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Discurso de Ebel de Sándara en Ciudad de México en noviembre de 1959 – ¿Dios existe?

NOTA: El ámbito del discurso ocurrió en un club de carácter filosófico en el cual hacían uso de la palabra uno o más miem­bros elegidos por sorteo entre los que ofrecían voluntariamen­te su concurso. Sus asociados eran hombres de ciencia, polemistas, pensadores y aun sofistas, quienes sometían su saber al veredicto de un público igualmente erudito, que a menudo acosaba al orador con preguntas o le salía al paso con objeciones y réplicas, promoviéndose no pocas controversias. El orador invitado a extraer al azar, de una urna exprofesamente puesta, dos sobres con preguntas allí depositadas por vo­luntad de los interesados. El orador podía escoger libre­mente entre las dos o evacuarlas ambas si así lo deseaba.

 Esa noche fue Ebel de Sándara el sorteado. De acuerdo con la fórmula habitual, el director comen­zó a leer en alta voz las preguntas que aquél extrajo de la urna, con los nombres de quienes las suscribían.

La primera definía así las inquietudes ideológicas del firmante, conocido escritor de fuerte tendencia liberal: “¿Dios existe?; ¿puede usted probarnos su existencia?

La segunda había sido expresada por un médico en los siguientes tér­minos: “¿Cuál es su opinión sobre el eslabón perdido, ori­gen de tantas teorías sobre la génesis del hombre?

Transcribimos a continuación la exposición de Ebel de Sándara sobre la primera pregunta.

– Señores  – dijo – : Al pronunciarme con respecto a la primera cláusula doy por descontado que si la Creación que nos rodea y de la cual formamos parte no es por sí misma lo suficientemente elocuente como para persuadir al hombre de que la existencia de Dios es innegable, menos podrá serlo la palabra de un semejante, por mucho que se empeñe en demostrarlo. Hecha esta aclaración, entremos de lleno en el asunto. Cuando se afirma que Dios existe, es absolutamente necesario acompañar tal afirmación con una proposición desvinculada de toda idea que lo limite o im­pida concebirlo en su inmensidad, omnipotencia e infinitud. Partiendo de la base de que la Causa Primera es Dios y no teniendo a nuestro alcance a ningún ser visible a quien pueda atribuírsele el acto de la Creación Universal, lógico es que reconozcamos a Dios como Supremo Hacedor; mas la capacidad para considerar su existencia no depende de esa existencia en sí, sino de la medida en que cada ser humano la reconozca, la sienta y la palpe individualmente.

“Hay dos cosas que son, sin duda alguna, inseparables, por cuanto constituyen una misma y absoluta verdad: la Creación y su Creador.  La una presupone con toda certidumbre la presencia de la otra, de manera que si la Crea­ción existe, lo cual nos consta porque la vemos, la palpamos y dentro de ella vivimos, es imposible poner en duda la exis­tencia de Quien, habiéndola concebido primero, la plasmó después en suprema realidad, dictando a un tiempo las leyes que mantienen su equilibrio y velan por su conservación eterna. La existencia de Dios, señores, se prueba por la existencia misma de cuanto nos rodea y por nuestra propia existencia, y, sobre todo, por la prerrogativa que nos fue concedida de formularnos esa pregunta y también de contestárnosla sirviéndonos del conocimiento que se adquiere a través del estudio, de la observación y de la experiencia conscientemente realizadas en el diario vivir.

“Acabo de expresar que Dios, en razón de su inabarcable dimensión cósmica, no puede ser limitado; mas he de agre­gar también que siendo esto tan fácil de comprender, no siempre fue tenido en cuenta por el hombre.  Es un hecho cierto, pese a lo paradójico, que éste ha pretendido hacerlo a Dios a su imagen y semejanza, sin medir, probablemente, las proporciones ni las consecuencias de tamaño sacrilegio.  No debemos olvidar que las creencias echaron sus raíces en la ignorancia de las tribus primitivas.  En plena incipiencia men­tal, carente de entendimiento, cada tribu adoraba a los dioses de los cuales se apropiaba.  Avanzando el tiempo y el desenvolvimiento humano, pero siempre en un clima de igno­rancia y de ingenua credulidad, hicieron otro tanto las religiones, las cuales llevaron sus creencias al convencimiento de que Dios les pertenecía por haberlo dispuesto así sus sostenedores.  Y no sólo eso, sino que cada secta lo iba con­formando según las conveniencias y las exigencias de sus respectivos dogmas, presentándolo velado, naturalmente por los llamados “misterios”.

“Las creencias, señores, paralizan la noble función de pensar. ¡Dichosos los ojos del entendimiento no contami­nado, que, a diferencia de los que fueron cegados por la fe dogmática, pueden nutrir su vida con las enseñanzas esparcidas por Dios en la Creación!  El dogma pudo ser útil a los hombres en las épocas de barbarie, de atraso moral, intelec­tual y espiritual, pero no en estos tiempos, que están mar­cando los cambios más sorprendentes en casi todos los órde­nes del vivir humano.  Lisa y llanamente, el dogma es hoy un contrasentido; insistir en su sostenimiento es pretender ce­rrar los ojos de los que han logrado sobrepasar el oscuran­tismo espiritual en que la humanidad está aún sumida.  El hombre ama la verdad, la ansía, pero a fin de no ser atrapado por el engaño debe buscarla con su razón, y esa ra­zón debe ser unánimemente respetada.  No puede preten­derse, atribuyendo a la fe ciega virtudes que no tiene, ex­cluir de las posibilidades humanas las funciones de discernir y de juzgar, y someter al hombre, sin previa discriminación de su parte, al acatamiento de fórmulas que adulteran la verdad.”

– Señor de Sándara  – expresó uno de los concurrentes, alzando su voz sobre el inquieto murmullo de la sala – , ¡no podemos rebelarnos contra los dogmas! … Como cristiano me resisto a escucharle.  Oponerse a los dogmas es declararse abiertamente en contra de la verdad revelada, que es el sacro sustento de la religión. Además, ¿podríamos negar que en gran parte los dogmas constituyen hechos históricos?

– Permítame usted decirle que los dogmas, por lo mismo que son imposiciones de carácter religioso, están reñidos con la Historia.  Por otra parte, en los mismos textos bíblicos apa­recen contradicciones tremendas, que en vano se intentó en­mendar.  La razón humana las descubre tan pronto se apresta a analizar a fondo esos textos.  Sabido es que la Historia, para ser verídica, debe estar legitimada por testimonios incontro­vertibles; por verdades que concuerdan con nuestra realidad interna, que es la que debe alentar el juicio de los hombres.  De allí debe surgir la aceptación o la no aceptación de sus pasajes.  Los hechos históricos sólo pueden considerarse in­conmovibles cuando están sostenidos por realidades que li­bren a la posteridad de toda sospecha acerca de la fidelidad de su origen.  No ha ocurrido tal cosa, por cierto, con los hechos mencionados en las narraciones bíblicas, puesto que no están avalados por ninguna certificación responsable, como lo sería el testimonio de los historiadores de la época.  Para exaltar las figuras de sus protagonistas se insistió en divinizarlos, cuando debieron ser, por el contrario, humanizados para que pudieran servir de ejemplos aleccionadores al géne­ro humano.  No hay hazaña ni virtud que pueda sernos acce­sible, y menos aún, comprensible, en un ente “divino” que pretende poner ante nuestros ojos atónitos sus aptitudes para el milagro, pero sí la hay en cualquier ser humano que, siendo como todos los demás, nos muestra con su saber y con su ejemplo una parte siquiera de las grandes prerrogati­vas que sus semejantes pueden alcanzar en el camino de la evolución.

“En cuanto a los dogmas  – continuó el señor de Sándara, atento a la creciente expectativa del público – , afirmo que Dios no ha establecido ninguno.  He ahí una verdad; como es asimismo verdad que Dios no excluyó jamás a nadie de su gran familia humana, la que creó para que habitara este mundo.  No llamó herejes a los que disentían con el verda­dero modo de pensar respecto de El ni excomulgó tampoco a nadie, y menos aún pudo aprobar que alguno de sus hijos lo hiciera, porque esa actitud entraña un principio de des­amor, un malquerer.  Si Dios ha permitido a pueblos que lo niegan, a pueblos ateos, perjuros, colocarse en las avanzadas de la ciencia, ¿no tenemos con ello la evidencia de que sigue considerando a esos pueblos hijos de su Creación?

“Todo hombre debería aspirar a esclarecer lo que la ra­zón se resiste a admitir como verdad.  Verbigracia, las soste­nidas afirmaciones sobre la existencia de un Infierno que condena a los pecadores al fuego eterno. ¿En qué verdad se apoya esa afirmación? ¿Puede arder el espíritu, que es in­material y por lo tanto incombustible?  Admitámoslo, em­pero; admitamos que el espíritu pueda quemarse, que pueda arder eternamente; en tal caso, ¿qué consecuencia útil ten­dría para la vida humana la condenación eterna del espíritu en el fuego? .. . ¡Hasta cuándo, señores, hasta cuándo ha­brá de seguir la humanidad aferrada a una creencia que ca­rece de todo sentido aleccionador!  Las faltas cometidas por el hombre no pueden ser saldadas con un martirio inacaba­ble, con un suplicio perpetuo.  No puede caber, pues, en la inmensa grandeza de Dios tamaña crueldad; pero sí,  puede caber, en quienes pregonan y atemorizan a las gentes con se­mejante dislate. Dios no ha podido crear el prodigioso ser humano para aniquilarlo luego inexplicablemente.  Ello im­plicaría la violación de leyes expresas, destinadas a reglar la evolución del hombre; implicaría una negación que en absoluto puede admitir la inteligencia humana.  Dios creó al hombre para que a través de todos los sacudimientos y experiencias que acompañan su tránsito por el mundo apren­da a conducir su vida por la existencia que le fue determina­da y que, presumo, no tiene fin.  Las faltas que cometa, él mismo por su sola y exclusiva cuenta podrá y habrá de sal­darlas.  He ahí el prodigio de la ley de la evolución que, cons­cientemente interpretada y vivida, convierte al hombre en su propio redentor. ¿Podría haber algo más hermoso, más consolador y sublime para él, que sentirse capaz de realizar por sí mismo tarea tan edificante, cuya gloria habrá tam­bién de pertenecerle? ¿No es mejor esto que acumular falta sobre falta confiando con ciega fe, y en algunos casos con no poca especulación, en que alguien con poderes divinos pueda absolvernos de culpas?  Analicemos serenamente en cuál de los dos casos el hombre es más digno de sí, de sus semejantes y de Quien lo creó.

“Mucho se ha hablado de la verdad revelada; aquí mismo, en esta sala, acaba de ser mencionada … ¿Cuál es, señores, esa verdad revelada que el hombre no puede conocer, que le es inaccesible?  La verdad revelada por Dios, la más grande, la más trascendental, es Su propia Creación. ¡He ahí la gran verdad revelada!  De esa Creación, de esa verdad revelada por Dios, accesible  – permítaseme la afirmación –  a todas las mentes humanas, se desprenden los hilos conducentes a todas las otras verdades que a su tiempo serán también reveladas.  El hombre que se propone conocer lo que hay dentro de una montaña, que representa, tengámoslo en cuen­ta, una pequeñísima parte de la gran verdad, tendrá, inde­fectiblemente, que llevar a cabo ese propósito penetrando en sus entrañas con el entendimiento y con la acción, seguir sus vetas, descubrir sus yacimientos.  Si alguien se lo prohibiera, asegurándole que debe conformarse tan solo con admirar la montaña, ésta seguirá siendo una verdad revelada, pero una verdad revelada en cuyo fondo su inteligencia no penetra.  La mente humana, lo repito, tiene libre acceso a todas las verdades, mas eso sí, debe seguir un proceso de riguroso adiestramiento mental y psicológico, un proceso de cultura interior que le haga posible elevarse hasta ellas.

“Para el hombre en pleno ejercicio de su libertad de con­ciencia no hay dogma alguno tras el cual la verdad pueda mantenerse oculta.  Esto es muy lógico.  Es perfectamente comprensible que el que piensa, que el que ejerce esa función en la plenitud de sus cabales habrá de saber descu­brir la verdad ahí donde se encuentra, y que, llegado el caso, en virtud de esa misma cordura sabrá negarse a acep­tar, por ejemplo, que pueda caberle a un planeta la posibilidad de introducirse en un cabello para enseñarle al hombre a evitar la calvicie.  Todas las facultades de la inteligencia son pródigas cuando se las utiliza de continuo, pero las creencias, señores, no activan en modo alguno su ejercicio.  Las creencias adormecen la inteligencia; obran como hipnóticos. La vida es pensamiento y acción, y la vida se debilita, des­fallece, muere, cuando la mente cesa de pensar, cuando por efecto de esa inmovilidad la voluntad se relaja, cuando las células se aburren porque les falta la actividad que las reanima y estimula.  Las creencias son, por tal causa, un medio de opresión, una tiranía impuesta al espíritu humano; son la muerte lenta del espíritu que, no pudiendo evolucionar en cumplimiento de su alto destino, se consume día tras día, siglo tras siglo.

“El hombre no es lo que es por lo que come, sino por lo que piensa.  Si lo inhibimos de ejercer esa función, si lo ponemos dentro de una horma de hierro para impedirle que piense, ¿que conciencia podrá alcanzar de su existir en este mundo?  Si más allá le preguntásemos a ese mismo hom­bre qué hizo de su ser, de su espíritu, probablemente nos respondería: “He creído; he tenido fe”.  Fe ¿en qué? … ¿Acaso le está vedado al hombre conocer la verdad?  Dios no puede haberlo hecho para semejante absurdo; ni pudo condenarlo a ser un ente vulgar, un ente que no piensa, un ente cuyo espíritu está sometido a la esclavitud de una creen­cia. Prueba de ello es el magnífico mecanismo psicológico de que lo ha dotado, mediante el cual le permite conducirse independientemente.  Cada ser humano está constituido por un alma y un espíritu.  Además, cada uno posee una psicolo­gía diferente, peculiar; vale decir, una psicología individual. ¿Por qué entonces se ha insistido durante siglos en torcer el rumbo que la humanidad debió seguir, adormeciendo a unos y a otros con creencias y equívocos? ¿Se ignoraba, acaso, que inducir al hombre a que piense por dictados y a que sien­ta lo que se le inculca implica transgredir las leyes universales, que consideran delito todo lo que tiende a favorecer la absorción del individuo por la masa? ¿Se ignoraba que ello tiende a fundirlo en ese conjunto nómade que sigue un rumbo falso, porque el rumbo verdadero sólo puede llegar a conocerlo el hombre por sí mismo?  Desechar peyo­rativamente, o peor aún, execrar, como tantas veces ha ocurrido, a los que hacen legítimo uso de su razón para discernir lo justo de lo injusto, la verdad de la no verdad, es ofender la voluntad de Dios, quien instituyó esa facultad para que el hombre alcanzase la elevación mental, moral y espiritual que corresponde a su condición de humano.”

– Permítame una interrupción, señor de Sándara  – ex­presó al llegar a este punto el depositante de la pregun­ta -.  Deseo declarar que si me hubiese asistido la seguridad absoluta acerca de la inexistencia de Dios, no habría solicitado opinión alguna sobre el particular; la mía habríame bastado.  Lo que yo no he podido aceptar nunca son, sen­cillamente, las concepciones con que se nos ha pretendido ilustrar sobre un Ser de tan encumbrada jerarquía.  La teoría no ha logrado hasta aquí inspirarme convicciones fir­mes, las que tampoco he podido sustentar mediante el estudio de los dogmas que fundamentan cada religión, en los cua­les la idea de la existencia de Dios dista mucho de ser, a criterio mío, la que corresponde a tan inmensa paternidad.  En muchísimas ocasiones, buscando satisfacer las dudas declara­das en mí por natural influencia de las leyes que gobiernan nuestra razón, me he sentido desconcertado.  La filosofía, con su espíritu reflexivo, nos ha expresado sus conclusiones a ese respecto con otra amplitud, es cierto, mas no he encontrado en ella una demostración que llegara hasta mi con la evidencia inequívoca de una realidad.  Es en verdad difícil formarse un juicio claro y acabado de las cosas, cuando cada afirmación que nos disponemos a analizar se nos transforma de pronto en la antítesis de lo que habíamos estado analizando antes.  Así, pues, frente a lo que jamás satisfizo las demandas de mi razón y frente a lo que en tantas ocasiones he debido considerar absurdo o falto de toda verdad, no he titubeado en declararme liberado mental y espiritualmente; pero, frente a Dios, mi posición es otra, pues lo siento íntimamente y lo admiro en su excelsitud y grandeza.  Me interesaba muy particularmente, amigo de Sándara, conocer cómo concebía usted a Dios; de ahí mi pregunta; una pregunta un poco audaz quizás, mas cuya respuesta me ha satisfecho sobremanera.  Honra la grandeza de Dios y, por otra parte, honra a ese súbdito de la Creación hecho “a Su imagen y se­mejanza”, la afirmación de que la verdad, la gran verdad, es accesible a su conocimiento, y es también el camino por el cual habrá de aproximarse a Él.  Tal vez no haya compren­dido bien algunas fases de su pensamiento, pero supongo que me brindará usted la oportunidad de aclararlas en una posterior conversación.

– El autor de la pregunta acaba de manifestarse satisfe­cho, señores  – dijo de Sándara, después de responder cortés­mente al aludido – ; pero desearía siempre que ello no im­plicase un esfuerzo para los que me escuchan, se me concedan algunos minutos más para completar mi exposición.

A una señal aprobatoria del director y del público, con­tinuó:

– La simpática relación del inquiridor me ofrece la opor­tunidad de referirme a un punto que, de otro modo, y por razones obvias, hubiese yo pasado por alto.  No me cansaré nunca de insistir sobre la conveniencia de no cerrar el entendimiento a la investigación causal, por cuyo medio hasta el más ateo puede llegar a comprender que no habiendo sido el hombre autor de la Creación, alguien necesariamente de­bió serlo, alguien que se reservó sabiamente para sí el gobier­no de todo el universo. ¡Cuántas veces hemos visto al ateo calarse las “gafas” del escéptico, usadas por Pirrón, y anun­ciar, con una contumacia a toda prueba, que nada sabe de la existencia de Dios! … Y ello tan sólo porque el Gran Desconocido no se ha hecho presente a su juicio tal como a él se le ocurre que debiera haberlo hecho.  Así es, señores; el ateo es a menudo el más fanático de los creyentes: creyente de la deidad que conforma su “yo” personal.  Niega la exis­tencia de Dios, pero en el fondo, el coleóptero de la duda le carcome las entrañas. .. Mas he ahí que, pese al escepticis­mo de tantos, el Gran Desconocido, a quien con empeño se quiere privar de existencia, es, paradójicamente y en síntesis, la existencia misma de todo cuanto existe; y es deber de la criatura humana sentirle y comprenderle, pero a través del conocimiento, porque sólo por medio de él podrá amársele de verdad, vale decir, conociendo las razones supremas de ese amor que es fuente inagotable de eternidad.

“Me he encontrado en el mundo con muchos ateos y tam­bién con muchos creyentes, a quienes he tenido que conside­rar tan ateos como el que más.  A estos últimos los he iden­tificado aun entre los que más se preciaban de creyentes sin­ceros de la religión que profesaban.  En realidad suelen ser esos los más temibles, porque mientras proclaman a Dios con los labios, execran y niegan ignominiosamente Su Nom­bre con sus ocultos e innobles procederes.  Son ellos los que en todo tiempo armaron el brazo de sus cofrades para herir de muerte a seres inocentes, por la única razón de no coincidir con los pensamientos emanados de sus cultos.  Son también los que por esa misma causa escarnecieron a genios, a hé­roes, a inventores ilustres y a investigadores que llegaron con su ciencia a descubrimientos maravillosos. ¡Cuántas grandes figuras  – la Historia lo declara –  no sufrieron la más escandalosa porfía y la persecución más despiadada por parte de los dadores de gracias e insufladores de creencias! … En cada benefactor de la humanidad hubo, sin embargo, una chispa divina en eclosión, una superioridad y una grandeza de la cual carecían los enconados creyentes que los acusaban de impíos y de diabólicos y herejes.  Prueba palmaria del ateísmo del creyente son los crímenes de la Edad Media y del Renacimiento. ¿No fueron monstruosos engendros de ese ateísmo los que prepararon suplicios y hogueras para des­truir y calcinar las carnes gloriosas de tantos mártires que pagaron inocente tributo a la ingratitud humana susten­tada por la barbarie? ¿No pertenecieron a la familia de creyentes ateos, siempre recalcitrantes, los que falseando el con­cepto de las doctrinas que decían profesar, negaban con los hechos a Dios?  Por eso digo que el que sólo cree en Dios hace entrega de su alma a quienes lo han de tornar intolerante e intransigente con el prójimo; en cambio, el que lo siente y empeña su vida en aproximarse a El por el conocimiento, ése sí sabe amar a su prójimo como a sí mismo aunque sus pensamientos no coincidan.”

– ¡Está usted atacando abiertamente a la religión, como si ella no hubiera cumplido a través de siglos, en forma amplia y ponderable, sus piadosos cometidos con su obra re­dentora y civilizadora!  – se oyó decir con mal contenida irritación a un señor de edad, que, de pie, mostraba a las cla­ras su determinación de marcharse.

Un movimiento de desorden se extendió por la sala, de donde surgían voces de protesta y de aprobación a la vez.

– Señores, no he terminado aún.  Ruego, pues, que se me escuche con calma hasta el final  – replicó de Sándara, alzan­do el tono de la voz, que resonó vibrante y bien templada en la sala – .  Afirmo que no es mi propósito atacar a nin­guna religión, sino invitar a todas a que entren por los fueros de la realidad y se despojen de todo su artificio, sugestión y cuanto ellas mismas saben que no es verdadero, para reen­contrarse, si ello es posible, humana y espiritualmente en una comprensión amplia de los altos fines que esperan al hombre y a la humanidad.  La verdad es una e indivisible; es lo que fue, lo que es y lo que será.  La no verdad carece de esa vir­tud; no ha sido nunca lo que pretendió ser, ni lo es ni lo será jamás.  Mi esfuerzo tiende a poner al descubierto lo falso, la mistificación y el embuste, trilogía esta que resume el pensamiento de la gran impostura. ¿Qué puede temer en­tonces esta o aquella religión, poseedoras de la verdad, según ellas mismas lo han proclamado? ¿Qué inquietud puede cau­sarles lo que yo diga? ¿Son acaso mis palabras tan contun­dentes que esa “verdad” no resiste su influjo?  De todas ma­neras, señores, convengamos en que si Dios nos ha dado el uso de la razón, es para discernir y juzgar con plena noción de nuestra responsabilidad ante el Creador, lo que es justo y verdadero de lo que no lo es.  A esta altura de la edad his­tórica de la humanidad se impone un nuevo tratamiento espiritual para todos los hombres del mundo, y a ese cambio debemos disponernos comprensivamente, porque la misma verdad revelada por Dios, la Creación, nos muestra en sus constantes mudanzas que todo en ella está sometido a per­manente transformación.  Al ritmo de esa transformación habrá de florecer también en los seres humanos una nueva naturaleza; una naturaleza fuerte, enaltecido por la reno­vación interna llevada a cabo con toda conciencia.  Esto, señores, es lo más grande que la mente y el corazón de los hombres pueden y deben esperar.  Los hombres no han de vivir aferrados al pasado, como si se resistieran o temieran lo futuro, lo que ha de venir; ello sería oponerse a la evo­lución, vale decir, al proceso de la emancipación del espíritu.  Entiendo, y con esto cierro mi discurso, que las religiones deben fomentar la unión y no dificultarla con irreductibles intransigencias, y esa unión, señores, podrá lograrse por el acercamiento mutuo y un claro concepto del respeto reclama­do por la sana convivencia, unidas todas las religiones y to­dos los seres en el esfuerzo por alcanzar las altas verdades que al hombre le será dado conocer, experimentar y dis­poner para llevar adelante el gran proceso de su evolución.

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Algunas opiniones de destacadas personalidades sobre el libro “LOGOSOFÍA. CIENCIA Y MÉTODO”

Las mismas figuran en la parte final de la segunda edición, impresa el 21 de agosto de 1962. Imprenta López, Perú 666, Buenos Aires, República Argentina. (Ver edición facsimilar)

ALGUNAS OPINIONES SOBRE EL PRESENTE LIBRO

Arequipa, Perú, 20 de diciembre de 1957.

El hombre de nuestro tiempo precisa de una orientación. Vivimos en un mundo desorientado. En un mundo de tremendas contradicciones. La desesperación hace presa del hombre de nuestro siglo. Su libro viene a constituir un norte, puesto que  su tesis de la “técnica de la formación individual consciente”, puede llevarnos a puerto seguro. Lo felicito por su tratado de “Logosofía” que ha tenido la amabilidad de enviarme. Su lectura es instructiva y espero que alcance en nuestro continente el éxito que merece.

VLADIMIRO BERMEJO – Profesor de la Facultad de Letras de la Universidad.

 

Madrid, 30-enero-1958.

Le agradezco cordialmente el envío de su constructivo e importante libro “Logosofía. Ciencia y método”. Libro que ya he leído -y anotado- y que me ha causado una hondísima impresión, tanto por su originalidad como por su trascendencia.

FEDERICO CARLOS SAINZ DE ROBLES – Escritor

 

Lisboa, Portugal, 29-XII-57.

Estoi mui muito reconhecido pela oferta do exemplar da sua autoria “Logosofía. Ciencia y Método”.

Tratase, na verdadede, de una obra eheia de interesse e valiosa, seja qual for o prisma porque se encare, quer como estudo de naturaleza pedagogica, quer como trabalho de feicao filosofica. Li-a com a maior atencao e julgo-a merecedora de franco aplauso. Ensina-nos a bem pensar, a formar a nossa individualidade, com vista a desenvolver as nossas capacidades, aperfeicionar-as, de modo a utilizar-las na vida, tanto na sua configuracao fisica como psiquica.

Podemos clasifica-la como un autentico guia da higiene inteIeetual-moral.

Prof. Dr. GUSTAVO CORDEIRO RAMOS – Presidente del Instituto de Alta Cultura – Ministerio da Educacao Nacional.

 

La Habana, Cuba. Enero 17 de 1958.

He tenido sumo gusto en recibir su reciente libro Logosofía. Ciencia y Método (Técnica de la Formación Individual Consciente) nuevo y muy valioso testimonio de su fecunda actividad en las disciplinas filosóficas y literarias. No he podido aún leer con el rigor necesario este libro, cuyo envío tan vivamente agradezco pero he podido darme cuenta de su método excelente y de su claro sentido en el orden de los valores morales.

El acierto en la exposición y la energía de su mismo estilo hacen que sus enseñanzas hagan de todo lector un convencido de esta verdadera nueva ciencia que su libro afirma.

JOSÉ MARÍA CHACÓN Y CALVO – Escritor. Académico.

 

Bs. As., 18-XI·957.

Mucho le agradezco, distinguido señor, el envío de su obra Logosofía en que sintetiza Ud. en un claro tratado sus enseñanzas. Sin duda alguna, un deseo de servicio lo ha dictado. El disponer de ese texto resultara sin duda muy útil, lo mismo a los conocedores de su doctrina. que a los nuevos: Su prosa se deja leer sin esfuerzo y es tan comunicativa como corresponde al que tiene ideas que comunicar.

Dr. ARTURO CAPDEVILA – Escritor. Poeta. Académico.

 

Buenos Aires, 13 de diciembre de 1957.

Una vez más, con la lectura de “Logosofía” que tuvo usted la atención de enviarme, he comprobado la claridad y el método con que nos alecciona para una actividad mental consciente orientadora de la conducta.

ENRIQUE BANCHS – Escritor. Poeta.

 

Buenos Aires, 27 de diciembre de 1957 .

. . . saluda al senor Carlos Bernardo González Pecotche y le agradece su nuevo libro Logosofía, que ha leído con atención. Le formula votos de felicidad, y le expresa el deseo de que sus páginas les sean provechosas a los que todavía no saben todo lo que es dable ganar para el espíritu con el culto intensificado de la vida interior.

RICARDO SÁENZ HAYES – Escritor. Periodista.

 

Buenos Aires, 4 de diciembre de 1957 .

. . . saluda muy atentamente al distinguido señor Carlos B. González Pecotche y le formula su más hondo agradecimiento por el gentil envío de un ejemplar de su libro “Logosofía. Ciencia y método”, que es una nueva y excelente muestra de su incansable producción científico-filosófica.

Indudablemente que esta obra no dejará tampoco de contribuir al esclarecimiento de concepciones erróneas que predominan en la vida material de un mundo perturbado.

Dirigiéndole sus más sinceras felicitaciones y admiración, le asegura que estudiara con inmenso interés las ideas que se exponen en el libro para familiarizarse así con la nueva cultura que llena un nombre por excelencia helénico, y cuyo objetivo es servir a Ia humanidad.

Dr. CONSTANTIN VATIKIOTTY – Embajador de Grecia.

 

Buenos Aires, diciembre 10 de 1957 .

. . . saluda con elevado aprecio al señor Carlos B. González Pecotche y le agradece el obsequio de su libro “Logosofía-Ciencia y Método”, espléndido compendio de su filosofía moral, meritorio esfuerzo por un mejoramiento de la conducta humana.

Dr. ENRIQUE MOUCHET – Profesor universitario.

 

La Habana. Cuba. Marzo 5 de 1958.

Con todo gusto le acuso recibo de su interesante libro “Logosofía. Ciencia y método”, y le agradezco profundamente su gentil envío. A través de su amena y culta prosa puede constatarse fácilmente su preocupación porque la juventud vuelva de nuevo a encauzarse por los canales del Bien y de la Moral, formando su mente y forjando su espíritu en beneficio de la Humanidad.

Dr. FRANCISCO DOMENECH VINAGERAS – Pte. de la Asociación Educacional de Cuba

 

La Habana, 20 de enero de 1958.

El día 8 de enero actual le escribí agradeciéndole el ejemplar que me remitió de su obra “Logosofía. Ciencia y método”, y una semana después recibí su apreciada carta del 11 de noviembre de 1957 en la que me anunciaba ese interesante envío.

Lo felicito cordialmente por la publicación de tan valioso libro que, efectivamente, contribuirá a la eficaz formación intelectual, moral y espiritual de la juventud.

EMETERIO S. SANTOVENIA – Periodista e historiador.

 

Río de Janeiro, 1-1-58.

Ao eminente amigo Sr. Carlos González Pecotche sauda com antiga estima e admiracao, agradecendo sua gentileza de remessa de un exemplar de su nova obra “Logosofía. Ciencia y método” que constitui realmente “un nuevo caudal de conocimientos” admiraveis.

Almirante ALVARO-ALBERTO

 

Mendoza, 16 de enero de 1958 .

. . . saluda con distinguida consideración al Sr. Carlos B. González Pecotche, y agradece su gentileza al haberle enviado un ejemplar de su libro “Logosofía”.

A través de sus páginas esta obra pone en evidencia, una vez mas, la alta capacidad creadora de su autor.

Sin lugar a dudas, esta nueva ciencia marca el principio de una nueva cultura donde el hombre estudioso encontrará una fuente inagotable de verdadera orientación.

Dr. GUILLERMO PETRA SIERRALTA – Ministro de Gobierno de Mendoza.

 

RÍo de Janeiro, 5 de dezembro de 1957.

Prezado e ilustre amigo: Agradeço a sua nova gentileza, brindando-me com o exemplar de seu recente trabalho -”Logosofía – Ciencia e método”, caudal de conhecimento que forman a nova cultura que vai tomando corpo em toda América.

HERBERT MOSES – Presidente de la Associaçao Brasileira de Impresa

 

Buenos Aires, 22 de noviembre de 1957.

He leído su Logosofía: Ciencia y Método, que usted ha sido tan gentil de remitirme, y he quedado muy bien impresionado de su lectura: clara, accesible, convincente, optimista, firme en la guía, dulce en el consejo, elevada en la enseñanza. Lo felicito cordialmente por este bello libro y le agradezco muchísimo su amable obsequio.

Ya sabe con qué interés, desde hace años, sigo su obra y medito sus páginas. Ha cumplido usted una muy hermosa y noble labor, que hace bien a infinidad de gentes y ha de ayudar a comprender y a amar aún a muchísimas más.

Dr. ENRIQUE DE GANDÍA – Académico e historiador.

 

Madrid, España, 24 ·II· 1958.

Muy interesante su libro “Logosofía. Ciencia y método” y de muy instructiva y sugestiva lectura.

GERARDO DIEGO – Escritor.

 

 

Montevideo, 2-XII-1957.

. . . saluda con la mayor estima intelectual al Sr. Carlos B. González Pecotche, y le agradece el envío de su libro “Logosofía. Ciencia y método”, magnifico compendio de medular doctrina, escrito con hondura y claridad, y excepcionales dotes pedagógicas.

ALBERTO RUSCONI – Profesor universitario.

 

México, enero 15 do 1958.

Mucho le agradezco el envío de su libro “Logosofía. Ciencia y método”. Lo he leído con el mayor interés. Su estudio del pensamiento es original y descubre aspectos nuevos de nuestra capacidad. Me complace esa afirmación de que ”’el hombre debe proyectar hacia un futuro de posibilidades ilimitadas, el potencial dinámico de la conciencia.” Encuentro en sus páginas independencia de criterio y personalidad.

JOSÉ VASCONCELOS – Director de la Biblioteca México.

Belo Horizonte, 10-12-57 .

. . . envia cordiais cumprimentos, acuso o recibimento de sua atenciosa carta de 11 de novembro próximo findo e o  interessante livro Logosofía, referente à técnica da formaçao individual consciente, e, ao mesmo tempo em que agradece a inestimável oferta, envia ealorosas felicitaçoes pela publicaçao de un trabalho destinado a ter ampla resonancia nos meios educativos da América.

Eng. JOA KUBITSCHEK DE FIGUEIREDO – Director del Departamento de Estradas de Rodagem.

 

Belo Horizonte, 8-1-58 .

. . . cumprimenta cordialmente e agradece, muito sensibilizado, a gentil oferta de ‘Logosofía. Ciencia y Método”, notavei trabalho, de grande clareza e sistematicao, capaz de lancar profunda compreensao sobre a técnica de formacao individual consciente segundo os postulados logosóficos.

Dr. CELSO MELO DE AZEVEDO – Prefeito de Belo Horizonte.

 

Buenos Aires, 7 de febrero de 1958 .

. . . saluda muy cordialmente al Sr. Carlos B. González Pecotche y le agradece el generoso envío de su libro Logosofía, que recién ha podido leer y del que ha aprovechado sobre todo lo que se refiere al método.

Dr. FLORENCIO ESCARDÓ – Profesor universitario. Escritor.

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Raumsol aclara ante la opinión pública su posición filosófica y moral (Diario El País 23-mayo-1937)

Raumsol aclara ante la opinión pública su posición filosófica y moral (Diario El País 23-mayo-1937)

Asesta un rudo golpe a quienes pretendieron desvirtuar la génesis de sus enseñanzas

Nuevamente debo tomar la pluma para exponer mi pensamiento públicamente con el objeto de satisfacer a todos los habitantes del Uruguay y la Argentina, que tan viva y atentamente han seguido el movimiento raumsólico y el desarrollo de los sucesos motivados por una campaña tan innoble como delictiva en contra de mi persona y de la Escuela que se ampara bajo mi nombre y sigue las inspiraciones de mi espíritu.

Pero esta vez es para dirigirme a aquellos que hoy no pueden tener la honra de llamarse discípulos míos. Aquellos, que durante largos años consecutivos ratificaron privada y públicamente las excelencias de mis enseñanzas, el grandioso concepto que les merecía mi obra, y el concepto mismo que les inspiré siempre y que fue motivo para que me manifestaran los más elevados elogios.

A esas personas me dirijo, para advertirles que lo que han escrito y firmado tantas veces como lo que pronunciaron y afirmaron públicamente con el más absoluto convencimiento, no podrán borrarlo jamás ni con la mano ni con  el olvido de sus memorias o el silencio forzado de sus conciencias. Pretender o tentar desconocerlo implicaría una posición harto ridícula, y tolerar que se intente aparentar una ingenuidad, impropia en primer lugar de universitarios, y en segundo, de personas que han cumplido hace tiempo el primer cuarto de siglo, sería de todo punto inadmisible en los que no son parte interesada en el asunto y conservan su integridad personal exenta de semejantes caprichos.

Ello presupondría una ignorancia plena en los “ingenuos”, de los principios éticos y sociales que determinan para cada individuo un libre albedrío irrenunciable y una capacidad intelectual suficiente como para conocer sin dificultad cuáles son sus deberes, su conducta y sus perspectivas patrimoniales civiles y morales entre el número de sus semejantes.

Nadie podría depositar un solo átomo de confianza en quienes se niegan a sí mismos, negando actos y palabras que están ligadas inseparablemente a sus vidas y a sus nombres por consentimiento expreso de sus propias conciencias.

La tolerancia y magnanimidad con que traté siempre a los discípulos que a mi lado compartían la sabiduría logosófica, ha sido indudablemente una de las causas que propiciaron en algunos de ellos el pensamiento de creerse dueños de todo cuanto poseía y hasta de mi misma persona. De otra manera no podría justificarse la sustracción que me hicieron de fotografías, efectos personales y documentos que alguna vez habrán de servir para delatarlos a ellos mismos.

De ahí también que llegaran a las extralimitaciones que cometieron durante mi ausencia de tres meses y que me han obligado a hacerles comparecer ante la justicia, pues las actitudes deliberadamente intencionales que asumieron, eran extrañas por completo a las normas más elementales de la convivencia social.

Mi posición filosófica y los altos principios que sostengo e inspiran mí Escuela, me impiden descender a detalles que podrían llevar al conocimiento general la explicación lógica del porqué me atacan aquellos que separé de mi lado. El apasionamiento siempre fue una de las grandes debilidades humanas y el despecho, tornándose en rencor  y en odio, siempre fue la consecuencia de deseos insatisfechos o pretensiones malogradas. Los abogados que me pedían les hiciera ganar los pleitos, los constructores que hasta casi exigían que les proporcionara clientes para sus obras, los estancieros y chacareros que pretendían les hiciera llover en sus campos cuando se acentuaba la sequía, los comerciantes que me solicitaban ganar licitaciones y finalmente, los ilusos que me insinuaban les hiciera ganar la lotería, son los que lamentablemente me confundieron y se engañaron, pues ellos querían un Cristo de esa naturaleza, para venerarle a condición de no negarlo si accedía siempre a tales pretensiones.

Semejante osadía – que les colocaba de hecho en el extremo opuesto a los sanos principios de mi Escuela, no obstante las múltiples oportunidades que les di para que cambiaran esa manera de pensar me inspiraba una verdadera pena, pues aparte de eso se esforzaban en realizar las enseñanzas, aun cuando, como ha quedado evidenciado, lo hacían esperanzados más en satisfacer tales deseos que con el propósito de lograr una superación ventajosa para sus espíritus.

Como esa situación no podía durar, a pesar de las veces que con toda discreción les reconvine, sucedió lo inevitable: esas personas se sintieron incómodas en el seno de la Escuela y concluyeron por provocar su separación lanzándose desaforadamente por los caminos de la difamación, la calumnia y la injuria.

No, señores “ingenuos”, yo no me presto ni me prestaré jamás a servir intereses mezquinos y bien saben ya todos que el que no marcha rectamente por el camino trazado en mis enseñanzas, no puede permanecer en mi Escuela, ya sea millonario o carezca de recursos. En ello estriba, precisamente, la seriedad inalterable de mis principios. No se me compra con dinero ni con halagos. Prefiero las contingencias de la lucha a la holganza pasiva y estéril que eligen los pobres de espíritu, los advenedizos y los faltos de integridad moral.

Vinieron en mi busca desde que abrí las puertas de mi Escuela, infinidad de seres entre los cuales se encontraban aquéllos a quienes dirijo estas palabras. A ninguno pregunté quién era, de dónde venía, ni a qué religión o raza pertenecía. No les averigüé qué habían sido ni qué faltas habían  cometido, porque no me interesaba, como no me interesó jamás la vida privada de nadie. Me rogaron que los admitiera como discípulos y accedí haciéndoles un lugar en mi Escuela y en mi corazón. Pero he ahí que después de unos cuantos años en que disfrutaron de mi confianza y de mis conocimientos, se creyeron en el derecho de preguntarme quién era yo, de dónde venía, qué había hecho antes, llegando hasta pretender fiscalizar mi vida privada. Se pensó también  en la posibilidad de apropiarse de mis enseñanzas, de mi Escuela y de todo cuanto yo poseía para el cumplimento de la obra; objetivo que tuvo su epílogo en las ambiciones bastante inflamadas de los que intentaron atentar contra mis más legítimos derechos , sin reparar que éstos estaban identificados con la misma obra.

Como es público y notorio, he librado una lucha intensa de ocho meses aproximadamente, contra los que llevados por incontenibles deseos de venganza desencadenaron esa triste campaña que hoy censura unánimemente la opinión. Desde mi puesto,  como lo habría hecho el mejor general, dirigí las operaciones. El campo de batalla que eligieron mis adversarios fue la prensa insana y la intriga, en todas las formas que el embuste utiliza. No podía ser más propicio para ellos, el atacarme con las armas más viles. Los caballeros no se baten jamás con los que no son capaces de montar un corcel de pura sangre y empuñar una espada y un escudo dignos de su rango, de su cuna y de su nobleza.

Los dardos envenenados que me dirigieron, no lograron quebrar mi serenidad, ni derribarme, como pensaron, del sitial que ocupaba y ocupa en el concepto de los hombres que conocen mi obra y mis sacrificios. Sin que Minerva  trazara sobre mi égida el signo protector  de los dioses  que estampó en el escudo de Aquiles por mandato del Olimpo, preferí que  el enemigo avanzara y se embriagara con el ruido de sus quijotescas embestidas. Los indios siempre perdieron las mejores batallas porque no comprendían la retirada estratégica de los blanco y atribuyéndose la victoria, arremetían contra las trincheras creyendo que sólo era cuestión de saltar el tapial.

Así fue como, cuando llegó el momento, di orden de hacer unas cuantas descargas de fusilería que aparecieron anotadas en “Crónicas Raumsólicas”, y desde entonces el fuego enemigo comenzó a cesar hasta reducirse casi a silencio.

No obstante los traidores y los desertores que hubieron,  las posiciones que  momentáneamente ocuparon  los detractores fueron cayendo nuevamente en poder de sus legítimos defensores. Un buen general prefiere enviar al campo enemigo, para que luchen contra él, aquellos soldados  que en sus filas no saben empuñar con valentía la espada del honor.

Hoy puedo  afirmar que la batalla ha sido ganada holgadamente, pues las sanciones de las autoridades hubieron de aplicarse a los que  me atacaron, por haberse colocado al margen de las leyes. La opinión pública sabe ahora a que  atenerse con respecto a la Escuela, y ha tenido oportunidad de contemplar cuánto mal pueden hacer a la sociedad los órganos periodísticos que se aprestan a ser instrumentos de tan repudiables campañas. La ley de imprenta del Uruguay, justa y recta, que permite al pueblo defenderse de las plagas que suelen infectar al periodismo, enaltece el  prestigio de los hombres que supieron inspirarla y sienta un precedente de alta cultura que ojalá adopten todos los países del mundo.

La Escuela Raumsólica ha entrado en una nueva etapa de su vida y se prepara para librar otra gran batalla en el orden jurídico, pues para que de una vez por todas queden demostradas las falsas imputaciones y versiones tendenciosas de que fui objeto conjuntamente con toda  mi Escuela, he conducido a los audaces detractores hasta los estrados de la justicia. Allí quiero  verlos, frente a frente a las leyes que quisieron burlar y frente a los jueces que pronunciarán sus sentencias, conscientes de la responsabilidad y autoridad que invisten como guardianes exclusivos de  la ley.

Dios y los hombres serán testigo de que doy una oportunidad a la justicia para que haga escuchar en esta emergencia, la majestad de su palabra. He luchado y lucho con todas las fuerzas de mi espíritu a fin de levantar el corazón de los hombres y encauzar las corrientes mentales hacia una concepción más grande y hermosa de la vida. Toda mi existencia está consagrada al servicio de esta obra que desde hace siete años llevo a cabo tesoneramente. No me arredran los obstáculos ni las dificultades. Lucho valerosamente contra toda adversidad, y si alguna vez cayera vencido en las lides futuras, dejaré sobre las últimas huellas de mis pasos, escritas con letras de sangre, las palabras que Dios pone en boca de los que han sabido triunfar sobre la misma muerte.

Artículo publicado también en los diarios “El Día”,  “La Mañana”, “El Pueblo” Y “El Heraldo Raumsólico”, de Montevideo, en los meses de mayo y junio de 1937, y en “Artículos y Publicaciones” (Talleres Gráficos Pomponio, Rosario, Argentina,1937).

Facsimil diario EL PAIS de Montevideo

Facsimil de Diario EL PAIS de Montevideo

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Algunas opiniones sobre el libro “DEFICIENCIAS y PROPENSIONES del SER HUMANO”

Las mismas figuran al inicio de la segunda edición impresa el 3 de enero de 1964. Imprenta López, Perú 666, Buenos Aires, República Argentina.

 

OPINIONES SOBRE EL PRESENTE LIBRO

Buenos Aires, 24 de noviembre de 1963

He tenido el placer de leer su libro Deficiencias y propensiones del ser humano. Está presente en él un psicólogo sagaz y un moralista generoso, que cree en el perfeccionamiento de la criatura humana. Podría servir de texto de moral práctica en las escuelas. Su optimismo es sano y alentador. En estas épocas de crisis moral, consuela la lectura de su libro.

OSVALDO LOUDET – Miembro de la Academia Nacional de Medicina

 

México, 18 de enero de 1963

Me dirijo a usted para saludarlo muy afectuosamente y desearle un fecundo año en su producción filosófica y literaria, de cuyo alto valor estoy plenamente convencido.

Su obra me ha parecido sencillamente magnífica, y le aseguro la mejor acogida, ya que estamos en un momento en que la inquietud intelectual está a la orden del día y es sumamente satisfactorio que haya mentes preparadas para guiar a nuestras juventudes desorientadas por tantas teorías desquiciantes.

CARLOS HERNÁNDEZ PRIETO – Rector de la Universidad Iberoamericana

 

New York, 20 de abril de 1963

Estimo que su libro presta un servicio inestimable a la juventud, porque señala de la manera más humana esas ”deficiencias” a las que antes se las calificaba de defectos y hasta de “culpas”, y que Ud. no sólo las sitúa en el campo de lo corregible, sino que señala el procedimiento para que puedan ser corregidas.

Todo aquel que se preocupe por la formación de la juventud no podrá menos que felicitarle por su excelente libro y propagar sus enseñanzas.

VICTORIA KENT – Editor del IBÉRICA Publishing Co. Inc.

 

Montevideo, 18 de diciembre de 1962

Saludo muy atte. al señor Carlos B. González Pecotche y tengo el agrado de acusar recibo y agradecer el envío de su libro Deficiencias y propensiones del ser humano, noble libro de elevados principios y expresivo lenguaje, que merece la mayor difusión.

EDUARDO BLANCO ACEVEDO 

 

Buenos Aires, marzo 11 de 1963

Recibí su libro Deficiencias y propensiones del ser humano. Es una auténtica obra de redención.

Además de ser usted un estudioso eficaz y un laborioso infatigable, mantiene la llama de la fe en la perfectibilidad humana.

ROQUE A. IZZO  – Profesor universitario

 

Lisboa, 19 de marzo de 1963

Trátase de un estudio valioso, revelador de conocimientos profundos de la naturaleza humana, que es analizada en todos sus aspectos. Nos indica sus defectos y cualidades, así como los medios de desenvolver éstas y anular aquéllos. Es un libro que interesa por igual a psicólogos, profesores y padres.

GUSTAVO CORDEIRO RAMOS – Presidente del Instituto de Alta Cultura

 

Buenos Aires, enero 7 de 1963

Deficiencias y propensiones del ser humano es un trabajo de aliento, meduloso, que en las actuales circunstancias debe ser difundido, como Ud. bien dice, especialmente entre la juventud descreída e indiferente ante los problemas del mundo moderno.

Lo felicito por sus esfuerzos en que se conozca más y más la Logosofía, que tan bien expone en sus trabajos intelectuales.

EDUARDO LABOUGLE – Escritor

 

Buenos Aires, noviembre 26 de 1962

Le agradezco muy de veras la amabilidad que ha tenido usted de poner en mis manos su nueva obra Deficiencias y propensiones del ser humano, la que leeré con real interés por la inquietud que despierta su tema y por venir además de un trabajador intelectual tesonero y talentoso, que ha abordado la Logosofía con espíritu de avanzada.

GONZALO BOSCH – Profesor universitario

 

Buenos Aires, 30 de diciembre de 1963

Mucho agradezco el envío de su nuevo libro Deficiencias y propensiones del ser humano. En nuestro tiempo -por no decir en todos los tiempos- lo que más se necesita son páginas de meditación como las de usted, que tienden a modificar lo que parece inmodificable…

RICARDO SÁENZ HAYES – Academia Argentina de Letras

 

Buenos Aires, 27 de noviembre de 1963

Los jóvenes, y aun los de edad avanzada, tienen en su libro Deficiencias y propensiones del ser humano una gran lección que aprender. Es una guía en el cúmulo de aberraciones en la vida de la humanidad del siglo XX.

Estas breves palabras sólo llevan mi intención de aplauso por su labor de estudioso.

ÁNGEL MARÍA ZULOAGA –  Brigadier General

 

Buenos Aires, noviembre 26 de 1962

Su libro Deficiencias y propensiones del ser humano está lleno de sanos consejos; hará espiritualmente bien a cuantos lo leyeren con intención de utilizar lo que de su contenido fluye.

Es un libro de moral sin amenazas de sanciones.

HORACIO RIVAROLA – Doctor en Filosofía y Letras

 

Deficiencias y propensiones del ser humano me promete una enseñanza tan confortante, serena y perspicaz como la que he encontrado en otros libros de su pluma, infatigable en una labor filantrópica que merece sincero encomio. –

ENRIQUE BANCHS – Escritor

 

Montevideo, 12 de diciembre de 1962

Saluda con la mayor estima intelectual al distinguido pensador, don Carlos B. González Pecotche, y le agradece cordialmente el envío de su magnífica obra Deficiencias y propensiones del ser humano, creación que, como pocas del género, une a su fecunda docencia, una exposición clara y correcta, que hiere persuasivamente la emotiva sensibilidad del lector.

ALBERTO RUSCONI

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Opiniones de destacados intelectuales sobre “INTRODUCCIÓN AL CONOCIMIENTO LOGOSÓFICO”

Las mismas figuran en la parte inicial de la segunda edición ampliada impresa en 1967 en Buenos Aires, República Argentina

ALGUNAS OPINIONES DE DESTACADOS INTELECTUALES DEL PAÍS y EXTRANJERO VERTIDAS EN OCASIÓN DE LA APARICIÓN DE “INTRODUCCIÓN Al CONOCIMIENTO LOGOSÓFICO”

 

Buenos Aires, 19 de julio de 1951

Le agradezco inmensamente el gentil envío de su obra Introducción al conocimiento logosófico. Me apresuro a felicitarlos por tan notable trabajo. He comenzado a leerlo con sumo interés y estoy avanzando en su lectura lleno de entusiasmo. Es usted claro, preciso, directo. Lo felicito también por esta manera de llegar al entendimiento y al corazón de los lectores.

ENRIQUE DE GANDÍA.

 

Río de Janeiro, 3 de junio de 1951

Compláceme decirle que Introducción al Conocimiento Logosófico es obra notable. A medida que voy embebiéndome en la lectura de su bello trabajo, va enraizándose en mi espíritu la grandeza y profundidad de los conocimientos de su autor, verdadero maestro de este asunto, al mismo tiempo que recibo una lección nueva, acompañada de amplias enseñanzas. Su lectura me afirma en la convicción de que el cerebro que lo concibió y la mano ágil que lo trazó pertenecen a uno de los más notables intelectuales de Sudamérica, de cuya mente opulenta, los pensamientos salen a través de una palabra fluente que deja en el espíritu de quienes lo leen la huella de una oratoria de amplios recursos y macizas ideas.

ANTONIO ALVES DE CERQUEIRA

 

 

Buenos Ares, 18 de julio de 1951

Me complazco en informarle, al agradecerle cordialmente el volumen remitido, que seguiré con detención el pensamiento del autor, eminentemente constructivo y en función de un sacerdocio moral muy plausible cuando insiste en la obligación del hombre de continuar con firmeza por la recta senda y en una continuada superación, para que adquiera realidad la vieja sentencia de su parte divina hecha a Su Imagen y Semejanza.

PEDRO BELOU

 

Montevideo, 20 de agosto de 1951

Mucho es lo que he meditado sobre la lectura de su libro y , más genéricamente, sobre el problema de la verdad. Porque ante el dilema que plantea el “homo mensura” de Protágoras, en oposición a la verdad única y objetiva, el hombre sólo puede hacer una cosa: pensar. Pensar sin prisa para llegar a una verdad definitiva, porque en la prisa habitan de antemano todos los errores posibles; y porque al arte de pensar hay que darle categoría de fin, y no de camino hacia una meta problemática e incierta.

Su obra es un convincente alegato en favor del pensamiento, complemento insustituible de equilibrio interior y de convivencia.

EDUARDO COUTURE

 

Buenos Aires,, 25 de mayo de 1951

He recibido su libro Introducción al conocimiento logosófico, que estoy leyendo con gran interés y especial atención porque veo que se trata de conceptos originales y humanos, expresados con claridad y síntesis, dos grandes virtudes que venero.

PEDRO MIGUEL OBLIGADO

 

Buenos Aires 1º de junio de 1951

El envío de su obra me da la oportunidad de conocer su doctrina ya ordenadamente. Todos dirán sin duda conmigo, que es cosa de celebrar que la ocasión sea venida, con la publicación de su obra, de entrar en relación directa con sus ideas, desde hace años tan difundidas y comentadas por sus amigos y admiradores.

ARTURO CAPDEVILA

 

Buenos Aires, 29 de julio de 1951

El Decano de la Facultad de Filosofía saluda muy atentamente al publicista Sr. Carlos B. González Pecotche, y se complace en expresarle con su sentida gratitud, que recibió la obra que le anunciara: Introducción al conocimiento logosófico. Puede asegurarle que la leerá con sumo interés y que colocará después el libro en la Biblioteca de la Institución para que la juventud estudiosa que frecuenta sus aulas pueda enterarse de su contenido.

JUAN VICENTE RAMÍREZ

 

Panamá, 23 de noviembre de 1951

He leído Introducción al conocimiento logosófico con especial interés y puedo manifestarle que se trata de una obra de gran utilidad para quien anhela superarse espiritualmente e investigar dónde está la verdad de las cosas. Me he convencido de que este manual prepara la mente para la adquisición de los conocimientos necesarios, lleva gratas emociones al alma y enseña a dignificar la vida.

CELIA DE AROSEMENA

 

Buenos Aires, 2 de agosto de 1951

No le sorprenderá seguramente que haya demorado esta respuesta, porque he debido leer su obra despacio, dado su fondo filosófico y su mucha sustancia. Más de un motivo ha de tener su autor de sentirse satisfecho por la realización de obra semejante, tan generosa y de efectiva cultura.

MARIANO DE VEDIA Y MITRE

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LA LOGOSOFÍA  -DECLARA RAUMSOL- PUEDE DAR AL MUNDO LAS BASES PARA UNA NUEVA INVESTIGACIÓN

EL DIARIO – Buenos Aires – Jueves 11 De Agosto De 1938 –(Pág.9)

Proclama a la mente como principal factor de la vida en todos sus órdenes y manifestaciones

               Especial para EL DIARIO.

Desde hace varios años hemos venido sosteniendo con cierta insistencia y con buenos fundamentos en las manos, la existencia de un sistema mental en el hombre que, de generalizarse su conocimiento, habría de provocar no pocos cambios en la actual manera de pensar y también, una revolución saludable y reformadora, de espíritu eminentemente constructivo, en la fase social, científica y política del mundo.

Tenemos la plena seguridad de que esta nueva y fecunda concepción de la psiquis humana, basada en profundos y minuciosos estudios y observaciones hechas en el campo de la experiencia humana, habrá de promover, tanto en el mundo de la ciencia como en el ánimo de la gente de estudio, una lógica expectativa, matizada de los más diversos comentarios. Sabemos que hasta aquí, nadie se ocupó de la mente del ser, y mucho menos, se entiende, de ubicarla en el sitial prominente que nosotros le hemos concedido, asignándole toda la importancia que ella tiene para la vida del hombre. Si alguien la mencionó alguna vez fue al pasar, como una referencia cualquiera, pero nadie concretó al respecto nada que se hubiese de tener en cuenta como punto de atención. Podemos pues asegurar con la más absoluta convicción, que ningún filósofo, historiador u hombre de ciencia se ha ocupado de la mente ni le ha atribuido la preponderancia y atributos que la Logosofía le asigna por sobre todas las demás perspectivas y aspectos que la ciencia haya podido determinar a los diversos agentes de la naturaleza humana.

En efecto, las corrientes de investigación científica se han dirigido hacia el estudio de la vida tomando por objetivo su configuración orgánica (biología), funcionalidad y propiedad de los órganos (fisiología), las enfermedades (patología), con sus consiguientes ramificaciones (bacteriología, endocrinología, etc.), y a fuer de tenaces empeños filosóficos se incorporaron luego la psicología, estudio de las facultades del alma y modalidades anímicas del ser, la psiquiatría, doctrina y estudio de las enfermedades mentales, y la antropología, estudios generales del ser humano: pero se ha hablado, acaso, alguna vez de la mente? ¿Ha preocupado ella en alguna época el afán científico? ¿Ha formado parte, por ventura, de los conocimientos que se imparten en las universidades? Se ha tomado en cuenta en alguna oportunidad su existencia? ¿Se han discutido sus virtudes o sus propiedades, su funcionamiento o su rol en la vida humana? No tenemos la menor noticia de ello y en buena ley lo podemos decir después de haber sido atacados por el solo hecho de dar a conocer nuestro descubrimiento, fruto de largos años de intensa labor, de estudio y experimentación.

Este hecho nos autoriza a ratificar nuestras afirmaciones de años atrás, valientes y decididas, cuando por primera vez expusimos a la opinión los resultados de nuestras investigaciones y llamamos reiteradamente la atención para que se viera en nuestra prédica el sincero anhelo de llevar a todo hombre de estudio hacia la comprobación consciente de nuestros aciertos y de nuestras verdades.

Hoy como ayer volvemos a proclamar la existencia de un sistema mental que rige la psiquis humana y regula todos los actos del hombre, considerando ese sistema como el principal factor de la vida en todos sus órdenes y manifestaciones.

No se trata de nada sobrenatural ni que resulte de difícil acceso a la inteligencia. No pretendemos crear el androide, esa especie de autómata con figura humana que alucinó al gran Alberto y que la historia, con ironía casi imperceptible, relata que S. Tomás partió de un bastonazo para no verse importunado por las ocurrencias del muñeco. Tampoco entra en nuestra cuenta reeditar el sueño de los antiguos alquimistas que tentaron crear al hombre sin concurso de la mujer, utilizando la famosa mandrágora, raíz gigantesca que crecía en remotas épocas y sobre la cual se tejieron tantas leyendas; ni resucitar viejas teorías confundidas con creencias de diverso tipo, cosa que dejamos para aquellos que se confeccionan trajes de filósofos a expensas de la inventiva ajena.

El hombre siempre consideró que sus pensamientos, lo mismo que las voliciones o impulsos de su carácter, emanaban del cerebro. Lo prueba el diccionario de la lengua, que es ley en la enseñanza oficial, al dar como explicación del vocablo mente, “razón, inteligencia, imaginación, memoria, voluntad, pensamiento, etcétera.

En Francia la palabra mente no existe, y si esto acontece en el país que ha ocupado los primeros puestos y aventajado siempre a los demás por la agudeza de su espíritu investigador y estudioso, tenemos sobrados motivos para declarar que ni en la Sorbona ni en parte alguna de Europa se asignó a la mente la menor importancia.

“En el principio era el Verbo…”El Verbo es antes que Verbo, MENTE, porque la Mente es la que genera el Verbo y éste no sería tal si la mente no existiera. Hemos contestado a los hombres de ciencia -y no han podido replicar,- que no es el cerebro el que produce las ideas ni da forma a los pensamientos, sino la mente. Cerebro también tienen los animales y sin embargo, no tenemos noticia alguna de que a tal o cual representante de la fauna, se le haya ocurrido lanzar una idea o proponernos algún pensamiento. Empero, en ciertos animales, como ser el perro, el caballo, el mono, etc., se observan los primeros rudimentos mentales, aun cuando es indudable que prevalece en ellos un fuerte instinto que suple prodigiosamente las facultades que el hombre posee en su mente, inclusive la misma inteligencia.

Los animales carecen de mente, causa por la cual no pueden tener conciencia de su existencia ni de sus actos. El hombre, en cierto modo, les hace participar de su mente y de su inteligencia al reproducir sus pensamientos en su dócil naturaleza, por impresiones, en unos casos, simpáticas, sensibles y afectivas y en otros, violentas y severas que reprimen el instinto y acobardan al animal sometiéndolo a la voluntad del ser humano.

Es la perseverante educación del instinto mediante la constante vigilancia que el hombre ejerce sobre el animal haciéndole repetir movimientos o ejecutar órdenes, lo que hace aparecer a éste como si obrara con inteligencia, más no debe olvidarse, que sólo se comporta con lucidez cuando obedece a esas órdenes, es decir, cuando la inteligencia del hombre lo conduce, pero si se lo deja solo, merced a su propia iniciativa, allí se acaba la inteligencia y aparece la bestia, salvo casos muy excepcionales, en que guía al animal, más el instinto afectivo, que lo que pudiera pensarse un rasgo de inteligencia.

Los sabios de la antigüedad, filósofos consumados que propendieron al desarrollo de los temas que tenían encadenado al hombre en una perpetua ignorancia, atribuyeron a diferentes causas el origen de la formación del universo. Tales, por ejemplo, fundador de la escuela Jónica, afirmó que el agua fue el gran agente cósmico de la creación; Anaxímenes vio en el aire el principal elemento, mientras que Heráclito se inclinó por el fuego. Otros llevaron la discusión del problema a diversos terrenos, desviando así la preocupación primera hacia la adopción de conceptos que discretamente admitieron con respecto a Dios. Desplazados del primer plano aquellas suposiciones que tendían a establecer cuál fue la primera manifestación universal, los que siguieron en el uso de la palabra en esa gran asamblea que tuvo por escenario a Grecia, India, China y Persia, en el curso de largos siglos nada aportaron con relación a dicho problema. Sus puntos de investigación convergieron casi todos en similares especulaciones, aun cuando desde muy opuestos puntos de ser.

La Logosofía ha declarado ya que el primer elemento con que se constituyó el universo fue la substancia mental segregada de la gran Mente Cósmica o Mente de Dios. Esa Mente Universal y todopoderosa interpenetra toda la creación; más aún, rige todos los procesos inteligentes y exactos de la naturaleza y se hace presente hasta en los seres más infinitamente pequeños que, ajenos al conocimiento del hombre, cumplen sus actividades en las profundidades inconmensurables e inaccesibles al alcance humano.

Más he ahí, que al obrar la Mente Ultradivina en cada ser viviente, con excepción del hombre -la excepción es más aparente que real,- toma para sí la responsabilidad de la dirección que a ellos imprime, vale decir, que tales seres viven y pueden actuar con inteligencia, pero sumergidos en la más absoluta inconsciencia, como sería el caso de los animales domésticos que hemos citado. En cambio, en el hombre no debe suceder tal cosa, por cuanto la misma voluntad de Dios puesta de manifiesto en la propia conformación humana, está diciendo con la más sublime elocuencia que el hombre tiene potestad para independizarse de esa tutela mental. “Fue hecho a su imagen y semejanza”, y por tanto, facultado para asumir la dirección inteligente de su vida, llevando su ser por medio de una sucesiva y consciente evolución, a las más altas realizaciones, mientras hace gustar a su alma el exquisito elixir de la Sabiduría, la misma que turbó el sueño de los dioses paganos, veló el entendimiento de los viejos alquimistas y procuró la gloria de mártires y profetas.

El conocimiento, que no podría ser tal si la mente no existiera, representa la Ley del Poder Supremo. De ahí que los pecados del ser sean juzgados por esa Ley conforme al conocimiento que éste posea sobre lo hecho y la intención al usarlo como elemento de acción. Pero como dicha Ley es la máxima expresión de la Justicia, también concede en la expiación de las faltas mayor proporción absolutoria al que más conocimientos tenga, pues la parte de sabiduría con que el ser cuente, le permitirá no sólo llegar a la eliminación total de sus deudas morales por el valor computable de las obras que realice en bien de los demás, sino que podrá hasta sobrepasar en mucho su crédito en tal sentido. Esta posición privilegiada vemos que fue alcanzada por las grandes almas que han pasado por la tierra y que han sido verdaderos ejemplos para el mundo.

La mente es en el hombre el principio consciente y es, como dijimos antes, el principal factor de la vida en todos sus órdenes y manifestaciones. Por ella él sabe que existe, y lo sabe en razón al conocimiento que sólo la mente contiene como medio de expresión de la sabiduría. Sin la mente el ser humano no podría tener conciencia de su existencia y mucho menos habría de conseguir que ésta fuese útil y provechosa para sí y para los demás.

La Logosofía no sólo trae al estudio del hombre estos nuevos y fecundos principios, sino que funda esos preceptos en conclusiones ya determinadas por rigurosas y precisas comprobaciones. Tales principios sostenidos por la Logosofía son el resultado de la particular concepción de su creador, autor de estas líneas precursoras de no muy lejanas manifestaciones universales de la verdad que expone a la conciencia humana.

Hemos señalado la existencia de un sistema mental en todo ser humano, sin basarnos, por cierto, en abstracciones de carácter meramente especulativo. La descripción gráfica que la Logosofía hace del sistema mental aleja toda duda. Ella ha materializado la psiquis humana, le ha asignado una fisiología independiente de la conformación anatómica del cuerpo y establecido la ubicación material de la mente en relación directa con el cerebro dándole una forma y un volumen conforme a su desarrollo y evolución. Ha indicado su funcionamiento y enseñado la complejidad de su organización, y por último ha impuesto una norma a su desenvolvimiento y actividades, subrayada por la presencia en ella de pensamientos a los cuales les ha asignado vida propia e independiente, figurando como entidades mentales que tanto pueden nacer y procrearse dentro del recinto mental, como provenir del ambiente externo y actuar dentro del ser vinculándose tanto a su vida que llegan en muchos casos a identificarse con ella de tal forma que imperan luego sobre la propia voluntad del individuo.

Contrariamente a lo admitido hasta hoy respecto a que mente, razón, memoria, inteligencia, voluntad, etc., son una sola y misma cosa, la Logosofía ha determinado la configuración anatómica de la psiquis humana al afirmar la existencia del sistema mental y atribuir un rol particular a cada una de las partes de que se compone la psiquis, demostrando la posibilidad que el ser tiene de poder conectar todos los resortes del sistema y lograr una perfecta organización psíquica.

Se ha de suponer que, al poner en tensión directa y conectar esos resortes -figurados, se entiende, puesto que en resumen no son otra cosa que lo que la Logosofía ha llamado “psicoides”, especie de elementos que según su disposición, coadyuvan al mejor desempeño de las funciones mentales- se operará en el ser una visible transformación psicológica, pues como lo estamos diciendo, al utilizarse tales psicoides conscientemente, se favorece el rápido desarrollo de las facultades (psicogénesis), dando ello lugar a que el sistema mental, una vez organizado, con un poder mayor de asimilación, comience un nuevo género de actividades en el más amplio sentido de la palabra, obteniéndose por resultado un rendimiento que podríamos apreciar, sin que haya exageración alguna, múltiple, tanto en las producciones de la inteligencia, como en la labor constructiva del espíritu.

Todo esto no quiere decir que pretendemos desconocer los esfuerzos, bien meritorios sin duda, de los que preconizaron el idealismo y otras teorías similares que consideraban al alma como parte independiente del cuerpo o como rigiendo los destinos del hombre desde un plano opuesto a la materia, al cual llamaban “mundo de las ideas”; pero es el caso, que ninguna de tales teorías ha subsistido a la acción del tiempo, pues fueron desplazándose unas a otras hasta quedar reducidas al presente a simples apuntes de la nomenclatura filosófica que suelen citarse para establecer puntos de referencia de una a otra época cuando se quieren verificar los aportes hechos por los filósofos en sus respectivos tiempos.

No discutimos, por consiguiente, el valor que puedan haber tenido y sigan teniendo para la filosofía o la ciencia las doctrinas o sistemas aparecidos en el curso de las edades, puesto que tenemos al tiempo, que es un árbitro de quien no puede sospecharse cuando a cada cosa que no ha de durar le señala una fecha, significando con ello que pasó de moda o dejó de ser de actualidad.

La Logosofía aspira – y sus buenas razones tiene- a no figurar entre el número de los empeños que han corrido esa suerte, y ésta es la causa por la que cuidamos muy bien de no ofrecer el menor motivo a la posteridad, que habrá de juzgarlos, para que el tiempo no fije fecha a la concepción logosófica del universo y el hombre, pues ella descansa sobre principios que pensamos indestructibles y que por tanto habrán de resistir a la acción del tiempo, aun cuando éste abarque en nuestro concepto, innumerable cantidad de siglos.

Tal fuerza tiene la lógica de nuestras afirmaciones luego de palpar la verdad que asoma por entre los pliegues de la Logosofía, que no dudamos habrá de desvanecer al fin los reparos que puedan hacernos por la contundencia de la forma de expresión que usamos en nuestros escritos, estilo que bien podría considerarse como genuina característica del espíritu americano, gallardo y viril por excelencia.

El gran Tratado de Logosofía que se halla actualmente en preparación, ha de ser, podemos asegurarlo con toda la autoridad que nos concede nuestro alto dominio filosófico y científico, la obra clave del porvenir donde habrán de inspirarse las generaciones futuras, ya que estará llamada a modificar, tanto los viejos conceptos sobre la vida humana como el curso de las investigaciones científicas, y no será nada extraño que podamos asistir a una de las más grandes y estupendas transformaciones que haya experimentado la humanidad en el rodar de los tiempos.

América habrá de ser, pues cuna de una potente civilización nacida al conjuro de heroicos esfuerzos en pro de conquistas supremas, no de tierras ajenas, sino de virtudes y conocimientos que llenarán de asombro a las generaciones que habita el viejo mundo.

Repetimos: no es una utopía; la Logosofía es una realidad que en su oportunidad habrá de experimentarse como una necesidad, para no quedar rezagados en el punto muerto en que hoy se encuentra el movimiento intelectual del orbe.

Conviene tener en cuenta, para no formarse conceptos erróneos y evitar confusiones que a nada conducen, distinguir el triple carácter que inviste la Logosofía; nos referimos a los aspectos, filosófico. (Presentación de una nueva concepción del universo y el hombre; creación de un sistema y doctrina); científico (Descubrimiento de nuevos elementos en la estructuración mental y psicológica del ser humano, con métodos de investigación, disciplinas, documentación, etc.), y artístico (Exaltación de los rasgos más bellos del espíritu humano, de la naturaleza y en síntesis de todo el universo; modelamiento de nuevas formas que se impondrán en el futuro; observación constante de los caracteres más prominentes de la época presente en relación directa con el progreso de la arquitectura, las letras, la pintura, etc., las cuales reúnen todas las manifestaciones del arte en una conjunción de miras e inspiraciones propias de una época que no tardará en manifestarse en el apogeo de una civilización que intuimos habrá de superar con largura a las que nos precedieron en el curso de los siglos).

La línea sinóptica que cada hombre puede trazar en el plano de su vida, auxiliado por los conocimientos logosóficos, le demostrará, pese a todo su escepticismo e incredulidad, que puede ser consciente de su propia evolución y que en él está demorarla o acelerarla al tiempo que lleva buena cuenta de los cambios -notables algunos- que irá experimentando en su beneficio mientras va adiestrándose en el uso consciente de los elementos esencialmente nuevos y de inestimable valor que pone a su alcance la Logosofía.

No se trata de crear un nuevo tipo de hombre, puesto que nada falta a su maravillosa constitución, pero sí de dar a éste los conocimientos necesarios para que conozca lo que sin saberlo posee y se apreste a colaborar así en su propia regeneración y perfeccionamiento. Mucho queda todavía para que aquello que aún permanece manifestado en la creación universal, se proyecte a la conciencia del mundo. También en el hombre existen elementos, sistemas y facultades que permanecerán por milenios ocultos a su conciencia, mientras la ignorancia vele su entendimiento y llene de sombras su existencia.

No nos inquietan, pues, las alternativas que pueden presentarnos los juicios, las críticas y los ataques. Nos guían inalterables anhelos de prestar nuestro particular concurso sirviendo y siendo útiles a toda la humanidad.

Y si esta formal decisión de hacer el bien a todos sin excepción, encontrase las resistencias y reacciones que nunca faltan en estos casos, habremos de utilizar toda la fuerza persuasiva de nuestras convicciones para convencer, sea a quién fuere, de lo infructuoso que sería destruir o forzar tales empeños.

Debe procurarse, y así lo proponemos libres de todo prejuicio, una amplia colaboración entre los hombres de estudio y de talento que persigan análogos fines en vez de perder el tiempo y mermar los rendimientos personales combatiéndose entre sí como si se obedeciera a leyes fatales de carácter destructivo. A ellos van dirigidos también nuestros esfuerzos; a establecer una convivencia mental y afectiva entre los seres, principiando por los que tienen mayor inteligencia, pues estos comprenderán más fácilmente y harán comprender a los demás la necesidad de estimular esa sana relación que habrá de constituir una defensa social poderosa, llamada a triunfar sobre la sistemática oposición de los elementos de tipo farisaico que ambulan por los ambientes provocando disensiones, malquistando los espíritus y sembrando por doquier su nefasta semilla disolvente, antisocial e inhumana.

Este problema es uno de los que más preocupa, precisamente a los gobiernos que sienten la responsabilidad de sus altas funciones. Desde Roosevelt a Ortíz cruza por todo el continente americano la misma palabra: “colaboración”, que todos los presidentes pronuncian en sus discursos y arengas como una consigna suprema. Es que esa palabra significa paz, orden, progreso.

El actual mandatario de la Nación Argentina, en ocasión de inaugurar las sesiones del Honorable Congreso, dijo que debido a “una conjunción complicadísima de factores históricos que han hecho crisis en nuestro tiempo, las sociedades humanas han llegado -sin quererlo- a un estado de desequilibrio, de injusticia y de antagonismo, que ha dividido y puesto frente a frente a las distintas categorías sociales, a los diversos sistemas políticos, a los pueblos y naciones con encontrados intereses y métodos de gobierno”. Hizo alusión también a la cuestión social que tan numerosos conflictos ha planteado “tanto en el campo de la economía y de la política como en el vasto dominio de la vida espiritual” y terminó solicitando la colaboración de todos para realizar la magna labor de gobernante que se propone.

Tales palabras, que están en íntimo acuerdo con nuestra tesis, facilitarán sin duda alguna la labor en común en que estamos empeñados. Ya se verá luego lo que cada uno haya aportado al mundo y serán las obras, como expresión de verdades inconmovibles, las que reclamarán para sus autores una palabra de justicia.

Formulamos estas manifestaciones en una hora propicia, en que se acentúa cada vez con mayor intensidad, especialmente en nuestro continente, la tendencia hacia la colaboración, la conciliación y el respeto a todo esfuerzo noble y de carácter constructivo que dignifique al hombre, pues es respeto lo que éste pide, más aún cuando trabaja y se sacrifica en exclusivo bien de su prójimo. Mientras el sabio -dijimos un día- oculta celosamente sus privaciones y fatigas, muestra con infantil alegría las cosas que ha concluido en paciente labor para que los demás disfruten de los beneficios.

Nuestra palabra llega a la opinión pública en momentos en que la Escuela Raumsólica de Logosofía celebra el octavo aniversario de su fundación. Extendida por todo el continente, es en suma, la primera Escuela, en su género que ve la luz en el suelo de América.

El Nuevo Mundo está replicando ya con ejemplos elocuentes a los estadistas de allende el océano. Y no pasará mucho sin que anuncie también a los filósofos de Europa y Asia, que se ha descubierto en estas tierras el lecho de un manantial filosófico que nada tiene que ver ni absorber de las viejas corrientes de Atenas, Alejandría, etc., ni tampoco de las que inundaron el viejo mundo de teorías, doctrinas o sistemas filosóficos en la Edad Media y en los tiempos modernos y contemporáneos. Ya habrá ocasión de contemplar cómo desde aquellas comarcas que fueron cuna de regias estirpes y varones iluminados, acudirán los hombres a los valles del Plata para abrevar los conocimientos que ellos no lograron encontrar y resolver los múltiples problemas planteados a la inteligencia humana.

Servir a la humanidad, ser útil a los semejantes es -como dejamos expresado-, uno de los pensamientos que animan nuestras horas de labor y de consagración. Ocho años llevamos de brega logosófica. Si no hubiéramos visto confirmarse tantas veces la verdad de nuestras afirmaciones, con seguridad que estas palabras no tendrían la fuerza de expresión que poseen ni hubiésemos expuesto tan abiertamente nuestro pensamiento; pero, por algo lo decimos y volvemos a repetir: la Logosofía dará al mundo las bases para una nueva investigación conduciéndolo hacia nuevos y fecundos descubrimientos.

RAUMSOL

EL FILÓSOFO AMERICANO

Copia facsimilar del artículo original

Facsimilar del Artículo publicado en EL DIARIO de Buenos Aires el 11 de agosto de 1938

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Primer Congreso Internacional de Logosofía: Pronunciamientos

Realizado en Noviembre de 1960

Sede:  8 De Octubre 2662 – Montevideo, República Oriental del Uruguay

AUTORIDADES DEL CONGRESO

Presidente de Honor:                Sr. Carlos Bernardo González Pecotche
Presidente:                                    Dr. Ricardo A. Bassi
1er. Vice-Presidente:                Prof. Alcira López Ibarburu
2do. Vice-Presidente:               Sr. Afonso Ranieri
Secretario General:                  Dr. Mario J. Lusiardo
Pro-Secretario:                           Arq. Araceli Tomás Salles

El 25 de Noviembre de 1960, tuvo lugar en Montevideo, Uruguay, la sesión inaugural del 1er. Congreso Internacional de Logosofía, cuyas deliberaciones se celebraron en el Aula Magna de la Fundación Logosófica en Pro de la Superación Humana.

Esta primera e importante concentración de logósofos, delegados de las Fundaciones que funcionan en las ciudades de los distintos países donde se difunde el saber logosófico, tuvo el mayor de los éxitos. Contó con los más francos auspicios de la prensa, la radio y la televisión, por lo que la opinión pública le prestó preferente atención.

La labor del 1er. Congreso Internacional de Logosofía puede apreciarse con la lectura de los pronunciamientos surgidos de sus intensas y proficuas deliberaciones, los que se transcriben en este folleto previo a la publicación de la Memoria. Por este medio se da amplia difusión a la concepción logosófica, testimoniada a través de los resultados obtenidos mediante la aplicación del método logosófico durante treinta años, por millares de investigadores, en silenciosa tarea, la que permitió comprobar fehacientemente los sólidos cimientos en que se apoya la Sabiduría Logosófica.

Juzgamos importante destacar la preferencia que el Congreso otorgó al estudio y consideración de los temas vinculados a la educación de la niñez y a la orientación de la juventud. Con ellos se hizo eco del calificado material que, respecto a la aplicación del método logosófico en esa materia, estaba contenido entre los seiscientos ochenta trabajos remitidos al Congreso sobre los distintos puntos del temario.

La magna asamblea tuvo además la virtud de vigorizar altamente al Movimiento Logosófico, el cual, fundado el 11 de Agosto de 1930, es guiado magistralmente por su creador Don Carlos Bernardo González Pecotche, autor de la Logosofía y a quien por aclamación se designó Presidente de Honor del 1er. Congreso Internacional de Logosofía.

Este movimiento de emancipación moral y espiritual del hombre se encamina directamente a la consumación de sus más altos destinos humanísticos. Con él se inaugura la era de la evolución consciente del género humano.

Firman:  Ricardo A. Bassi – Presidente      –    Mario J. Lusiardo-Secretario

Cantidad De Trabajos Presentados Sobre El Temario

Tema            I                                             104      trabajos
Tema            I I                                          174         “
Tema            I I I                                         97         “
Tema            I V                                           45         “
Tema            V                                             72          “
Tema            V I                                           61         “
Tema            V I I                                        62         “
Tema            V I I I                                     40        “
Tema            I X                                            25        “
Total                                                            680        “

El análisis de los trabajos sobre cada punto del Temario fue realizado por las Comisiones del Congreso, quienes produjeron los respectivos informes que, previa su consideración y debate en las sesiones plenarias, dieron lugar a los pronunciamientos que constan en la presente publicación.

 Objetivos Del Congreso

1 . Reunir, con motivo de haberse celebrado el trigésimo aniversario de la Fundación Logosófica, a sus más caracterizados miembros del país y del extranjero a fin de planificar la acción futura del movimiento de superación humana que anima al pensamiento Logosófico.

2 . Exponer la concepción logosófica como fuente de una nueva cultura.

3 . Examinar los resultados obtenidos mediante la aplicación del método logosófico y formular una recomendación especial a todas las universidades e instituciones docentes del mundo, para que sea adoptado previo los ensayos correspondientes.

Temario

1° Cuadro sicológico, moral y espiritual que presentan los seres humanos en el momento actual
2° Cómo enseña la Logosofía al hombre a conocerse a sí mismo; en qué consiste ese conocimiento y qué importancia tiene para la solución de los problemas humanos.
3° Trascendencia que tiene para la vida humana el proceso logosófico de evolución consciente.
4° Importancia del método logosófico como base para el desarrollo de la individualidad en su carácter integral.
5° Positivos resultados logrados en la educación de la niñez mediante la aplicación del método logosófico.
6° Influencia constructiva del conocimiento logosófico en la juventud.
7° Emancipación mental, moral y espiritual del hombre y la mujer mediante esta disciplina.
8° Proyecciones de la ciencia logosófica sobre la orientación presente y futura de la humanidad.
9° Proyectos de acción futura del movimiento de superación que anima al pensamiento logosófico.

* * *

TEMA I

“Cuadro sicológico, moral y espiritual que presentan los seres humanos en el momento actual”.

El conocimiento logosófico al penetrar en las honduras del complejo sicológico del hombre, advierte sus estados predominantes, descubre las causas que los originan y efectúa una clasificación precisa de los factores que concurren a formar el cuadro sicológico, moral y espiritual del ser humano en el momento actual.

Este estudio permite observar como aspectos dominantes de este cuadro: la desorientación, el nerviosismo ambiente, la inseguridad en si mismo, el debilitamiento de las fuerzas morales, el quebrantamiento de la conducta y relajamiento de las costumbres, la superficialidad de los objetivos que se propone el ser y la volubilidad en los esfuerzos para alcanzarlos, que manifiestan en conjunto la orfandad espiritual en que el hombre se encuentra. Se agrega a ello la presión que constantemente ejercen en el hombre las corrientes mentales que hacen oscilar su vida y dificultan la formación de convicciones reales. Lo acompañan prejuicios, creencias y temores; experimenta grandes inquietudes y siente anhelos angustiosos de paz y bienestar para los cuales no encuentra cauce ni vislumbra metas por impedírselo – tal como la Logosofía lo evidencia – la ignorancia en que se encuentra con respecto a sí mismo y a los principios de carácter universal que inciden en el desarrollo de su vida.

El saber logosófico enseña a descubrir que la causa principal de la precaria situación del hombre es que ha dejado de pensar en el sentido amplio de esta función y al quedar dominado por la Inercia mental, pierde la prerrogativa de alcanzar la verdadera libertad, alejándose cada vez más de los reales objetivos de la vida.

Se destaca también como otra causa de importancia, que el hombre infringe constantemente los principios morales que regulan la conducta, principios que adquieren realidad, Permanencia y efectiva vigencia, sólo cuando radican en la propia conciencia. Asimismo es causa fundamental de la referida orfandad espiritual en que el hombre se halla, el haber quedado el espíritu sometido al más injusto abandono por desconocimiento de la misión específica que está llamado a cumplir en el ser humano, el que, en su vuelo quimérico, sólo concibe a su propio espíritu, como algo abstracto y ajeno a su realidad inmediata.

Existen en los trabajos presentados por los investigadores logósofos, las constancias alcanzadas por vía del estudio experimental de cómo asiste Logosofía al ser humano para cambiar esos estados al ofrecer una concepción original del hombre y de su vida y un método “sui géneris”, los cuales se constituyen en génesis de una cultura Interna que modifica radicalmente causas y efectos.

Entre los aportes de la Sabiduría Logosófica se destacan:

A) El conocimiento de la estructura síquico-espiritual del hombre. Al verificar esta realidad interna, el ser comprueba las posibilidades de que dispone para encontrar la verdad dentro de sí mismo y descubrir las causas internas y externas de cuanto le acontece, facultándose para manejarlas y accionar conscientemente.

B) El método que capacita para ejercer la función de pensar conscientemente, liberados los sistemas mental y sensible por la renovación de conceptos entre, los que tiene capital importancia el que concierne al pensamiento como agente natural de la vida humana.

C) El conocimiento de las leyes universales y la presentación del objetivo superior de la vida, con los recursos que hacen viable su conquista. Es en la prosecución de este objetivo -testimoniado en los trabajos de todos los que han iniciado el proceso logosófico de evolución consciente que se superan los estados precarios, se logra estabilidad, firmeza de convicciones, confianza en si mismo y la felicidad que proporciona la certeza de que los pasos se dirigen decididamente hacia la realización de los más altos ideales de humanidad.

La ciencia logosófica, al proporcionar el conocimiento trascendente y el método para su asimilación, habilita para transformar el cuadro sicológico del hombre actual, pues opera cambios sustanciales en cada individuo. Cabe destacar también, que los ambientes experimentan la influencia benéfica de los valores mentales, morales y espirituales de la nueva cultura de la que es fuente Logosofía.

En base a lo expuesto, el Primer Congreso Internacional de Logosofía,

DECLARA:

1 ° El conocimiento logosófico descubre y analiza las causas que en el momento presente originan el precario estado mental, moral y espiritual en que se encuentra la mayor parte de los seres humanos.

2 ° El hombre ignora aspectos fundamentales que conciernen a su realidad interna en sus contenidos sicológicos y espirituales. De esta causa central derivan las demás que afectan el ánimo y debilitan la voluntad. Desconoce la importancia de la actividad de su inteligencia, en especial de la función de pensar en los aspectos trascendentes. La falta de conocimientos precisos sobre la acción de los pensamientos como agentes naturales de su vida, de las leyes universales y de la razón de ser de su existencia, lo dejan indefenso y expuesto a la influencia nociva que ejercen prejuicios, creencias y temores.

3 ° En los aspectos moral y espiritual la ciencia logosófica demuestra que el hombre ignora la manera eficiente de comportarse de acuerdo con los principios y alcances de la Ley Moral que debe regular su conducta. La conciencia necesita ser asistida por conocimientos relacionados con la actividad del espíritu y la participación activa y permanente que éste debe tener en las variadas instancias que configuran el diario vivir. La sensibilidad humana ha sido vulnerada, lo que debilita -hasta el riesgo de hacerlo perder el patrimonio moral y sensible del ser. Carece el hombre del aliciente superior que lo eleve por encima de las limitaciones actuales y lo habilite para satisfacer las nobles exigencias de su propio espíritu. La Sabiduría Logosófica, al aportar el original contenido de su enseñanza y su método experimental, posibilita la modificación de las causas que dañan la vida y abre nuevos horizontes hacia destinos que jerarquizan la entidad humana.

 * * *

TEMA II

“Cómo enseña la Logosofía al hombre a conocerse a sí mismo; en qué consiste ese conocimiento y qué importancia tiene para la solución de los problemas humanos”.

Consideraciones generales Debe señalarse que los trabajos presentados sobre este tema constituyen una documentación -viva y fehaciente de la realidad que entraña la concepción logosófica sobre el conocimiento de sí mismo y de sus beneficios inherentes. Sus autores dan testimonio de esta realidad, remitiéndose al resultado de su experiencia personal consciente. Surge de ello que la investigación sobre el tema ha sido rodeada, como corresponde, de rigorismo científico inobjetable y por consiguiente, que su verificación queda al alcance de todo el que se proponga realizarla.

Formuladas las apreciaciones precedentes que concretan el carácter experimental de los trabajos considerados, a continuación se formulará una síntesis ceñida de los aspectos fundamentales contenidos en el material estudiado, cuya esencia conceptual, como es obvio, ha sido extraída exclusivamente de la, ciencia logosófica.

Bases para lograr el conocimiento de sí mismo

Todos los autores de los trabajos examinados coinciden en manifestar -expresa o tácitamente que para encauzar con acierto la tarea de conocerse a si mismo, les ha resultado indispensable familiarizarse previa y activamente con las enseñanzas logosóficas conducentes a tal fin.

Someramente se mencionan a continuación los conocimientos más accesibles y por lo tanto, los de más rápida aplicación y verificación.

En primer término los que se apoyan en la, concepción logosófica sobre los pensamientos, que los define como entidades sicológicas animadas de vida propia, capaces de desarrollar actividades dependientes e independientes de la voluntad del hombre.

Individualizar los pensamientos que accionan en la mente, como paso inicial del proceso que lleva al conocimiento de sí mismo, clasificarlos según su naturaleza constructiva o negativa, utilizar acertadamente los primeros y establecer las defensas adecuadas para enfrentar los últimos con valentía e impidiendo así que lleguen a concretarse en palabras, actitudes o hechos, constituye la primera aproximación para identificarse con la propia realidad interna.

La ilustración, siempre activa, sobre la estructura sicológica del ser humano, configurada por los sistemas mental, sensible e instintivo, es igualmente una instancia ineludible para ir situándose con el acierto necesario dentro de la investigación; mediante un libre y armónico ejercicio de las facultades de los sistemas mental y sensible va alcanzando su propio equilibrio interno, transformándose el ser en una fuente permanente de energías y estímulos.

Son asimismo fundamentales para la labor de investigación interna, ¡os conocimientos sobre el funcionamiento y las formas en que se manifiestan las leyes universales dentro de cada ser humano en el plano espiritual, entre otras: Ley de Evolución, Cambios, Caridad, Herencia de sí mismo, Afinidad, Adaptación, Correspondencia, Tiempo.

Los conocimientos básicos señalados precedentemente, trasladados al terreno de la comprobación individual, bajo la rectoría de la conciencia, permiten al investigador en Logosofía, realizar una ajustada exploración de su mundo interno, mediante la que podrá justipreciar los valores reales con que cuenta y concomitantemente las deficiencias que, afectando su organismo sicológico y espiritual, imposibilitan el afloramiento de las riquezas potenciales y conspiran contra el anhelo de concretar su perfeccionamiento integral.

En qué consiste el conocimiento de si misino que propone la Logosofía

El conocimiento de sí mismo que se articula y realiza con la Logosofía es esencialmente dinámico.

No se trata, en efecto, de un simple relevamiento topográfico que lleve al ser a conocer sus características, sus anhelos, sus virtudes, sus defectos, sus prerrogativas-y sus deberes, y que deje allí finiquitada la investigación.

Se trata. como se ha dicho, de un conocimiento dinámico, pues conduce incesantemente al ser a conocer para perfeccionarse. Se Individualizan así, facetas positiva, a fin de estimularlas concretándolas en realizaciones superadas. Igualmente, se Identifica, perfiles, defectuosos, en el propósito de corregirlos o eliminarlos en sí mismo.

Para la sabiduría logosofía, conocerse a sí mismo es, entonces. recorrer un camino con el propósito conscientemente concebido v realizado de ensanchar permanentemente sus horizontes y sus perspectivas, hasta lograr la identificación con propio espíritu.

Esto requiere, como es lógico, una sucesión, de cambios ascendentes , a los que el ser humano va adaptándose placenteramente, sin violencias ni desarmonías, pues se trata de una tarea adoptada por propia decisión en  cumplimiento de los anhelos más íntimos y depurados.

Tarea de autoperfeccionamiento, y autocreación, cumplida en consonancia con las Leyes Universales que rigen todos los procesos de la Creación, leyes que la sabiduría logosófica ha venido a descubrir al entendimiento humano, para que éste se aplique a conocerlas y cumplirlas conscientemente. Es sólo así que el hombre encontrará la legitima felicidad, al conocer el funcionamiento de su mente, al dinamizar su sensibilidad y al conquistar una nueva  disposición para el bien.

Importancia del conocimiento de sí mismo en la solución de los problemas humanos

Los problemas que más frecuentemente afectan al hombre, tienen su origen en forma directa o indirecta, mediata o inmediata, en el desconocimiento de si mismo.

Ese estado de inadvertencia y aún desconocimiento de su realidad interna limita sus posibilidades, anula sus prerrogativas y vuelve sus pasos inseguros y vacilantes. Por ello busca generalmente la causa y la solución de sus problemas y dificultades en lo externo.

Sin embargo, el conocimiento gradual de su realidad, lo lleva a comprender, inequívocamente, que es dentro de sí donde siempre se encuentra el factor sustantivo de las situaciones que lo perturban y lo inquietan.

De ahí la importancia que el conocimiento de la propia realidad tiene para la solución de los problemas. Al modificar mediante la aplicación del conocimiento logosófico los factores que los originan, por ejemplo, fallas temperamentales, deficiencias, etc., aquellos se solventan o decrecen.

Además, en la medida en que se va ampliando la, propia capacidad los problemas disminuyen en magnitud y se empequeñecen al ritmo de la mayor dimensión alcanzada por la vida.

Como síntesis de todo lo expuesto, el Primer Congreso Internacional de Logosofía,

DECLARA:

1° Logosofía, como fuente de una nueva cultura articulada sobre bases esencialmente científicas, enseña al hombre a conocerse a sí mismo mediante la realización del proceso de evolución consciente en el que tiene importancia primordial la propia conciencia y la forma en que se manifiestan y funcionan las leyes universales.

2° El conocimiento de sí mismo que hace posible la sabiduría logosófica consiste en la comprobación experimental de:

a) Los sistemas que integran la propia estructura sicológica: el mental, el sensible y el instintivo;

b) Los pensamientos que actúan dentro de la propia mente, así como la influencia que ejercen en la vida;

c) La técnica y estrategia en la preparación y organización de las defensas mentales para luchar con éxito contra los pensamientos negativos y dominantes;

d) Las propias deficiencias y el modo eficaz de ir eliminándolas gradualmente;

e) Las reservas internas que yacen latentes en el mundo interior de todo ser humano y que no se utilizan precisamente por ignorar su existencia.

3 ° Los conocimientos que sobre sí mismo brinda el saber logosófico son de vital importancia para la solución de los problemas humanos, porque con ellos se logra:

a) Descubrir cuáles son las deficiencias que perturban la vida y afectan la evolución que se procura llevar a cabo;

b) Ser cada día más consciente de lo que se es y se posee internamente;

c) Determinar cuáles son los recursos del saber con que efectivamente se cuenta;

d) Conocer cuáles son las posibilidades y prerrogativas que se tienen como ente físico y espiritual;

e) Adaptarse con agrado a los cambios que la evolución consciente va operando dentro de sí mismo.

Todo lo anterior, al ensanchar la vida y dotarla de mayor firmeza y sensatez en el diario acontecer permite resolver con acierto las inquietudes, interrogantes y problemas; de ahí su importancia.

* * *

TEMA III:

“Trascendencia: que tiene para la vida humana el proceso logosófico de evolución consciente”.

Generalidades previas

De los valiosos aportes tenidos en vista se desprende en mayor o menor grado, que la realización del proceso de evolución consciente que la Logosofía prescribe y enseña a realizar ha brindado resultados positivos en medida Insospechada para los Investigadores logósofos.

Cabe señalar también la coincidencia en los resultados y experiencias consignados en los trabajos de logósofos pertenecientes a las Fundaciones con sede en los diferentes países que participan en este Congreso, en los que se evidencia que el proceso logosófico de evolución consciente es accesible a seres de las más variadas modalidades, costumbres y cultura.

Fundamentos conceptuales del Tema

La ciencia logosófica alerta al hombre respecto a la vigencia de leyes universales que rigen tanto la vida cósmica como la humana. Entre, ellas, la Ley de Evolución, que rige todos los procesos de la creación, inclusive el que realiza el hombre inconscientemente, y que en esta oportunidad está específicamente relacionada con la parte medular de los trabajos considerados.

El ser humano, en efecto, cumple individualmente durante su vida, además de su evolución somática, una evolución síquica que se desarrolla espontánea y naturalmente sin Intervención directa de su conciencia. Esta evolución está librada un poco al azar y a circunstancias derivadas del ambiente en que corresponde actuar al hombre.

Por ser la Ley de Evolución una de las de mayor jerarquía que rigen en la Creación, no puede el hombre, como parte de esa misma Creación, permanecer ajeno a su influencia modeladora. Puede si ignorar que esta ley existe, y por lo tanto transgredirla, siendo, ésta la primera causa que le impide gozar de una felicidad amplia y duradera.

El conocimiento logosófico lleva al ser a que se compenetre en primer término de esta realidad, y luego le enseña a recorrer el camino de su propia evolución, para que no se engañe, con las apariencias y llegue a suponer que el perfeccionamiento humano es consecuencia de la civilización que viene cumpliendo desde, los albores de la existencia.

El estado actual de la humanidad certifica que el carecer del potencial impulsivo necesaria para culminar en realizaciones trascendentes, expone a los seres a cumplir, etapas de vida vacías de contenido espiritual.

En el proceso de evolución consciente, por el contrario, cada ser humano, guiado por las enseñanzas logosóficas, toma a su cargo como tarea fundamental de su vida el planificar e ir concretando las etapa., de su perfeccionamiento integral. Es decir, que aquella evolución espontánea m transforma en un que hace, deliberado y atento, en el que cada instancia a superar es previamente planeada por el Interesado, partiendo de sus Posibilidades reales y llevando prolija cuenta, de todo, lee movimientos que hacen posible su consecución.

De esto se desprende con facilidad que mediante el proceso logosófico de evolución consciente el ser humano abrevia e, gran medida el trayecto de su perfeccionamiento. Este proceso evolutivo consciente puede compararse a un túnel que acorta distancias. En tanto el ser pasa por ese túnel, su vida se enriquece con todo lo que ve y conoce de sí mismo, mientras observa por dentro los paisajes de plenitud que le ofrece el conocimiento trascendente de su existir.

Además, cada conquista lograda es estable, porque al llevar cuenta de los resortes psicológicos que ha puesto en juego para alcanzarla, el ser queda en condiciones de reconstruirla en cualquier momento.

Posee la virtud Imponderable de permitir, por igual motivo, brindar valiosa ayuda a los demás, porque es posible ofrece, algo que, realmente se posee y señalar con precisión la trayectoria exigida para lograrlo.

Beneficios obtenidos en su realización

Para la Logosofía la verdadera civilización es la del espíritu, aquella que cada individuo logra en función de necesidades Internas mediante el proceso precitado, que implica cambios de condición, de modalidad y de carácter, ajustándose al tono de Individuo racional y consciente en el sentido más amplio de la expresión.

Según se deduce de lo expuesto, el proceso de evolución que enseña a realizar la Logosofía es de importancia capital para la vida humana. Significa la posibilidad de trascender las limitaciones de la ignorancia y la incapacidad para resolver los problemas que aquejan al hombre, motivados en su mayor parte por el desconocimiento de su mundo interno y por la influencia nociva de las deficiencias que dificultan su vida de relación.

El cumplimiento de este proceso, que debe ser efectuado bajo los auspicios de la inteligencia y sometido al control directo de la conciencia, se evidencia en la superación de los valores mentales, morales y espirituales del individuo.

Mediante la realización del proceso evolutivo consciente, según lo prescribe esta ciencia, a la par que se eliminan les creencias y prejuicios que impiden el funcionamiento de la facultad de pensar, se conquista una mayor solvencia en todos los órdenes de la vida y una creciente capacidad para resolver con libertad las diferentes situaciones. El ser trasciende las limitaciones corrientes y adquiere plena confianza en sí mismo.

La Logosofía, al enriquecer la conciencia con nuevos y profundos conocimientos relacionados con la vida Interna, con Dios y con el propio destino del hombre, abre un mundo de posibilidades al investigador que va conociendo la verdad a través del proceso de evolución consciente. Cabe destacar que, al efectuarse dicho proceso, el ser humano avanza sin limitaciones en el camino de su autoperfeccionamiento. Al verificarse en la conciencia su evolución espiritual, deja de ser instrumento caprichoso de factores circunstanciales extraños a su auténtico pensar, sentir y querer.

El hombre prepara su propio destino edificándolo conscientemente al cumplir la gran empresa que tiene asignada en la Creación: alcanzar la plenitud de la vida superior. En esta tarea magnifica, la propia redención es consecuencia de la realización consciente del bien hacer, al vivir de acuerdo con los dictados de Leyes Universales.

Consecuentemente con todo lo expuesto, el Primer Congreso Internacional de Logosofía,

DECLARA:

1 ° El proceso de evolución consciente que sólo la Logosofía enseña a realizar, tiene extraordinaria trascendencia para la vida humana. Es el único, camino que le permite al hombre salir de la vulgaridad, dejar de ser juguete de las circunstancias, lograr la verdadera supremacía individual y ser alguien de quien los semejantes tengan algo que aprender.

Mediante su realización el ser humano logra:

a) Trascender las limitaciones de la ignorancia y eliminar por adquisición del conocimiento creencias y prejuicios que impiden el funcionamiento de la facultad de pensar.

b) Adquirir plena confianza en sí mismo, la que se robustece a medida que descubre en su mundo interno energías y valores que ignoraba.

e) Acelerar en grado sumo el desarrollo de la propia individualidad.

d) Capacitarse para la solución de todos los problemas que la vida le depare.

e) Reconciliarse consigo mismo, lo cual le habilita para actuar en la vida de relación con la cordialidad y el espíritu constructivo, base de la paz y armonía en la familia, en la nación y en el mundo.

f) La auto-redención, al aprender a corregir sus deficiencias y enmendar sus errores.

g) Conectarse con la propia conciencia y dar al propio espíritu una creciente participación en la existencia.

h) Ser artífice de su propia vida, al conocer el manejo inteligente de las leyes que la rigen y los factores que influyen en ella.

* * *

TEMA IV

“Importancia del método logosófico como base para el desarrollo de la individualidad en su carácter integral”.

El método, logosófico que permite alcanzar los objetivos propuestos al investigador por, el conocimiento trascendente, incide en todos los aspectos del ser humano. Es original y se diferencia de cualquier otro método conocido por la trascendencia que alcanza su aplicación en la vida del hombre.

Entre los rasgos que lo singularizan y muestran su originalidad está su carácter integral, experimental, estimulante y flexible, activo por excelencia: acciona en toda la dinámica interna de quienes lo aplican. La universalidad del método que nos ocupa radica en que es accesible a todas las mentes, sea cual fuere su grado de cultivo intelectual, evidenciando a la vez su carácter amplio y flexible en el hecho de que se particulariza en cada investigador según su condición, edad, estado, etc.

Cabe destacar que sus lineamientos generales se configuran en las siguientes etapas:

Estudio e interpretación de los conocimientos:

Este estudio debe hacerse con la mayor frecuencia posible y lo primero que hay que lograr es la familiarización con la enseñanza logosófica. Esta fase debe ser completada con:

a) la maduración de lo que se ha estudiado para extraer los elementos que constituyen cada enseñanza y

b) un examen detenido de la utilidad práctica que ellos pueden dispensar a la vida.

Ensayos sobre la aplicación de esos conocimientos:

La mente del estudiante se dirige hacia la enseñanza o el conocimiento que más le atrae en el primer momento y esa buena disposición favorece y facilita la comprensión y aplicación inmediata de lo que se está estudiando. La mayoría de los trabajos presentados coinciden en este punto; es decir, afirman lo útil y beneficioso que es preferir para estudiarlos y aplicarlos, aquellos capítulos del conocimiento logosófico que más atraen y más en relación están con las propias necesidades. A poco de ensayarlos se comprueba que se vinculan íntimamente con otros cine amplian las posibilidades de conquista del investigador. Al parecer no tienen las enseñanzas un ordenamiento; sin embargo, es en la propia mente del estudioso donde se completan y complementan articulándose con las ya adquiridas, convirtiéndose en una realidad. Un factor muy importante en esta etapa es la observación consciente de sí mismo y de los demás.

La observación interna va desde la verificación de un movimiento mental hasta los pliegues más recónditos de la estructura anímica. La experimentación interna se lleva a cabo en el campo mental, sensible e instintivo y en lo externo se realiza en el ambiente familiar, social, de trabajo y en el mundo logosófico constituido por los otros estudiantes de Logosofía que asisten a las Fundaciones. Vale decir, que el campo experimental de esta ciencia es la vida misma y el método puede aplicarse en todos los momentos por llevar el ser humano el laboratorio más maravilloso que se puede concebir: la propia mente.

Este método conduce paulatinamente al conocimiento y manejo inteligente de las facultades de la mente y de los pensamientos. Es en la mente donde se combinan y recombinan los conocimientos, se crean los pensamientos, donde se formulan los propósitos y alientan los anhelos. Por su intermedio se captan los sentimientos y se manifiestan las facultades de la sensibilidad. Todas estas funciones, y otras que la mente realiza, nos ilustran sobre las instancias que vivimos. El análisis prolijo de los resultados obtenidos, en todos los campos de la constitución sicológica del hombre, después de cada ensayo del método, va indicando las modificaciones, ampliaciones y reiteraciones que deben hacerse en las siguientes aplicaciones, y así progresivamente hasta lograr la seguridad en el uso de cada enseñanza.

Confrontación de la propia realización con la de los semejantes que siguen los mismos estudios:

Es de suma importancia la comprobación y confrontación de los propios resultados con los que obtienen en su labor metodológica, tras reiteradas experiencias, otros investigadores.

Adquiere igualmente importancia el perfeccionamiento de la aplicación para llegar a la conquista de cada conocimiento y alcanzar la seguridad del proceso seguido.

Puede afirmarse que el método logosófico sustancia su esencialidad en el proceso de evolución consciente, en el cual se comprueba de manera Inequívoca la eficacia del mismo. Se debe favorecer su práctica en el interior de cada hombre o mujer, para que se efectúe allí, en el ámbito mental y sensible, la más significativa de las experiencias sicológicas realizadas por el propio investigador. Este verifica, tras sucesivas aplicaciones, una realidad que le era totalmente Ignorada hasta que comenzó esta labor: “que la personalidad es todo lo externo con que se reviste el ser para mostrarse superior a los demás”. Lejos de constituir un baluarte de la jerarquía que tiene como Individuo, advierte la fragilidad de la misma cuando comienza a aplicar los primeros conceptos logosóficos a la propia vida. Comprueba por medio de la observación consciente y la experimentación reiterada, que los valores de su personalidad, a, los que atribuyó tanta significación, son aparentes, sin consistencia y sin operancia en las alternativas que la vida le presenta, probando una y otra vez las diferencias entre lo que tiene el carácter de permanente y de realidad Integral, frente a la ficción y lo transitorio. Al mismo tiempo verifica que nuevos rasgos morales y sicológicos de gran valor positivo afloran como evidencia de los benéficos resultados que la aplicación del método dejará a quien sigue sus prescripciones.

La tolerancia, el respeto, la actitud comprensiva, el acercamiento afectivo, como primeros resultados, favorecen fundamentalmente la vida de relación. Cabe destacar, asimismo, que la palabra se transforma en verdadero vehículo de pensamientos de bien y consideración al semejante, y es cabal expresión de una ética superior. As¡ surge con claridad en la vida del Investigador la evidencia de que conquista progresivamente valores y calidades que van Integrando su individualidad con una precisión que no es posible encontrar en ningún otro método conocido, y que lo habilitan para constituirse en un factor positivo en la obra de reconstrucción humana que el creador de la Logosofía, don Carlos B. González Pecotche está realizando.

Atento a las consideraciones que preceden, el Primer Congreso Internacional de Logosofía,

DECLARA:

1°) Los numerosos testimonios y trabajos presentados evidencian la importancia del método logosófico para el desarrollo integral de la individualidad.

2° ) La eficacia del método logosófico depende de su inteligente y constante aplicación a la propia vida, lo cual permite lograr singulares resultados. En esta aplicación es donde se verifica su carácter flexible, dinámico, estimulante, as! como su universalidad y respeto al libre arbitrio.

3° ) En relación al método logosófico y su importancia para el desarrollo de la individualidad, este Congreso Internacional considera útil destacar:

a) siguiendo su técnica pedagógica el ser, cualesquiera sean su condición, edad o estado, logra superar las limitaciones mentales, sensibles y volitivas que le impiden llevar a cabo sus anhelos de mejoramiento;

b) depara a quien sigue sus, prescripciones una gran armonía y paz interior, que le facilita el acercamiento afectivo con sus semejantes, en particular con la familia;

e) en la aplicación del método experimental logosófico, la conducta se ajusta a los dictados de una ética superior. Esta conducta que Logosofía enseña a vivir, aproxima afectivamente a los seres y hace cobrar a su palabra una mayor autoridad a los ojos de sus semejantes;

d) quienes siguen dicho método, advierten rápidamente que sus mentes amplían su capacidad para llevar a cabo, con acierto, las más complejas actuaciones;

e) en virtud de la aplicación de este método, se acrecienta la responsabilidad en todas las actividades humanas sean ellas intelectuales, artísticas, técnicas, profesionales, comerciales;

f) el carácter dinámico y estimulante del método logosófico, se comprueba en la integración gradual de la individualidad con los valores morales, sicológicos y espirituales que definirán la nueva identidad del hombre.

* * *

TEMA V

“Positivos resultados logrados en la educación de la niñez mediante la aplicación del método logosófico”.

La evidente flexibilidad y adaptabilidad de las enseñanzas logosóficas permite que el método logosófico actúe con gran eficacia en la mente del niño, a pesar de la incipiencia funcional en que se encuentra su organismo psicológico.

Quien tome a su cargo la tarea de vincular al niño con el conocimiento logosófico, ya sea padre o docente, debe saber que para cumplir a conciencia esta labor es imprescindible que él mismo refleje como una garantía del conocimiento que posee, la seguridad que pueda dar con su propio ejemplo. Esta garantía evidencia el dominio que el ser posee de aquello, que quiere enseñar y se constituye en el más firme punto de apoyo para el proceso que habrá de realizar el niño en su aprendizaje. El ejemplo de sus mayores es base de seguridad primero y constancia incontrastable después, de la verdad que el conocimiento logosófico pone a su alcance.

El niño, para su desarrollo, depende de los elementos que le aportan los mayores, y la calidad de los mismos habrá de incidir en la formación del joven y el hombre del futuro, salvo los casos excepcionales.

La pedagogía logosófica realiza un análisis sobre esa singular etapa que es la niñez, describe con precisión las particularidades que se advierten, tanto en la estructura como en el funcionamiento del complejo síquico-espiritual del ente humano durante la infancia y estudia y considera el incipiente e incompleto desarrollo de las facultades de la inteligencia y la sensibilidad en el niño. Radica en esta incipiencia la causa principal de que el niño no pueda lograr un contacto estable con la realidad y sus acciones fluctúen entre las que tienden hacia el bien y las que tienden al mal. Esta situación da lugar a que ciertas facultades, por ejemplo la imaginación, actúen intensamente limitando, el ejercicio de otras, como ser la observación y la razón que pueden, llega ser suplantadas por aquélla, lo que deja al niño expuesto a la falacia de la quimera, hasta el punto de afectar negativa y permanentemente sus perspectivas, en la edad adulta.

Es en el ambiente, familiar donde principalmente recibe los estímulos Iniciales y a la vez las explicaciones que van ilustrando su incipiente entendimiento en relación, con el mundo que lo rodea. Los primeros estímulos activos, la calidad de las explicaciones y la adaptación, de ellas a las verdaderas necesidades por las que atraviesa el niño, ponen a prueba el haber efectivo mental, moral y espiritual que poseen sus mayores. El método particulariza la responsabilidad consciente en el docente logósofo que debe emplear a fondo sus recursos, porque se lo exigen los contenidos básicos del sentimiento y el conocimiento. Al docente le es más fácil la observación de los diferentes estados, tan  variables que se suceden en  la mentalidad infantil, en la que puede claramente distinguir la influencia de uno u otro pensamiento, ya sean de su medio familiar, o recogidos de otros ambientes. Además, debe prestarse la mayor atención a todas aquellas manifestaciones que, aunque fugaces, si son positivas, dan signos de las excelencias que se están anunciando en la niñez, y que, de ser, negativas, revelan, las deficiencias que perturbará. su vida futura.

Un conjunto de enseñanzas sencillas, adecuadas al nivel mental y sensible del niño, y una técnica precisa que sabe ajustarse a cada caso en particular, constituyen parte vital del caudal de que dispone el docente parra lograr que, el conocimiento logosófico opere benéficamente en las regiones mental y sensible del niño y oriente su conducta, hacia expresiones positivas que, brindándole la posibilidad de producir aciertos, lo tornen alegre y feliz. Las variadas formas del capricho, del egoísmo, de la agresividad, etc., que frecuentemente vulneran la actuación del niño. son contrarrestadas por  claros análisis que se le ayuda a hacer de su propia conducta; por el ejercicio de la observación,  sobre causas y resultados; por la acción de estímulos positivos; por la afectuosa comunicación de reflexiones y orientaciones que le proporciona el adulto y, principalmente, por el invalorable vínculo que establece en el conocimiento logosófico que, contenido en breves enseñanzas, de fácil captación para su entendimiento, le hablan de la vida que él vive, anticipándose con sus advertencias y planteamientos, a las soluciones de los posibles pequeños problemas que deberá resolver.

La aplicación de los recursos que integran la metodología logosófica -que sucintamente se han consignado – inicia al niño en un proceso de superación de sus calidades síquicas y espirituales que luego, al transcurrir su juventud, podrá conducirlo hacia la realización de un proceso de evolución consciente sustentado en bases sólidas e inalterables.

La formación del niño logósofo se cumple sobre el principio de una completa independencia de la presión que ejercen los temores, los prejuicios y las creencias o imágenes negativas, con que es frecuente que se afecten las manifestaciones naturales de su espíritu retrayéndole en el intento de modelar su conducta. Desde pequeño aprende a distinguir la índole de loa pensamientos que promueven su accionar, reconociendo su presencia en el propio mundo mental y en el mundo que le rodea. Con naturalidad se ejercita en la selección de los mismos y comienza a adiestrarse en su manejo, que realiza en forma primaria, elemental, pero igualmente eficiente y con positivos resultados.

Complementando su acción constructiva, la enseñanza logosófica, mientras equilibra gradual y progresivamente el juego normal de las facultades mentales y sensibles del niño, crea las defensas mentales llamadas a resguardar el patrimonio de sus valores humanos y hace que conozca y ame la realidad, liberándolo de experimentar los rigores que habitualmente sacuden a la crisálida humana en las transiciones de la juventud.

Toda esta labor tiene como objetivo “…hacer lo más agradable posible la vida del niño a fin de que florezcan en él una pujante virilidad y un sincero amor y optimismo hacia la vida, que comenzará a manifestarse a medida que avance en edad y que deberá Ir conquistando con esfuerza, entusiasmo y la Idoneidad suficiente o necesaria”. [1]

La continuidad en la práctica del conocimiento logosófico culmina proporcionando al niño la posesión de valores de gran trascendencia para toda su vida. La suma de estos valores le otorgan confianza en si mismo, confianza en los recursos propios que está cultivando, como ser: el conocimiento que ya maneja y la capacidad que forja para sortear las dificultades que en su nivel deberá afrontar. Esta confianza en sí mismo lo habilita para continuar su tránsito por la vida en procura siempre de los más altos ideales de superación.

Como suma de los resultados positivos que brinda la aplicación del método logosófico desde la niñez, corresponde expresar que cuando en el campo virgen y fértil de la mentalidad infantil se siembra la simiente fecunda del conocimiento logosófico, es posible. forjar individuos moral y espiritualmente sanos y vigorosos, llamados a desempeñar fundamental papel en el escenario social y vital de los pueblos.

Por los conceptos expuestos, el Primer Congreso Internacional de Logosofía,

DECLARA :

1 ° El método logosófico obra de un modo admirable en la difícil tarea de la educación de la niñez, a la que preserva del mal, fortaleciendo su alma, con lo que impide que ésta caiga en los engaños que acechan al ser en ese primer tramo de la vida.

2 ° Libera a la mente infantil de los temores y prejuicios que suelen inculcársele y que tanto atormentan y perturban su incipiente reflexión.

3 ° Capacita al niño mental, moral y espiritualmente para enfrentar sus dificultades, conocer gradualmente la realidad y defenderse con acierto de los artificios ingeniosos de los pensamientos siempre listos para inducirle a la travesura o a la falta.

4 ° Enseña progresivamente al niño a confiar en sus propios recursos y a discriminar con creciente lucidez sobre el valor de los consejos y ejemplos de los mayores, culminando en la hermosa realización de saber bastarse a sí mismo.

5 ° El método logosófico, al enseñar al niño el modo eficiente de usar sus resortes mentales, permite que su inteligencia cobre un rápido desarrollo y despierte en él una sana avidez por leer, estudiar y aprender. De esto resulta que para el niño se va convirtiendo en poderoso estímulo todo aquello que antes era ignorada posibilidad.

6 ° Los resultados del método logosófico se traducen en la conquista de una ética superior, cuyos beneficios son experimentados por todos. Cabe destacar que padres y maestros encuentran en ello un poderoso auxiliar en la delicada y difícil relación con hijos y educandos. Advierten de inmediato que comienza a ejercer una creciente influencia sobre éstos, cuyo comportamiento se torna día a día más respetuoso y afectivo.

* * *

TEMA VI

“Influencia constructiva del conocimiento logosófico en la juventud”

La pedagogía logosófica coordina un vasto plan de educación superior instituido con los conocimientos que emanan de la Sabiduría Logosófica; constituye una preparación básica para la juventud y es fundamentalmente preparación para las altas funciones de la vida. Esta realidad está ratificada en los múltiples trabajos que se han analizado. Confiere una importancia capital al conocimiento vivo, experimental de sí mismo, de la propia realidad del joven como entidad humana, que se articula en su estructura síquica, mental, sensible e instintiva.

La verificación cabal que realiza el joven de la acción de los pensamientos y su significación en la vida, lo llevan a descubrir en sí mismo, desde las causas que pueden trabar la libre acción del discernimiento, dificultar el logro de sus propósitos, oponerse a sus decisiones o desvirtuar la expresión de sus sentimientos, hasta el potencial latente de su vocación, expresión de la herencia de si mismo.

Estimuladas las funciones del sistema mental, particularmente la función de pensar, y aplicados los conocimientos que instituyen las defensas mentales y regulan la conducta, los jóvenes verifican gradualmente el aumento progresivo de su capacidad mental y moral. Pueden así solventar las diversas y múltiples situaciones que la vida plantea a quienes se inician en ella.

La influencia benéfica de este conocimiento queda también evidenciada en el hecho de que el joven conscientemente analiza y reflexiona todo cuanto toma contacto consigo mismo, liberándole de temores absurdos y eliminando todo atisbo de credulidad.

Las defensas mentales permiten a la juventud preservar los valores que conquista y darles permanencia. Al amparo de ellas se hace posible superar las propias condiciones y con la capacitación progresiva de la propia inteligencia, extenderlas como colaboración al sector de la sociedad donde actúa.

La juventud pertrechada con defensas mentales instituidas, cómo es lógico, mediante un proceso consciente, a la vez que ampara la, delicada región de sus sentimientos, impide que se cercene su libertad de pensar. Se defiende con decisión de Influencias extrañas a su sano sentir y selecciona, con razones que sustenta en su limpieza mental y en su sensibilidad, cuanto juzga conveniente a los fines de su superación integral. Prepara as! con empeño inteligente su propia mente a fin de que sea el baluarte más precioso de su individualidad.

Ni la ficción, ni el ridículo, ni el engaño, ni la inestabilidad afectiva podrán hacerla víctima de aquellos que especulan y medran con los diversos aspectos de la solidaridad humana; se sustrae así con inteligencia a la influencia y el hechizo de ideologías inhumanas.

En la preparación de la juventud, tal como la propicia el conocimiento logosófico, juegan asimismo un papel preponderante los estímulos positivos, con preferencia aquellos que se originan internamente como resultado de luchas, esfuerzos y aciertos que se suceden en el proceso de evolución consciente que preconiza la Logosofía; estímulos que el joven recoge de su propio acontecer y también del ambiente que lo rodea. Entre éstos cabe destacar aquellos estímulos que surgen de conductas ejemplares que orientan y persuaden por representar caminos luminosos y ser motivo de nuevas inspiraciones. Unos y otros producen de inmediato un efecto tonificante, un renovado entusiasmo y una sana alegría.

En la asimilación del saber trascendente, el joven conoce a fondo su realidad y acrecienta una consciente confianza en sí mismo, porque se sabe en posesión de valores mentales, morales, espirituales y aun físicos. El joven también aumenta su sentido de libertad, pero ésta queda equilibrada por el sentido de la responsabilidad, igualmente acrecentado, que le señala el adecuado uso de esa misma libertad.

A medida que se realiza el proceso evolutivo, la conciencia se enriquece con los conocimientos que promueven el perfeccionamiento y se mantiene activa mientras propicia que el espíritu acuse su presencia en el acierto y la seguridad que caracteriza una conducta superior. El joven que recibe la preparación del conocimiento logosófico, en las diferentes alternativas de la vida, no se satisfará con manifestaciones circunstanciales o post – factum – vulgo “remordimiento de conciencia” – como puede verificarlo en otros jóvenes que intenten sostener una actuación elevada. Esta actitud, más de una vez encomiada, de arrepentirse y luego, en el mejor de los casos, procurar modificar en los nuevos hechos los resultados de su anterior comportamiento, no satisface ya. Es desplazada porque el arrepentimiento, como sentimiento retardado, pierde vigencia y valor moral a medida que la conciencia vigorizada con el proceso que indica Logosofía, lo asiste ayudándole a defenderse contra el mal que le acecha y le previene del error para no tener luego que lamentar y arrepentirse.

En suma, es posible establecer que en el contenido dinámico y constructivo del conocimiento logosófico, existen los recursos pedagógicos que al accionar en el joven lo guían en el aprovechamiento inteligente de sus energías internas, dirigidas hacia un fin superior y le otorgan el dominio de su propio campo mental y sensible para que Pueda trascender sus limitaciones y desenvolver su vida a conciencia con un profundo sentido humano y espiritual.

Como consecuencia del análisis que precede, el Primer Congreso Internacional de Logosofía,

DECLARA :

1 ° Los conocimientos logosóficos capacitan al joven para desarrollar su individualidad sin tutelas extrañas; y para comportarse en su relación con los mayores con el respeto y la consideración debidos. Aprende a mantener una actitud respetuosa aún en situaciones en que se ve precisado a expresar sus discrepancias.

2 ° Los conocimientos logosóficos son en esa etapa difícil de la vida, eficaces para encauzar los vigorosos impulsos propios de la edad. El contralor de la imaginación y de los pensamientos que Logosofía le enseña a ejercer, es en ese tramo tan crítico, el único recurso seguro para evitar los más peligrosos desvíos. Las defensas mentales protegen su mente y su sensibilidad; le liberan de la influencia y hasta de la alucinación que ejercen sobre la juventud las ideologías extremistas, as! como las imágenes perniciosas que vulneran en ella lo más valioso en el orden moral y sensible, Los jóvenes logósofos se hacen inmunes al contagio mental del ambiente.

3 ° Los conocimientos logosóficos adiestran su mente en el arte de descubrir los artificios y engaños con que se le tienta y hasta estimula a llevar la llamada “vida fácil”. Ellos le enseñan, por el contrario, a forjar los verdaderos estímulos y a descubrirlos en el medio circundante. Aprende que la única vida realmente fácil es la de la propia capacitación y superación.

4 ° Los conocimientos logosóficos ayudan al joven a identificar su auténtica vocación ahorrándole los titubeos, tribulaciones y frustraciones a que está expuesto.

5 ° El adolescente abre seguro los portales dc, la vida con fe consciente en sí mismo, inspirando su palabra y su ejemplo, confianza y respeto en los demás.

6 ° Los conocimientos logosóficos enseñan a la juventud a prepararse en forma eficiente para afrontar la vida con valentía y optimismo, y a conciliar las sanas alegrías propias de sus años con las difíciles tareas preparatorias para una vida plena de grandes posibilidades.

* * *

TEMA VII

“Emancipación mental, moral y espiritual del hombre y la mujer mediante esta disciplina”.

La obtención gradual del conocimiento auténtico del mecanismo de la vida consciente que la Logosofía enseña a entender, comprender y realizar, Implica a su vez una obra de emancipación humana.

Coinciden la mayoría de los trabajos presentados con lo expresado en “El Señor de Sándara”, obra de González Pecotche, en la pág. 223: [2]

“El inefable placer de vivir no se experimenta hasta tanto no comenzamos a mirar nuestra vida como el principal de los trabajos que debemos acometer”.

Esta afirmación de la ciencia logosófica propone al ser humano, hombre o mujer, la realización de la empresa de mayor significación que es posible concebir: la de crear la propia vida mediante la liberación y el perfeccionamiento de los atributos que distinguen al reino hominal.

Desde siglos la vida mental, moral y espiritual del ser humano ha debido sufrir esclavizante sujeción a la ignorancia y a la abusiva presión de conceptos e Ideologías originadas en intereses subalternos con evidente y hasta deliberada prescindencia de los derechos que asisten a la conciencia humana.

Esta corrupción de la vida conceptual ha afectado hondamente la estructura social y, particularmente en nuestros días, en todos los ámbitos del accionar humano se refleja el debilitamiento de los valores máximos que debían sustentar la vida en elevados niveles de superación.

El conocimiento logosófico se dirige al mundo interno del ser humano y propicia, tanto en la mujer como en el hombre, el cumplimiento del objetivo superior de evolucionar conscientemente dentro de las propias e Individuales posibilidades. Es en el ejercicio de las disciplinas logosóficas que uno y otra organizan y perfeccionan las funciones de los sistemas mental y sensible, favoreciendo así en grado sumo la asimilación, del conocimiento que ha de integrar gradual y progresivamente la propia conciencia.

Por medio, de dicho saber, ambos, al realizar el proceso de evolución consciente, descubren la realidad interna advirtiendo en que medida su libertad Interior ha sido cercenada por los prejuicios que limitan los pronunciamientos del entendimiento o sumergen en la inercia mental; por las creencias que anquilosan el ejercicio de la razón; por los sentimientos o desvíos sensibleros que impiden la libre expansión de la sensibilidad. Esa libertad que aparece enajenada con tanta frecuencia por la acción sugestiva del temor o de la fatalidad, o mermada por la presión dominante de corrientes de pensamiento, que adormecen o paralizan la función de pensar conscientemente, es la que el ser común – en la mayoría de los casos – ignora que ha perdido.

Es en el cumplimiento del proceso de evolución integral que la pareja humana alcanza clara conciencia de sus prerrogativas y de su correspondiente ubicación, al verificar cómo, mediante el funcionamiento armónico de ambos sistemas, mental y sensible, se produce, la renovación  de los viejos conceptos, la liberación, de prejuicios ancestrales, la conquista de la confianza en si mismo y el dominio de las defensas, mentales, que neutralizan la acción de aquellos pensamientos, que de nuevo intentaren sojuzgar o dominar el miedo o por la imposición.

Asimismo, al iniciar este proceso integral de evolución consciente, comienzan por  encontrar dentro de sí la esencia del propio humanismo. El cocimiento logosófico les habilita para penetrar en la realidad de su vida mental y ejercer en ella, por primera vez, la condición de dueño y señor da la misma. Organizan, investigan, liberan, perfeccionan y al hacerlo así, advierten que están conquistando el más sagrado todos bienes: la libertad. Emancipados de la tutela de vicios conceptos de gastadas fórmulas, se ponen al amparo de las leyes universales que resguardan y favorece, el derecho a pensar libremente, en firme y seguro ejercicio de las funciones de la inteligencia y de las potencias creadoras del propio espíritu. Esta libertad, considerada desde el orden trascendente de los conocimientos superiores, constituye una prerrogativa natural, pero su libre ejercicio depende básicamente de la consolidación que como concepto se haya sustanciado en la vivencia consciente, único medio de disfrutarla sin el temor de perderla.  Libertad, derecho y deber configuran el ternario indiscutible de la responsabilidad.

Simultáneamente, la depuración que el proceso logosófico les hace experimentar en la vida sensible se manifiesta en las calidades de una conducta día a día superada, que se apoya en consistentes reservas morales y en la fuerza existencial del afecto que “interviene como elemento fijador de las relaciones humanas”. [3]

Esta emancipación se afirma en la integración de la propia conciencia, la cual como rectora de la vida, da la medida justa a los procederes que rigen la convivencia humana cualesquiera que sean los vínculos que se establezcan.

La amplitud y expansión que cobran tanto la vida mental y sensible permanentemente asistidas por la conciencia, emancipan al espíritu otorgándole la posibilidad de asumir plenamente la conducción de la vida que anima.

Las primeras comprobaciones sobre la realidad de la emancipación que se ha operado en el ser humano, se verifican precisamente allí donde éste se manifiesta con mayor espontaneidad: el propio hogar.

Cumplido, aunque sea en parte, el proceso emancipador antedicho, el hombre que ha constituido su familia, se siente en condiciones de enfrentar vigorosa e inteligentemente las responsabilidades que las luchas por sustentarla y defenderla le imponen; y la mujer, fortalecida su naturaleza moral y sensible, se constituye en la compañera noble, digna, afectuosa que sabe custodiar los valores fundamentales que enaltecen la vida familiar.

Las proyecciones de la gesta emancipadora que el saber logosófico propugna, inciden primero en el individuo y su hogar, para irradiar luego su acción renovadora hacia todos los medios y ambientes. Se modifican procederes, se corrigen actitudes, se capacita en el desempeño de las diversas funciones, se posee mayor libertad de opción y decisión; en concreto, se transforma la vida misma que ha pasado a ser “el principal de los trabajos del hombre”.

Así, en el cumplimiento de una profesión, de un oficio o de cualquier actividad de índole social, el hombre y la mujer hacen de cada situación, de cada circunstancia o episodio, un motivo para cultivar su mente, jerarquizar su sensibilidad, enriquecer su conciencia, elevar su espíritu y disfrutar con plenitud, los goces inefables de esa libertad verdadera y única que enseña a conquistar la Sabiduría Logosófica.

Por todo lo expuesto, el Primer Congreso Internacional de Logosofía,

DECLARA :

1 °  La disciplina logosófica hace posible la emancipación mental, moral y espiritual de los seres humanos; emancipación que se produce gradualmente, a medida que el proceso de evolución consciente cumple sus etapas normativas y formativas.

2 ° La primera y fundamental emancipación que se logra mediante los conocimientos logosóficos es la liberación de la tiranía e influencia dominante de los pensamientos; tiranía tanto más temible cuanto que es ignorada por quien es su víctima. El libre examen que Logosofía enseña a realizar sobre los propios pensamientos es el comienzo de ese proceso de emancipación.

3 ° A la emancipación de los pensamientos, sigue en orden de importancia la que se obtiene frente a la imaginación incontrolada, que produce los engaños y deformaciones de sí mismo y de cuanto rodea al ser, desviándolo de los sanos dictados de la razón, siendo su resultado frecuente la sobreestimación y la egolatría, que lo desubican y perturban su vida de relación.

4 ° Tanto el hombre como la mujer encuentran en el conocimiento logosófico los recursos de sabiduría que les permite rehacer la vida y lograr la plenitud de conciencia, libres de los prejuicios y creencias que los mantuvieron fuera de toda perspectiva de evolución.

5 ° Logosofía enseña, tanto al hombre corno a la mujer, que sus diferencias naturales no justifican ni los prejuicios ni los antagonismos formados en diversas partes del mundo durante el curso de las edades. Logosofía enseña a comprender que las diferencias, impuestas por la naturaleza, tienen un gran valor para la vida y la evolución. Lleva a la mujer a tomar conciencia de su misión, corno compañera y colaboradora del hombre, en la noble f unción de perpetuar la especie. A uno y otro conduce a la comprensión de que las diferencias de sexo no constituyen el más mínimo obstáculo para la realización del proceso de evolución consciente.

6 °  La disciplina logosófica emancipa a los seres de los temores que tanto les angustian. Enseña a no sufrir por adelantado males que luego no acontecen y a discriminar entre los peligros reales y los imaginarios. Adiestra en el arte de elaborar defensas mentales frente a estos últimos y enseña a tomar, con tiempo, las previsiones que habrán de conjurar a los primeros.

Contribuye, a ello el conocimiento de las Leyes Universales, puestas de manifiesto por Logosofía, que acrecienta la capacidad de previsión del investigador en forma consciente. Los profundos conocimientos logosóficos llevan al ser a familiarizarse con el funcionamiento y manejo de esas leyes hasta poder aplicarlos inteligentemente en la edificación de su propio futuro.

7 °  El saber logosófico libera al ser humano de la perplejidad o incertidumbre en que se halla respecto a su origen y destino. Le suministra los elementos que le capacitan para encontrar por sí mismo la cabal respuesta a esos interrogantes y percibir en el plano espiritual la vigencia de las leyes que asignan a los seres humanos una función de extraordinaria jerarquía .

8 °  La emancipación mental, moral y espiritual que propicia la disciplina logosófica se acentúa cuando el ser logra un más alto nivel de sensatez y conciencia de los deberes, prerrogativas y responsabilidades que incumben a cada uno de modo irrenunciable. La emancipación mental, moral y espiritual, tanto en el hombre como en la mujer, se consuma indefectiblemente y ambos ya liberados, saben al fin qué es la verdadera libertad y felicidad y cómo es posible disfrutarla sin temor a perderla.

* * *

TEMA VIII:

“Proyecciones de la ciencia logosófica sobre la orientación presente y futura de la humanidad”.

El amplio y profundo material analizado por la Comisión en este tema, demuestra que los beneficios obtenidos por los autores de los trabajos mediante la aplicación del método logosófico trasciende el plano del perfeccionamiento individual y se proyecta colectivamente.

El conocimiento logosófico, en efecto, si bien se dirige en una primera instancia a cada ser humano en particular, logra en razón de la esencialidad de sus concepciones que el mejoramiento obtenido por cada logósofo en su órbita privada, se irradie en forma paulatina, -pero cierta y segura, a los ambientes familiares y sociales a que pertenece y donde actúa.

De este modo, cada conciencia en evolución, propicia que la mente y la sensibilidad de otros seres vislumbren, adviertan y comprendan que el saber logosófico tiene alcances universales, pues permite abordar en sus causas las situaciones difíciles que afectan a la humanidad del presente ofreciendo la solución adecuada para resolverlas.

La nueva cultura, emanada del pensamiento logosófico, faculta al hombre de nuestros días para encarar en su fondo los problemas que turban su convivencia y lo habilita, para resolverlas mediante el conocimiento que amplía la responsabilidad en todos los órdenes de la vida.

En función de esa responsabilidad se hace uso consciente de todos los valores adquiridos por la capacitación y esfuerzos propios; incluso los materiales, menospreciados por falsos conceptos espiritualistas o subvertidos en su usufructo por egoísmos y ambiciones. Es así que los bienes materiales al ser restituidos a su justa valoración, constituyen elementos concurrentes a la realización de los altos fines de la evolución humana.

Además y con proyecciones de carácter general, surge la liberación mental y sensible del hombre, mediante la acción discernitiva y experimental a que conduce el método logosófico. Es una constancia que aparece en la mayoría de los trabajos estudiados, que al aplicar la metodología de esta nueva ciencia desde la niñez, hay una mayor actividad de la función de pensar por sí mismo, que contrasta con los sistemas educativos que utilizan abusivamente la memoria y la imaginación. En el adulto el entendimiento se aplica a la demolición de los moldes que desde temprana edad le fueron inculcados, mediante fórmulas rígidas y conceptos anacrónicos, y las verdades logosóficas penetran en su vida ampliándola incesantemente con la realización del proceso evolutivo consciente.

En esta realización, los conocimientos trascendentes promueven una verdadera cultura Interna en la que los valores de la sensibilidad se consustancian con las manifestaciones permanentes de la conciencia que al nutrirse con los elementos de naturaleza superior exalta su función rectora de la vida.

La secuencia de instancias, que configuran esta evolución integral, descubre al hombre sus prerrogativas y posibilidades, así como su potencialidad volitiva, moral y espiritual. Supera las limitaciones inherentes a la ignorancia y el ejercicio de su dinámica interior se aplica a la edificación consciente del propio destino. Se sabe dueño de su vida, y es entonces, que por respeto a si mismo y por consideración a esa individualidad forjada en intensas etapas evolutivas, su actuación en el ámbito de sus relaciones se caracteriza por un efectivo y profundo respeto de los derechos humanos y se exterioriza en tolerancia y cordialidad hacia el pensar y quehacer de su semejante.

En otros términos, el humanismo logosófico, al concretarse en la exaltación de los valores del hombre, hace que éste se constituya en un ser capaz y consciente de los deberes y prerrogativas de su específica naturaleza. Y es únicamente al descubrir el contenido espiritual de la existencia, que se hace posible el verdadero respeto y consideración al semejante, partícula. a su vez del supremo pensamiento creador.

Los conceptos básicos contenidos en el material estudiado pueden expresarse en esta síntesis: la nueva generación de hombres forjados en la cultura logosófica, al accionar conjunta y armónicamente en el seno de las diversas sociedades de la tierra, irá proyectando las excelencias de los valores humanos que definen la integralidad de aquella cultura. Esta será la mejor contribución para acelerar el Proceso de Perfeccionamiento de los pueblos y la colaboración más efectiva a los fines de la paz y armonía de toda la humanidad.

En base a lo expuesto, el Primer Congreso Internacional de Logosofía,

DECLARA:

1 ° Son incalculables las proyecciones que tendrá la ciencia logosófica sobre la orientación presente y futura de la humanidad, por los alcances trascendentes que tienen los conocimientos en que se apoya.

2 ° Puede adelantarse que la ciencia logosófica proyecta una gran luz sobre las causas de I.a intrincados problemas que el estado del mundo presenta al hombre de nuestros días. Ella, al revelar a  nueva concepción del hombre y el universo, instruye también sobre la forma más eficaz de conducir la vida para que ésta pueda alcanzar su plenitud y llenar su alto cometido. Podrá así el hombre bastarse a sí mismo en todos 1. órdenes: físico, mora, y espiritual, sin estar obligado a recurrir a influencias o tutorías pana pensar y sentir.

3° Entre las proyecciones que alcanzará la ciencia logosófica ocupan lugar prominente los cambios que introduce en los métodos pedagógicos. El futuro educando dejará de absorber pasivamente el aporte cultural del pasado, y se convertirá en un verdadero investigador. El estudio se tornará en esparcimiento espiritual; en lugar de ser, como es hoy, una tediosa tersa . la que se sustraen anualmente miles do estudiantes que malogran su  porvenir.

La pedagogía del futuro, apoyad, y auxiliada por los conocimientos y el método logosófico, tendrá como factores básicos los que surgen del ambiente familiar. El afecto, los ejemplos y estímulos, unidos a las calidades del maestro o profesor; constituirán los cimientos de un verdadero humanismo. El humanismo del futuro será forjado con elementos vivos y no con simples enunciados.

4 ° Mediante la ciencia logosófica se liberarán las energías, que yacen latentes en el mundo interno de todos los seres humanos y que son infinitamente superiores a las que se han venido utilizando hasta hoy.

La enseñanza logosófica pone en tensión todos los resortes que mueven la voluntad del hombre y torna el trabajo -por un tremendo error considerado hasta hoy una maldición – en la prerrogativa más sublime que la existencia le asigna al linaje humano.

Cuando los que tienen la responsabilidad de orientar el pensamiento en los sectores del arte, de la técnica, de la economía, de la educación y la política, se beneficien con esta disciplina renovadora y reformadora, las realizaciones del hombre experimentarán un impulso vigoroso.

Serán realidad milenarias aspiraciones que no fueron alcanzadas por desconocer el potencial energético humano imprescindible para su realización.

5 ° La disciplina logosófica al modelar la individualidad, hace fluir del corazón humano la corriente afectiva que parecería haberse extinguido, debido a frustraciones y percances sufridos en los primeros contactos con la realidad del mundo. Esta disciplina de inmediato produce una mayor vinculación afectiva con los seres que lo rodean comenzando por el hogar. En este escenario -magnífico campo experimental para quien se ha propuesto realizar el proceso de evolución conscientes producen las primeras transformaciones merced a esta verdadera alquimia en que el afecto es elemento mágico por excelencia.

Quien empieza a conocerse a sí mismo comienza también a conocer a los demás; comienza a verlos a la luz de nuevos enfoques sin los velos del prejuicio, la desconfianza o el recelo. Sólo esa humana comprensión, es la que aproxima a los seres y los vincula con lazos indisolubles. Sólo así la familia, célula de la sociedad humana, será el núcleo vital de los afectos, fuente inagotable de poderosos estímulos para el eterno y hermoso quehacer del hombre: la propia superación al servicio del perfeccionamiento del semejante.

6  ° Logosofía tendrá otra proyección de alcances excepcionales en un futuro cercano.

Constituirá la base inconmovible de la pa, permanente, porque se hará plena conciencia en cada individuo y por extensión en los pueblos, que nada será más benéfico que el trabajar armónicamente por la superación de los demás.

Nadie permanecerá ajeno al objetivo trascendente de la vida impuesta por el Creador Se eliminarán las disensiones, la anarquía y el desequilibrio que hoy angustian y aterran al hombre.

Para llegar a ese estado de conciencia es preciso comprender, tal como lo enseña la ciencia logosófica, que es Ley suprema evolucionar conscientemente y que ello sólo es posible cuando el hombre dedica la totalidad del tiempo y de las energías a su propio perfeccionamiento y a la preparación de un mundo mejor.

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TEMA IX:

“Proyectos de acción futura del movimiento de superación que anima al pensamiento logosófico”.

CONSIDERANDO:

a)     en la documentación analizada por las diferentes Comisiones queda expresada la labor concreta de Investigación experimental realizada en el lapso de 30 años por los estudiantes de Logosofía de todas las Fundaciones;

b)     de esa investigación surge que los resultados obtenidos por 1a humanidad en el correr de los siglos, en la aplicación de método, diversos tendientes a superar los problemas del individuo y la sociedad, son de por sí testimonio elocuente de la necesidad apremiante de una nueva cultura;

c)     la humanidad se encamina hacia la destrucción, entretanto la enseñanza corriente continua ofreciendo en sus centros docentes a millones de niños, jóvenes y adultos, la historia de guerras pasadas sin valederas menciones a la forma de cómo evitarlas en el futuro;

d)     en todos los trabajos presentados a este Congreso se reiteran los, beneficios y prerrogativas que derivan para el ser en toda, las d. s, actividad, al aplicar el conocimiento logosófico;

e)     el testimonial que certifica la eficacia del método logosófico para el desarrollo de la individualidad integral, proyectándose las calidades de la misma, en el seno de la familia y de la sociedad;

f)       los, resultados positivo, obtenidos en la niñez mediante la aplicación de la enseñanza logosófica;

g)     la significación que adquiere el saber logosófico en la juventud al proporcionarle conceptos precisos sobre la realidad de la vida, real al hacerle conocer su propio mecanismo mental y sicológico, al ofrecerle las bases y la técnica para la conquista de una verdadera libertad interna y la creación de defensas, tal como abundan en concretas experiencias los trabajos estudiados.

EN ATENCIÓN a lo expuesto precedentemente y teniendo en cuenta los proyectos de acción futura del Movimiento presentados, por las diferentes Delegaciones, el Primer Congreso Internacional de Logosofía, fundamentado en la inconmovible firmeza del saber logosófico y afirmada su convicción en días mejores para la Humanidad.

RESUELVE:

I . – La acción futura del movimiento de superación que  anima al pensamiento logosófico – como expresión de una nueva palabra y un nuevo mensaje para la Humanidad – , se concretará en una multiplicación constante de esfuerzos y voluntades a fin de extender la nueva enseñanza por todo el orbe.

.- En tal concepto, se utilizarán todos los medios de difusión modernos para divulgar ampliamente en todos en todos los sectores de la actividad humana, los principios de la Logosofía, como fuente de una nueva cultura.

Se informará especialmente al Ministerio de Instrucción Pública de cada nación, sobre Logosofía como ciencia formativa de la niñez y la juventud y se establecerá permanente vinculación con universidades, centros de enseñanza media y escuelas primarias, para que tengan constancia e información de los resultados obtenidos con la aplicación del método logosófico. Asimismo, y en consecuencia de lo anterior, se hará llegar a los organismos educacionales públicos la exhortación de que incorporen a los planes de estudio en sus diversos ciclos, la disciplina logosófica.

Se comunicará a la U. N. y a la 0. E. A. las conclusiones y resoluciones de este Congreso, para que sus organismos encargados de los problemas culturales y docentes presten especial atención al valor educativo de los conocimientos logosóficos. Se destacará su indudable eficacia para favorecer la vinculación amistosa entre los hombres y los pueblos, facilitando la realización del gran anhelo humano por una paz universal y permanente.

.- Se realizarán en cada Fundación cursos especiales de logosofía a los organismos culturales públicos y privados, presentantes de Unesco, agregados culturales, profesorado nacional, etc.

.- También se trasmitirá amplia información sobre Logosofía a los organismos culturales públicos y privados, bibliotecas, etc., manteniéndose dicha información actualizada para que recoja los incesantes avances de este movimiento en pro de la superación humana.

II .- Créase el Comité Internacional de Logosofía, que estará integrado por los miembros que la Dirección General del Movimiento designe. Será su cometido permanente la promoción -en el plano universal del movimiento de superación humana que inspira la Logosofía. En tal sentido, coordinará la acción difusora que en sus respectivas órbitas realizan las Fundaciones establecidas en los distintos países donde se cultiva el saber logosófico, sin perjuicio de las medidas de ejecución directa que estime pertinentes adoptar para el mejor cumplimiento de la misión que se le confiere.

III .- En cada Fundación se procederá a la creación de la Escuela Logosófica de Enseñanza Primaria, así como también de Institutos de Enseñanza Media, en los que la niñez y la juventud recibirán – concomitantemente con el estudio de los programas oficiales –  una ilustración clara y precisa sobre los conceptos logosóficos. Estos deberán concretarse en conocimientos para la vivencia de los mismos, y en una orientación de la conducta realizada en forma experimental y viva, de acuerdo con los principios éticos que sustancia el saber logosófico.

IV. Declarase el 11 de agosto, como “DIA DE LA LOGOSOFÍA”, por cuanto en ese día del año 1930, abrió sus puertas en la ciudad de Córdoba, República Argentina, la Institución que ha dado a conocer la nueva ciencia creada por Carlos Bernardo González Pecotche.

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[1] (Biognosis, pág. 60. González Pecotche (Raumsol). Imprenta López, año 1940, Buenos Aires, Rep. Argentina).

[2] (Imprenta López, año 1959, Buenos Aires, Rep. Argentina)

[3] (Logosofía, Ciencia y Método, pág. 137. González Pecotche, Imprenta López, año 1957, Buenos  Aires, Rep. Argentina)

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