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En pro de una Escuela de Educación y Cultura Política

Por Carlos Bernardo González Pecotche.

De su libro “Nueva Concepción Política” (1940)

Como ya ha podido apreciar el lector, no escribo por primera vez sobre estos temas que tanto apasionan a las gentes y mueven el espíritu de las masas de un extremo a otro de la opinión y del sentir.

Me ha preocupado siempre todo cuanto atañe a la vida del hombre, tanto en sus relaciones mutuas con su sentir y pensar como con el espíritu íntimo de la naturaleza que anima su existencia. Mi pensamiento no se ha circunscripto jamás a ningún sector de los que suelen ser preferidos por la inteligencia y a cuyo punto los hombres encauzan sus miras y concretan sus aspiraciones y actividades. De ahí que me interesara vivamente cada cosa que pudiera ser objeto de una observación especial, a fin de aportar, sólidamente afirmado sobre profundos conocimientos de la psicología humana, toda la luz necesaria, pensando que ella podría ser aprovechada con positivos beneficios por el entendimiento común, que tanto necesita ser auxiliado en la maduración de sus precarios juicios.

No debe, por tanto, sorprender a nadie que mi pluma exponga hoy mi concepción política y ofrezca mi concurso desinteresado e inspirado en el más sano patriotismo, al alma de un nuevo movimiento cívico que encarnando el sentir unánime del pueblo argentino, marche con paso firme y seguro hacia la conquista definitiva de los sagrados y supremos ideales de la patria.

Estas manifestaciones que hago con la más absoluta independencia mental, tendrán tal vez una acogida fría y escéptica en los políticos que actualmente descuellan en las filas partidarias y aun en el marco de la vida nacional; pero, también es posible que encuentren campo propicio en los ciudadanos conscientes, que aunque se hallen en altas posiciones no dejan por ello de buscar en medio de la opinión, nuevas voces de aliento, estímulos reconfortantes y palabras sabias que orienten sus espíritus en esas horas inciertas y temibles que aparecen en la historia de los pueblos y que, justamente, en estos momentos nos encontramos atravesando.

El mismo Sr. Presidente de la Nación lo ha dicho en su discurso – programa pronunciado en el Luna Park el 6 de julio de 1937-. “La política no debe ser acción de profesionales que dirijan la vida de los partidos hacia el logro de sus aspiraciones personales”. Y ha dicho más aún; ha expresado en el citado acto que “no es Posible, en la hora grave que vivimos, ser indiferentes a la función política”.

Esta función no es un monopolio del cual sólo han de participar unos cuantos centenares de elegidos. En su expresión más sobria y concordantes con el alma popular, ella debe ser el campo experimental donde el ciudadano pone a prueba sus aptitudes, capacidad y sinceras aspiraciones de ser un elemento eficiente y necesario en la función política de que habla el Primer Magistrado, para el mejor desempeño de todas las tareas que incumben al Estado.

Entre los cursos que forman el bagaje de enseñanza en las escuelas comunes o primarias, figura uno sobre Instrucción Cívica; pero éste no basta para formar la conciencia del ciudadano de mañana.

En noviembre del año 1935 publiqué un proyecto de Escuela de Educación y Cultura Política ([1]) que voy a permitirme insertar para mejor documentar mis preocupaciones en este género de actividades, de las cuales, como ya dije, me he mantenido al margen en el sentido de una actuación personal. Dice así:

“El problema político de los pueblos va tornándose cada vez más insondable a causa del relajamiento gradual que ha venido sufriendo la política. Es hora ya, de que los dirigentes de todas las grandes agrupaciones de esa índole, hagan un alto en su constante batallar por la conquista de posiciones públicas y se apresten, con serenidad y cordura, a hacer una revisión de sus valores, actos y palabras. Nadie ignora que existe un gran desequilibrio entre la masa política y sus dirigentes, pues la primera obedece, simplemente, a las sugestiones de estos últimos.

“Las deficiencias que adolecen los partidos políticos, van ahondando cada día más los resentimientos entre los partidarios de diversas tendencias y éstas son ya lo suficiente visibles a la opinión pública como para que el problema sea encarado decididamente, a fin de conjurar el mal en sus propias raíces.

“Se dirá: ¿En qué forma puede ser realizado ese milagro?

“Los problemas muchas veces dejan de resolverse, no porque sean difíciles o insolucionables, sino porque se carece del valor y grandeza de alma necesarios para encarar las soluciones que el mismo problema invita a adoptar a los hombres.

“Se han ensayado ya muchos sistemas, muchos métodos, e intentado infinidad de reformas que en el orden político pudieran redundar en un cambio favorable para los intereses partidarios; pero, los resultados han sido siempre los mismos, sin que se haya llegado hasta el presente a una conclusión práctica y digna de servir de ejemplo a los demás.

“Es necesario dar al pueblo bases para que no sucumba luego por la falta de recursos técnicos, en el laberinto de las circunstancias que surgen a raíz de sus actividades políticas internas.

“Los partidos políticos se forman unas veces en torno de personas que asumen la dirección de los mismos, y otras, por un movimiento de opinión que agrupa en el vórtice de las aspiraciones comunes, una gran cantidad de individuos aprestados a sostener decididamente sus postulados o ideales políticos.

“Los medios que utilizan los distintos partidos para conseguir prosélitos son harto conocidos y no vale la pena mencionarlos. Se ha visto cómo emerge de la incógnita masa una porción de seres que sin la debida ilustración, experiencia y cultura, son llevados por entusiasmos pasionales a ocupar altas posiciones públicas o representativas. De ahí que se relajen luego los resortes orgánicos que funcionan movidos por constituciones sanas y nobles.

“Esto acontece porque no se ha señalado a las agrupaciones políticas, una norma, una disciplina, una educación esencial para que sus componentes puedan llegar a ser aptos y eficientes colaboradores, cuando la oportunidad requiera de ellos una cooperación patriótica y digna en el seno del gobierno, del parlamento u otras posiciones públicas de estricta responsabilidad.

“Es hora ya de pensar en instituir en cada nación libre, que quiera llegar a altos designios, una Escuela de Educación y Cultura Política, abierta a todos los ciudadanos del país, sin excepción.

“A semejanza de las disciplinas universitarias, esa escuela podría tener un programa de estudios que abarcase hasta el bachillerato en ciencias políticas.

“Con seguridad que se cometerían así menos errores en la selección de los candidatos y se refrenarla un tanto la ambición que tiene la mayoría de los políticos, desde sus comienzos, de llegar a ser Presidente de la República o de ocupar altas posiciones con miras no siempre a la altura de la responsabilidad que tales cargos exigen.

“Establecido un vasto programa que comprendiese los conocimientos indispensables para investir de aptitudes inobjetables a los futuros políticos, la Nación contarla con hombres de carrera, quienes sabrían desempeñarse a entera satisfacción de su pueblo, con lo cual se evitaría el lamentable espectáculo que presenta el panorama político, no sólo en los momentos preelectorales sino y lo que es más sensible en las deficiencias que suelen observarse en las actitudes de los gobernantes, como tantas veces ocurre en la vida de los pueblos.

“Un programa bien definido que orientara en forma clara y precisa el desempeño de cualquier misión o cargo político, constituiría toda una solución al problema que se busca resolver por tantos medios.

“Podrían señalarse como base de la educación y cultura política, los siguientes cursos:

  • Enseñanzas elementales de política. Ética política.
  • Enseñanza parlamentaria. Enseñanza administrativa.
  • Historia política de los pueblos (métodos, reformas, resultados, cte.).
  • Política interna.
  • Política internacional. Urbanismo.
  • Oratoria y propaganda política. Actos electorales.
  • Materias diversas sobre competencia política, etc.

“El cuadro de profesores debería estar formado por políticos de sana reputación, cuyas tendencias fueran de mayor consideración, y de igual modo las mesas examinadoras, prohibiéndose toda referencia partidaria dentro del recinto de esa institución nacional.”

Desde luego, el proyecto expuesto no es más que una simple enumeración de puntos que podrían servir de base para un proyecto definitivo. Sólo he querido sugerir con el planeamiento enunciado, una conducta a seguir con descontadas probabilidades de éxito para el futuro político de la Nación.

Más que nada, la iniciativa tiende a desterrar de nuestras prácticas al comité como escuela política, pues nadie ignora que allí, en esos ambientes viciados por las pasiones, se forman la mayoría de nuestros hombres de Estado y funcionarios de gobierno, con la rémora del lastre caudillesco.

Pienso, decididamente, que es en la cátedra donde el político de buen cuño habrá de hacer obra fecunda, instruyendo a las juventudes más que con discursos fogosos, con aquella prédica sana que abre el alma del ciudadano e inflama sus sentimientos de fervor patriótico, puro y generoso.

Es ahí, en esa Escuela de Educación y Cultura Política, donde el instructor, aparte de guiar a los aspirantes hacia el buen sentido de las cosas que conciernen a la acción pública y privada de los hombres de nuestro pueblo, los llevaría a compenetrarse de los problemas que preocupan al país, estimulando el discernimiento a fin de que cada uno, por sus propios esfuerzos, alcance más tarde a colocar su grano de arena en la obra que cumplen las generaciones para el mayor engrandecimiento de la patria.

Se obligarla así a pensar a los hombres del mañana que aspirasen descollar con méritos en el escenario de la vida nacional, incitándolos al esfuerzo individual, a la iniciativa y producción en materia de perfeccionamiento y manejo prudente y honesto de la cosa pública.

Cuántos elementos valiosos podrían salir de esas aulas y cuántas soluciones se hallarían en ese laboratorio, en el cual la competencia y la selección, en pleno apogeo de una rivalidad moral, habrían de hacer florecer no pocas ideas verdaderamente luminosas en la mente de los que aspiraran a desempeñarse allí donde la Nación requiera sus servicios, que luego ha de premiar llevándolos a posiciones de mayor responsabilidad.

También seria un freno constante para la juventud que quisiese participar en las lides políticas, puesto que la comprensión y capacitación obtenidas por las disciplinas que regirían en esa Escuela de Educación y Cultura Política, predispondrían su espíritu a una mayor conciencia de las situaciones y no se dejaría arrastrar tan fácilmente por la seducción de las deslumbrantes perspectivas que cada posición partidaria presenta a los ojos de los que entran bajo la acción del proselitismo electoral.

El político debe ser, en la verdadera acepción de la palabra, según mi concepto, un hombre dinámico, de inteligencia lúcida, amigo de la investigación y del progreso, de un complejo psicológico resistente a todos los contrastes de la vida pública, principalmente en su acción de gobernante.

Del comité salen a menudo hombres inflados, abúlicos, codiciadores de cargos públicos con altas remuneraciones, pero sólo para mandar, pues les fastidia toda idea de trabajo. Su ocupación favorita ha sido siempre y seguirá siendo, la de charlar; “hacer política”, de lengua afuera; darse importancia con los de abajo y halagar el oído de los de arriba, salvo raras excepciones en que prevalece el espíritu de lucha, de organización, asistido por patrióticos anhelos.

Soy de opinión que la cultura cívica de nuestra Nación, debería alcanzar a los comités, transformándolos en centros respetables de reuniones partidarias, donde los ciudadanos que tomen contacto con sus correligionarios, no se sientan defraudados al advertir una apreciable contradicción entre los pulidos discursos de los candidatos y las toscas palabras y no menos deslucidos modales de los que allí concurren durante las campañas políticas.

Por lo general, los partidos han carecido de ideales fijos o, en el caso de haberlos tenido, éstos se esfumaron no bien triunfaron las fórmulas electorales. Durante más de veinticinco años he escuchado de labios de los más calificados políticos, casi idénticos proyectos y una singular coincidencia en sus pensamientos, expuestos, por lo general, en discursos de circunstancia más que en escritos que contuvieran el resultado de meditados y prolijos estudios sobre los problemas que afectan al país.

Los presidentes argentinos la historia lo testifica han hecho obra de gobierno acudiendo a sus inspiraciones íntimas y orientados por sus propias iniciativas, más que siguiendo rutas, ya que éstas brillaron por su ausencia en los estandartes partidarios.

Sin embargo, pese a todos los buenos propósitos de los gobernantes, pese al clamor público y a las erogaciones inmensas que significan para el país los puestos nacionales, los gobiernos no han podido quebrar esa resistencia, activa y pasiva a la vez, tenaz y abrumadora, que ofrece la demagogia, inseparable compañera de la burocracia.

¿Quién la fomenta? El mismo nombre lo dice: empleos públicos. He ahí el ideal único e insustituible detrás del cual han marchado hasta hoy las multitudes como rebaños al redil. ¿Qué ciudadano no se siente atraído y con derecho a ocupar esos puestos de pocas horas de trabajo y sueldos crecidos?

Cuando el Estado exija un mayor rendimiento a los empleados públicos, haciendo primar la competencia a la cuña política, se habrá dado un gran paso y más de una repartición se verá raleada de escribientes y mejor atendida por los que supieran entender sus obligaciones. Pero con harta frecuencia vemos que los jefes de grandes reparticiones, como los gobernadores de provincias, plagan de parientes el Presupuesto, y si algunos puestos les sobran, los reparten entre los caudillos que palanquearon sus candidaturas o les sirven de dóciles instrumentos para su manejos administrativos o políticos.

No hay duda que con mal disimulada sorna, dirán los aludidos que “la caridad empieza por casa”. olvidando que en este caso crean de hecho una situación incómoda y peligrosa a la moral pública e infligen un serio agravio a la economía o erario, ya que no tenemos aquí castas privilegiadas a quienes les esté concedido el derecho exclusivo de gozar y explotar el patrimonio nacional. Y si todo ciudadano tiene idénticos derechos, resulta que de tal postura deriva una disputa interminable, pues cada “mandón” que asume una jefatura de esa jerarquía, hace suya la máxima y manda a paseo a los familiares y favorecidos del que le precedió. Errores de nuestras prácticas políticas que ni las lecciones del pasado ni las experiencias del presente han logrado aún extirpar de raíz.

No se concibe, pues, en la Argentina por lo menos, que el proselitismo tenga algún éxito si no es en base a ofrecimientos, ventajas inmediatas, promesas que sugestionan; de ahí que entre los pliegues que dibuja la sonrisa irónica de los “generosos” distribuidores de puestos, se deje entrever a los votantes la perspectiva de acercarse al, “palenque” y beneficiarse con la influencia de los caudillos.

Ese apego febril de las masas ciudadanas, hasta cierto unto estimulado por los caudillos, a cifrar todas sus esperanzas en la Administración Nacional, de la que por años, a expensas de ella, hacen su modus vivendi perjudicando, indiscutiblemente, los intereses de la patria esa misma que a pleno pulmón y en ardiente prédica política declararon defender y engrandecer -, no existiría si los gobiernos se preocuparan de dar al ciudadano otra cultura, otra instrucción o preparación, la que haría de él un hombre a  o para desempeñarse en las múltiples labores que le ofrecen diferentes medios de ganarse honradamente el pan. ¿No es, acaso, una vergüenza que la mayoría de los comercios prefieran empleados extranjeros a los hijos del país? ¿Por qué el ciudadano argentino encuentra más difícil la vida que cualquier extranjero, gozando éste de prerrogativas que se le niegan a aquél? Es que al argentino le falta, en este caso, lo que, por lo general, le sobra al extranjero: capacidad y disciplina. En cambio, abundan en él la pretensión, la exigencia y la despreocupación por los intereses de la casa donde trabaja.

Un escaso porcentaje de jóvenes se inclina por el aprendizaje de oficios o especialización en las diversas ramas de la actividad común. Con excepción de los que siguen alguna carrera, los demás, mayoría siempre, abandonan sus estudios y si no tienen parientes o amigos influyentes que les aseguren un puesto dependiente del Presupuesto, comienzan su odisea en busca del mismo, llevando recomendaciones de un lado a otro, hasta que al fin, “si la buena estrella” no los abandona, encuentran alguna ubicación; de lo contrario, terminan por convencerse de que la vagancia es perjudicial para la salud y el porvenir.

Todo esto y cuanto al respecto vengo diciendo, evidencian la necesidad ineludible de crear una Escuela de Educación y Cultura Política, que, bien regida y con las exigencias del caso, prepararía el alma ciudadana creando aptitudes dignas y aspiraciones más justas sobre las cuales las juventudes habrían de labrar su porvenir y el de la patria. La burocracia y la demagogia recibirían un rudo golpe y la argentinidad, un enorme beneficio.


[1] Artículos y Publicaciones. (Recopilación) (1937)

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Problemas sociales

 Por Carlos Bernardo González Pecotche, revista “Logosofía” N° 13, enero de 1942

Uno de los problemas que más han preocupado y preocupan a gobiernos, estadistas y hombres de estudio, es el de la situación económica del empleado y del obrero.

El gobierno de nuestro país busca orientar la solución hacia el ahorro, y últimamente ha sancionado un proyecto de ley de préstamos a los empleados que atendieran una repartición del Banco de la Nación. Pero, aun cuando crin ello se creyese aliviar la creciente dificultad económica al trabajador de escritorio, de la industria y el comercio, fundando grandes instituciones destinadas a su estímulo, nada se logrará si el mal no trata de curarse eliminando las causas que lo provocan.

A nuestro juicio, el problema debe encararse desde el punto de vista de la administración individual de los haberes.

La mayoría gasta cuanto tiene y aun lo que no tiene, sin llevar el menor control de sus posibilidades ni de sus expendios. Esto ocurre porque de todo se enseña al hombre en su juventud, menos a saber administrarse a sí mismo. ¿Cómo puede, entonces, manejar inteligentemente su sueldo o jornal y cubrir honestamente sus necesidades sin tener que recurrir a medios que en vez de solucionar gravan más su situación?

El hombre apremiado por las deudas, difícilmente coordina su pensamiento sobre la base de un reajuste de su conducta o su manera de pensar. Generalmente confía en el azar o busca que otros le resuelvan sus necesidades.

Estimamos que deberían crearse cursos especiales destinados a proporcionar a la inteligencia del empleado u obrero las normas a seguir para organizar las economías domésticas. Nadie ignora que los salones de cine y teatro, los ambientes de diversiones, los clubs, los restaurantes y cafés, están siempre llenos de empleados y obreros.

Habría, pues, que enseñar con decidido empeño la forma de administrar los propios haberes. Los excesos son los que desequilibran el presupuesto.

A propósito, es bueno recordar lo que hemos observado en alguna gente trabajadora, del extranjero. Si el sueldo que recibe es, supongamos, de ciento sesenta pesos, indefectiblemente coloca sesenta en el Banco y vive con el resto, haciendo de cuenta que ése es su sueldo. Todo aumento de los haberes es para satisfacer sus necesidades, pero aquello que todos los meses destina previsoramente, es para ella algo sagrado y bajo ningún concepto modifica ese criterio, tanto que cuando se le oye hablar de sus entradas, manifiesta que son de cien pesos, por ejemplo, y no ciento sesenta. Luego de. un cierto tiempo la vemos dueña de un terreno, y más allá, edifica su casita.

En el obrero o empleado nacido en el país, sucede lo contrario. Si gana ciento sesenta pesos gasta sesenta más, pues jamás le alcanza para sus necesidades. Prueba evidente es ello, de que no sabe arreglar su situación económica conforme a sus posibilidades.

La estadística de quebrantos económicos de este tipo de trabajadores demuestra que la mayoría son consecuencia del abultamiento de gastos superfluos, y los menos,  por desgracias familiares.

Se ha de tener también presente, que siempre se ha creído que a medida que el jornal o el sueldo aumenta, el favorecido debe aparentar ante sus relaciones un género de vida más pomposo. Este es otro error que luego tiene que purgarse corrido por los apremios.

Conceptuamos, pues, que no existe el sentido de la verdadera ubicación en el criterio de cada uno; por lo tanto, pensamos cuán urgente es instruir al obrero y empleado sobre cómo puede y debe financiar sus recursos, a fin de que éstos le sean suficientes y aun excedan a sus necesidades.

De no llamarse a la realidad a quienes constantemente se quejan de sus salarios, continuarán produciéndose las inevitables exigencias y reclamaciones de aumento de jornal o sueldo, con sus posibles derivaciones en huelgas o malos cumplimientos.

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El problema social es la preocupación básica de la hora actual

Por Carlos Bernardo González Pecotche, revista “Logosofía” N° 53, mayo de 1945

Todo cuanto se escriba de ahora en adelante, tendrá inevitablemente que estar influenciado, directa o indirectamente, por los grandes acontecimientos que conmueven al mundo en la hora actual. Parecería como si esta guerra, que más que ninguna otra asoló a tantos pueblos y trastornó el orden y la economía mundial, hubiese dividido en dos la historia de la humanidad. Se dirá así que todo cuanto constituyó letra viva y ley para los hombres hasta el año en que comenzó el conflicto bélico, es algo que perteneció al pasado, a una época en que la vida se desenvolvía en una forma, si no real, por lo menos aparentemente armónica dentro del juego de las actividades humanas, y que la guerra, al conmover hasta los cimientos de la civilización y desorganizar en gran parte el orden existente, creó nuevas situaciones y nuevos problemas, que la postguerra deberá afrontar.

Uno de ellos, cuya importancia nadie desconoce, es el problema social, designación ésta que se aplica habitualmente para significar cuanto se relaciona con el obrero, y con especialísima preferencia en lo que atañe a la cuestión económica. Se entiende que al decir obrero está incluida la clase trabajadora y pobre.

Sabido es que tal preocupación ha existido hoy como ayer y existirá siempre, porque, pese a la buena voluntad de todos los que bregan por el bienestar de los obreros y de la clase pobre, y pese a las numerosas mejoras que se logran para ellos, hay algo que siempre queda sin solucionar; ese algo que a nuestro juicio es el gran obstáculo que se interpone para resolver el problema en su raíz: la indiferencia con que los que son ayuda dos reciben las mejoras que se les brinda. Consideran, casi podría decirse, sin excepción, que cuanto se hace en pro de sus condiciones de vida, de sus salarios, es una obligación, un deber de quienes se lo confieren. Y esta creencia tan arraigada en sus espíritus, por lo general de corto alcance, hace que subsista el problema sin que de su parte exista la menor preocupación por corresponder de alguna manera al bien recibido; y corresponder al bien recibido debiera significar para ellos un mejor comportamiento en la sociedad, y no como sucede a menudo, que cualquier mejora obtenida es considerada una conquista, error éste que los lleva a acentuar en su ya crónico disconformismo, un estado de rebeldía que luego, como se ha visto en otras épocas, cuesta mucho dominar.

Existe en todas las clases sociales, pudiente, media y obrera, un criterio totalmente antagónico acerca del llamado problema social y todos aquellos otros que afectan a la sociedad humana, siendo ésta la causa de que tales problemas queden siempre sin solucionar. Pensamos no equivocarnos si decimos que tal disparidad de criterio es asimismo lo que promueve las tantas desavenencias entre el capital y el trabajo (Ver “Logosofía” N° 23, “El capital no existe”).

Sería de todo punto necesario, pues, hacer llegar a la mente y al corazón de todos los obreros del mundo, que es deber de ellos acompañar en sus esfuerzos y preocupaciones a aquellos que luchan por el bienestar general, a aquellos que en todas las horas del día, en sus despachos y fuera de ellos, mantienen una constante atención sobre sus deberes y responsabilidades.

Esto representaría el logro de todo un desiderátum. Sería haber creado una nueva conciencia en las masas obreras, tendiente a hacerles compartir en lo que fuera posible, los desvelos, afanes y angustias por que tantas veces pasan quienes actúan en las directivas del comercio, de la industria y de toda otra actividad en que se plantea el problema de la conducción de los negocios a través de las múltiples fluctuaciones y embates de la marea económica colectiva.

Cada mejora social debe implicar para la clase obrera una mayor responsabilidad en el sentido de regular su vida conforme lo exijan las necesidades y perspectivas generales. Esto acontece, como es sabido, pero en muy pequeña proporción, en esos seres que dentro de sus ocupaciones diarias se interesan por superarse, haciéndose cada día más competentes en las funciones que desempeñan. Nadie puede negar que muchos obreros llegaron a escalar altas posiciones en su trabajo, pasando de simples obreros a capataces, de capataces a inspectores, luego a jefes de repartición, y por último a patrones, todo en mérito a sus esfuerzos y capacitación.

Obreros que así se distinguen, abren con su ejemplo el camino a los demás y muestran, a la vez, que ningún ser humano es impedido de mejorar su situación económica y social, si por su parte se hace acreedor a ello, consagrando sus horas en perfeccionar sus aptitudes para los trabajos que desempeña o aspira desempeñar. Estos son los que saben conservar por sus propios medios lo que fue el fruto de sus afanes y de sus previsiones. ¿Sucede acaso lo mismo, con aquellos que cumplida la hora de trabajo se despreocupan totalmente de todo deber para con la sociedad y para consigo? ¿Sucede acaso lo mismo, con aquellos que merced a la preocupación oficial o privada lograron tener más de lo que toman y luego nada hacen por conservar lo adquirido y por corresponder a ello con el esfuerzo personal que muestre signos cabales del mejoramiento propio?

Feliz será el día en que esto ocurra; en que las clases obreras puedan vivir una vida digna y holgada; pero, repetimos, esto nunca habrá de alcanzarse si en ellas no surge una amplia y verdadera comprensión de sus deberes y responsabilidades para con la sociedad, que, sin excepción, a todos incumbe. Debe existir una correspondencia mutua de preocupaciones y esfuerzos, naturalmente que en la medida de las posibilidades de cada uno. Ello habrá de ser la contribución más firme y eficaz que podría hacerse con miras a alcanzar nobles y justas soluciones, tendientes a resolver el problema social, que, hoy como ayer, constituye una de las más hondas preocupaciones en todos los países del mundo.

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Testimonio de una colaboradora de González Pecotche: Luz Elena Geis López

Nota de la Redacción: Luz Elena Geis López ingresó como estudiante de Logosofía muy temprano, en febrero de 1934, en los primeros años de la actividad logosófica en el Uruguay. Al comienzo de marzo de 1944 viajó a Buenos Aires para trabajar al lado de González Pecotche en labor de secretaría, experiencia excepcional que compartió con otros muchos estudiantes, asistiendo a la labor docente de Raumsol desde diversos ángulos de su intensa actividad. Muy pocos tuvieron esa oportunidad por tan largos y productivos años, que en el caso de Luz llegó a casi veinte años consecutivos. He aquí una breve semblanza del filósofo que nos ocupa y alguna de sus impresiones de esa labor sostenida en el tiempo por tantos años.

Recordando especiales vivencias

Conocí a un ser humano excepcional, dotado de las mejores y más bellas condiciones. Claro está que sin duda hubieron y habrá seres con las mismas posibilidades, pero a quien me estoy refiriendo es al filósofo, pensador y educador argentino Carlos Bernardo González Pecotche (Raumsol), quien a ello agrega su permanente preocupación de trabajar incansablemente por el bien de a la humanidad.

Para ello fundó en la ciudad de Córdoba, Argentina, el 11 de agosto de 1930, una Escuela de “adelanto mental”, llamada hoy “Fundación Logosófica, en pro de la superación humana”, donde cada individuo puede ser el forjador de su propio destino, experimentando la felicidad de sentirse capaz de modelar su propia vida conscientemente.

No solo fundó esa escuela de pensamiento, sino que la dirigió con suprema maestría hasta el 4 de abril de 1963 en que falleció. Tuve el privilegio de trabajar junto a él por largos años, casi veinte, hasta ese último día que cumplió, como siempre, su intensa actividad.

En todo ese tiempo de colaboración cercana, tanto mía como de muchos otros discípulos, pudimos comprobar su comunicativa forma de ser, mostrando que no gozaba de ningún privilegio, que, como a todos sus semejantes, se le presentaban dificultades y luchas que enfrentaba con gran entereza, constituyéndose en ejemplo de lo que enseñaba, que la adversidad debe encontrar a un valiente para vencerla.

Afable, bondadoso, correcto en su trato, con la mejor disposición de atender a quien se lo solicitara: discípulos, amigos, conocidos, o su propia familia (esposa, hijo, suegra, nieto, etc.), encontraban en él la palabra oportuna, siempre constructiva.

Como jefe de hogar mostraba su preocupación por el bienestar de los suyos. Su único hijo, que padecía su misma afección respiratoria que todos conocíamos, en muchas circunstancias requería su preferente atención, que como padre se la brindaba con acendrado amor, siempre acompañado con el esmero que su esposa, como madre amorosa, aportaba para aliviar la inquietud que les producía a los tres la amarga dolencia.

Su doctrina, de alta docencia, estimula en toda su amplia producción, tanto escrita como oral, a la superación individual a fin de que cada cual la asimile como motivo primordial del propio existir, lo que se va logrando mediante la sensatez con que se encara el cotidiano quehacer.

Me gusta recordar las horas, meses y años de intenso trabajo en un ambiente de plácida alegría, propicio para que ese trabajo se realizara en la mejor forma posible y sentir que aporté algo a la tan digna labor de proponer el mejoramiento del ser humano, única forma de alcanzar la tan ansiada paz para toda la Humanidad.

Luz Elena Geis Lopez –  Montevideo, 20 de octubre de 2010

Epílogo.

Al momento de esta publicación (enero de 2012), Luz vive en Montevideo y ya aproximándose a sus 100 años de edad, aún participa con entusiasmo, jovial alegría y plena lucidez, en los núcleos de estudio de la Fundación Logosófica del Uruguay.

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En Defensa de la Moral Social

Publicado por González Pecotche, en El Heraldo Raumsólico N° 42  (febrero de 1939)

Cuantos esfuerzos se hagan y cuanto se diga en defensa de los derechos humanos y la moral social será poco,  pues nadie ignora cuanto se ha resentido en nuestros tiempos el respeto común que fuera la piedra angular del edificio social.

Ello es debido a que muy pocos se toman el trabajo humanitario de defender la integridad del cuerpo cuando éste es atacado en cualquiera de sus partes. Es que para realizar tan valiente actitud se requiere autoridad, prestigio, méritos de indestructible esencia.

Existen, empero, muchos medios de defender la sociedad y no se irá muy lejos si se advierte que un gran paso se daría si los mismos que la componen fueran más humanos, vale decir, si hubiera tan sólo más piedad en las almas.

En efecto  la sociedad humana ha ido carcomiendo poco a poco durante siglos sus propios valores; diremos más, su propia naturaleza de entidad moral. De ahí ese caos, esa descomposición social que amenaza con destruir la civilización del presente. ¿Y todo ello porqué? ¿Cuál es la causa a la cuál pueda señalársele de autora de semejante infortunio público? No nos equivocaremos muy lejos si decimos claramente que a las injusticias que comete el hombre se deben las aflicciones que luego han de padecer unos y otros en el conjunto de las relaciones sociales.

La moral humana, es decir la del hombre, sufre hora tras hora el ultraje de sus semejantes. Parecería como si no pudiesen vivir sin calumniarse, sin difamarse los unos a los otros, o por lo menos admitir éstos de aquellos cuantas falsedades hagan circular las malas lenguas con la evidente mala intención de atentar contra la moral de su prójimo. Pero es el caso que nadie está exento de semejante agravio, y cuando menos lo piensa el que con sonrisa siniestra, menosprecia al injuriado creyendo con entera facilidad y hasta con hipócrita compasión los chismes del perverso, se ve de pronto frente a otros que sienten frente a él, idénticas sensaciones de “piedad”. Entonces vienen las sorpresas, las solícitas explicaciones, los asombros…

El cobarde huye siempre protegido por las sombras de su anonimato, pero salpicando por todos partes su repugnante baba, contagiando a los débiles que luego repiten sus infamias.

En todos las épocas operó como un cáncer de la sociedad, una secta, que a poco de comenzar sus actividades siniestras era descubierta por alguien que daba el toque de alarma y por más esfuerzos que hubiera hecho en ocultarse, acababan por ser conocidos todos esos individuos indeseables que la gente culta repudiaba por constituir un atentado contra las buenas costumbres y probidad de la familia humana.

Ésa secta, que al fin de cuentas es como una mafia con diversos barnices, se compuso siempre, como en nuestros días, de sujetos llamados fariseos. Los de hoy descienden de aquellos renegados que cometieron el crimen del Gólgota; los de ayer provenían de las primeros hundidas que tuvo la humanidad.

Usan falsos títulos de “doctores”, “ingenieros” y “arquitectos”. Su manera de obrar, la amenaza, la extorsión, la defraudación y cuanto delito puedan cometer a fin de satisfacer todas sus inconfesables bajezas, llegando a utilizar a sus propias mujeres para el logro de prebendas o sobornos degradantes a fin de salir impunemente de las redes de la justicia cuando son llevados a ésta por alguna de sus víctimas.

En los momentos actuales está ocurriendo algo de eso. Ya hemos dado a publicidad una serie de hechos que constituyen todo un peligro para la sociedad.

Observamos que al principio hubo mucha indiferencia. Se pensó que esa gente actuaba movida por algún interés mezquino y los hombres se encogieron como de costumbre, pero, los que con tanto ensañamiento pretendieron enlodar nombres honorables no era por simples causas de encono, sino porque la Obra que realiza la Escuela Raumsólica de Logosofía, empeñándose en dar  al hombre las defensas mentales que tanto necesita, les descubría sus estigmas vergonzosos y ese fue el origen de la campaña difamatoria que llevaron encarnizadamente contra la misma y su fundador con los tristes resultados para ellos, que hoy puede apreciar cualquier persona inteligente y sobre todo bien intencionada.

Si alguna satisfacción muy íntima hemos tenido de las innumerables que conquistamos en la lucha contra esos entes del mal, sobre toda en estos últimos meses,  fue la de estrechar tantas manos amigas y sinceras, y la de anotar como rasgos de alto significado, los generosos ofrecimientos que se hicieron y que la mayoría no se aceptaron pensando que ellos no serían ya necesarios para derrotar y aplastar definitivamente a quienes tan injusta como ignominiosamente las atacaron llegando hasta fraguar planes para consumar atentados incalificables.

Sean, pues, estas líneas el modo más elocuente que se le ocurre a nuestra pluma, fiel intérprete de nuestros pensamientos, para expresar a todos los que desinteresada y generosamente nos brindaron su colaboración y pusieron a nuestro alcance sus valiosos servicios y sus mejores empeños.

 

Fenómenos

A un Maestro un importuno le pedía
.. que le mostrase su sabiduría
con espectáculos “sobrenaturales”
¡A tantos les sacó de sus cabales
buscar esas groseras invenciones
que revelan las degeneraciones
en que cayeron sujetos ya famosos
buscadores de mediums y de histriones!
Preguntó el Maestro: ¿Estáis ansiosos
por ver un fenómeno, realmente?
Sí, contestó el curioso impertinente
y con él la divertida concurrencia
que quería gozar de la experiencia.
Le ordenó al personaje: Bien. Paraos.
Manteneos muy firme… Ahora quitaos
la corbata… el cuello.., la camisa…
y al revés que pongáis, ya se precisa,
los bolsillos de vuestros pantalones.
Paso a paso siguió las instrucciones
cumpliéndolas estrictas el cuitado.
Pensaba en su pedido, entusiasmado
por la magna visión que alcanzaría…
¡y en su afán por ver, ni ver podía
su ridícula y triste catadura,
fruto de pretensiones imprudentes!
Mostrando el personaje y la figura
en que quedó tras tanto prolegómeno,
el Maestro les dijo a los presentes:
Tenéis ante los ojos… El fenómeno
      * * * * * * * * * * * * * * *
El torpe aventurero que se lanza
En pos de una quimérica esperanza
Pierde de la razón el firme báculo
Y al querer estaturas que no alcanza
Se convierte a si mismo en espectáculo.

¿Por qué triunfa la Logosofía?

1) Porque en estos momentos de desorientación universal posee una  ruta definida e inconfundible; porque en esta época en que todo el mundo pregunta, ella responde.

2) Porque no exige creencias ni implanta dogmas; porque concilia la sagrada libertad de pensar con la imprescindible disciplina del conocimiento.

3) Porque reabre las perspectivas del espíritu y restaura su jerarquías, casi ahogadas bajo el peso de ideologías brutales e instintivas.

4) Porque dirige su enseñanza en derechura al proceso de la vida humano, sin generalizaciones, ambigüedades ni literatura; porque trabaja sobre la realidad humana y no sobre esquemas imaginativos o teóricos; porque trata la psique humanamente, tal cual es y no tal cual fue hace veinte siglos, o tal cual debiera ser o tal cual se cree que será dentro de muchas épocas.

5) Porque sólo puede aprenderse en forma experimental, a través de comprobaciones sucesivas, de manera que no deja lugar a las dudas, confusiones, titubeos, quimeras, y otros vástagos de la incertidumbre, que representan tan graves pérdidas de tiempo en  el común de las vidas humanas, cuando no la pérdida de la vida entera. –

(El Heraldo Raumsólico, 1939)

 

 

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González Pecotche Demócrata y Humanista

El creador de la Logosofía visto desde el ángulo de su concepción política y humanista

Por Dardo Víctor Cabiró – Montevideo 1999

(Impreso en talleres Multicolor Limitada – Noviembre de 1999)

Palabras liminares

El propósito de este trabajo es contribuir a la difusión del Pensamiento del filósofo americano González Pecotche, referido a su concepción política y humanística.

Teníamos “in mente” un esquema previo: el de estudiar por separado la condición de demócrata y la de humanista del citado pensador. Pero al ponernos a trabajar sobre el tema, muniéndonos del material logosófico que estuvo a nuestro alcance, vimos que ambas condiciones o facetas se presentan tan estrechamente unidas en González Pecotche, que nos resultó, a nosotros, imposible disociarlas.

Sin la preparación académica ni la especialización que reputamos necesaria para abordar el tema con la debida capacidad analítica, ante un pensamiento tan profundo y diverso como el de González Pecotche, estimamos sí que nos habilita a aproximarnos a él nuestra antigua e ininterrumpida vinculación, ya que Nueva Concepción Política, su obra del año 1940, llegó a nuestras manos cuando cursábamos el bachillerato, época en la cual nos incorporamos como miembro activo de la Obra Logosófica y en la que hoy permanecemos, continuando nuestros estudios logosóficos.

Digamos también que nuestra extensa actuación en Enseñanza Secundaria como profesor de Educación Cívica, nos ayudó a poder concretar este trabajo.

CAPITULO I

Concepción de la Democracia

1.-El régimen democrático
2.- Posición ante las izquierdas y derechas.
3.-Capital Cultural y Estado.
4.- Fuerzas poderosas luchan en el ambiente mental del mundo.
5.- El rumor público: función de la prensa.

1.- El régimen democrático.

Nueva Concepción Política es la obra que, publicada en el año 1940, don Carlos B. González Pecotche dedicó a los argentinos. Su contenido trasciende las fronteras de su patria y en ella encontramos conceptos de validez universal.

“La soberanía política sólo es posible cuando está basada sobre el imperio de las leyes, el respeto a la Constitución y la armonía de los intereses del Estado con los del pueblo.”

La libertad, “que sólo es posible dentro de la estructura democrática del Estado, no debe ser confundida con la licencia y el desquicio. Se impone una democracia política con contenido económico y social, cuya verdadera esencia está en la igualdad de oportunidades y en la supresión de los predominios de grupos; pero no una democracia blanda y vacilante que tolere en su seno los gérmenes disolventes de la demagogia y de la dictadura. No. Se hace toda una necesidad el propiciar una democracia en la cual se asegure, sobre la base del sufragio universal, secreto y obligatorio, la jerarquía por una correcta selección y se apoyen gobiernos que al representar auténticamente la soberanía popular, establezcan una inquebrantable y férrea garantía de paz, orden y progreso. Una democracia que no constituya un término medio entre los extremos de derecha e izquierda, sino una estructuración institucional cuya autoridad legal emanada de la soberanía del pueblo garantice el enérgico control de las actividades de la Nación. El imperio omnímodo, indiscutible y absoluto de la ley deberá regir tanto la actividad de los pueblos como la de los gobiernos surgidos de su seno.”

“Concibo una democracia enérgica y activa, capaz de llevar a cabo, sin las demoras que tanto perjudican, verdaderas obras de progreso, que corrijan los males y errores que carcomen la esencia de las instituciones convirtiéndolas en estériles armazones que luego no sirven, como debieran, para amparar los derechos e intereses de la población.

“Concibo una democracia superior en sus destinos, que estimule y aúne el esfuerzo de los ciudadanos por obtener la más alta expresión de la nacionalidad en el conjunto de los perfiles que se destaquen en los respectivos órdenes de las actividades humanas, en contraste, precisamente, con las democracias débiles, que aíslan a los sabios, dispersan el esfuerzo individual y son indiferentes a los adelantos e iniciativas de los que trabajan y luchan confundidos entre la multitud, por más que sus figuras estén por encima de la conciencia vulgar.”

“Concibo una democracia generosa y recta, que encuadre las perspectivas ciudadanas en un área de comprensión común, reprimiendo el abuso y el egoísmo mientras propicia toda labor constructiva que tienda al bien general, en especial las que con mayor relieve señalen los rasgos más prominentes de nuestra cultura nacional, como manifestación o muestra del espíritu que encarna una naciente civilización.”

“Concibo una democracia perfeccionada, que se mantenga fiel y firme en sus principios soberanos, que elimine la corrupción y el fraude y sostenga el imperio del derecho y la justicia.”

“Y, por último, concibo una democracia fuerte, que ordene la vida de la Nación bajo sabias normas; que conciliando la libertad y el derecho con los deberes y obligaciones del ciudadano, promueva en el espíritu popular sanas reacciones que coincidan con las directivas del gobierno, de modo que cuando éste haga un llamado a la opinión, encuentre siempre en ella apoyo y aprobación unánime.” [1]

Partiendo del concepto de soberanía política, asentada sobre la base del sufragio universal, secreto y obligatorio, debe dársele un contenido económico y social. Sostiene el principio de la igualdad de oportunidades y preconiza la supresión de los predominios de grupos.

La Democracia debe ser firme sostenedora del imperio del Derecho y la Justicia, a la vez que, paralelamente, debe eliminar la corrupción y el fraude.

La Democracia no tiene porqué ser un régimen débil, indeciso, infecundo; por el contrario, tiene que constituirse en un régimen enérgico y activo.

Por otra parte, vemos que quedan contemplados los tres aspectos de la Democracia: el político, el social y el económico.

En suma: registramos que los conceptos políticos de González Pecotche, vertidos en su ya citada obra del año 1940, mantienen rigurosa actualidad.

2.- Posición ante las izquierdas y derechas.

 Al asumir la Dirección de la Revista Logosofía, en enero de 1941, González Pecotche definió su posición en estos términos:

“…la Dirección de LOGOSOFIA declara su absoluta prescindencia de toda ideología política y social, como asimismo, que no está limitada por ningún dogmatismo y que mantendrá una equidistancia inalterable de las llamadas izquierdas o derechas.

“Su posición queda así plenamente definida, pues prefiere ocupar el centro y ser consciente de hallarse en el medio regulador que gradúa el equilibrio y hace posibles las relaciones pacíficas entre los hombres.

“Sentado lo que precede, la Dirección se ve en la necesidad de destacar que lo manifestado no quiere significar que se abstendrá de exponer su pensamiento crítico sobre todo aquello que merezca de un modo o de otro, su atención, ya que sus preferencias habrán de estar siempre condicionadas al objetivo expresado, en bien y utilidad exclusiva del semejante.” [2]

La claridad de la definición política e ideológica que antecede nos exime de todo comentario.

3.- Capital Cultural y Estado

En Nueva Concepción Política, González Pecotche afirma que:

“La existencia de los capitales privados hace posible a los pueblos ser libres e independientes, y constituye la base de toda sociedad bien organizada.”

Sostiene además, que las democracias podrán “existir mientras existan como símbolos del progreso, el capital y la cultura; es decir, mientras el Estado respete el capital público y privado y facilite su libre desenvolvimiento, y en igual forma cuanto respecta a la superación de los valores humanos en la más alta expresión de una verdadera cultura integral.” [3]

Queda bien patente, nos parece, el propósito humanista en el pensamiento político de González Pecotche, lo cual se concretará particularmente en el título “La evolución consciente de la humanidad debe ser el imperativo de la hora presente” y cuando nos refiramos específicamente al concepto logosófico sobre humanismo (Capítulo VI).

4.- Fuerzas poderosas luchan en el ambiente mental del mundo.

En 1943, González Pecotche escribió sobre las causas reales y esenciales que generan corrientes mentales extremistas.

Extraemos algunos conceptos:

“No podrá haber paz y concordia mientras no se reafirme definitivamente en el espíritu de los hombres, sean del país o de la raza que fueren, el principio fundamental de la libertad individual, que hace posible el mantenimiento de la dignidad humana y permite el libre desenvolvimiento de la inteligencia para los altos fines del progreso y la evolución de los pueblos.”

Advierte que el peligro contra ese principio fundamental, “está en que los pensamientos de absolutismo se manifiesten y cobren forma en la mente de los que circunstancialmente se hallen en el poder”, sea político, económico, religioso, etc., ya que en esas posiciones circunstanciales ocupadas por el hombre, “pueden ocurrir cambios de pensamiento que decididamente alteren las perspectivas de libertad individual que hasta el momento de reproducirse tales cambios se disfrutaba” (los destacados nos pertenecen).

En otra parte del mismo artículo, se expresa: “El imperialismo, el comunismo, el nazismo, el fascismo, la democracia, el socialismo, luchan denodadamente por conquistar en el ambiente mental del orbe un puesto prominente, y si a es­tas corrientes agregamos las luchas de razas, de religiones y en menor escala los enconos y los desafíos partidistas de cada po­blación, fácilmente se comprenderá que la congestión mental es de todo punto grave y difícil de conjurar.” [4]

Sentimos que el hombre del siglo XX, que ya fenece, y con más razón del siglo XXI, con el perfeccionamiento constante de los medios de comunicación y su extensión masiva, no puede permanecer indiferente ante esa “congestión mental” a que alude González Pecotche. Es muy fácil ser atrapado por la misma.

Respecto a tan delicadas cuestiones, no podemos omitir la mención al formidable aporte de la Concepción Logosófica, cuando refiere a las defensas mentales del hombre, que enseña a instituirlas en diversos campos y que sale al encuentro del estado de desamparo mental en que pueden encontrarse los seres humanos. [5]

(En el siguiente título, hacemos referencia a los procesos formativos de la opinión pública, de tanta incidencia en el normal funcionamiento de los regímenes democrático-republicanos).

5.- El rumor público: función de la prensa.

 “La opinión pública es, fuera de toda duda, el pensamiento de más rigurosa actualidad que agita y preocupa a la mente de los que habitan un país. Pero esa opinión, antes de ser pública es privada; es el criterio que cada uno elabora en relación a su capacidad. De ahí que al volcarse en la calle se complemente con la de los demás. Estas ideas se discuten y de ellas queda luego, como resultado, el sedimento útil y constructivo de una realidad que, como necesidad, es aceptable por la mayoría. Cuando las reacciones del entendimiento son muchas, al tamizarse el elemento en discusión, la idea es expulsada con desconformidad de la mente pública, o sea de todas las que expresan tal repulsión.”

“…Acontece así que el comentario público corre de un lugar a otro como una bola de nieve, tomando cada vez mayor volumen aquello que comenzó siendo una simple opinión. La gente común va tras el relato a media voz colmo las moscas tras el azúcar, salvo una leve diferencia: en la gente la curiosidad es insaciable…”

“¿Qué fuerza, pues, puede frenar esa corriente desbordante del comentario público, que tanto daña la tranquilidad espiritual de un pueblo?”

“La prensa, y sólo la prensa, es la que puede neutralizar esa licencia callejera; la que puede poner dique a ese desborde analizando con fría serenidad el asunto que dio pie al comentario y ofreciendo al público, que sabrá así a qué atenerse, su juicio bien madurado y bajo la garantía de su seriedad.”

“Se ha dicho, y con razón, que la prensa es una de las tribunas más dignas del pensamiento humano, porque es en esa tribuna donde pueden concurrir todas las ideas para su libre discusión. Ya se ha visto cómo en aquellos países que hicieron callar esa voz de la conciencia pública, brotaron y recrudecieron los males por todas partes. Parecería como si la libertad que se privó a aquéllos, se prodigó con la mayor liberalidad a las corrupciones de pensamiento, ya que éstos, sin temor de que fueran denunciados sus vicios, hacían a su antojo cuanto puede ocurrírsele a una mente en sus vehemencias y discrecionalidad.” – Marzo 1944 [6]

González Pecotche enaltece, en varias publicaciones, la función de la prensa, en cuanto formadora de la opinión pública.

Aquella vieja definición de los sistemas democráticos como gobiernos de opinión, pone de relieve la importancia de este tema. Parece apropiado recordar que hay que observar cuidadosamente los procesos formativos de la opinión pública en general y la opinión política específicamente.

Todo se desarrolla en el plano mental y es altamente conveniente que el pueblo sepa captar el origen y la finalidad de las corrientes mentales que surcan los ambientes nacionales e internacionales. Esto resulta vital, nos parece, para la buena salud democrática de una nación.

Reiteramos nuestra alusión al conocimiento logosófico sobre las defensas mentales en el hombre, conocimiento que impide que sea absorbido por la masa “que lo aglutina en exóticas ideologías o en la dialéctica fascinante de la demagogia”.

Cabe deducir de las palabras de nuestro pensador, que la ciudadanía debe equiparse –mentalmente hablando- de modo adecuado para ser consciente de esos procesos formativos de la opinión pública.


Adelanto de los próximos capítulos a publicar.

 Capítulo II – Los totalitarismos

1.- Los extremismos mentales.
2.- Democracia y extremismo.
3.- “La bondad de un régimen se prueba por la consistencia de sus principio”.
4.- El triunfo de la Democracia.

 

Capítulo III – Las libertades

1.- Libertad y libre albedrío. El totalitarismo.
2.- “No deben cercenarse derechos que son inalienables”.
3.-  La libertad.
4.- Paz, libertad y derechos humanos.

 

Capítulo IV – Concepción de lo social-económico

1.- “El capital no existe”.
2.- “Los peligros del estatismo”.
3.- Estatismo y liberalismo económico.
4.- “El capital en formación”.
5.- “El problema social es la preocupación básica de la hora actual”.
6.- “Evolución del concepto sobre los problemas sociales”.
7.- “El problema social y sus soluciones”.
8.-  Sobre industrias y comercios de tipo medio.
9.- Las demandas sociales.
10.- Aspectos de la educación del obrero.

 

Capítulo V – El ser individual y el ser colectivo

1.- Individuo y sociedad.
2.- El proceso de la postguerra. Individualismo y colectivismo.
3.- Una síntesis armónica entre individualismo y colectivismo.

 

Capitulo VI – La concepción humanista

1.- Bases nuevas para la reconstrucción de la sociedad.
2.- “Un nuevo orden para el mundo”.
3.- “La evolución consciente de la humanidad debe ser el imperativo de la hora presente.”
4.- “La iniciativa privada. Su contribución a la prosperidad de los pueblos.”
5.- “La guerra constituye para la humanidad una gran esperanza”.
6.- “Sugestiones para la futura organización del mundo”.
7.- “Comprensión básica de los problemas humanos”.
8.- “Horas de reflexión”.
9.- “Finalización de la 2da. Guerra Mundial.
10.- “El problema básico de los pueblos”.
11.- El concepto logosófico sobre humanismo.

 


[1] Estando agotada la obra Nueva Concepción Política, nos ha parecido conveniente tomar las referencias de la Colección de la Revista Logosofía (en adelante C.R.L.) tomo IV, pág. 222 y ss., en la cual se reproducen, entre otros, los fragmentos transcritos en el texto. Esto facilitará la consulta del lector interesado.

[2] Colección de la Revista Logosofía, tomo IV, pág. 228 – Revista Logosofía Nro. 1, pág. 4

[3] De CBGP, Nueva Concepción Política, Editorial Lytton, Buenos Aires, 1940, págs. 157 y 158

[4] C.R.L. pág tomo V, pág. 79 y 81 – Revista Logosofía Nº 33 pág 19

[5] De CBGP, Curso de Iniciación Logosófica, “Pronunciamiento logosófico sobre las defensas mentales del hombre”, 2da. reimpresión, Editora Logosófica, San Pablo (R.F.B.), 1978, pág. 57 y ss.

[6] C.R.L. tomo IV, págs. 205 y 206 – Revista Logosofía N º 39 Pág. 20

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Guía para la formación de Centros de Estudio y Filiales Logosóficas

Publicado por Carlos Bernardo González Pecotche en 1960 en forma de boletín para su difusión pública.

Propósito: Orientar la tarea inicial.  

 INDICE

I.  BASES PARA LA TAREA
II. PRIMERA ETAPA
III. SEGUNDA ETAPA
IV.TERCERA ETAPA
V. PRINCIPALES CONCLUSIONES
VI. CONCLUSIONES SOBRE LA TAREA
VII.  BASES PARA RESPONDER A POSIBLES PREGUNTAS DE LOS ESTUDIANTES
CONCEPTO SOBRE EL PODER DE ADAPTACIÓN

 

I.  BASES PARA LA TAREA

1. La formación de un centro de estudio o de una filial logosófica es una tarea delicada que debe cumplirse con gran responsabilidad. Varios son los factores que habrán de ser considerados con toda atención. Entre los principales mencionamos los siguientes:

a)  La persona que presida esta labor, al no poseer experiencia logosófica anterior, se verá obligada a experimentar lo que estudia a la par de los demás. Por tal causa adoptará una posición de discreción y prudencia frente a los participantes, a quienes señalará, por otra parte, que no deben tomar su palabra como la oficial de la Fundación Logosófica, reservada al creador de la ciencia.

b) Los integrantes tomarán contacto con un nuevo género de conocimientos, los que, debidamente tratados, se transformarán en fuente de trascendentales beneficios para sus cultores. Negar el acceso a ellos a quienes reuniendo condiciones básicas de cultura corriente estén en condiciones de asimilarlos, o motivar su alejamiento, entraña grave responsabilidad por todo lo que se negaría a esos seres, aspecto éste que se irá comprendiendo más ampliamente a medida que se avance en el proceso de evolución consciente.

c)  Las características psicológicas de los que integren el conjunto podrán ser variadas, como también los conocimientos de orden corriente que cada uno posea; sin embargo, el método logosófico ofrecerá a todos idénticas posibilidades, pero a condición de que quien esté al frente de la tarea respete esas características individuales y contribuya a generar un ambiente de tolerancia y respeto por la opinión ajena. Cuando los integrantes comprendan que nadie entre ellos es dueño de la verdad y que hay quienes vierten comprensiones que superan las propias y aún ayudan a rectificar un error o a completar un enfoque, aprenderán a escuchar con atención y paciencia; no interrumpirán la exposición en desarrollo, justamente porque existirá en ellos verdadero interés por escuchar el pensamiento completo, sin las mutilaciones provocadas por la impaciencia. Así, el estudiante mentalista podrá recoger elementos de valor del que es sensible, y viceversa, y ambos escucharán con respeto e interés y hablarán con el mismo derecho.

d)  Se recordará que Logosofía es ciencia y es culto al afecto, por lo cual todos los estudiantes brindarán de sí lo mejor para generar el clásico ambiente logosófico de franco y respetuoso compañerismo. La controversia, polémica o discusión deberán desterrarse, porque a menudo se tiende en ellas a restar mérito a la comprensión ajena en beneficio de la propia; además, suelen dar lugar a rozamientos u otras molestias del ánimo. En su lugar habrá diálogos amigables, que permitan extraer de cada reunión un resultado positivo, útil para el conjunto.

e) En la tarea de formación logosófica no habrá apresuramientos; todo requiere tiempo. Sin embargo, ello no inducirá a la indolencia, que tan a menudo se confunde con la paciencia. La paciencia será activa, es decir, se esperará pacientemente que se produzcan los resultados mientras se trabaja activamente para lograrlos. En relación con esto se considerará también la necesidad de asistir con regularidad a las reuniones que se realicen y de estudiar con continuidad, ya que la suspensión del esfuerzo antes que cristalicen los resultados impondrá luego la necesidad de recomenzar la tarea.

f)  Siendo la enseñanza logosófica absolutamente original, los estudiantes evitarán la pérdida de tiempo que significa buscarle puntos de semejanza o contacto con tal o cual ciencia, teoría o disciplina, lo que además servirá para crear confusiones y retardar el proceso de adquisición de los nuevos conocimientos. Dado el interés inicial con que se supone cada integrante concurrirá a las reuniones –interés que no puede ser otro que el de aprovechar en beneficio de su perfeccionamiento el conocimiento Logosófico–, lo sensato será dedicar el máximo de esfuerzo al estudio de Logosofía, postergando las confrontaciones para el momento en que su contacto permita formarse un juicio claro, sereno y meditado. Por otra parte, es lógico pensar que para comparar Logosofía con otras ciencias es necesario conocerla, lo cual se logra sólo a través del ejercicio de su propio y original método. Pese a lo manifestado, podrá ocurrir que los estudiantes formulen preguntas a la dirección del centro de estudio logosófico a que pertenecen respecto de la relación que pudiera haber entre los nuevos conocimientos y otros. Para satisfacerlas ofrecemos más adelante bases para las respuestas.

2. Formas de estudio logosófico

a)  El método logosófico establece claras normas para la asimilación del conocimiento trascendente, del cual es parte inseparable. Una de las claves que asegura dicha asimilación es la aplicación de la enseñanza a la vida individual. Para lograr esa aplicación es menester cumplir un proceso previo de interpretación a través del estudio meditado de la enseñanza, en lo cual juega papel muy importante la labor de conjunto.

b)  Propuesto el estudio de una enseñanza, cada integrante cumplirá la etapa de estudio en lo individual mediante la lectura reflexiva de la amplia bibliografía que Logosofía le ofrece. La consecuencia de ese esfuerzo será la interpretación de la enseñanza. Expondrá luego su trabajo en las reuniones, procediendo de la misma manera todos los participantes, con lo cual se logrará el intercambio de comprensiones en lo colectivo. La limitación de la propia interpretación se diluirá así en presencia de otras, más amplias o mejor enfocadas, surgiendo de ello la posibilidad de aprovechar el esfuerzo de los demás en propio beneficio, a la vez que de contribuir con el particular esfuerzo a la mayor capacitación de todos. Si en lugar del estudio conceptual de una enseñanza se tratase del intercambio de resultados obtenidos mediante su aplicación a la vida, los beneficios se ampliarán igualmente, porque cada estudiante es una entidad distinta y distintas son también las situaciones por que pasa y su actitud frente a ellas, lo cual brindará la prerrogativa de ampliar la experiencia personal con el variado aporte colectivo.

e) La bibliografía logosófica incluye múltiples enseñanzas sobre el valor del campo experimental, que es el mundo logosófico, los breves aspectos que sobre este tema hemos señalado deberán ser completados con el estudio de las enseñanzas que responden al mismo.

II. PRIMERA ETAPA

1.  Manifestamos anteriormente, que Logosofía presenta un nuevo género de conocimientos; esta afirmación será comprobada a corto plazo por el estudioso de esta nueva ciencia, pero le será preciso, mientras forja esa convicción, brindar a las enseñanzas el tratamiento que el método logosófico prescribe. A ello tiende esta primera parte del estudio, que abarca, en general, los aspectos que se indican como programa para la capacitación inicial.

2.  Cada tema motivo de investigación será estudiado, en primer lugar, para lograr la interpretación de su contenido. Lo que en tal sentido se alcance por el esfuerzo individual será completado posteriormente por el intercambio que se realice en la tarea de conjunto. Toda interpretación deberá tener por objeto llevar los elementos extraídos de la enseñanza a la vida individual, a la experiencia, a través de lo cual podrá medirse el acierto logrado tanto en la ejecución interpretativa como en el uso que se haga de la misma, y, en consecuencia, podrá apreciarse mejor el valor de la verdad logosófica con la que se ha tomado contacto directo, comprobar los beneficios provenientes de su aplicación o asociación a la vida, conocer los inconvenientes que habrán de ser superados en lo sucesivo, etc. El estudio de esta vivencia hará que la interpretación deje de ser una teorización para pasar a ser una comprensión que se apoya en la vivido por el estudiante. La reiteración de una buena labor irá ampliando las comprensiones, ligando unas con otras y brindando al ser la fuerza que surge de la posesión gradual de lo que será ya un conocimiento.

3. El estudio logosófico se caracteriza por ser extensivo, pues es particularidad de nuestro método no dar por terminado el estudio de una enseñanza por satisfactorios que hayan sido los resultados obtenidos tras los primeros esfuerzos. La experimentación en esta clase de conocimientos va brindando al entendimiento una nueva y más amplia capacidad para alcanzar regiones del pensamiento antes vedadas, tras lo cual se comprueba que al volver sobre una enseñanza ya estudiada, cuyo contenido se pensó haber agotado, surgen de la misma otras posibilidades y se observan en ella nuevos aspectos. Por eso hemos afirmado muchas veces que la enseñanza logosófica es una fuente inagotable de conocimientos.

4. Programa para la primera etapa

a)  Logosofía; nuevo mensaje que trae al hombre y a la humanidad. Sus objetivos.

b)  Enseñanzas que representan a la nueva ciencia. Requisitos para su asimilación. Ambiente mental a crearles. Tiempo que se dedicará a su estudio. Conveniencia de no teorizar. Labor de estudio en lo individual; intercambio de interpretaciones en lo colectivo. Resistencias mentales que deben evitarse.

c) Proceso de evolución consciente. Proceso de superación individual. Cambios a propiciar. Resistencia a los cambios. Constancias de avances logrados. Propósitos de superación a forjar.

5. Esta primera etapa es preparatoria y los temas apuntados constituyen la base sobre la que se apoyarán los esfuerzos posteriores. Después de desarrollar un número de reuniones suficiente para lograr un trabajo de interpretación adecuado –lo que se hará con el constante auxilio de la bibliografía logosófica–, se estará en condiciones de iniciar la segunda etapa. Se recordará que el hecho de que no insistamos en el dominio profundo de los temas no significa que baste el estudio superficial de las enseñanzas; se volverá luego sobre ellos, pero ya con bases experimentales, con comprobaciones, para entender mejor y más ampliamente su significado.

III. SEGUNDA ETAPA

1. Experimentar lo que se estudia.

2. En esta segunda etapa ya será tiempo de actuar sobre los integrantes haciéndoles notar la necesidad de que el afecto y el respeto se manifiesten. El afecto deberá expresarse con naturalidad y traducirse en sinceridad y en amplitud para dar y recibir. El respeto se genera sobre la base del ideal de superación. El esfuerzo que cada uno haga por llevar adelante ese ideal será honesto y sincero. Si alguien faltase a esa regla estaría revelando una deficiencia; deberá sin embargo ser comprendido y ayudado en su lucha contra ella, a la vez que se le estará agradecido por haber ahorrado a los demás el caer en similar actitud. Poco a poco se verá surgir poderoso el ambiente logosófico con sus características inconfundibles, y podrán observarse los progresos que cada una vaya evidenciando en la superación de las primeras dificultades.

3. La vinculación de las enseñanzas con la vida es un aspecto destacado del método logosófico y una de las claves de la evolución consciente. De las enseñanzas expuestas con profusión en los libros logosóficos puede lograrse lo que hemos llamado interpretación mental. Si el estudiante no pasara de allí estaría teorizando. Ahora bien, lo imprescindible es comprobar la verdad que ofrece la enseñanza y asimilar esa verdad, gradualmente; ello se logra experimentando lo que se estudia.

Al hablar de experiencias hemos de señalar que existen dos posibilidades generales: experimentar en uno mismo y en los demás. Ambas son valiosas, pero dado que el conocimiento logosófico tiende a que el ser se conozca a sí mismo, la experiencia sobre el propio ser debe ser el norte, sirviendo la otra de complemento y de punto de referencia.

4.  Programa para la segunda etapa

En toda vivencia (acto vivido) juegan papel preponderante los pensamientos, o, más ampliamente, el sistema mental; corresponde, pues, a esta segunda etapa el estudio de las enseñanzas sobre el sistema mental y los pensamientos, a fin de contar con puntos de referencia para observar y analizar la vivencia. Dado que se encara este estudio por primera vez, se retendrá solamente lo fundamental de esas enseñanzas, en la seguridad de que lo que se vaya viviendo y experimentando habrá de ampliar el caudal retenido y comprendido.

5. Cumplido el paso anterior, los participantes estarán en condiciones de iniciar sus primeras observaciones internas, para lo cual se preparará la experimentación de los estudios. Para el caso será conveniente seleccionar una enseñanza de fácil interpretación y amplia vigencia en la vida, a fin de que el conjunto pueda realizar un eficiente trabajo. Como ejemplo se sugiere la enseñanza referida al poder de adaptación, tratada en “introducción al conocimiento logosófico”. Hallándose agotado. este libro, transcribimos al final de esta guía algunos párrafos que desarrollan ese punto.

6. Preparación para la experiencia

a)   Esta enseñanza descubre una realidad desconocida para el hombre en sus profundos aspectos; puede discutírsela y negársela sin que por ello varíe un ápice su contenido de verdad; lo sensato es comprenderla y así lo aconseja el método logosófico.

b) Después de una lectura cuidadosa, tratará el estudiante de interpretar su significado, de captar su contenido, de recibir su mensaje. Su esfuerzo, sumado al de los demás participantes en el intercambio que efectúen, le dará una interpretación suficientemente amplia de ella que incluirá un análisis de cuáles son las situaciones que el hombre se ve obligado a enfrentar en la vida, a las que debe adaptarse. Este trabajo podrá cumplirse en una o dos reuniones.

c) La conclusión primordial a que habrá de arribarse es la siguiente: El hombre es un ser ampliamente habilitado para adaptarse por deliberación propia a cualquier situación que se le presente; si no lo logra es porqué sus pensamientos se lo impiden negándole el uso de la razón que debiera asistirlo. El poder de adaptación es algo que el hombre puede adquirir si aprende a manejar los elementos que intervienen en cada situación, especialmente los internos; ese poder se manifiesta como una fuerza interior cuando la adaptación que se procura busca la superación del individuo y no una simple conformidad. Tal conclusión bastará en los comienzos.

d) El centro o la filial en formación deberá ahora internarse en el campo experimental que la vida ofrece al hombre y Logosofía le descubre, para poner en práctica los conocimientos adquiridos. Será imprescindible que cada estudiante permanezca atento a las situaciones que desde ese momento se le presenten, para observar lo que ocurre en su propio ser. La observación deberá ser prolija, atenta, y de no ser posible llevarla a cabo en el instante mismo de manifestarse la rebeldía o resistencia a la nueva situación, se la hará posteriormente, tratando de reconstruir mentalmente el pasaje vivido y sacando conclusiones para conducirse como convenga en otra circunstancia.

e) Expondremos seguidamente un ejemplo de la conducta habitual en los casos que se relacionan con la enseñanza en estudio, y, a continuación, la forma de contrarrestar esa conducta: Si el jefe de la oficina donde trabajamos imparte una disposición que no es de nuestro agrado, en el mismo instante de conocerla es muy probable que se rebelen los elementos de nuestra mente (pensamientos) y se posesionen de nuestra razón, a partir de ese momento quedaremos indefensos contra su acción perturbadora y manifestaremos nuestro desagrado de hecho o de palabra, cumpliendo a desgano lo ordenado, soportando como una carga la tarea que haya que cumplir y hasta ganándonos una reprimenda; en definitiva, un día de disgusto, una pesadumbre que muy probablemente llevaremos al hogar y que tendrán que compartir nuestros seres queridos. En cambio, los recursos que el estudio logosófico ha incorporado a nuestra mente han de permitirnos esta otra actitud: Conocida la disposición tomada por nuestro jefe, es igualmente posible que se rebelen en nosotros los mismos elementos negativos que en el caso anterior, pero en ese preciso momento, porque estamos atentos a su acción, además de conocer conceptualmente su influencia nociva, decidimos no dejarlos actuar e impedimos que se posesionen de nuestra razón. Esta quedará libre para intervenir y podremos con serenidad analizar los hechos; comprenderemos entonces que lo sensato es ver si esa disposición es correcta en sí misma aunque no nos agrade. Si no lo es, acudiremos a quien la impartió para señalarle nuestro pensar con todo el tacto de que seamos capaces; si lo es, nos dispondremos a cumplirla con eficiencia; de otra manera perderemos el derecho de juzgar sus resultados, ya que éstos se hallarían afectados por la especie de sabotaje que les hemos impuesto. Los elementos negativos cederán al influjo de estas reflexiones y recobraremos la serenidad, pero no olvidemos que volverán una y más veces a la carga, tratando de sorprender el descuido de nuestra atención, por lo que ésta debe permanecer en guardia hasta que cese totalmente la lucha. Este esfuerzo se hará con placer, teniendo en cuenta que es una de las claves de la superación individual; al final quedará un caudal de interesantes observaciones que cada participante estudiará para extraer las conclusiones adecuadas.

f)  Inicialmente deben preferirse situaciones simples, circunstanciales, por ser de más fácil observación, postergando las más complejas para cuando se posea mayor capacidad. Esta es la razón por la cual no hemos tratado aquí otros aspectos que pueden derivarse del ejemplo citado.

IV.TERCERA ETAPA

1. Estudiar lo que se experimenta

2. El término de una semana podrá ser período suficiente para observar vivencias en las que haya tenido vigencia la enseñanza elegida. Toca ahora estudiar lo que se experimentó y concretar los resultados. El estudio se iniciará sobre lo individual porque allí está el campo más inmediato para las observaciones y el primero sobre el que se debe trabajar. Se trata de comprender lo vivido: causas que motivaron el hecho o episodio, efectos provenientes de esas causas, inconvenientes, disposiciones naturales en favor o en contra de los propósitos, etc.

3. Las vivencias que aporten los estudiantes se referirán a aspectos variados de la vida, ya que variadas son las situaciones por que atraviesan. Las habrá vinculadas con la vida de hogar (dificultades económicas, de comodidad, desentendimientos); con las ocupaciones diarias (problemas del trabajo, disposiciones que no agradan, carencia de aptitudes); con la vida de relación, etc. Esto muestra ya cómo la propia experiencia habrá de beneficiarse con la de los que participen en el intercambio, ahorrando a todos actuaciones inconvenientes por conocer de antemano cómo evitarlas.

4.  Reunidos los estudiantes, cada uno irá relatando lo que le ha ocurrido en el curso de los días anteriores, presentando especialmente las observaciones hechas sobre sus pensamientos, la lucha que hubieron de sostener, los pensamientos que los ayudaron en la emergencia, los que la hicieron difícil y el resultado final de sus respectivas vivencias. En unos casos la situación habrá culminado con el triunfo de la razón, pudiéndose comprobar entonces sus ventajas y el estímulo que resulta de saberse capaz de manejar en cierta medida los recursos logosóficos; en otros, habrán triunfado los pensamientos negativos, pero eso no indicará el fracaso del estudiante, siempre que lo vivido enriquezca el caudal de sus observaciones y le disponga mejor para enfrentar situaciones futuras. Repetimos, no podrá hablarse en este caso de fracaso del estudiante, sino de actuación desafortunada del mismo, exitosa en el fondo, por cuanto éste habrá logrado sorprender dentro de sí, en plena actuación, a esas entidades animadas y autónomas que Logosofía le enseña a conocer y que son sus pensamientos. Es en cambio desfavorable y poco edificante para el estudiante, el no extraer consecuencia alguna de las cosas que le acontecen, y procurará cuanto antes salir de esa situación. Para terminar agregaremos que las observaciones que provengan de estas primeras vivencias irán configurando los esbozos iniciales del conocimiento de sí mismo.

5. La parte ponderable de las experiencias que vive el estudiante son las conclusiones que alcanza, y éstas han de estar siempre ligadas a algún aspecto del conocimiento logosófico. Para extraer tales conclusiones se necesitará hacer un verdadero estudio de los factores que intervinieron en la vivencia, estudio en el que será guía inapreciable la enseñanza, que, leída nuevamente, ahora a la luz de la experiencia, ayudará a desentrañar en mayor medida su significado. Por de pronto se hará una reconstrucción de la misma, ayudándose con algunas notas que sugerimos tomar sin demora después del episodio vivido; se analizará luego qué papel jugaron los pensamientos, cómo aparecieron en el escenario mental, quién los convocó a actuar, qué actitud sugerían, cuáles fueron las consecuencias del comportamiento adoptado, qué grado de resistencia se les opuso, y así siguiendo; se verá asimismo cómo se desarrolló la lucha mental, cuáles fueron los bandos en pugna, cuál el resultado. Recomendamos, no dejar a un lado la enseñanza en estudio que trata sobre el poder de adaptación y sugerimos hacer sobre la misma estas reflexiones: qué ocurría antes en iguales circunstancias; qué factores perturbadores de la adaptación se identifican ahora; qué enseñanzas han permitido conocerlos; qué efectos tuvieron éstas; qué consecuencias se obtienen aplicándolas a la vida, etc.

V. PRINCIPALES CONCLUSIONES

Cuando el estudiante cumpla la tarea de extraer conclusiones de su experiencia, comprobará que es inagotable la posibilidad que en tal sentido brinda una sola de ellas en virtud de la riqueza de enfoques que permite hacer el conocimiento logosófico. Como simple muestra de esa posibilidad y lejos de haber sido agotadas, señalamos a continuación algunas conclusiones aptas para ser obtenidas de una experiencia (vivencia estudiada) del tipo tomado como ejemplo.

1. Referidas a los pensamientos

a) Su carácter de entidades autónomas y animadas, con gran injerencia en la vida y al margen de la voluntad del ser.
b)  La resistencia que ejercen cuando se trata de controlarlos, debido a la libertad de que han gozado.
c)  Los múltiples disfraces que adoptan para engañar al incauto; argucias y argumentos falaces que emplean.
d)  Qué sería la vida del hombre si lograra pleno dominio sobre ellos.
e)  Trascendencia del pronunciamiento logosófico sobre los pensamientos y su importancia en la vida del hombre. Esta conclusión, en particular, deberá ser refirmada paulatinamente por observación reiterada de la naturaleza de los pensamientos.

2. Referidas al sistema mental

a)   Grado de conocimiento que la humanidad tiene de él.
b)  Estado actual de disciplina que acusa.
c)  Posibilidad que le asiste de gobernar la vida del hombre.
d)  Conveniencia y posibilidad de poner la mente al servicio del perfeccionamiento individual.
e) Función de la facultad de observar y valor de la observación orientada hacia la propia superación.
f) Importancia que adquiere la propia razón y necesidad de acumular conocimientos para que pueda cumplir su función con plenitud.
g) Necesidad de controlar los juicios de la razón en tanto no se basen en conocimientos reales, trascendentes; caudal de estos conocimientos de que dispone actualmente la humanidad.

3. Referentes a Logosofía

a) Sentido de la afirmación hecha en “Logosofía, Ciencia y Método”, pág. 16, párr. 1 y siguientes, de que “Logosofía parte de la verdad”.
b) Valor de las enseñanzas logosóficas para superar lo que el ser es.
c) Importancia del método logosófico para evolucionar conscientemente; paulatina interpretación de lo que es en sí ese método.
4. Referentes al estudio en conjunto
a) Valor de la colaboración en la experimentación de lo que se estudia y el estudio de lo que se experimenta.
b) Generosidad en el intercambio de comprensiones y experiencias.
c) Consideraciones sobre el afecto y el respeto que se generan como consecuencia del fortalecimiento de las convicciones sobre la superación individual.
d) Importancia de no discutir y sí intercambiar.
e) Estímulos que resultan de la labor cumplida.

5.   Aspectos varios

a)  Refirmación de los propósitos de superación.
b)     Cómo logra Logosofía sus objetivos.
c)      Valor de la experiencia para la superación individual.
d)     Conocimiento positivo logrado de sí mismo.
e) Comprobación sobre propias deficiencias psicológicas, como primera evidencia de su existencia.
f) Resistencia a los cambios internos; necesidad de eliminarla.

VI. CONCLUSIONES SOBRE LA TAREA

1.   La labor del estudiante de Logosofía es investigar sin apremios la verdad; por ello no pueden tener cabida en él la impaciencia y el apuro([1]). De la misma manera, quien se dedica al estudio de Logosofía debe hacerlo con la firme disposición de no dejarse perturbar en sus propósitos. Aquí pueden ser un gran inconveniente las dudas que la propia mente plantea a veces al estudiante y que éste manifiesta en forma de preguntas que traducen desconfianza, escepticismo, prejuicios, etc. Tales dudas son “piedras” que estorban la marcha por el camino del perfeccionamiento y hasta pueden detenerla.

La actitud inteligente, logosófica, es dejarlas a un lado; postergarlas hasta poseer más elementos de juicio, elementos que justamente no pueden alcanzarse si el estudiante se empeña en resolver lo que aún no está en condiciones de lograr. Más tarde, cumplido el proceso correspondiente, éste comprobará con alegría que él mismo ha hallado la solución que antes buscó fuera de sí mismo. Lo expresado no significa en modo alguno negar al estudiante libertad para formular todos aquellos interrogantes que evidencien la noble necesidad de orientación, de ayuda para salir de un estado de vacilación, de incomprensión, de desánimo, etc. Por último, recomendamos tener siempre presente que toda duda será bien resuelta con el auxilio de las enseñanzas si el esfuerzo es presidido permanentemente por el pensamiento de superación, el cual deberá merecer lugar preponderante en la mente del estudiante, quien no escatimará esfuerzos por fortificarlo y defenderlo ([2]).

2.  La tarea logosófica, que es un elevado y provechoso quehacer, lleva al hombre a pensar en los aspectos fundamentales de su existencia, devolviendo a la facultad de pensar la función que nunca debió perder. De la misma manera actúa sobre las facultades de razonar y observar, que, con la anteriormente mencionada, forman la trilogía básica sobre la que se promoverá la activación mental que exige la evolución consciente. El esfuerzo mental que implica experimentar lo que se estudia y estudiar lo que se experimenta obligará –según las normas del método logosófico– a usar conscientemente las facultades de pensar, observar y razonar, significando esto que todo lo que en adelante se observe, piense y razone tendrá que ser de utilidad para el propio proceso de evolución consciente. Es decir, no observar, no pensar, no razonar circunstancialmente, en forma intrascendente, sino acostumbrarse a observar, razonar y pensar en forma de que cada acto en el que intervienen esas facultades permita recoger elementos de valor, elementos que favorezcan la comprensión del conocimiento logosófico y faciliten la aplicación de ellos a los fines del desarrollo mental, psicológico y espiritual comprendidos en el proceso de evolución consciente.

3. Las conclusiones que incluimos como orientación y ejemplo no podrán lógicamente ser extraídas desde los comienzos del trabajo. Es un método nuevo y original el que se está tratando de emplear y su dominio se logrará paso a paso. Esto significa que no deberá aspirarse a ello en el primer momento, lo que no impedirá ejercitar el esfuerzo hasta el límite que señala la Propia capacidad, en la seguridad de que por ese camino se ampliarán progresivamente las posibilidades, cosa que ha sucedido ya en repetidas ocasiones ampliamente comprobadas en todos los centros de investigación logosóficos. La tarea demanda tiempo y paciencia, pero el objetivo que se anhela justifica la realización del esfuerzo, lo cual se hará sin apremios, ya que debe ser tarea para toda la vida, especialmente si el estudiante está animado por un real anhelo de trascender las limitaciones que envuelven su vida.

En el presente trabajo, cuya finalidad ha sido orientar la tarea de formación de los nuevos centros de estudio y filiales logosóficas, hemos trazado en síntesis las etapas más importantes a cumplir. Quedan sin mencionar muchos otros aspectos, que no hemos considerado necesario citar por cuanto están tratados en innumerables enseñanzas logosóficas y serán bien interpretados a poco que se apliquen estas instrucciones. Finalmente, cualquiera sea la dificultad que se presente, siempre el estudiante será asistido por el creador de la ciencia, a  quien sus discípulos llaman Maestro porque enseña conocimientos trascendentes para la vida del ser humano. Su paternal asistencia directa hace que el estudiante se vincule a él mental y sensiblemente, generándose un vínculo de gratitud y correspondencia por el bien recibido, lazo de unión que exige ineludiblemente que el discípulo haga partícipe a otros de los beneficios que disfruta, con lo cual colabora efectivamente en la obra de superación humana que realiza desde hace treinta años la Fundación Logosófica.

 

VII.  BASES PARA RESPONDER A POSIBLES PREGUNTAS DE LOS ESTUDIANTES

    Es normal que quien inicia los estudios logosóficos se formule una serie de preguntas, cuyo origen es variado. En primer lugar surgen aquellas que se originan en dificultades de comprensión ante los nuevos conocimientos con los que se va tomando contacto; estos interrogantes, que pueden considerarse legítimos, se resuelven naturalmente durante los estudios, por lo que la posición sensata del estudiante es hacer el mayor esfuerzo de interpretación, dentro de los límites de su capacidad, y proseguir los estudios; si el interrogante fuera de naturaleza tal que no permitiese seguir el estudio hasta ser dilucidado, cabe elevar la consulta a quienes están en condiciones de responderlo.

En segundo lugar se presentan las preguntas que tienen origen en una simple curiosidad: Se comprenderá que éstas no deben de ninguna manera detener el curso de los estudios, en la seguridad de que oportunamente y por gravitación de los conocimientos que el estudiante va acumulando se contestan ampliamente. En tercer lugar están las preguntas que se originan en escepticismo y desconfianza ante los enunciados que Logosofía hace; tampoco debieran ser motivos de demora en los estudios, pero el estado mental del estudiante puede no permitirle comprender que así debe ser, por lo que tiende a detenerse, buscando comparaciones o similitudes que nada hacen en bien de la capacitación que anhela. Las bases que se agregan son para dar respuesta a estas preguntas, a fin de que el estudiante cuente con elementos que le permitan superar la etapa de duda.

Cualquiera sea el origen de la pregunta, la bibliografía logosófica brinda variados elementos para ayudar a responder a quien asuma la responsabilidad de orientar los estudios.

1.      Pregunta: Sobre la originalidad de Logosofía, la fuente de donde se han extraído, los conocimientos que brinda, el autor, etc.

 Bases para la respuesta: El autor ha extraído los conocimientos logosóficos de la Creación misma, sin seguir huellas de nadie; sus concepciones son, por lo mismo, totalmente originales, como lo es la naturaleza de los conocimientos revelados por él. Siendo muy joven se encontró dueño de conocimientos que la humanidad no poseía, por lo que estructuró un plan para hacerlos llegar a todos los seres humanos, plan que se viene cumpliendo paso a paso desde hace más de treinta años; las razones que posibilitaron lo anterior las hallará el estudiante expuestas en la obra “La herencia de sí mismo” ([3]).

2.      Pregunta: Relación entre Logosofía y otras doctrinas que se refieren a la mente y los pensamientos.

 Bases para la respuesta: Logosofía no presenta sus conocimientos de la mente y los pensamientos en forma aislada, sino como, parte de su concepción; el estudio aislado de los mismos no conduce a la superación integral porque no propicia la evolución consciente del ser. Por otra parte, el método experimental para asimilarlos a la vida es único de Logosofía y el carácter consciente de esa asimilación habilita al ser para ayudar a otros en la misma realización, lo que unido a la trascendencia de los beneficios que ello representa para el hombre, coloca al estudiante de Logosofía ante la posibilidad de hacer el bien, de acuerdo con las Leyes Universales que Logosofía le descubre y enseña a conocer, aspectos éstos que se irán comprendiendo a medida que se avance en el proceso de evolución consciente.

3.      Pregunta: Relación entre Logosofía y las filosofías.

Bases para la respuesta: Las diferencias son profundas e insalvables:

a)   El conocimiento filosófico busca la verdad y la busca fuera del hombre; Logosofía parte de la verdad y lleva al hombre a descubrirla en sí mismo, en su ser interno.
b)   El conocimiento filosófico es intelectual y, por ende, externo al hombre; el conocimiento logosófico es experimental, con claros objetivos en cuanto a la superación humana y en relación con lo interno del ser.
c)   Filosofía es el conocimiento de teorías, doctrinas, conceptos, en contraposición unos con otros; Logosofía es conocimiento de vivencias, de experimentación; es conocimiento vivo.
d)   Filosofía busca el conocimiento por el conocimiento mismo, con independencia del uso que el hombre pueda hacer de él, habiéndose llegado a aceptar que a ese conocer no puede dársele uso concreto. Logosofía edifica con ese saber una nueva vida, llevando al hombre al esclarecimiento de los grandes enigmas de su existencia y al cumplimiento de su finalidad humana.

4.      Pregunta: Relación entre Logosofía y psicología.

Bases para la respuesta: La psicología, aun cuando aparenta desarrollar un tipo especial de conocimientos, no se diferencia de otras ciencias por cuanto es externa al ser; los psicólogos estudian lo que ocurre dentro del ser humano, con las limitaciones de los métodos de esta ciencia, pero no estudian su propia psicología individual, ni conectan sus estudios con altos fines humanos; en suma, la psicología no lleva al conocimiento de sí mismo, de los semejantes, de la Creación y sus Leyes, de Dios, como lo hace Logosofía, que estudia la psiquis en íntima relación con el espíritu.

5.      Pregunta: Relación entre Logosofía y las religiones.

Bases para la respuesta: Logosofía no postula ninguna actitud determinada frente a las religiones; es el estudiante de Logosofía quien se ubica frente a ellas a medida que avanza por el camino del saber. Esta nueva ciencia es afirmativa de verdades que el investigador puede comprobar a través del proceso de evolución consciente; para hacerlo no exige que el hombre abjure de la corriente de pensamiento de sus simpatías, pero éste deberá valorizar lo que ahora tiene, frente a lo que antes tenía. Logosofía esclarece la conciencia, haciendo conocer lo que se desconocía; sitúa al ser en el centro de sus posibilidades. Haciéndole recuperar la fe en sus propios valores y sustituyendo la fe ciega por la fe consciente, basada en el conocimiento de la verdad.

6.      Pregunta: Por qué no puede compararse Logosofía con otras ciencias.

Bases para la respuesta: Para tales comparaciones es necesario conocer suficientemente Logosofía, y ello se logra siguiendo las normas de su método; cuando se la conozca, no habrá inconveniente en dedicarse a ellas.

CONCEPTO SOBRE EL PODER DE ADAPTACION

Transcripto de “Introducción  al conocimiento Logosófico.”

“Hay en los seres humanos un poder que éstos no saben utilizar, pero del cual deben servirse inconscientemente, por rigor de las circunstancias, para alcanzar objetivos naturales en el correr de las edades. Este poder es el de adaptación, uno de los que con mayor precisión ejercen su cometido.

El hombre, por su constitución psíquica, mental, espiritual y física es un ser adaptable a todos los cambios y a todas las situaciones en que lo coloca la vida a medida que avanza hacia su perfeccionamiento.

Puede decirse que es general –ya que se produce en todos– la reacción que experimenta el ser cuando, apremiado por las circunstancias, debe aceptar situaciones a las que por propia voluntad no habría jamás tratado de adaptarse. El tiempo, con la serie de reflexiones que sustenta en sus poderosos medios de expresión, hace que el hombre admita, acepte y se adapte a esas situaciones, pero sin alcanzar –salvo excepciones– la comprensión exacta de tales hechos. He ahí la diferencia entre los que se adaptan por obligación y los que buscan la adaptación natural con plena noción de lo que ello significa para su proceso evolutivo.

Nadie ignora que en la vida suceden muchos episodios que suelen terminar en tragedias, cambiando casi instantáneamente las situaciones individuales. Si no se utiliza en tales casos el poder de adaptación, el sufrimiento se torna por lo común desesperante, consume la vida y pliega el espíritu haciendo que éste se acurruque en el interior del ser, cohibido y triste, sin esperanzas de redención” (Pág. 161).

“La Ley de Adaptación es tan inflexible que no admite términos medios entre una y otra situación: se cambia o no se cambia. De manera que si ha acontecido un hecho que obliga a un cambio, el permanecer en el mismo estado o condición equivale a vivir al margen de la realidad y, por ende, a sufrir intensamente. Esto es lo que acontece cuando el hombre se resiste a los cambios; de ahí que brote por doquier el dolor, la miseria, la angustia, y sea el sufrimiento un visitador casi permanente de los corazones humanos” (Pág. 162).


[1] Ver “Logosofía. Ciencia y método”. Págs. 91, 133 y 135, “Mecanismo de la vida consciente”, pág. 50, “Exégesis logosófica”, pág. 101.

[2] Ver “Logosofía. Ciencia y método”, págs. 68, 69 y 70.

[3] Ver “Boletín Logosófico”.  N 4, pág. 3, publicado en diciembre de 1956, en Paraná, (Rep. Argentina)

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