, el único recurso seguro para evitar los más peligrosos desvíos. Las defensas mentales protegen su mente y su sensibilidad; le liberan de la influencia y hasta de la alucinación que ejercen sobre la juventud las ideologías extremistas, as! como las imágenes perniciosas que vulneran en ella lo más valioso en el orden moral y sensible, Los jóvenes logósofos se hacen inmunes al contagio mental del ambiente.

3 ° Los conocimientos logosóficos adiestran su mente en el arte de descubrir los artificios y engaños con que se le tienta y hasta estimula a llevar la llamada “vida fácil”. Ellos le enseñan, por el contrario, a forjar los verdaderos estímulos y a descubrirlos en el medio circundante. Aprende que la única vida realmente fácil es la de la propia capacitación y superación.

4 ° Los conocimientos logosóficos ayudan al joven a identificar su auténtica vocación ahorrándole los titubeos, tribulaciones y frustraciones a que está expuesto.

5 ° El adolescente abre seguro los portales dc, la vida con fe consciente en sí mismo, inspirando su palabra y su ejemplo, confianza y respeto en los demás.

6 ° Los conocimientos logosóficos enseñan a la juventud a prepararse en forma eficiente para afrontar la vida con valentía y optimismo, y a conciliar las sanas alegrías propias de sus años con las difíciles tareas preparatorias para una vida plena de grandes posibilidades.

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TEMA VII

“Emancipación mental, moral y espiritual del hombre y la mujer mediante esta disciplina”.

La obtención gradual del conocimiento auténtico del mecanismo de la vida consciente que la Logosofía enseña a entender, comprender y realizar, Implica a su vez una obra de emancipación humana.

Coinciden la mayoría de los trabajos presentados con lo expresado en “El Señor de Sándara”, obra de González Pecotche, en la pág. 223: [2]

“El inefable placer de vivir no se experimenta hasta tanto no comenzamos a mirar nuestra vida como el principal de los trabajos que debemos acometer”.

Esta afirmación de la ciencia logosófica propone al ser humano, hombre o mujer, la realización de la empresa de mayor significación que es posible concebir: la de crear la propia vida mediante la liberación y el perfeccionamiento de los atributos que distinguen al reino hominal.

Desde siglos la vida mental, moral y espiritual del ser humano ha debido sufrir esclavizante sujeción a la ignorancia y a la abusiva presión de conceptos e Ideologías originadas en intereses subalternos con evidente y hasta deliberada prescindencia de los derechos que asisten a la conciencia humana.

Esta corrupción de la vida conceptual ha afectado hondamente la estructura social y, particularmente en nuestros días, en todos los ámbitos del accionar humano se refleja el debilitamiento de los valores máximos que debían sustentar la vida en elevados niveles de superación.

El conocimiento logosófico se dirige al mundo interno del ser humano y propicia, tanto en la mujer como en el hombre, el cumplimiento del objetivo superior de evolucionar conscientemente dentro de las propias e Individuales posibilidades. Es en el ejercicio de las disciplinas logosóficas que uno y otra organizan y perfeccionan las funciones de los sistemas mental y sensible, favoreciendo así en grado sumo la asimilación, del conocimiento que ha de integrar gradual y progresivamente la propia conciencia.

Por medio, de dicho saber, ambos, al realizar el proceso de evolución consciente, descubren la realidad interna advirtiendo en que medida su libertad Interior ha sido cercenada por los prejuicios que limitan los pronunciamientos del entendimiento o sumergen en la inercia mental; por las creencias que anquilosan el ejercicio de la razón; por los sentimientos o desvíos sensibleros que impiden la libre expansión de la sensibilidad. Esa libertad que aparece enajenada con tanta frecuencia por la acción sugestiva del temor o de la fatalidad, o mermada por la presión dominante de corrientes de pensamiento, que adormecen o paralizan la función de pensar conscientemente, es la que el ser común – en la mayoría de los casos – ignora que ha perdido.

Es en el cumplimiento del proceso de evolución integral que la pareja humana alcanza clara conciencia de sus prerrogativas y de su correspondiente ubicación, al verificar cómo, mediante el funcionamiento armónico de ambos sistemas, mental y sensible, se produce, la renovación  de los viejos conceptos, la liberación, de prejuicios ancestrales, la conquista de la confianza en si mismo y el dominio de las defensas, mentales, que neutralizan la acción de aquellos pensamientos, que de nuevo intentaren sojuzgar o dominar el miedo o por la imposición.

Asimismo, al iniciar este proceso integral de evolución consciente, comienzan por  encontrar dentro de sí la esencia del propio humanismo. El cocimiento logosófico les habilita para penetrar en la realidad de su vida mental y ejercer en ella, por primera vez, la condición de dueño y señor da la misma. Organizan, investigan, liberan, perfeccionan y al hacerlo así, advierten que están conquistando el más sagrado todos bienes: la libertad. Emancipados de la tutela de vicios conceptos de gastadas fórmulas, se ponen al amparo de las leyes universales que resguardan y favorece, el derecho a pensar libremente, en firme y seguro ejercicio de las funciones de la inteligencia y de las potencias creadoras del propio espíritu. Esta libertad, considerada desde el orden trascendente de los conocimientos superiores, constituye una prerrogativa natural, pero su libre ejercicio depende básicamente de la consolidación que como concepto se haya sustanciado en la vivencia consciente, único medio de disfrutarla sin el temor de perderla.  Libertad, derecho y deber configuran el ternario indiscutible de la responsabilidad.

Simultáneamente, la depuración que el proceso logosófico les hace experimentar en la vida sensible se manifiesta en las calidades de una conducta día a día superada, que se apoya en consistentes reservas morales y en la fuerza existencial del afecto que “interviene como elemento fijador de las relaciones humanas”. [3]

Esta emancipación se afirma en la integración de la propia conciencia, la cual como rectora de la vida, da la medida justa a los procederes que rigen la convivencia humana cualesquiera que sean los vínculos que se establezcan.

La amplitud y expansión que cobran tanto la vida mental y sensible permanentemente asistidas por la conciencia, emancipan al espíritu otorgándole la posibilidad de asumir plenamente la conducción de la vida que anima.

Las primeras comprobaciones sobre la realidad de la emancipación que se ha operado en el ser humano, se verifican precisamente allí donde éste se manifiesta con mayor espontaneidad: el propio hogar.

Cumplido, aunque sea en parte, el proceso emancipador antedicho, el hombre que ha constituido su familia, se siente en condiciones de enfrentar vigorosa e inteligentemente las responsabilidades que las luchas por sustentarla y defenderla le imponen; y la mujer, fortalecida su naturaleza moral y sensible, se constituye en la compañera noble, digna, afectuosa que sabe custodiar los valores fundamentales que enaltecen la vida familiar.

Las proyecciones de la gesta emancipadora que el saber logosófico propugna, inciden primero en el individuo y su hogar, para irradiar luego su acción renovadora hacia todos los medios y ambientes. Se modifican procederes, se corrigen actitudes, se capacita en el desempeño de las diversas funciones, se posee mayor libertad de opción y decisión; en concreto, se transforma la vida misma que ha pasado a ser “el principal de los trabajos del hombre”.

Así, en el cumplimiento de una profesión, de un oficio o de cualquier actividad de índole social, el hombre y la mujer hacen de cada situación, de cada circunstancia o episodio, un motivo para cultivar su mente, jerarquizar su sensibilidad, enriquecer su conciencia, elevar su espíritu y disfrutar con plenitud, los goces inefables de esa libertad verdadera y única que enseña a conquistar la Sabiduría Logosófica.

Por todo lo expuesto, el Primer Congreso Internacional de Logosofía,

DECLARA :

1 °  La disciplina logosófica hace posible la emancipación mental, moral y espiritual de los seres humanos; emancipación que se produce gradualmente, a medida que el proceso de evolución consciente cumple sus etapas normativas y formativas.

2 ° La primera y fundamental emancipación que se logra mediante los conocimientos logosóficos es la liberación de la tiranía e influencia dominante de los pensamientos; tiranía tanto más temible cuanto que es ignorada por quien es su víctima. El libre examen que Logosofía enseña a realizar sobre los propios pensamientos es el comienzo de ese proceso de emancipación.

3 ° A la emancipación de los pensamientos, sigue en orden de importancia la que se obtiene frente a la imaginación incontrolada, que produce los engaños y deformaciones de sí mismo y de cuanto rodea al ser, desviándolo de los sanos dictados de la razón, siendo su resultado frecuente la sobreestimación y la egolatría, que lo desubican y perturban su vida de relación.

4 ° Tanto el hombre como la mujer encuentran en el conocimiento logosófico los recursos de sabiduría que les permite rehacer la vida y lograr la plenitud de conciencia, libres de los prejuicios y creencias que los mantuvieron fuera de toda perspectiva de evolución.

5 ° Logosofía enseña, tanto al hombre corno a la mujer, que sus diferencias naturales no justifican ni los prejuicios ni los antagonismos formados en diversas partes del mundo durante el curso de las edades. Logosofía enseña a comprender que las diferencias, impuestas por la naturaleza, tienen un gran valor para la vida y la evolución. Lleva a la mujer a tomar conciencia de su misión, corno compañera y colaboradora del hombre, en la noble f unción de perpetuar la especie. A uno y otro conduce a la comprensión de que las diferencias de sexo no constituyen el más mínimo obstáculo para la realización del proceso de evolución consciente.

6 °  La disciplina logosófica emancipa a los seres de los temores que tanto les angustian. Enseña a no sufrir por adelantado males que luego no acontecen y a discriminar entre los peligros reales y los imaginarios. Adiestra en el arte de elaborar defensas mentales frente a estos últimos y enseña a tomar, con tiempo, las previsiones que habrán de conjurar a los primeros.

Contribuye, a ello el conocimiento de las Leyes Universales, puestas de manifiesto por Logosofía, que acrecienta la capacidad de previsión del investigador en forma consciente. Los profundos conocimientos logosóficos llevan al ser a familiarizarse con el funcionamiento y manejo de esas leyes hasta poder aplicarlos inteligentemente en la edificación de su propio futuro.

7 °  El saber logosófico libera al ser humano de la perplejidad o incertidumbre en que se halla respecto a su origen y destino. Le suministra los elementos que le capacitan para encontrar por sí mismo la cabal respuesta a esos interrogantes y percibir en el plano espiritual la vigencia de las leyes que asignan a los seres humanos una función de extraordinaria jerarquía .

8 °  La emancipación mental, moral y espiritual que propicia la disciplina logosófica se acentúa cuando el ser logra un más alto nivel de sensatez y conciencia de los deberes, prerrogativas y responsabilidades que incumben a cada uno de modo irrenunciable. La emancipación mental, moral y espiritual, tanto en el hombre como en la mujer, se consuma indefectiblemente y ambos ya liberados, saben al fin qué es la verdadera libertad y felicidad y cómo es posible disfrutarla sin temor a perderla.

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TEMA VIII:

“Proyecciones de la ciencia logosófica sobre la orientación presente y futura de la humanidad”.

El amplio y profundo material analizado por la Comisión en este tema, demuestra que los beneficios obtenidos por los autores de los trabajos mediante la aplicación del método logosófico trasciende el plano del perfeccionamiento individual y se proyecta colectivamente.

El conocimiento logosófico, en efecto, si bien se dirige en una primera instancia a cada ser humano en particular, logra en razón de la esencialidad de sus concepciones que el mejoramiento obtenido por cada logósofo en su órbita privada, se irradie en forma paulatina, -pero cierta y segura, a los ambientes familiares y sociales a que pertenece y donde actúa.

De este modo, cada conciencia en evolución, propicia que la mente y la sensibilidad de otros seres vislumbren, adviertan y comprendan que el saber logosófico tiene alcances universales, pues permite abordar en sus causas las situaciones difíciles que afectan a la humanidad del presente ofreciendo la solución adecuada para resolverlas.

La nueva cultura, emanada del pensamiento logosófico, faculta al hombre de nuestros días para encarar en su fondo los problemas que turban su convivencia y lo habilita, para resolverlas mediante el conocimiento que amplía la responsabilidad en todos los órdenes de la vida.

En función de esa responsabilidad se hace uso consciente de todos los valores adquiridos por la capacitación y esfuerzos propios; incluso los materiales, menospreciados por falsos conceptos espiritualistas o subvertidos en su usufructo por egoísmos y ambiciones. Es así que los bienes materiales al ser restituidos a su justa valoración, constituyen elementos concurrentes a la realización de los altos fines de la evolución humana.

Además y con proyecciones de carácter general, surge la liberación mental y sensible del hombre, mediante la acción discernitiva y experimental a que conduce el método logosófico. Es una constancia que aparece en la mayoría de los trabajos estudiados, que al aplicar la metodología de esta nueva ciencia desde la niñez, hay una mayor actividad de la función de pensar por sí mismo, que contrasta con los sistemas educativos que utilizan abusivamente la memoria y la imaginación. En el adulto el entendimiento se aplica a la demolición de los moldes que desde temprana edad le fueron inculcados, mediante fórmulas rígidas y conceptos anacrónicos, y las verdades logosóficas penetran en su vida ampliándola incesantemente con la realización del proceso evolutivo consciente.

En esta realización, los conocimientos trascendentes promueven una verdadera cultura Interna en la que los valores de la sensibilidad se consustancian con las manifestaciones permanentes de la conciencia que al nutrirse con los elementos de naturaleza superior exalta su función rectora de la vida.

La secuencia de instancias, que configuran esta evolución integral, descubre al hombre sus prerrogativas y posibilidades, así como su potencialidad volitiva, moral y espiritual. Supera las limitaciones inherentes a la ignorancia y el ejercicio de su dinámica interior se aplica a la edificación consciente del propio destino. Se sabe dueño de su vida, y es entonces, que por respeto a si mismo y por consideración a esa individualidad forjada en intensas etapas evolutivas, su actuación en el ámbito de sus relaciones se caracteriza por un efectivo y profundo respeto de los derechos humanos y se exterioriza en tolerancia y cordialidad hacia el pensar y quehacer de su semejante.

En otros términos, el humanismo logosófico, al concretarse en la exaltación de los valores del hombre, hace que éste se constituya en un ser capaz y consciente de los deberes y prerrogativas de su específica naturaleza. Y es únicamente al descubrir el contenido espiritual de la existencia, que se hace posible el verdadero respeto y consideración al semejante, partícula. a su vez del supremo pensamiento creador.

Los conceptos básicos contenidos en el material estudiado pueden expresarse en esta síntesis: la nueva generación de hombres forjados en la cultura logosófica, al accionar conjunta y armónicamente en el seno de las diversas sociedades de la tierra, irá proyectando las excelencias de los valores humanos que definen la integralidad de aquella cultura. Esta será la mejor contribución para acelerar el Proceso de Perfeccionamiento de los pueblos y la colaboración más efectiva a los fines de la paz y armonía de toda la humanidad.

En base a lo expuesto, el Primer Congreso Internacional de Logosofía,

DECLARA:

1 ° Son incalculables las proyecciones que tendrá la ciencia logosófica sobre la orientación presente y futura de la humanidad, por los alcances trascendentes que tienen los conocimientos en que se apoya.

2 ° Puede adelantarse que la ciencia logosófica proyecta una gran luz sobre las causas de I.a intrincados problemas que el estado del mundo presenta al hombre de nuestros días. Ella, al revelar a  nueva concepción del hombre y el universo, instruye también sobre la forma más eficaz de conducir la vida para que ésta pueda alcanzar su plenitud y llenar su alto cometido. Podrá así el hombre bastarse a sí mismo en todos 1. órdenes: físico, mora, y espiritual, sin estar obligado a recurrir a influencias o tutorías pana pensar y sentir.

3° Entre las proyecciones que alcanzará la ciencia logosófica ocupan lugar prominente los cambios que introduce en los métodos pedagógicos. El futuro educando dejará de absorber pasivamente el aporte cultural del pasado, y se convertirá en un verdadero investigador. El estudio se tornará en esparcimiento espiritual; en lugar de ser, como es hoy, una tediosa tersa . la que se sustraen anualmente miles do estudiantes que malogran su  porvenir.

La pedagogía del futuro, apoyad, y auxiliada por los conocimientos y el método logosófico, tendrá como factores básicos los que surgen del ambiente familiar. El afecto, los ejemplos y estímulos, unidos a las calidades del maestro o profesor; constituirán los cimientos de un verdadero humanismo. El humanismo del futuro será forjado con elementos vivos y no con simples enunciados.

4 ° Mediante la ciencia logosófica se liberarán las energías, que yacen latentes en el mundo interno de todos los seres humanos y que son infinitamente superiores a las que se han venido utilizando hasta hoy.

La enseñanza logosófica pone en tensión todos los resortes que mueven la voluntad del hombre y torna el trabajo -por un tremendo error considerado hasta hoy una maldición – en la prerrogativa más sublime que la existencia le asigna al linaje humano.

Cuando los que tienen la responsabilidad de orientar el pensamiento en los sectores del arte, de la técnica, de la economía, de la educación y la política, se beneficien con esta disciplina renovadora y reformadora, las realizaciones del hombre experimentarán un impulso vigoroso.

Serán realidad milenarias aspiraciones que no fueron alcanzadas por desconocer el potencial energético humano imprescindible para su realización.

5 ° La disciplina logosófica al modelar la individualidad, hace fluir del corazón humano la corriente afectiva que parecería haberse extinguido, debido a frustraciones y percances sufridos en los primeros contactos con la realidad del mundo. Esta disciplina de inmediato produce una mayor vinculación afectiva con los seres que lo rodean comenzando por el hogar. En este escenario -magnífico campo experimental para quien se ha propuesto realizar el proceso de evolución conscientes producen las primeras transformaciones merced a esta verdadera alquimia en que el afecto es elemento mágico por excelencia.

Quien empieza a conocerse a sí mismo comienza también a conocer a los demás; comienza a verlos a la luz de nuevos enfoques sin los velos del prejuicio, la desconfianza o el recelo. Sólo esa humana comprensión, es la que aproxima a los seres y los vincula con lazos indisolubles. Sólo así la familia, célula de la sociedad humana, será el núcleo vital de los afectos, fuente inagotable de poderosos estímulos para el eterno y hermoso quehacer del hombre: la propia superación al servicio del perfeccionamiento del semejante.

6  ° Logosofía tendrá otra proyección de alcances excepcionales en un futuro cercano.

Constituirá la base inconmovible de la pa, permanente, porque se hará plena conciencia en cada individuo y por extensión en los pueblos, que nada será más benéfico que el trabajar armónicamente por la superación de los demás.

Nadie permanecerá ajeno al objetivo trascendente de la vida impuesta por el Creador Se eliminarán las disensiones, la anarquía y el desequilibrio que hoy angustian y aterran al hombre.

Para llegar a ese estado de conciencia es preciso comprender, tal como lo enseña la ciencia logosófica, que es Ley suprema evolucionar conscientemente y que ello sólo es posible cuando el hombre dedica la totalidad del tiempo y de las energías a su propio perfeccionamiento y a la preparación de un mundo mejor.

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TEMA IX:

“Proyectos de acción futura del movimiento de superación que anima al pensamiento logosófico”.

CONSIDERANDO:

a)     en la documentación analizada por las diferentes Comisiones queda expresada la labor concreta de Investigación experimental realizada en el lapso de 30 años por los estudiantes de Logosofía de todas las Fundaciones;

b)     de esa investigación surge que los resultados obtenidos por 1a humanidad en el correr de los siglos, en la aplicación de método, diversos tendientes a superar los problemas del individuo y la sociedad, son de por sí testimonio elocuente de la necesidad apremiante de una nueva cultura;

c)     la humanidad se encamina hacia la destrucción, entretanto la enseñanza corriente continua ofreciendo en sus centros docentes a millones de niños, jóvenes y adultos, la historia de guerras pasadas sin valederas menciones a la forma de cómo evitarlas en el futuro;

d)     en todos los trabajos presentados a este Congreso se reiteran los, beneficios y prerrogativas que derivan para el ser en toda, las d. s, actividad, al aplicar el conocimiento logosófico;

e)     el testimonial que certifica la eficacia del método logosófico para el desarrollo de la individualidad integral, proyectándose las calidades de la misma, en el seno de la familia y de la sociedad;

f)       los, resultados positivo, obtenidos en la niñez mediante la aplicación de la enseñanza logosófica;

g)     la significación que adquiere el saber logosófico en la juventud al proporcionarle conceptos precisos sobre la realidad de la vida, real al hacerle conocer su propio mecanismo mental y sicológico, al ofrecerle las bases y la técnica para la conquista de una verdadera libertad interna y la creación de defensas, tal como abundan en concretas experiencias los trabajos estudiados.

EN ATENCIÓN a lo expuesto precedentemente y teniendo en cuenta los proyectos de acción futura del Movimiento presentados, por las diferentes Delegaciones, el Primer Congreso Internacional de Logosofía, fundamentado en la inconmovible firmeza del saber logosófico y afirmada su convicción en días mejores para la Humanidad.

RESUELVE:

I . – La acción futura del movimiento de superación que  anima al pensamiento logosófico – como expresión de una nueva palabra y un nuevo mensaje para la Humanidad – , se concretará en una multiplicación constante de esfuerzos y voluntades a fin de extender la nueva enseñanza por todo el orbe.

.- En tal concepto, se utilizarán todos los medios de difusión modernos para divulgar ampliamente en todos en todos los sectores de la actividad humana, los principios de la Logosofía, como fuente de una nueva cultura.

Se informará especialmente al Ministerio de Instrucción Pública de cada nación, sobre Logosofía como ciencia formativa de la niñez y la juventud y se establecerá permanente vinculación con universidades, centros de enseñanza media y escuelas primarias, para que tengan constancia e información de los resultados obtenidos con la aplicación del método logosófico. Asimismo, y en consecuencia de lo anterior, se hará llegar a los organismos educacionales públicos la exhortación de que incorporen a los planes de estudio en sus diversos ciclos, la disciplina logosófica.

Se comunicará a la U. N. y a la 0. E. A. las conclusiones y resoluciones de este Congreso, para que sus organismos encargados de los problemas culturales y docentes presten especial atención al valor educativo de los conocimientos logosóficos. Se destacará su indudable eficacia para favorecer la vinculación amistosa entre los hombres y los pueblos, facilitando la realización del gran anhelo humano por una paz universal y permanente.

.- Se realizarán en cada Fundación cursos especiales de logosofía a los organismos culturales públicos y privados, presentantes de Unesco, agregados culturales, profesorado nacional, etc.

.- También se trasmitirá amplia información sobre Logosofía a los organismos culturales públicos y privados, bibliotecas, etc., manteniéndose dicha información actualizada para que recoja los incesantes avances de este movimiento en pro de la superación humana.

II .- Créase el Comité Internacional de Logosofía, que estará integrado por los miembros que la Dirección General del Movimiento designe. Será su cometido permanente la promoción -en el plano universal del movimiento de superación humana que inspira la Logosofía. En tal sentido, coordinará la acción difusora que en sus respectivas órbitas realizan las Fundaciones establecidas en los distintos países donde se cultiva el saber logosófico, sin perjuicio de las medidas de ejecución directa que estime pertinentes adoptar para el mejor cumplimiento de la misión que se le confiere.

III .- En cada Fundación se procederá a la creación de la Escuela Logosófica de Enseñanza Primaria, así como también de Institutos de Enseñanza Media, en los que la niñez y la juventud recibirán – concomitantemente con el estudio de los programas oficiales –  una ilustración clara y precisa sobre los conceptos logosóficos. Estos deberán concretarse en conocimientos para la vivencia de los mismos, y en una orientación de la conducta realizada en forma experimental y viva, de acuerdo con los principios éticos que sustancia el saber logosófico.

IV. Declarase el 11 de agosto, como “DIA DE LA LOGOSOFÍA”, por cuanto en ese día del año 1930, abrió sus puertas en la ciudad de Córdoba, República Argentina, la Institución que ha dado a conocer la nueva ciencia creada por Carlos Bernardo González Pecotche.

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[1] (Biognosis, pág. 60. González Pecotche (Raumsol). Imprenta López, año 1940, Buenos Aires, Rep. Argentina).

[2] (Imprenta López, año 1959, Buenos Aires, Rep. Argentina)

[3] (Logosofía, Ciencia y Método, pág. 137. González Pecotche, Imprenta López, año 1957, Buenos  Aires, Rep. Argentina)

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El pensamiento, los hombres y el futuro del mundo

Publicado en el diario “El País” de Montevideo, el día 9 de marzo de 1945.
Por Carlos Bernardo González Pecotche (Raumsol) – Revista Logosofía N° 51

Cada día que pasa, cada hoja que se desprende de la magnífica planta que representa el mundo con sus periódicas transformaciones, confirma vez por vez la incuestionable verdad de que lo que mueve al hombre y a todo cuanto ha creado su inteligencia, son los pensamientos.

Hace seis meses, cuando todo parecía indicar que la guerra estaba próxima a su fin, aparecieron de pronto, como por arte de magia, incomprensibles demoras que fueron atrasando ese gran momento que la mayor parte de los seres humanos se dispone a celebrar jubilosamente: el final de esta horrible y catastrófica contienda. Es que los pensamientos están demostrando que son más fuertes que las armas. Así es que los vimos frenar en Polonia a los ejércitos soviéticos, que debieron detener su avance para que los altos dirigentes aliados se ocupasen preferentemente de ciertos pensamientos, concernientes a una cuestión político‑geográfica que necesitaba ser considerada con prioridad a nuevos hechos de armas en aquella región.

En la Cámara de los Comunes, los pensamientos de los hombres de Estado, en pugna entre si o en vivo acuerdo, trabajan intensamente en busca de soluciones que permitan allanar las múltiples dificultades que se presentan en el escenario europeo y aun fuera de él. En Washington, en Moscú, también el posa miento de los estadistas libra verdaderas batallas mentales contra los pensamientos del mal, que, con frecuencia, intentan perturbar la buena armonía que indefectiblemente debe reinar entre los aliados, aun cuando más no sea en homenaje a los tantos esfuerzos y sacrificios que en común están haciendo para restablecer en el mundo la tan ansiada paz y el equilibrio en todos los órdenes, que fuera roto al comenzar las hostilidades bélicas Los hombres en cuyas manos se hallan los intereses de la humanidad entera, deberán comprender en su total alcance la responsabilidad que les incumbe en esa tarea en la que concentran todos sus esfuerzos a fin de lograr que los pueblos vuelvan a la normalidad animados de la mejor buena voluntad y del mejor ánimo para reconstruir sus devastadas tierras, edificando en cada uno de sus países una obra con miras permanentes, en todos los aspectos en que la vida se desenvuelve. Para que esto sea posible habrá que inspirar en los habitantes de los pueblos afectados, plena confianza en el porvenir; así el trabajo será fecundo y los resultados, un verdadero bien para las generaciones del mañana.

Si en las cuestiones territoriales existiera un amplio y generoso espíritu de comprensión, nada ni nadie podría impedir que se llegase a las más elevadas y honrosas soluciones; y cuanto más nobles sean los gestos de los estadistas y más amplio su espíritu de colaboración universal, tanto más imperecedero será el recuerdo que se fije en la posteridad, el cual, como una llama simbólica, señalando el ejemplo servirá para iluminar a los hombres del mañana.

La guerra actual, al finalizar, habrá promovido innumerables cambios en muchos sectores de la vida. De quienes sobrevivan dependerá que esos cambios se encaucen hacia el bien, modificándolos inteligentemente, conforme a las necesidades, a fin de que, sin perturbar a la sociedad humana, permitan que el equilibrio vuelva a reinar en el mundo.

La postguerra será un proceso que convendrá cuidar con extrema atención y firme voluntad para que la humanidad no sufra un colapso que podría ser de fatales consecuencias. Ese proceso abarcará todos los cambios y transformaciones que tienen que operarse en el futuro inmediato y mediato, y, se sobreentiende, habrá que dirigirlo con el máximum de energía e inteligencia hacia una superación efectiva, hacia una evolución realmente consciente, en la que cada ser humano se sienta responsable no sólo de sus actos sino también de los de toda la humanidad, de la cual forma parte; siendo así, se creará un verdadero espíritu de confraternidad, de comprensión, de colaboración, de paciencia, tolerancia y justicia.

Será, es indudable, un proceso largo, y posiblemente haya que pensar que los frutos tardarán mucho en recogerse, pero no hay que olvidar que mientras éste vaya realizándose, toda la humanidad comenzará a beneficiarse a través de esa realización. Y al tiempo que éstos y otros pensamientos e ideas irán plasmándose en el ambiente mental del mundo, grande ha de ser la labor que habrá que llevar a cabo para calmar tantas ansiedades y frenar tantos impulsos contenidos en el alma de los pueblos que debieron soportar durante años toda clase de calamidades y sufrimientos.

Nada puede hacerse de golpe, y mucho menos restablecer la armonía de los intereses humanos en breve tiempo. Habrá, pues, que preparar los ánimos e inclinarse hacia el culto de la paciencia y la tolerancia, y a la vez encauzar a los espíritus hacia el culto del trabajo y, sobre todo, hacia el culto de la confianza en un porvenir más auspicioso.

Todo podrá reconstruirse sobre bases firmes si anima el espíritu de los hombres un franco optimismo y permanente entusiasmo en la edificación de un mundo mejor. Y es en esto en lo que todos, sin excepción, deben poner sus más grandes empeños, su más buena voluntad y los recursos de su capacidad individual.

Uno de los grandes problemas, quizá el más grande, es, y seguirá siéndole hasta tanto se solucione, el creado entre el ser individual y el ser colectivo, o sea, entre el individualismo y el colectivismo, que termina en lo que ha dado en llamarse estatismo, lo cual, en resumen, es la absorción del individuo por el Estado.

Este problema de tan vital importancia para el futuro, tendrá que resolverse dentro de la más amplia comprensión de los destinos del hombre y del mundo. Privar al ser humano de sus naturales prerrogativas, de los alicientes y estímulos del libre albedrío, es arrancarle lo mejor de su existencia. Y si esto ocurre, contrariando la mayor esperanza que hubo de cifrarse en él, para quien e¡ mundo y la tierra fueron hechos a fin de que viviera y disfrutara de todo cuanto en ellos existe, quién podría reemplazar lo que es propio de su espíritu y de su naturaleza.

Quitar al hombre tales prerrogativas es postrarlo en una muerte moral y condonarlo a una consunción psicológica y mental. Las grandes democracias y los pueblos libres que hoy luchan por mantener intactos los principios fundamentales de la existencia humana así parecen haberle comprendido. Es el individuo, con todas sus fuerzas y su inteligencia, el que debe aportar su concurso para el bien común, y el que debe comprender que ese aporte tiene que ser ofrecido y realizado sin que medien, para, decidirlo, presiones extrañas a su voluntad. Pensar lo contrario es admitir que la humanidad ha fracasado en su evolución y que debe conducirse corno nómade, al igual que las especies inferiores.

Si han de existir para el individuo prerrogativas y derechos, éstos deben ser iguales para todos, pero esa igualdad habrá de entenderse en el sentido de que nadie será privado de lo que quiera y pueda hacer si sus esfuerzos, capacidad y sacrificio, le conceden realizar tales aspiraciones. Para todos están abiertas las puertas de las universidades, aun cuando no todos logran una feliz culminación de su carrera no obstante haber tenido la misma prerrogativa y el mismo derecho a ser lo que sensatamente se propusieron en un principio (Ver “Logosofia” Nº 29 sobre concepto de igualdad.)

Esta es la ley natural que a todos los hombres abre un camino de idéntica trayectoria, pero que no todos recorren en igual tiempo y del mismo modo. Los que culminan en sus aspiraciones comprenden, o han de comprender al menos, que es deber no olvidar a los semejantes que quedaron detenidos en él. Muchos son los que comprendiendo este deber acuden en auxilio de los demás beneficiándolos por mil medios diferentes con cuanto ellos alcanzaron en sus máximos esfuerzos de superación y progreso.

El futuro del mundo debe ser la preocupación más importante que cada uno tenga, pues de esa preocupación habrá de surgir quizá el mejor concurso que todos los hombres de buena voluntad puedan aportar para colocar los cimientos y levantar sobre ellos el gran edificio de la paz futura.

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Acepción del vocablo IGUALDAD

Concepción   logosófica de las palabras

Por Carlos Bernardo González Pecotche, revista “Logosofía” N° 29, mayo de 1943

Igualdad:   

  • Conformidad de    una   cosa con otra en naturaleza, forma, calidad o cantidad.
  • Correspondencia y proporción que resulta de muchas partes que uniformemente componen un todo.
  • Ante la ley: Principio que reconoce a todos los ciudadanos capacidad para los mismos derechos.

( Dicc. Enciclopédico Espasa – Calpe y Dicc. de la Real Academia Española))

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El concepto de igualdad, por la diversidad de criterios que lo han sustentado, es, sin duda, el que ha promovido más discusiones en el seno de la sociedad humana.

Se invoca la igualdad al amparo de leyes sociales, y más significativamente aún, allí donde la diferencia de clases  descubre a los desamparados de la fortuna clamando por un tratamiento similar al que gozan las capas superiores. El comunismo, que derrocó a los zares de Rusia y echó por tierra a la aristocracia de ese pueblo, fue una explosión del concepto de igualdad que irrumpió violentamente en todos los ámbitos de su territorio, derribando y exterminando, en la pretensión de someter a todos a la igualdad soñada por los líderes de la revolución, cuanto vestigio de privilegio pudiera existir. La experiencia, parte viva de la realidad, que no puede negarse so pena de caer en la necedad, fue modificando el primitivo concepto del bolcheviquismo hasta acondicionarlo a formas más aceptables para la organización social de aquel país. Por mucho que los hombres se alejen de la realidad, siempre termina ésta por volverlos a aproximar.

El concepto de igualdad   en su más amplia acepción,  es decir, en su contenido  universal,  difiere mucho  del vulgar. Su esencia ha de buscarse en los orígenes del género humano; mejor aún, en los orígenes de la vida como vehículo de manifestación del alma, que cumple, sucesivamente, períodos de evolución a través de épocas y edades hasta realizar su perfección.

Todo indica que la presencia del hombre en  el mundo, reproducida en un sinnúmero de seres, fue idéntica      en su primera manifestación, o sea, en el punto de partida; pero esa igualdad ha debido sufrir una serie de modificaciones a medida que los seres fueron alejándose de aquel punto inicial. Si bien es cierto que fue dado a todos un destino común, se desprende de multitud de hechos que atestiguan la exactitud de nuestras afirmaciones, que ese destino sólo es fatal para los pobres de espíritu, para los que nacen y cesan sus días en este mundo más o menos como acontece en la especie animal. Desde los albores de la humanidad, los aborígenes, indígenas y todas aquellas tribus nómades, tienen prefijado un destino común, el cual, con ligerísimas variantes, es casi idéntico en todos, ya que pocas veces son capaces de sobrepasar la meta establecida. Pero no bien pudo el hombre despertar en conocimientos que aventajaban considerablemente a los primitivos, se dio cuenta de lo mucho que podía hacerse para mejorar la existencia y alcanzar destinos mejores.

La historia humana es una larga, interminable sucesión de relatos que describen los triunfos del hombre en los  diversos campos en los que le fue posible actuar como ente dotado de inteligencia y sensibilidad. Esos mismos triunfos señalan progresos continuados, en un constante empeño por ampliar sus perspectivas y lograr un mayor dominio sobre los elementos, lo cual fue transformando a la tierra, a través de sucesivas etapas, en un mundo civilizado y apto para toda clase de actividades que pudieran facilitar con amplitud la evolución humana.

Evidentemente, esos progresos denotan ya un cambio, tan visible como convincente, de aquel destino común de las primeras edades, en que la incipiente reflexión no acusaba mayores aspiraciones, Sin embargo, la palabra destino contiene la trayectoria que puede seguir el ser humano hasta la más alta ascensión. De ahí el desenvolvimiento entre los seres dotados de razón, quienes no obstante ser en apariencia similares entre sí, se hallan a diferentes y aun a grandes distancias unos de otros, según el grado de evolución alcanzado individualmente.

La igualdad es una ley inexorable, y ha de entenderse que como tal, no puede violar otras leyes, pues todas se complementan haciendo posible el equilibrio del Universo.

La ley de igualdad significa, entonces, que regirán  las mismas  perspectivas para aquellos que se hallen en iguales condiciones, y podrán disfrutar de los mismos derechos y goces mientras no exista alteración en el punto de igualdad en que se encuentren temporariamente. Si cien o mil personas comienzan un largo viaje a pie no todas caminarán con idéntico aplomo, energía  y velocidad.   Empero, el hecho de que unos cubran una etapa en menor tiempo que otros, no quiere decir que los que quedan atrás no puedan alcanzarlos, y en el caso de que esto acontezca, se hallarán nuevamente en igualdad de condiciones. Estarán en el mismo sitio, disfrutando de análogas perspectivas.

Es similar lo  que acontece en el trayecto que se recorre a través de la existencia: pueden encontrarse dos o más seres en el mismo grado de evolución; en tal caso, sus condiciones y prerrogativas serán iguales, pero se entiende que lo serán mientras permanezcan en ese grado de evolución, ya que desde el momento en que cualquiera de ellos lo trascienda, esa igualdad  quedará, lógicamente, alterada. Vemos aquí la amplitud de esta concepción que define a la igualdad.

Otra imagen de gran fondo que habrá de ilustrar en otro aspecto el significado de la palabra igualdad y demostrarnos cómo ésta, sin perder su fuerza, se manifiesta tal como debe ser concebida por la inteligencia que sabe descubrirla allí dónde su presencia pueda dar más de un motivo para la reflexión, nos la presenta una familia numerosa, cuyos hijos han nacido en igualdad de condiciones y a quienes, se les ha prodigado el mismo amor, el mismo alimento, el mismo aire. Todos vivieron además, en el mismo hogar y recibieron idéntica educación. La igualdad, pues, no pudo ser puesta de manifiesto con mayor elocuencia; no obstante, cada uno de ellos tomó rumbos diferentes: uno siguió una carrera y escaló posiciones descollantes; otro siguió un oficio; aquél  se hizo navegante, y hubo de los que no quisieron estudiar ni trabajar y prefirieron la vagancia, llegando algunos por los caminos del vicio, hasta la cárcel.

¿Quién alteró aquí la igualdad? ¿Quién podría, sensatamente, pretender volver a la igualdad a todos estos hijos, colocándolos en el mismo plano, en una posición similar y gozando de iguales prerrogativas? La igualdad existió, en este caso durante un tiempo, mas luego fue alterada por obra de cada uno.

He ahí la verdadera igualdad; la sabia, la justa, la incuestionable; la que brinda a todos la misma oportunidad.

El propósito humano no debe tender jamás a buscar la igualdad por la violencia o por medios arbitrarios, pues lograrlo traería una igualdad injusta, o, peor aún, una simulación de igualdad.

Todo hombre ha de tratar de igualar a aquel que por sus esfuerzos o por cualquier circunstancia que él ignore, está por encima suyo. La igualdad hado concebirse en un plano de equidad y de justicia, y el que se encuentra abajo debe ascender hasta donde se halla el que está más arriba, si es a éste a quien quiere igualar. El que se inicia en la carrera militar, por ejemplo, sabe que sólo por la realización y por el estudio, habrá de ir conquistando sus grados y alcanzando a cada uno de sus superiores en sus respectivas jerarquías, hasta igualar a aquel que lleva las jinetas de general. Pero para ello, le será necesario ser también un general. Sería absurdo que el militar incipiente pretendiese que el de mayo jerarquía lo igualase retrocediendo hasta colocarse en su posición, siendo que esa él a quien corresponde efectuar la trayectoria ascendente que lo lleve a igualarse con su superior.

La igualdad debe constituir el supremo anhelo del alma humana, la suprema aspiración;  mas, para que ello tenga toda   la fuerza necesaria a fin de encarnar un gran ideal, debe  entenderse que esa igualdad ha de  ser obtenida casi exclusivamente por el esfuerzo propio y representar. el objetivo esencial, ello es, igual el amplio sentido de la palabra.

La igualdad como forma jurídica de Derecho Universal tiene que existir y existe, adaptada a los medios de convivencia social en que se nuclean los diferentes tipos que integran la sociedad humana en los respectivos países; pero esa igualdad es más aparente  que real; establece un “modus vivendi” aceptado porque sí – y esto es paradójico – , por exigirlo las normas toleradas por la misma sociedad.

La prominencia en las posiciones políticas, sociales y  económicas establece de hecho privilegios que por  cierto no gozan  los que se hallan en posiciones inferiores. Por otra parte, las relaciones y vínculos de todo orden entre los seres permiten  también  ventajas que no obtiene el que está totalmente aislado de los demás. A pesar de esto, nadie podrá afirmar que exista alguien a  quien las leyes que rigen para  todos en una perfecta igualdad de rigor, le hayan negado la posibilidad de conquistar posiciones y gozar de idénticos privilegios.

En suma: la igualdad es una ley de orden universal que da al hombre la comprensión de lo que es, conforme al lugar o posición en que está situado. Según el decir bíblico, Dios hizo  al hombre a su imagen y semejanza; eso no quiere significar que le hizo igual a El, pero diole a entender que la igualdad era el camino que debía recorrer hasta alcanzar su imagen y semejanza.

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