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González Pecotche: Demócrata y Humanista – Capítulo V: El Ser Individual y el Ser Colectivo

El creador de la Logosofía visto desde el ángulo de su concepción política y humanista.

 Por Dardo Víctor Cabiró – Montevideo 1999
  1. Individuo y sociedad.
  2. El proceso de la postguerra. Individualismo y colectivismo.
  3. Una síntesis armónica entre individualismo y colectivismo.

1-. Individuo y sociedad.

La concepción de González Pecotche acerca de las relaciones del individuo y la sociedad no evidencian inclinación en favor de alguno de esos dos términos de la cuestión.

Su indeclinable propósito de que el hombre supere sus calidades morales, intelectuales y sicológicas, no le inhiben pensar en la proyección que esas mismas calidades –superadas en la medida de las posibilidades de cada quien- deben tener sobre el cuerpo social. Dicha superación permitirá sobreponerse a la indiferencia y al egoísmo.

Y, a su vez, la sociedad (y particularmente el Estado, en su representación jurídico-política de la misma), debe propiciar el desenvolvimiento de la individualidad, fomentando y no trabando el desarrollo del libre albedrío de la persona y sus manifestaciones externas.

Uno y otro propósito requieren el marco de un régimen democrático.

2-. El proceso de la postguerra. Individualismo y colectivismo.

“La postguerra será un proceso que convendrá cuidar con extrema atención y firme voluntad para que la humanidad no sufra un colapso que podría ser de fatales consecuencias. Ese proceso abarcará todos los cambios y transformaciones que tienen que operarse en el futuro inmediato y mediato, y, se sobreentiende, habrá que dirigirlo con el máximum de energía e inteligencia hacia una superación efectiva, hacia una evolución realmente consciente, en la que cada ser humano se sienta responsable no sólo de sus actos sino también de los de toda la humanidad, de la cual forma parte; siendo así, se creará un verdadero espíritu de confraternidad, de comprensión, de colaboración, de paciencia, tolerancia y justicia”.

“Uno de los grandes problemas, quizá el más grande, es, y seguirá siéndole hasta tanto se solucione, el creado entre el ser individual y el ser colectivo, o sea, entre el individualismo y el colectivismo, que termina en lo que ha dado en llamarse estatismo, lo cual, en resumen, es la absorción del individuo por el Estado”.

“…Privar al ser humano de sus naturales prerrogativas, de los alicientes y estímulos del libre albedrío, es arrancarle lo mejor de su existencia…”

“Quitar al hombre tales prerrogativas es postrarlo en una muerte moral y condonarlo a una consunción psicológica y mental. Las grandes democracias y los pueblos libres que hoy luchan por mantener intactos los principios fundamentales de la existencia humana así parecen haberlo comprendido”. [1]

3.- Una síntesis armónica entre individualismo y colectivismo.

Sabemos que el individualismo y el colectivismo han sido ideados o concebidos como dos fórmulas para ordenar la convivencia humana. En el pensamiento común, generalmente aparecen como contrapuestos.

En el pensamiento de González Pecotche, se hace una síntesis armónica entre individualismo y colectivismo, a saber: “Debe existir un equilibrio de convivencia, un equilibrio de comprensión entre el individuo y la sociedad. Entendemos que el individualismo ha de evolucionar hasta su máxima expresión, propiciando el encuentro conciliatorio con el colectivismo, y del mismo modo éste, ir al encuentro del individualismo sin absorberlo ni pretender privarlo de sus derechos, prerrogativas y libertad de producción. Si las funciones sociales del individuo deben tender al mejoramiento de la colectividad, las funciones de ésta han de tender al mejoramiento de cada uno de sus miembros, desde que cada uno, individualmente, tiene su fisonomía propia, y en la suma de sus valores y cualidades debe hallarse, mediante la libre expresión de sus pensamientos y de su acción, su mejor aporte a la sociedad.” [2]

Sentimos que el equilibrio, la ecuanimidad y la equidistancia invariable entre los extremos, es una característica esencial del Pensamiento de González Pecotche.

Esto se refleja también en las transcripciones que anteceden. De ellas fluye, asimismo, la índole humanista de su concepción al evidenciar su preocupación por la libertad y el libre albedrío del hombre, al par que se remite, para la superación efectiva de éste, a la necesidad de que se produzca una evolución realmente consciente, que es, en definitiva, su gran ideal.

(Ver en el capítulo siguiente, el título: “La evolución consciente de la humanidad debe ser el imperativo de la hora presente).

* * *

[1] Revista Logosofía N° 51, marzo de 1945 y Colección de la revista Logosofía tomo V, pág. 105 y ss.

[2] Revista Logosofía Nº 26, febrero de 1943

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González Pecotche: Demócrata y Humanista – Capítulo IV: Concepción de lo Social-Económico.

El creador de la Logosofía visto desde el ángulo de su concepción política y humanista.

Por Dardo Víctor Cabiró – Montevideo 1999
  1. El capital no existe.
  2. Los peligros del estatismo.
  3. Estatismo y liberalismo económico.
  4. El capital en formación.
  5. El problema social es la preocupación básica de la hora presente.
  6. Evolución del concepto sobre los problemas sociales.
  7. El problema social y sus soluciones.
  8. Sobre industrias y comercios de tipo medio.
  9. Las demandas sociales.
  10. Aspectos de la educación del obrero.

1.- El capital no existe.

Hemos tomado este título, tan sugestivo, para comenzar este capítulo. En él se encuentran consideraciones de mucho interés y, a nuestro entender, no exentas de originalidad. Trataremos de referir sus principales aspectos.

Considera que “solo existe el trabajo como hecho cierto” y hace una clasificación del mismo en trabajo superior e inferior.

El trabajo superior o el de la inteligencia sería el que reemplaza a lo que se acostumbra denominar capital; es el que corresponde a la inteligencia y está a cargo de las jerarquías en la actividad industrial y comercial, etc. El trabajo inferior o mecánico corresponde a los empleados y obreros de rutina. En uno y otro plano, todos son trabajadores, todos son obreros.

Según se desprende del artículo, no hay un monopolio de la palabra trabajo o trabajador a favor de ninguna clase social.

Y hace hincapié en lo siguiente: dicho trabajo inferior “es compensado en la medida de lo que cada uno produce como esfuerzo personal…pues no puede estimarse de acuerdo al resultado producido, ya que éste es consecuencia del producto de la inteligencia puesta al servicio del obrero para que éste pueda   desempeñarse en sus funciones de tal”.

Insiste más adelante, que el verdadero capital es la inteligencia. Así, afirma: “El volumen del capital estará siempre en relación con el grado de cultura de la inteligencia.”

Luego entra en ciertos discernimientos que nos parecen de utilidad para la debida comprensión de las relaciones entre lo que habitualmente se denomina capital y trabajo. Expresa que “una inteligencia desarrollada exclusivamente para el lucro, se pervierte, desnaturalizando su verdadera función.”

Y entonces refiere a quienes “ocupando posiciones en el plano del trabajo superior, forman un quiste social, siendo precisamente éstos, los verdaderos explotadores de la sangre humana”. Los llama la “raza usurera”.

Cierra este enfoque lamentándose que “sean confundidos con los que actúan en el trabajo superior con nobles propósitos y humanitarias miras”. [1]  (Los destacados son nuestros).

Vemos una total independencia y ecuanimidad en el juicio, dando a cada cual lo suyo. Se percibe además, la línea evolutivista, humanista, que es invariable en el Pensamiento de González Pecotche (en el Capítulo VI nos detendremos en el concepto logosófico de humanismo).

2.- Los peligros del estatismo.

Nada hay que afecte más la economía y progreso de un pueblo, que la absorción, por parte del Estado, de lo que podríamos llamar las verdaderas fuerzas vivas del país, o sean las fuentes privadas de producción, so pretexto de que, la administración nacional requiere controlar y regular las actividades comerciales o movimientos financieros del capital privado.”

“Si recorremos los anales históricos en los que aparecen las épocas más prósperas y felices de los pueblos, sin dificultad alguna advertiremos que la paz ha reinado en ellos cuando los gobiernos, en vez de trabar u obstaculizar la iniciativa privada, la han estimulado garantizando el trabajo libre y sano de los hombres…”

“Las autoridades de cada nación democrática, en la que aún se respire el aire puro de la libertad sana y constructiva, deben pensar que jamás el Estado podrá hacer rendir a un hombre lo que éste, estimulado por las perspectivas de su triunfo, puede rendir, y no olvidar que su trabajo, unido al de todos los demás, es el que cimenta las bases más sólidas y duraderas de una nación”.

“¿El auspicio al esfuerzo privado, no es, acaso, el que atrae los capitales del mundo entero para que se inviertan en el país y se agigante el progreso de la nación, haciendo florecer las industrias? ¿Qué capital extranjero podrá confiar en establecerse allí donde el estatismo todo lo absorbe y lo esteriliza?”

“Piénsenlo esto bien quienes tienen en su poder el destino de los pueblos jóvenes de América y encontrarán que el camino a seguir es uno y único, el del respeto al patrimonio y esfuerzo particular, por ser éste y no otro, el que contribuye con mayor eficacia al engrandecimiento y prosperidad de toda nación civilizada”. [2]

3.- Estatismo y liberalismo económico.

La posición de González Pecotche respecto de los temas que venimos encarando, se define en un punto de equilibrio, a saber: “Liberalismo comercial e industrial como principio, para que el Estado no sojuzgue al particular, pero estatismo cuando sea necesario, para evitar que los consorcios y combinaciones capitalistas desvirtúen las leyes naturales y provoquen estados injustos e incompatibles con una sana economía…”[3]

Pensamos que resulta destacable que González Pecotche haya escrito sobre los peligros del estatismo en la década de 1940, cuando las tesis intervencionistas gozaban de gran predicamento. A nuestro modo de ver, su pensamiento también fue precursor en este terreno.

Por otra parte, establece un razonable y necesario punto de equilibrio entre el liberalismo económico y el intervencionismo estatal, debiendo éste actuar a fin de evitar la negativa influencia de los cárteles, trusts, etc., etc., sobre la vida económico-social de una nación.

4.- El capital en formación.

“…estos capitales en formación son, precisamente, los más afectados por el impuesto a la ganancia excesiva, dado que para poder formarse requieren, por fuerza, un mayor porcentaje de beneficios que los exigidos por los grandes capitales. Además, a estos capitales en formación, que responden desde luego, a la iniciativa privada, se les debe en gran parte el desarrollo de la industria y el comercio, ya que son ellos los que promueven el mayor aporte de trabajo y la más apreciable cifra de transacciones en el mundo de los negocios que cumplen su función en el desenvolvimiento económico de la Nación.”

“El capital en formación constituye, podría decirse, uno de los principales factores del progreso económico de un país; es éste, repetimos, el que abre perspectivas al trabajo, fecunda ideas, realiza obras y hace posible un desenvolvimiento más holgado en la vida de los pueblos. Debe existir, pues, una consideración especial para los que se empeñan en abrirse camino y superar con su esfuerzo el volumen de su producción individual, a fin de que no se malogre una de las más caras aspiraciones del individuo en su pugna por alcanzar dentro de la sociedad, posiciones firmes de respeto y responsabilidad que le permitan convertirse en un valor apreciable y un auxiliar necesario de la misma.” [4]

Las razones esgrimidas por González Pecotche en favor del capital en formación, en este artículo del año 1945, también nos hacen pensar en el carácter precursos de su figura.

¿Qué diferencia sustancial hay entre esas razones y los argumentos que hoy día militan a favor de la pequeña y mediana empresa? Acaso la diferencia pueda encontrarse en la terminología empleada, pero en lo sustancial, armonizan.

5.- El problema social es la preocupación básica de la hora actual.

Este título de mayo de 1945, cobijó unas consideraciones importantes –y si se quiere, originales- de González Pecotche.

Empieza por concretar lo que se entiende por problema social, esto es, “cuanto se relaciona con el obrero, y con especialísima preferencia en lo que atañe a la cuestión económica. Se entiende que al decir obrero está incluida la clase trabajadora y pobre”.

Señala que, a su juicio, “el gran obstáculo que se interpone para resolver el problema en su raíz”, es “la indiferencia con que los que son ayudados reciben las mejoras que se les brinda”, posición que los lleva a pensar que es una obligación de quienes les confieren las mejoras, “sin que de su parte exista la menor preocupación por corresponder de alguna manera al bien recibido”.

Agrega: “Sería de todo punto necesario, pues, hacer llegar a la mente y al corazón de todos los obreros del mundo, que es deber de ellos acompañar en sus esfuerzos y preocupaciones a aquellos que luchan por el bienestar general…” Esto crearía “una nueva conciencia en las masas obreras, tendiente a hacerles compartir en lo que fuera posible, los desvelos, afanes y angustias por que tantas veces pasan quienes actúan en las directivas del comercio, de la industria y de toda otra actividad en que se plantea el problema de la conducción de los negocios a través de las múltiples fluctuaciones y embates de la marea económica colectiva”.

Cierra el artículo diciendo: “Debe existir una correspondencia mutua de preocupaciones y esfuerzos, naturalmente que en la medida de las posibilidades de cada uno. Ello habrá de ser la contribución más firme y eficaz que podría hacerse con miras a alcanzar nobles y justas soluciones, tendientes a resolver el problema social, que, hoy como ayer, constituye una de las más hondas preocupaciones en todos los países del mundo”. [5]

Cuando comentamos “El capital no existe” al comienzo de este capítulo, dijimos que encontrábamos una total independencia y ecuanimidad de juicio en González Pecotche, cuando encara el problema social.

A lo largo de muchos de sus artículos sobre este tema, advertimos su ideal humanista, procurando que, partiendo del nivel socio-económico en que se encuentre cada hombre o mujer, pueda superarse en sus cualidades morales e intelectuales.

Extendemos estas consideraciones en particular, a los títulos que siguen: “Evolución del concepto sobre los problemas sociales” y “El problema social y sus soluciones”.

6.- Evolución del concepto sobre los problemas sociales.

Con total independencia de juicio –como siempre se caracterizó- González Pecotche, bajo el título precedente, expresó, entre otros conceptos, los que se transcriben seguidamente: “Se impone en esta hora una nueva concepción de los problemas sociales, en base a una mutua estimación de los valores, necesidades y merecimientos. Se hace indispensable una revisión completa de las leyes obreras encaminadas a perfeccionarlas, a fin de que las propias masas directamente interesadas se esfuercen en ser cada día más eficientes y útiles a la sociedad de la que son parte inseparable, así las ideas, como las costumbres y las demandas que formulen habrán de merecer las más justas apreciaciones del sentir general”.

“Para todo ello será necesario alcanzar la comprensión de que las posiciones que los trabajadores obtienen en la vida, ya por méritos personales, ya por ayuda ajena, deben ser no sólo mejoradas sino mantenidas por el propio esfuerzo y capacitación, desde que no es nada justo que el cuidado de las situaciones particulares queden a cargo exclusivo de los más aptos, de los que más se preocupan en conservar lo que tanto les costó obtener”.

“Lo esencial es que cada uno, sin excepción, contribuya a que la paz se afiance en las naciones, y especialmente en la gran familia humana, a fin de que los problemas de toda índole que a diario surjan, puedan ser resueltos con serenidad, con claro discernimiento, y una amplia concepción de la justicia en sus dos inseparables columnas: el deber y el derecho de cada ser humano. De hecho se desprende que los que más pueden y tienen, deberán contribuir en mayor proporción a que el mundo vuelva por los cauces de la normalidad, aminorando y aún eliminando los riesgos que pudieran sobrevenir acerca de un nuevo estallido en el futuro, cuyos estragos serían incalculables” (diciembre de 1945 – los destacados nos pertenecen-).[6]

7.- El problema social y sus soluciones

Refiriéndose al problema planteado por las masas obreras y sus reivindicaciones, y tal como lo hemos dicho en otra parte de este trabajo, expidiéndose con total independencia de juicio, expresó: “…un principio de solución que llevaría quizá a la solución total, es, sin duda alguna, la instrucción que necesariamente debe darse a la clase obrera para que, paralelamente a los aumentos que reciba, sepa organizar su vida y administrar sus economías. Se ha comprobado en múltiples circunstancias que no progresa mucho el obrero con las mejoras que obtiene si a la vez no se preocupa por instruirse convenientemente, puesto que sin ello no puede abrir las puertas a mayores posibilidades. Da prueba de esto el obrero inteligente, que en la escala de esas posibilidades ha ido convirtiéndose en patrón, mientras que los que no se preocuparon por capacitarse permanecieron en la misma posición pese a las mejoras obtenidas.”

“En recientes oportunidades se ha hablado de la participación del obrero en los beneficios de las empresas, pero nada se ha dicho respecto a si debe participar también de las pérdidas. Muy plau­sible sería la idea si las empresas tuvieran asegurados tales beneficios; nos referimos, sobre todo y muy especialmente a las de menor cuantía que son las más numerosas y las que más deben luchar para subsistir y poder prosperar como corresponde a toda industria y comercio, dado que las pérdidas en empresas de peque­ños capitales han llevado en muchos casos al cierre de sus puertas por la imposibilidad de poder cumplir con los múltiples compromi­sos que tienen que contraer. El quebranto de un comercio o una industria afecta también a los obreros que trabajan en ella, y es lógico pensar entonces, que ha de ser preocupación común de pa­tronos y obreros el propender a la mejor marcha de los negocios ya que de la mutua comprensión depende en mucho dicha prosperidad. Se hace pues necesario que los obreros sean ilustrados con la amplitud debida acerca de todos estos problemas que deben preocupar a ambas partes por igual. Es muy posible que de ese interés recíproco en conservar lo que se tiene, surjan las más felices soluciones. Y mucho habrá de contribuir a ello la competencia en el obrero y su estimación por parte de los empleadores.” [7]

En los fragmentos que precedentemente se han transcripto, se puede verificar, una vez más, el propósito evolutivista del filósofo que nos ocupa. Su concepción del hombre y la humanidad, va mucho más allá del aspecto económico. La atención de este aspecto, obviamente necesaria, no será razón suficiente para el bienestar individual y social, si no se estimulan la instrucción y la responsabilidad, esto es, factores educativos y morales.

8.- Sobre industrias y comercios del tipo medio.

“Nos referimos a esos nobles y virtuosos hombres de trabajo y de ingenio que forman lo que hemos denominado el tipo medio de industriales y comerciantes.”

“En efecto; mientras por una parte la masa obrera es favorecida con las mejoras recibidas, y los grandes capitales, o sea los grandes comercios y las grandes industrias, no sufren mayormente el latigazo de los gravámenes, por la otra, los industriales y comerciantes de tipo medio, que son los que trabajan sin descanso con sus pequeños capitales y los que al par que mantienen con honorabilidad a sus familias asegurando su equilibrio económico, ayudan a que muchos hogares puedan ser sostenidos por los hombres a quienes dan tra­bajo y a quienes impulsan a adelantar en sus puestos de labor, en­caran situaciones en extremo difíciles.”

“La masa obrera, que por su número constituye toda una fuerza a la que no es posible pasar por alto, tiene, por virtud de esa fuerza, un medio poderoso para manifestarse, hacerse oír e inclinar en su favor la atención de los magistrados. La pudiente tiene, también, sus medios poderosos de expresión, o sea sus influencias, a las que tampoco pueden permanecer indiferentes los hombres de Estado. Pero esa masa intermedia, ese gran conjunto de hombres de trabajo y de negocio que forma el tipo medio de la sociedad; esa masa de seres de la cual surge la mayor parte de los hombres del pensamiento, de Estado, estadistas; hombres del periodismo, del arte, de la ciencia, es, precisamente, la más desamparada. ¿Por qué? Por­que es sufrida y está siempre temerosa por hallarse emparedada entre dos fuerzas: la masa pudiente y la masa obrera. Sólo le queda un callejón por el cual se ve obligada a marchar, sin que hasta el presente haya podido dar con esa nota tónica que derrumba muros y rocas, cuando encuentra el eco salvador.” [8]

* * *

Vuelve González Pecotche sobre el tema de las industrias y comercios de tipo medio, sobre lo cual escribió en julio de 1945.

Nos remitimos al otro título de este mismo capítulo: “El capital en formación”, por entender que son complementarios.

9.- Las demandas sociales.

Bajo el título “El problema social-económico”, en julio de 1947, González Pecotche vierte una serie de consideraciones fundamentales sobre el tema, de las cuales transcribiremos las siguientes:

“Todo es justo y aceptable mientras las sanas aspiraciones convergen en metas realizables que no exceden la capacidad matriz que dispensa los márgenes tolerables. Es esto una ley intransformable, como lo es cada ley que gravita sobre la conservación del mundo y de las especies que lo pueblan. No se pueden vaciar, pues, las arcas de una industria y exigir, al mismo tiempo, que ésta se sostenga en sus finanzas. En tales condiciones la industria se resiente, se debilita y quebranta. Y una vez exhausta la caja, se apagan las llamas que alimentaban a una cantidad de hogares, paIidecen las esperanzas, se esfuman todas las ventajas y se vuelve al punto de partida para empezar de nuevo. Es la eterna y lapidaria sentencia: “No matar la gallina de los huevos de oro”, cuyo olvido ha estrellado a tantos contra una realidad de la que nadie escapa ileso.”

“…la libre competencia y el aumento de producción es lo único que instantáneamente, como por obra de magia, hace bajar los precios sin necesidad de que los gobiernos deban recurrir a ningún expediente. Hacer, pues, que afloren las actividades comerciales en marcha ascendente de pro­greso, sin trabarlas en su desenvolvimiento, es propiciar la abun­dancia, que colma todas las necesidades. Encarar la solución de modo adverso, sería encajar una de las ruedas que sostiene el peso de la enorme carroza estatal, mientras la otra gira velozmente en el aire, aparentando marchar muy bien, aunque sin lograr avanzar una pulgada del sitio donde se encuentra.” [9]

* * *

El pensamiento de González Pecotche tiene, en todas sus manifestaciones, una fuerte impregnación moral. Siempre exalta la responsabilidad de los actores sociales y así como fue severo al enjuiciar a los grandes capitalistas que olvidan sus deberes para con la sociedad (“la raza usurera”, les llamó), también reiteradamente llama a responsabilidad a las masas obreras y señala una y otra vez el tratamiento que deben merecer para su mejoramiento.

Bien se comprende que la solución del problema social no pasa solamente por lo económico. Antes y después, hay temas educativos en lo personal y de capacitación laboral, que resultan fundamentales (nos remitimos al título que sigue).

10.- Aspectos de la educación de obrero.

Los fragmentos que se transcriben a continuación, evidencian el énfasis que pone González Pecotche en los aspectos morales y educativos cuando refiere a los problemas sociales.

“…no hay ser humano que pueda quebrar la inexorabilidad de las leyes. Por más poderoso que sea, jamás podrá poner en un recipiente más agua que la que éste sea capaz de contener; la que exceda se derrama inevitablemente. Del mismo modo se derramará, porque es inevitable, toda mejora que sobrepase los límites de la capacidad humana de comprender y aprovechar dicha mejora sin hacer derroche de ella. De ahí que sea tan necesario, como lo hemos predicado siempre, que paralelamente a la ayuda que se alcance a las clases obreras, se las instruya para que sepan usar y no abusar de la misma…” [10]

“A nuestro juicio –agrega en otro lado-, el problema debe encararse desde el punto de vista de la administración individual de los haberes.”

“Habría, pues, que enseñar con decidido empeño la forma de administrar los propios haberes. Los excesos son los que desequilibran el presupuesto.” [11]

Reitera que las “mejoras del asalariado deben consistir, más que nada, en estímulos al estudio y en el propiciamiento de los deberes morales y sociales”, agregando que los “derechos y los deberes son dos rieles paralelos que, sin juntarse nunca, hacen deslizar en marcha ascendente la máquina del progreso.” (Los destacados son nuestros). [12]


[1] Revista “Logosofía” Nº 23, noviembre de 1942

[2] Revista “Logosofía” Nº 11 de noviembre de 1941

[3] “Nueva Concepción Política”, 1940, págs.59 y 60.

[4] Revista “Logosofía”, N° 54, junio de 1945

[5] Revista “Logosofía”, N° 53, mayo de 1945

[6] Revista “Logosofía” N° 60, diciembre de 1945

[7] Revista “Logosofía” N° 65, mayo de 1946.

[8] Revista “Logosofía” N° 67, julio de 1946

[9] Revista “Logosofía” N°  78, junio de 1947

[10] Revista “Logosofía” N°  78, marzo de 1947

[11] Revista “Logosofía” N°  13, enero de 1942

[12] Revista “Logosofía” N° 39, agosto de 1944

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Los grandes pueblos necesitan verdaderos hombres de estado.

Publicado por Carlos B. González Pecotche (Raumsol) en la revista “Logosofía” Nº 23 (nov. 1942)

Grecia puede considerarse la cuna de la democracia; pero de aquella democracia de las ciudades helénicas a la del segundo tercio del siglo XX, media un abismo.

Los estados helénicos eran en po­blación y casi en extensión, algo  menos que muchas ciudades de hoy;  y aun, dentro de ellos los ciudada­nos eran pocos y los ilustrados mucho menos. Quitando a los esclavos, ilotas, mujeres, menores y miembros de las clases inferiores, sólo queda­ba un reducidísimo número de personas en condiciones legales de lle­var sobré sí el peso de la cosa pú­blica.

Todos se conocían y todos los  electores podían aquilatar los méri­tos de los elegibles, y la convivencia en la ciudad, la asistencia a las  del Areópago y la participación en los consejos democráticos, como el conocimiento personal  moral privada, las virtudes ho­gareñas, la capacidad para el trabajo de los “candidatos”, permitía mayor trabajó y con muchas probabilidades de acierto, a hombres como Solón, Licurgo y Arístides.

En los pueblos de hoy, con dece­nas de millones de habitantes y con dilatadas fronteras, la elección no es tan fácil, ni las instituciones demo­cráticas pueden adaptarse al molde ideado por Solón para la pequeña ciudad griega.

Elegir a los mejores es el deside­rátum lírico de las democracias, pe­ro además de la virtud, el estadista debe poseer muchas otras condiciones, puesto que sólo con aquélla quedaría cruzado de brazos ante la complejidad de los  problemas de gobierno. Ya no basta para gobernar el “bonus pater familiae”, es menester que un hombre sano, sabio y experto, empuñe el timón.

La moral y la psicología del ver­dadero hombre de Estado debe presentar facetas brillantes y múltiples.

Nadie podrá serlo, si no tiene conciencia de su vocación, que general­mente aparece al promediar la vida y, desde entonces, marcha unida con el ideal político. Al llegar éste a la realidad por medio de la acción, cre­yéndolo valor absoluto y limando asperezas, podrá adaptarlo al medio. El momento impone determinado ideal y el tacto político del hombre de Estado le hace mirar al porvenir y ser desinteresado. El pueblo per­dona todo, menos el interés y la ve­nalidad.

La grandeza de un hombre de Es­tado depende de su voluntad; cuan­do se decida a emprender una obra para el bien del pueblo, la acción tiene que tener la rapidez del pensamiento. El sentimiento de su respon­sabilidad debe tener en él profundo arraigo, y por más que práctica­mente no deba a nadie cuenta docu­mentada de sus actos por mucho que la responsabilidad tenga que diluirse, él ha de considerar que de sí depende la felicidad de su pueblo y obrar en consecuencia.

El verdadero conductor de pueblos tiene una gran fuerza sugestiva. El pueblo le ama, le acata y le sigue por su honradez, por su palabra, por la identificación con sus necesidades y problemas, y por la comunidad de sentimientos con sus conciudadanos. No es posible llegar al pináculo del poder, sin tener un profundo conocimiento de los hombres, sin ser un experto en psicología, sin usar en la medida de lo prudente, el tira y afloja de las negativas o de las con­cesiones, sin conocer a fondo el al­ma nacional y sin introducir en los hombres un espíritu nuevo, basado en ideales puros y con genuina ex­presión patriótica.

No debe abandonarle nunca el sen­tido de la realidad. Por mucho que su ideal le empuje hacia la obtención de altos destinos para su pueblo, jamás debe tratar de ir más allá de lo posible. No puede haber buena conducción sin un pleno conoci­miento del medio nacional; y en es­tas épocas de guerra; de intenso comercio y de problemas de solución universal, el conocimiento del terre­no internacional es también de absoluta necesidad.

La psicología del hombre de Es­tado ha de tener, sus propias pecu­liaridades.

El alma del político tiene caracteres múltiples y contradictorios. Para servir a su país debe encarnar el  momento o la necesidad, política de su pueblo, y su carácter, ya sea el objetivo: frío y científico, ya el subjetivo: apasionado y combativo, debe amoldarse a las exigencias de la   hora.

Su inteligencia tiene que conducir­le hacia un razonamiento reflexivo y práctico, centralizando la acción de su pensamiento en el plano de los grandes enfoques para penetrar con acierto en la substancia de situacio­nes y hombres, pues, de no ser así, le será difícil en determinado  mo­mento, dar con la justa solución. Siempre que la imaginación tenga el freno de la posibilidad, no le acarreará perjuicio dejarla correr. El político tipo analítico, pero sin el contenido práctico y reflexivo a que hemos aludido, es medroso, negativo, crítico y estéril; el sintético, enlaza los ejemplos históricos a la  acción que proyecta para asegurar en lo posible el éxito de sus gestio­nes. Prevaleciendo el tipo sintético, no deben desdeñarse algunos aspectos del tipo antes descripto. Los sis­temas políticos que han perdurado y se han mantenido más tiempo para beneficio de los pueblos que lo apli­caron, son obra de genios de sínte­sis: Solón, César, Richelieu, Bis­mark, Colbert.

La inteligencia del hombre de Estado necesita cultura técnica  profunda  y general, que  tienda  a. diversificarse. Si el político es  docto en varias disciplinas, ten­drá ventajas sobre el que domi­ne una sola de ellas. Ha de conocer la Historia y aplicar sus enseñanzas, y estará mejor pre­parado si tiene ya experiencia  en el mando. El hombre de Esta­do jurista o economista, no debe aplicar rígidamente su teoría, sino la que convenga al país. La teoría rígida, la erudición excesiva, el conocimiento científico o intelectual  unilateral, no convienen al hombre   de Estado, pues le quitan espontaneidad, objetividad e intuición. De­be rodearse de colaboradores hones­tos y capaces, que sepan interpretar  su pensamiento y sugerir con buen tino las mejores ideas.

No puede serse buen conductor de pueblos sin dominar los propios sentimientos. La vanidad es fuerte escollo, puesto que admite aduladores y aleja colaboradores útiles. El verdadero hombre de Estado afronta el riesgo de la impopularidad. La ambición, subordinada a un objeto y a los medios disponibles, es condición de aquél. Su mayor defecto es la  debilidad. Una doble altivez tiene que acompañarle en toda su vida; su pensamiento ha de ser suyo, y no prestado por consejeros de ocasión, en unidad paralela, con su  vocación y su ideal. La envidia y los celos dificultan la acción del político, en tales casos, la mente debe primar sobre el corazón.

 

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Folleto de presentación del Primer Congreso Internacional de Logosofía

Montevideo . Uruguay. – Noviembre de 1960

Índice

  1. SEMBLANZA de don Carlos B. González Pecotche, Creador de la, Logosofía y Director General de la Fundación
  2. MOTIVOS FUNDAMENTALES de esta Magna Asamblea
  3. OBJETIVOS del Primer Congreso Internacional de Logosofía
  4. TEMARIO
  5. REGLAMENTO del Primer Congreso Internacional de Logosofía
  6. SINOPSIS de la República 0riental del Uruguay

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1.- Semblanza del creador de la Logosofía y Director General de la Fundación Logosófica

Don Carlos bernardo González Pecotche (Raumsol), ha consagrado su vida a la obra, fecunda que realiza en pro de la superación humana. Creó una ciencia, la Logosofía, e instituyó un método único en su género. Nació en Buenos Aires, el 11 de Agosto de 1901. Su espíritu no tardó en manifestarse como una realidad hasta aquí desconocida. La lucidez de su inteligencia abarcó de inmediato los grandes problemas humanos que encaró desde su juventud con la maestría que siempre caracterizó su excepcional técnica pedagógica.

La rutina de los conocimientos y sistemas usados para la formación de la cultura, inclusive los procedimientos adoptados en la docencia corriente, dieron pie para que expusiera en innumerables clases y conferencias, su singular método, haciendo que su enseñanza se conectara a lo interno de cada ser, cualquiera fuere su edad.

Sus concepciones sobre el hombre, la vida humana, el universo y sus leyes, le colocan en el rango de los grandes precursores de la humanidad. Los discípulos, adherentes, simpatizantes de su Obra, se cuentan por millares y la enseñanza logosófica se extiende hoy por todos los ámbitos del mundo.

Fundó en el año 1930 la primitiva Escuela de Logosofía en la Argentina. En Buenos Aires, lugar de su residencia, donde la Fundación Logosófica tiene su Sede Central, es un constante ir y venir de personas que de todas partes le consultan, para obtener los preciados conocimientos que brinda con ilimitada generosidad, satisfaciendo las ansias de saber y calmando las inquietudes espirituales de todos los que aspiran a elevarse por encima de la mediocridad común.

Paralelamente a esa labor directa sobre sus discípulos, dirige el movimiento logosófico, que año tras año viene cobrando mayor impulso, contando en la actualidad con importantes centros de cultura en los que se practica y difunde la nueva ciencia. Pone de esta manera, al alcance del hombre moderno, un instrumento extraordinariamente efectivo para alcanzar el conocimiento de sí mismo y penetrar paulatinamente, en los hondos arcanos de la vida humana y universal.

La primitiva Escuela se transformó al poco tiempo en la actual Fundación Logosófica, institución de gran volumen en la actualidad en Argentina, Brasil y Uruguay. En otros países, como Perú, El Salvador, Ecuador, Venezuela y Filipinas, se están formando núcleos de simpatizantes que siguen con vivo interés el desarrollo del movimiento logosófico.

También en los Estados Unidos se están constituyendo núcleos de personas que en un futuro próximo formarán parte activa del Movimiento con miras a extenderlo en ese gran país.

Al cumplirse treinta años de su “Escuela de Logosofía”, su Obra alcanza la culminación de un Primer Congreso Internacional, en el que se planificará la acción futura del Movimiento Logosófico y se expondrán los testimonios vivos de los cultores de esta nueva ciencia.

2.- Motivos fundamentales de esta Magna Asamblea

La Fundación Logosófica en Pro de la Superación Humana, reúne en Magna Asamblea a los más destacados cultores de la Logosofía, al cumplirse treinta años de intensa labor científica y humanística, llevada a cabo sin tregua con los más excelentes resultados.

Los debates libres, los intercambios sobre vivencias y resultados de la observación en la aplicación del método logosófico, y las proposiciones o recomendaciones que emanen de este Congreso, recibirán amplia difusión mundial. Se hará conocer así, la moderna concepción logosófica para orientar el esfuerzo del hombre contemporáneo, ya sea en el desarrollo pleno de sus facultades, ya en sus luchas contra la adversidad o en la búsqueda de soluciones que resolverán sus problemas y los de la humanidad, por lógica derivación.

Una nueva educación adviene con la evolución consciente que preconiza la Logosofía; su método para realizar el proceso de emancipación moral y espiritual del ser humano, restablece la confianza más absoluta en las nobles reservas de la sensibilidad y capacita a cada hombre para forjar un destino que le pertenecerá por derecho propio y en el cual habrán de converger las aspiraciones más lúcidas de su entendimiento y su sentir.

El Primer Congreso Internacional de Logosofía hará llegar a todos los hombres y pueblos libres de la tierra, su dinámico y cálido mensaje de absoluta confianza en las posibilidades humanas de realización, posibilidades que impulsadas y vivificadas por el conocimiento trascendente que surge de las concepciones logosóficas, les permitirán plasmar en realidades inconmovibles los ideales, aspiraciones y anhelos que han abrigado durante siglos.

Hace ya treinta años, el 11 de agosto de 1930, fue creada la Fundación Logosófica en Pro de la Superación Humana. Desde entonces se constituyó en fuente inagotable de difusión del pensamiento que anima esta nueva concepción del hombre y del universo, basada en verdades y principios altamente constructivos, dados a conocer por el creador de la Logosofía.

Hoy, la Fundación Logosófica mantiene un permanente contacto con los centros de estudios y con las personas que, en diversas partes del mundo, siguen con creciente interés la evolución de este movimiento y aplican a la propia vida la nueva enseñanza, con los resultados más sorprendentes.

La extensa bibliografía logosófica en nuestro idioma, con traducciones al portugués e inglés, está ampliamente diseminada en las más prestigiosas instituciones y casas de estudio de todo el continente americano. La prensa en general se ha hecho eco de la palabra logosófica y la ha difundido, así como también la radiodifusión y la televisión, principalmente en Argentina, Uruguay y Brasil.

La Fundación Logosófica cuenta con numerosos núcleos de estudio en los que participan  muchas personas que siguen con inalterable dedicación y entusiasmo esta nueva disciplina del saber. Sus conclusiones,  vivencias y hallazgos constituyen un valioso testimonio del poder constructivo de la enseñanza.

La Logosofía, como ciencia del conocimiento trascendente, constituye el más poderoso de los estímulos humanos, porque da un nuevo sentido a la vida en el pensar y en el hacer. Posibilita a cada individuo para agigantar el campo de su realización, propiciando el desarrollo de sus aptitudes en forma consciente, emancipándole mental, moral y espiritualmente de los prejuicios y limitaciones que menguaban la libertad de su conciencia.

La Fundación Logosófica se apresta a recibir en Montevideo, sede del Primer Congreso Internacional de Logosofía, a gran número de logósofos, para que de su labor unificada surjan los pronunciamientos que señalarán el derrotero a seguir en el futuro, como expresión del pensamiento logosófico puesto al servicio de la humanidad.

Por ello abriga la firme esperanza de que muchos oirán ese llamado y formarán filas en este gran movimiento de emancipación espiritual humana.

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La Logosofía trae como mensaje universal la edificación de lo permanente en el hombre.

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Humanismo es, para la Logosofía, el ser racional y consciente realizando en sí mismo las excelencias de su condición de humano y de su contenido espiritual sobre la base de una incesante superación.

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La enseñanza logosófica no teoriza, no argumenta, no formula hipótesis de ninguna índole. Va de un modo directo a la vida del hombre para asistirle en sus múltiples problemas. Es medular para la razón humana.

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3.- Objetivos del Primer Congreso Internacional de Logosofía

1 . Reunir, con motivo de haberse celebrado el trigésimo aniversario de la Fundación Logosófica, a sus más caracterizados miembros del país y del extranjero, a fin de planificar la acción futura del movimiento de superación humana que anima al pensamiento logosófico.
2 . Exponer la concepción logosófica como fuente de una nueva cultura.
3 . Examinar los resultados obtenidos mediante la aplicación del método logosófico y formular una recomendación especial a todas las universidades e instituciones docentes del mundo, para que sea adoptado previo los ensayos correspondientes.

4.- Temario

1° Cuadró psicológico, moral y espiritual que presentan los seres humanos en el momento actual.
2° Cómo enseña la Logosofía al hombre a conocerse a sí mismo; en qué consiste ese conocimiento y qué importancia tiene para la solución de los problemas humanos.
3° Trascendencia que tiene para la vida humana el proceso logosófico de evolución consciente
4° Importancia del método logosófico como base para el desarrollo de la individualidad en su carácter integral.
5° Positivos resultados logrados en la educación de la niñez mediante. la aplicación del método logosófico.
6° Influencia constructiva del conocimiento logosófico en la juventud.
7° Emancipación mental, moral y espiritual del hombre y la mujer mediante esta disciplina.
8° Proyecciones de la ciencia logosófica sobre la orientación presente y futura de la humanidad.
9° Proyectos de acción futura del movimiento de superación que anima al pensamiento logosófico.

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Los pensamientos son, para la Logosofía, los agentes esenciales de la existencia humana. Superados se convierten en verdaderas potencias del espíritu.

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Conocer la realidad del mundo interno, con sus imponderables elementos, que configuran la psicología individual, es hacer que esa realidad pertenezca al dominio de la propia voluntad.

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5.- Reglamento del Primer Congreso Internacional de Logosofía

Capitulo I: Objetivos Y Carácter Del Congreso

Artículo 1° –  Son objetivos del Primer Congreso Internacional de Logosofía:

I.       Reunir, con motivo de haberse celebrado el trigésimo aniversario de la Fundación Logosófica, a sus más caracterizados miembros del país y del extranjero, a fin de planificar la acción futura del movimiento de superación humana que anima al pensamiento logosófico.

II.      Exponer la concepción logosófica como fuente de una. nueva cultura.

III.              Examinar los resultados obtenidos mediante la aplicación del método logosófico y formular una recomendación especial a todas las universidades e instituciones docentes del mundo, para que sea, adoptado previo los ensayos correspondientes.

Capitulo II: Temario

Art.  2° El Congreso ajustará su labor al siguiente temario.
1.      Cuadro psicológico, moral y espiritual que presentan los seres humanos en el momento actual.
2.     Cómo enseña la Logosofía al hombre a conocerse a si mismo; en qué consiste ese conocimiento y qué importancia     tiene para la solución de los problemas humanos.
3.      Trascendencia que tiene para la vida humana el proceso logosófico de evolución consciente.
4.      Importancia del método logosófico como base para el desarrollo de la individualidad en su carácter integral.
5.      Positivos resultados logrados en la educación de la niñez mediante la aplicación del método logosófico.
6.      Influencia constructiva del conocimiento logosófico en la juventud.
7.      Emancipación mental, moral y espiritual del hombre y la mujer mediante esta disciplina.
8.      Proyecciones de la ciencia logosófica sobre la orientación presente y futura de la humanidad.
9.      Proyectos de acción futura del movimiento de superación que anima al pensamiento logosófico.

Capitulo III: Sede y Organización Del Congreso

Lugar de realización

Art. 3° – El Primer Congreso Internacional de Logosofía tendrá lugar en la ciudad de Montevideo, República Oriental del Uruguay y, en consecuencia, la Institución establecida en esta capital tendrá el cometido de realizar los trabajos preparatorios del Congreso.

Comité Ejecutivo Organizador

A los efectos previstos, se ha designado un Comité Ejecutivo Organizador.

Convocatoria

Art. 4° – La Convocatoria del Congreso será transmitida por el Comité Ejecutivo Organizador.

Capitulo IV: Fecha Del Congreso

Art. 5° – Queda determinada, en principio, la segunda quincena del mes de noviembre del año 1960, para la realización del Congreso.

Capitulo V: Participantes

Delegados

Art. 6° – Podrán participar en el Congreso los representantes de las Fundaciones Logosóficas establecidas en las ciudades de los dis- tintos países donde se difunde el saber logosófico.

Sus derechos

Art. 7° – Los delegados al Congreso tendrán derecho a voz en las sesiones del mismo y en las de las comisiones, y a presentar tra- bajos, de conformidad con lo dispuesto en el Capítulo IX.

Capitulo VI: Autoridades Del Congreso Y Sus Atribuciones

Posesión de Cargos

Art. 8° – El presidente del Comité Ejecutivo Organizador presidirá la Sesión Inaugural del Congreso y dará posesión de sus cargos, en el mismo acto, a las autoridades que éste designe.

Autoridades  

Art. 9° – Las autoridades del Congreso son las siguientes: Presidente; 1er.  y 2° Vice-Presidentes; Secretario General y Pro-Secretario.

Serán elegidos por el voto de la mayoría absoluta de las Delega- ciones acreditadas en el Congreso.

Miembros de Honor

Art. 10 – El Congreso podrá designar Miembros de Honor del mismo, en la jerarquía que estime conveniente.

Facultades del Presidente

Art. 11 – Serán atribuciones del Presidente del Congreso:

a)  Presidir las sesiones del Congreso, someter a su consideración las materias conforme estén inscritas en el orden del día y dirigir los intercambios de opiniones que se susciten;

b)   Someter a votación los puntos tratados y anunciar los resultados;

c)   Trasmitir a los delegados el orden del día de las sesiones plenarias,  por medio del Secretario General, con la mayor antelación posible a cada sesión; y

d)   Tomar las medidas que estime oportunas para promover el desarrollo  de los trabajos.

Vicepresidentes

Art. 12 – En caso de ausencia del Presidente, será reemplazado por los Vice-Presidentes, según el orden de procedencia.

Facultades del Secretario General

Art. 13 – Serán atribuciones del Secretario General:

a)   Designar los Secretarios de las Comisiones del Congreso y en general dirigir y coordinar el trabajo de los colaboradores adscriptos a la Secretaria General;

b)   Ejercer el contralor de la correspondencia oficial del Congreso, supervisar la preparación de las actas de las sesiones de éste y de las comisiones y la distribución de ejemplares de el ellas a las delegaciones;

e)   Redactar el orden del día, de acuerdo con las instrucciones del Presidente del Congreso y hacerlo distribuir entre las delegaciones;

d)   Ejercer cualesquiera otras funciones que le asigne el Congreso o el Presidente de éste.

Pro-Secretario

Art. 14. – El Pro-Secretario colaborará en las tareas que incumben al Secretario General y lo reemplazará en su ausencia.

Capitulo VII: Sesiones del Congreso y de Las Comisiones

Distintas sesiones

Art. 15. – El Congreso celebrará una Sesión Inaugural, sesiones plenarias ordinarias y una Sesión de Clausura.

Sesión Inaugural

Art. 16. La Sesión Inaugural se ajustará al siguiente Orden del  Día:

a)     Apertura de la sesión;
b)     Elección de autoridades del Congreso;
c)     Nombramiento de comisiones de trabajo;
d)     Lectura de ponencias;
e)     Asuntos varios.

Art. 17. La Sesión Inaugural se celebrará en la fecha que fije el Comité Ejecutivo Organizador. Las demás sesiones serán celebradas en las fechas que determine el Congreso.

Quórum

Art. 18. Para que haya quórum en las sesiones plenarias y en las de las comisiones deberán estar representadas la mayoría de las delegaciones que integran, respectivamente, el Congreso o las distintas comisiones.

Voto por delegación

Art. 19. Cada delegación tendrá derecho a un voto.

Informe previo de las comisiones

Art. 20. En las sesiones plenarias se considerarán únicamente proyectos de resolución, informes o ponencias que hayan sido estudiadas, en forma previa, por la comisión competente, salvo resolución expresa del Congreso adoptada por mayoría absoluta de votos.

Sujeción de las deliberaciones a los Objetivos

Art. 21. En las sesiones plenarias y en las comisiones, las deliberaciones deberán referirse exclusivamente a temas relacionados con los Objetivos del Congreso.

Capitulo VIII: Comisiones Del Congreso

Comisiones de trabajo

Art. 22. Se organizarán las comisiones de trabajo que el Congreso estime necesarias para estudiar los diferentes aspectos del temario. Cada delegación tiene el derecho de estar representada en cada una de las comisiones de trabajo.

Subcomisiones

Art. 23. Las comisiones podrán nombrar las subcomisiones que juzguen necesarias para el estudio de los temas asignados a su consideración.

Relatores

Art. 24. Las comisiones nombrarán sus miembros relatores, quienes prepararán los informes respectivos con la colaboración de la Secretaría. De dichos informes se liarán tantas copias como delegaciones concurran al Congreso.

Informes

Art. 25. Los informes aludidos serán entregados al Secretario General con  suficiente antelación a la sesión plenaria en que serán considerados, a efecto de la oportuna distribución de sus copias entre las delegaciones.

Capitulo IX: Presentación De Trabajos

Carácter de los trabajos

Art. 26. Todos los miembros de las Fundaciones Logosóficas en los diferentes países podrán presentar trabajos al Congreso, ajustados a las siguientes condiciones:

a)   Exposiciones de doctrina y experimentación logosófica acerca de los asuntos incluidos en el temario del Congreso.

Estos trabajos podrán ser individuales o realizados por equipos. No tendrán limitación de extensión.

b)   Ponencias sobre cualquier punto del temario.

Obligación específica de cada delegación

Art. 27. Cada delegación deberá presentar, en nombre de la Fundación que representa, un Proyecto de Acción Futura del movimiento de superación humana que anima al pensamiento logosófico.

Asimismo, las Delegaciones podrán pronunciarse sobre cualquier otro punto encuadrado dentro del Temario o de los Objetivos del Congreso.

Condiciones formales de los trabajos

Art. 28. Todos los trabajos se presentarán escritos a máquina o impresos, en papel formato carta del que se utiliza para la correspondencia aérea, debiéndose dejar un espacio de tres y medio centímetros y de uno, respectivamente, en las márgenes derecha e izquierda. El original deberá acompañarse de cinco copias.

Asimismo y cuando correspondiere, deberá adjuntarse a los trabajos una sinopsis del tema desarrollado y la enunciación expresa de las conclusiones o ponencias contenidas en ,el mismo.

Fecha de remisión

Art. 29. Los trabajos serán remitidos al Comité Ejecutivo Organizador del Congreso, indefectiblemente hasta el día 30 de setiembre de 1960, el que, por medio de su Comisión de Temario, deberá proceder a una clasificación y ordenamiento primario de ellos, a efecto de facilitar el cumplimiento de sus cometidos al Congreso y sus Comisiones.

Art. 30. Los trabajos a que se refiere este capítulo, deberán contemplar primordialmente los Objetivos del Congreso.

Capitulo X: Idiomas Oficiales

Art. 31. Son idiomas oficiales del Congreso el Español, el  Inglés y el Portugués. Los delegados podrán hablar cualquiera de los idiomas oficiales. Los resúmenes de las sesiones plenarias y los de las comisiones, serán publicados en el idioma del país sede.

 

Capitulo XI:  Actas, Publicaciones y Resoluciones del Congreso

Repartido de las actas

Art. 32. Se prepararán actas de las sesiones plenarias y de las comisiones, las cuales deberán contener  un resumen de lo tratado  y el texto completo de las conclusiones adoptadas. Se procederá a su más inmediato repartido a través de Secretaría General.

Acta Final

Art. 33. El Acta Final contendrá las declaraciones , resoluciones y aprobadas por el Congreso y el texto en español f será suscrito en la sesión de clausura.

Memoria

Art. 34. La redacción y publicación de la Memoria del Congreso queda a cargo del Comité Ejecutivo Organizador, en conexión  con el Secretario General del Congreso.

Comunicaciones y Mensajes

Igualmente, queda a cargo de dicho Comité, librar las comunicaciones y mensajes que disponga el Congreso y la ejecución de las resoluciones que éste adopte.

Capítulo XII: Disposiciones Supletorias

Art. 35. Para los casos no previstos en el presente Reglamento,  se aplicarán supletoriamente las normas contenidas en el Reglamento de la Cámara de Representantes de la República del Uruguay.

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Dibujo ilustrativo.

La Fundación Logosófica de Montevideo – Uruguay

Sede del Primer congreso Internacional de Logosofía

Avda. 8 de Octubre 2662 pags 12 y 13

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Fotografía: Montevideo Palacio Legislativo 1960 FPC pag 17

Fotografía: Montevideo . Playa Pocitos.1960 FPC pag 17

Fotografía: Montevideo .La Avda. Agraciada.1960 FPC pag 19

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6.- Sinopsis

Geográfica, económica, histórica y cultural de la República 0. del Uruguay

Geográfica. Uruguay es el más pequeño de los países de América del Sur. Está situado entre los paralelos 30° y 35° latitud sur y entre los meridianos 53° y 58 longitud occidental.

Limita con Brasil por el Norte y Noreste, con Argentina por el Oeste y Sureste, teniendo el océano Atlántico al Este.

Superficie. 186.926 km. Frontera terrestre 773 k1m. y costas marítimas y fluviales 1.070 km.

Clima. Templado.

Población. Cuenta con tres millones aproximadamente de habitantes, en la actualidad, con predominio de descendientes de españoles e italianos.

Idioma. Español.

Producción ganadera.  Quince millones. de hectáreas están destinadas a esa explotación. Las cifras actuales son, en cabezas de vacunos: 8.154.1.00. Ovinos: 23.408.600.

Agricultura. Va adquiriendo gran desarrollo. Sin embargo aún ocupa un mínimo de los nueve millones de hectáreas aptas para cultivo.

Industrias. Son importantes las derivadas de la ganadería, contándose con importantes plantas frigoríficas. La industria textil, data, del año 1897, y al presente, con los adelantos técnicos se ha alcanzado una producción excelente y voluminosa. La industria del cuero, es también muy valiosa en calidad y variedad de productos.

Las industrias derivadas de la agricultura, son numerosas y básicas para el consumo interno. Molinos, fideerías, vitivinícolas, tabacaleras, arroceras, cerveceras, dulcerías, aceiteras, azúcar, abastecen muy bien la plaza.

Industrias extractivas, manufactureras, papelería, alfarería, cuentan con organismos oficiales como la Ancap con refinería de petróleo, fábrica de alcohol y bebidas, portland, etc.

La energía eléctrica está a cargo de otro organismo oficial, incluyéndose en el mismo los servicios telefónicos.

Aguas corrientes, ferrocarriles y transportes colectivos, estos últimos parcialmente, son servicios nacionalizados.

Medios de comunicación. – Comprenden, 5.000 millas de carreteras y 1.800 millas de vías ferroviarias. Un moderno aeropuerto en Montevideo, recepciona los aviones que unen a este país, con los principales del mundo.

Historia, – Descubierto este país en el año 1516 por Don Juan Díaz de Solís, navegante español, su dominación por España se extendió hasta 1814. Don José Artigas, héroe epónimo, dio impulso al levantamiento que culminara con la total independencia del Uruguay, dejando honda huella el valor de que hizo gala, así como su visión política, social, fuertemente influenciada por Washington. Son documentos de real valor, en estas apreciaciones, las Instrucciones del año XIII y el noble título de Protector de los Pueblos Libres con que lo aclaman en su provincia natal y las del litoral, en plena convulsión política y militar.

Dejó un precioso legado a su patria; sus conceptos de democracia y americanismo, sus ideas humanistas, su respeto a los derechos humanos, y su proverbial cordialidad y generosidad para los que se acercaban a estas tierras, quedaron arraigados como, principios, que hoy traducen los rasgos peculiares del Uruguay, tales como su amor a la libertad, su amplia percepción de las corrientes renovadoras de pensamiento y su sagrado respeto a las normas democráticas.

Enseñanza. – De 1826 datan las escuelas de primeras letras y una Escuela Normal, en las que se aplicaba el método lancasteriano.

La ley de educación común, fue sancionada el año 1877. Fue un gran impulsor de la Escuela Nacional, Don José Pedro Varela. Sus ideas postulaban la gratuidad, la obligatoriedad y la laicidad de la enseñanza, entendiendo por esta última el respeto a la persona humana, como supremo postulado de moral universal. Sus ideas estaban penetra das de un profundo sentido social de la educación.

Al presente, numerosos organismos educacionales, son muestra evidente.,de grandes adelantos pedagógicos, que continúan nutriéndose por una permanente actitud revisionista e innovadora.

Se han creado además escuelas nocturnas para adultos, con el propósito de combatir el analfabetismo, y por extensión, para complementar los conocimientos adquiridos en la edad escolar. El porcentaje de analfabetismo en la actualidad, (18 %) es índice elocuente de las conquistas alcanzadas.

Arte y cultura. – Estas actividades abarcan las más variadas manifestaciones de las ciencias, las artes y las letras. A los primeros rudimentos de arte expresados por los indígenas, en utensilios esculturados, le sucedieron las distintas formas de arte preponderantemente europeos, en especial de origen español, francés e italiano, que influyeron poderosamente en la formación cultural del país. Hoy, el Uruguay, ofrece amplia recepción a las corrientes culturales de todo el mundo, favorecido por su privilegiada situación geográfica, y por su alto nivel social de vida, lo cual permite tanto la diversificación, como la extensión de una cultura informativa, que llega a todas las capas sociales. Las manifestaciones de arte y cultura propios, son muy valiosas y múltiples, algunas con repercusión mundial, en música, pintura, escultura, filosofía y literatura.

Organización política. La primera Constitución data del año 1830, afirmando el espíritu republicano del pueblo. Luego a través de varias reformas constitucionales, superadas también cruentas luchas fratricidas, que terminaron en 1905, se pasó del régimen presidencialista hasta el sistema Colegiado de Gobierno, con un Consejo Nacional integrado por nueve miembros directamente elegidos por el pueblo.

Las formas democráticas de vida, están expresadas en la libertad de  opinión y de prensa, así como en la legislación laboral y social, inspirados en un profundo respeto de los derechos de la persona humana.

Montevideo. Capital de la República, es el más pequeño de sus 19 departamentos, con 664 km.2. Fue fundada el 24 de diciembre de 1726, por Don Bruno Mauricio de Zabala. Su posición dentro d. una importante ruta marítima, con el Río de la Plata, bañando su hermosa bahía, le ha permitido enriquecer su acervo cultural, con los aportes de las más caracterizadas corrientes científicas, filosóficas y artísticas del mundo.

Esta Capital, en permanente progreso urbanístico, ofrece hoy en su aspecto edilicio, las concepciones arquitectónicas más avanzadas, y al contar con hermosas playas, que se suceden a lo largo de toda su costa, ha sido aún más embellecida por una amplia rambla, que las une a lo largo de 15 km. bordeada por modernos edificios, en casi toda su extensión.

Comercios bien organizados y de gran volumen ofrecen a una permanente corriente turística, atracciones novedosas, a la altura de las más grandes capitales del mundo.

Tales son, a muy grandes rasgos, las facetas más salientes del Uruguay, escenario del 1er. Congreso Internacional de Logosofía, cuyos propósitos apuntando a las más concretas y altas manifestaciones de una cultura integral, condicen con el tradicional respeto a la libertad de pensamiento imperante en este pequeño gran país de América.

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Logosóficamente, la cultura interna es el resultado del perfeccionamiento seguido a través de un gran proceso de evolución conscientemente realizado.

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Comité Ejecutivo Organizador del Primer Congreso Internacional de Logosofía

  • Presidente:                                                                                                 Sr. ARMANDO CARRASCO
  • Secretario:                                                                                                 Agrim. OSCAR A. OLAVE
  • Pte. de la Comisión de Temario, Trabajos y Conclusiones.   Dra. YVONNE ABANS DE BRACHI,
  • Pte. de la Com. de Difusión del Congreso.                                     Sr. LUIS BERROSTEGUIETA,
  • Pte. de la Com. de Reglamento.                                                         Prof. DARDO V. CABIRO,
  • Pte. de la Com. de Actos.                                                                     Agrim. ALEJANDRO PELLISTRI,
  • Pte. de la Com. de Recepción e Información.                             Sr. EDUARDO MAINERO,

Dirección: 8 de Octubre, 2662

Teléf.: 4 34 36 Montevideo, Uruguay

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BIBLIOGRAFÍA LOGOSÓFICA

Obras de Carlos B. González Pecotche (Raumsol)

  • Axiomas y principios de logosofía tomo I , 1934 , 128 págs.  (agotado).
  • Cartas iniciáticas. 144 págs., 1935, (agotado) .
  • Logosofía. Tratado elemental de enseñanza (agotado).  104 págs ,1936 (agotado) ,
  • Axiomas y principios de logosofía: Il tomo, 122 págs., 1937 (agotado).
  • Artículos y publicaciones (recopilación) : 120 págs., 1937 (agotado).
  • Perlas bíblicas: 228 págs. 1938 (agotado)
  • Nueva Concepción política . 240 págs., 1940,
  • Biognosis 173 págs., 1940,
  • Intermedio logosófico: 216 págs., 1950.
  • Introducción al conocimiento logosófico.494 págs., 1951  (agotado).
  • Diálogos  212 págs. 1952.
  • Exégesis logosófica. 110 págs. 1956,
  • El mecanismo de la vida consciente, 125 págs 1956
  • La herencia de sí mismo, 32 págs. 1957.
  • Logosofía. Ciencia y método. 150 págs, 1957,
  • El señor de Sándara : novela, 509 págs. 1959.

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Los conocimientos Logosóficos son fuerzas que la inteligencia usa para incrementar la vida espiritual del ser, y quien los practica sabe que son fuentes de energía interna de inestimable valor para la suya propia.

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Grabados: Industria Fotomecánica.    Impresión: A. Monteverde y Cía. noviembre de 1960

 

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Alcance del conflicto europeo – Democracia o extremismo

Por Carlos B. González Pecotche – Revista Logosofía  Nº 3 (marzo 1941)

Si alguien llegara hoy de otro mundo al nuestro y nos preguntara a quemarropa, ¿qué sucede en la tierra?, tendríamos que recapacitar los más variados capítulos del libro de la vida para hallar la respuesta adecuada, la que seguramente no seria muy corta ni muy sencilla ni muy ligera.

Todos hablamos de lo que sucede en el mundo y el terna no se acaba nunca. La imagen histórica y actual es tan complicada, que no parece sino que los siglos hubieran venido a enredarse en incomprensible madeja política, cuyo atadijo, bien lo sabemos, ha testado a más de un audaz a ensayar el gesto de Alejandro ante el nudo de Gordio; pero, ¡ay!, con un resultado tan diferente, que terminaron por enredarse ellos mismos también.

El mundo de ayer, el orbe de los antiguos, se nos presenta claro como una gota de agua a simple vista; el mundo de hoy, el mundo nuestro, es quizá la misma vieja gota de agua, pero contemplada al microscopio. La política de antaño nos parece un arte simple, clasificado y llano, comparado con el tremendo torbellino económico, industrial, psicológico, religioso, diplomático y biogeográfico que envuelve actualmente a los jefes de Estado.

No obstante, si nos apremiaran con la antedicha pregunta, ¿qué sucede en la tierra?, invitándonos a concretarla por lo menos en uno de sus aspectos salientes, en algo que sirviera de comienzo para comprender el proceso antagónico que hoy divide a la civilización, podríamos responder exacta y escuetamente. Y diríamos: una lucha, el final de un proceso reñido entre la democracia y los extremismos de todo género, entre las posiciones que señalan el equilibrio y las que corresponden al exceso, al descontrol, al desborde.

La humanidad ha llegado a esta lucha tras interminables desvíos; tras complicadas etapas de desaliento y renegación; tras abandonos, renuncios y retrogradaciones cuya cuenta se pierde ya en esos tres lustros de sombríos episodios que precedieron a la contienda. En medio de esa alucinación que vivieron hombres y pueblos, las corrientes mentales que responden al extremismo se densificaron hasta alcanzar el máximo, y endurecerse en esa esclerosis que denuncia la vejez y decrepitud de media Europa.

El extremismo no es un estado ajeno a las habituales posiciones de la mente humana; muy al contrario, representa una de sus tendencias típicas. Obsérvese, si no la gran cantidad de prevenciones que existe en los tratados de moral y pedagogía respecto a esa inclinación, sobre la cual Raumsol pronunció el año pasado una conferencia que bien podría representar la “instauratio magna” de tan actual cuestión.

Para explotarla y llevarla todavía al “extremo del extremo”, a su máxima expresión colectiva y social, no faltaba más que aguardar la oportunidad correspondiente, que no dejó de aparecer por cierto, en ese largo período de caos, desorientación y anormalidad que se reiteró año a año y en vasta escala, después de 1918.

Junto con la tendencia fácil al extremismo, se machacó sobre otra vena de la debilidad humana: el descontento. No existe un solo ser que no tenga que quejarse de algo, decía a este propósito el autor de “Biognosis”. Y agregaba: Es más fácil agitar a un pueblo que pacificarlo. La desconformidad, unida inseparablemente a la codicia, está fuertemente adherida a la naturaleza humana.

De este modo, utilizando el extremismo latente en cada uno de los descontentos, se impulsó a pueblos enteros a un extremismo mayor, desmesurado, morboso, del cual no pudieron ya salir. La correntada era irresistible. Los fuegos eran atizados por especialistas. Y todos sabemos bien que cuando los instintos se desatan y logran adueñarse del ambiente, jamás renuncian por sí mismos a su señorío ni abandonan espontáneamente las posiciones detentadas, sino que es preciso poner en acción una fuerza mayor, una voluntad más sabia e inteligente para lograr que las cosas vuelvan a su cauce. Y es así que el proceso siguió en aumento, hasta el punto de que los extremistas llegaron a resultar víctimas del extremismo. De posesores se transformaron en poseídos.

Los años de post-guerra –o para decirlo con un neologismo, de entreguerra, ya que son los que van de 1918 a 1933– señalan asimismo una especie de declinación o debilitamiento de las democracias, de los pensamientos tradicionales de orden, libertad y armonía. Los hombres todos parecen inquietos y desorientados por la aparición del extremismo de izquierda y de derecha, cuyo estruendo ensordece y no deja oír la voz de las personas un poco más cabales; muchos vacilan, pensando si esa turbia marea no será una señal de renovación traída por los tiempos. Este momento es naturalmente explotado por los extremistas –que empiezan ya a llamarse totalitarios–, quienes afirman que en efecto el papel histórico de las democracias ha concluido y hay que dar paso a esos nuevos regímenes totalitarios. (Nosotros nos resistimos a emplear este nombre y preferimos el de extremistas por cuanto aquél es falso. Nada tienen de totales semejantes gobiernos, sino que representan, precisamente, una grave inhibición.)

El argumento “ad-hominem” es el que más veces han presentado los extremistas para convencernos de las excelsitudes de sus regímenes y de la ineficacia del nuestro. Para ellos eran todos los éxitos, los avances y las grandes obras; las democracias debían ser solamente espectadoras de su marcha triunfal por el universo.

Hoy este argumento se ha disipado y, lo que es peor, en muchos casos se ha vuelto contra quienes lo esgrimían. Ni Gran Bretaña ni Estados Unidos resultan, precisamente, ejemplares de debilidad democrática.

Los extremistas, por su parte, tuvieron que pactar peligrosas alianzas para poder hacer la guerra, su guerra, la que están anunciando desde hace diez años. Berlín y Roma en la órbita moscovita, ¡ésta sí que es muestra de inseguridad, temor e hibridismo político! Y si la potencialidad bélica del Reich es, sin duda alguna, formidable, la del fascio ha resultado en cambio muy baja, según pusieron en evidencia primero los griegos y después los australianos. Cuando se piensa además, que toda la terrible y aparatosa maquinaria del totalitarismo japonés vive exclusivamente del petróleo que le venden Estados Unidos y México, llegase a la conclusión de que tales teóricos del absolutismo personal fallan por la base.

Desechado este argumento de los hechos, ¿qué razones podrían aducirse en favor de los extremistas? Inútilmente las buscaríamos. Los extremistas no son muy amigos de la lógica; prefieren, la fuerza, la imposición, la afirmación rotunda y audaz.

A falta de discusión, busquemos, entonces exponer ciertos aspectos del antagonismo entre democracia extremismo.

El diferendo entre ambos métodos está planteado no sólo en la política, sino también en sinnúmeros aspectos de la vida, aun los más sutiles, aquellos que no pueden medirse ni siquiera en los laboratorios de psicología. En la imposibilidad de referirnos a todos, vamos a tomar algunos de los que han sido menos divulgados o quizá, permanecen inéditos.

Veamos primero el tópico de las libertades individuales.

Para Lenín, la libertad era un prejuicio burgués; para Mussolini es la negación del Estado, etc., etc. Los extremistas han luchado tanto por suprimir las libertades como lucharon nuestros abuelos por abolir la esclavitud. Pero, todos ellos reservan para sí tanta libertad como les es posible; la única que coartan es la ajena. Ahora bien, ¿qué hubiéramos dicho de nuestros abuelos si éstos, a la vez que luchaban contra la esclavitud, se hubiesen colocado a si mismos las cadenas que quitaban a los demás? No otro es el espectáculo que nos ofrecen los campeones del extremismo.

Luego, caracteriza a los estados del extremismo una especie de ansiedad, desasosiego o inquietud congénita; un desvivirse tras los ídolos que han levantado y que necesitan alimentar a diario. Esas vueltas y revueltas habrán parecido a algunos propias de la vida y la energía; a nosotros nos recuerdan los movimientos del enfermo en el lecho. Quien no halla postura cómoda o duradera es porque no se encuentra bien. En las democracias, los movimientos del Estado son calmos y pueden seguirse sin ninguna violencia.

La falta de oposición, de crítica, de resistencia, da a los extremismos una facilidad de acción que los favorece en los primeros momentos, pero, después los lleva a los más graves errores. Los adversarios son tan útiles al estadista como los amigos y partidarios; es en ellos donde mide sus fuerzas y conoce su alcance y calidad. (Es tal vez esta ley la que impulsa a los extremistas a buscar adversarios en el exterior; a sentir la guerra como una necesidad.)

Ello es visible nítidamente en lo que se relaciona con los discursos, las arengas y las proclamas. Desde Cicerón a Mirabeau, la palabra hablada es el arma favorita del político, y es en sus oraciones, filípicas y alocuciones donde pone todo su arte, su esfuerzo y su alma, porque un voto, una decisión, una ley, un destino, dependen muchas veces del efecto que pueda causar un discurso en los sectores neutrales u opuestos.

Quien oficialmente hace uso de la palabra en un país extremista, sabe de antemano que no habrá oposición, que todos aplaudirán a rabiar, diga lo que diga. El pueblo, el parlamento, la prensa, la crítica intelectual, no son más que una gigantesca claque cuyas manos explotarán en aplausos a cada párrafo. Mas, ¿qué sucederá al orador cuando esta situación se repita una y cien veces al cabo de los años? Que su elocuencia se irá empañando y acortando; que sus recursos comenzarán a repetirse hasta caer en la monotonía y aun en infantilismos, porque seguirá usando, para sorprender, estratagemas verbales que ya todos saben de sobra cómo se preparan, cómo se hacen y cómo terminan.

Esto es lo que encontramos en los discursos de los extremistas. Su utilería está gastada y no la reponen porque no hay un adversario que los obligue a ello, que les haga sentir la necesidad; porque hace años que no experimentan la dificultad imprevista, la interrupción súbita, inesperada e ingeniosa del debate parlamentario o público. En una palabra, no se dan cuenta de que están empleando cartas vistas.

De ahí que los públicos extranjeros se pregunten asombrados cómo es posible que ciertos discursos puedan surtir efectos tan grandes en los países extremistas; cómo el mismo orador puede dar tanta trascendencia a trilladas exposiciones que si se virtiesen en una Cámara cualquiera, serían rebatidas fácilmente por un polemista de segunda categoría.

Por el contrario, el estadista democrático sabe que sus palabras van a afrontar el juicio público; que periodistas y enemigos están aguardando una contradicción, un sofisma, una falsedad, para hacérsela resaltar en bastardilla; que la opinión pública está siempre más dispuesta a la censura que al aplauso. Esto le obliga a trabajar, a superarse, a perfeccionarse. Así se llega a esa elocuencia precisa, maravillosamente matizada, con que suelen regalarnos los oídos los viejos ministros, los veteranos de los congresos y los parlamentos.

Veamos, para finalizar, una de las muestras más sorprendentes de la propaganda extremista. Consiste en presentar sus regímenes como frutos del temperamento juvenil, henchidos de savia nueva y de frescura primaveral. Se llaman con insistencia fatigosa pueblos jóvenes, razas que surgen, civilizaciones aurorales, manifestaciones de gallardía vital y hasta han hecho conatos de filosofía al respecto.

La más simple ojeada nos hace ver que esos regímenes son síntomas de la decrepitud europea, ya que sus ademanes tienen extraña similitud con los del viejo que aprieta entre sus manos, temeroso de que le roben, las llaves de su bodega o la libreta de sus depósitos.

La juventud es generosa, despreocupada; le importa un comino las tenencias materiales al detalle o los progresos de su vecino. Los extremistas se desviven por acumular ganancias y recursos; por unos kilómetros de territorio hacen alianzas humillantes con sus enemigos ideológicos más feroces. La juventud es indiferente asimismo, del juicio ajeno; no le interesa lo que se piense de ella. Los extremistas viven en una pose perpetua para impresionar a los demás. En fin, la juventud no repara en que es juventud ni se cuida de decirlo a cada momento; simplemente vive su vida. Los extremistas aparecen demasiado empeñados en demostrarnos que tienen pocos años y presentarnos su partida de registro civil perfumada de rosa.

También es significativo que el extremismo sea cosa que ha nacido y prosperado en el Viejo Mundo, mientras en el Nuevo y novísimo continente, la democracia constituye el clima natural de los hombres. El americano es demócrata de nacimiento; le es tan imposible concebir una América extremista como suponerla dividida en las cuatro castas brahmánicas o hablando el lenguaje de los esquimales.

Recordemos, finalmente, que la democracia tiene y tendrá aún innúmeros matices; caben en ella tantas interpretaciones como hombres de talento existan en la sociedad. El extremismo tiene una sola cuerda: la coerción. La misma cuerda con que ata a los hombres.

 

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La bondad de un régimen se prueba por la consistencia de sus principios

De Carlos Bernardo González Pecotche, Revista Logosofía N° 6, pág 25 (junio de 1941)

No hace mucho, interrogada una de las figuras más eminentes de nuestra política acerca de los diferentes sistemas de gobierno, nos manifestó sin preámbulos: “Prefiero la democracia con todas sus deficiencias”.

En muchos países, los regímenes de fuerza, las dictaduras, surgieron por lo general como una reacción contra los abusos del sistema democrático, pero no contra la democracia. El sistema monárquico, se ve que ya no tiene cabida en este siglo.

El totalitarismo actual que comprende las ideologías extremistas, se  opone directamente a la democracia, no ya como sistema de gobierno en su aspecto político, sino como estructura social y espiritual. Será necesario, entonces, analizar su origen para no perder de vista el motivo que inspiró a sus fundadores y luego a sus aprovechados continuadores.

El comunismo, como el nazismo y el fascismo, nació del descontento, pero quienes le dieron vida fueron los que explotaron ese descontento convirtiéndolo poco a poco en una fuerza destructora dirigida en sus comienzos contra los regímenes constituidos. Esto aconteció tanto en Rusia como en Alemania e Italia. De ninguna otra manera hubieran podido llegar al poder los líderes de esos movimientos, sino por los medios que usaron, exaltando a la multitud y electrizándola con fogosos discursos en los que se proclamaban los derechos del pueblo a intervenir en los asuntos del Estado y el derecho a exigir un standard de vida mejor. Enervados los ánimos, permitidos todos los abusos e insolencias de la verborragia “redentora”, por esa misma libertad que se utilizaba para despreciarla, criticarla y difamarla, no fué tarea difícil saltar los cercos del poder y asumir las funciones máximas en cada uno de esos pueblos donde se fomentó la reacción popular.

Veamos qué pasó más tarde. A ese mismo pueblo que se instigó para que reclamase sus derechos de intervenir en los asuntos del Estado, fué al primero que se privó de toda ingerencia, aun en las cosas más sin importancia. La opinión que se agitó para llegar al poder, es la que inmediatamente se aplastó y anuló después. Todos los que exigieron (sin haber pensado antes) un mejor standard de vida, debieron conformarse con reducir sus pretensiones al extremo de irse despojando de cuanto habían disfrutado hasta el momento en que se destruyó el sistema de gobierno anterior.

Las nuevas autoridades, para llevar a cabo el plan de reconstrucción, de grandezas y dominio, implantaron normas rígidas de vida; la gente, acostumbrada a despilfarrar, a vivir holgadamente, sin preocupaciones, quedó restringida en todo sentido, hasta llegar al racionamiento.

¿Pensaron, acaso, esas multitudes, cuando eran exaltadas por los tribunos del extremismo, que las franquicias y dones que reclamaban habrían de convertirse luego en las más crueles afrentas a su dignidad? En cambio, los agitadores sí lograron lo que ellos ambicionaron en perjuicio del pueblo, al que tanto ofrecieron en sus atronadoras exhortaciones, la panacea de sus “ideas de gobierno”.

Y esos pueblos que desde entonces están sometidos a toda clase de privaciones, a quienes cuando ya nada les queda se les quita la vida, son los que se pretende ofrecer de ejemplo como obra de sistemas de gobierno mejores o muy superiores a la Democracia, donde cada hombre disfruta aún de las prerrogativas de su libre arbitrio; donde se concilian los más diversos problemas sociales y el deber se impone a la licencia; donde el fuero interno de las personas es inviolable y la religión que se profese es digna de respeto común, y donde la iniciativa privada constituye la mayor potencia del Estado.

La bondad de un régimen se prueba por la consistencia de sus principios, y éstos no deben permanecer ocultos a nadie, pues ninguno ha de aceptar a ciegas, y mucho menos pueblos enteros, lo que puede ser luego causa de sus peores infortunios. Los súbditos de las democracias libres no comprenden por qué los propagandistas o secuaces de esas rígidas ideologías, se violentan, amenazan y odian al que profiere la menor crítica del sistema.

¿Por qué se irritan como hienas frente a una broma y ni por excepción la toleran? ¿Será, quizá, porque por similares medios ellos lograron derribar los sistemas que depusieron, y hoy temen ser arrastrados por igual suerte? Los que no participamos de sus teorías necesitamos una explicación sobre este particular.

Por otra parte, la humanidad no se conquista por la fuerza, entiéndase bien; se la dominará, pero no podrá ser conquistada por ese medio. Nos referimos a que se conquiste su simpatía, su afecto y su apoyo generoso y leal, si quiere hacerse perdurar la especie en base a una nueva estructura social que contemple tanto las necesidades humanas por la comprensión de sus valores inalienables como sus derechos.

Regímenes que no inspiren simpatía y confianza, lograrán conquistar el mundo por la fuerza, pero, repetimos, jamás ganarán el corazón de los hombres. Una humanidad sometida ha perdido las prerrogativas de su género. Una humanidad que triunfa sobre la opresión, afirma la soberanía del espíritu y se inmortaliza en el alma de las generaciones.

 

 

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El cuadro mental y psicológico que presenta el mundo

Importancia capital que frente al mismo asume el conocimiento logosófico

Conferencia pronunciada por Carlos B. González Pecotche (Raumsol) en la sede de la Escuela de Logosofía en ocasión de su última visita a la capital uruguaya efectuada en febrero de 1941. (Revista Logosofía Nº 3)

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No puedo menos, discípulos, que manifestar la felicidad que siento al encontrarme nuevamente entre vosotros, rodeado del afecto de todos y del propósito común de continuar esta obra de bien, pese a las múltiples dificultades que habrán de presentarse en la marcha hacia el triunfo final.

Me habéis visto ya en otras oportunidades dirigiros la palabra, ya para preconizar el ideal logosófico, ya para vaticinar acontecimientos que luego aparecieron en el escenario del mundo como inevitables consecuencias de las causas que con antelación os señalara. Nos encontramos ahora atravesando uno de los más singulares trechos de la historia, y como las épocas se van sucediendo unas a otras y a veces ellas marcan en el tiempo rutas, es necesario tenerlas en cuenta para no extraviarse en los momentos de vacilación.


Advertencias sobre la confusión reinante.

Toda obra grande requiere grandes esfuerzos, continuados trabajos, afanes comunes que no es posible se manifiesten con la rapidez que sería de anhelar, pues a medida que se vayan cimentando las convicciones individuales se irá uniendo en la comprensión y el anhelo común el sentido de todos hacia un mismo idea.

Hemos pasado –la Providencia lo ha querido– épocas de calma y de agitación, pero siempre en la paz del ambiente; mas vendrán días inciertos para la humanidad, épocas en que será menester estar muy seguros de sí mismo, para sentirse efectivamente como un alma que vive y experimenta la realidad de la vida.

Os ha tocado, como a los demás humanos de esta existencia, atravesar una de las etapas más difíciles de la historia. Es la primera vez, os lo aseguro, que los elementos del mal atacan en forma directa la mente de los hombres. Parecería como si gozaran al observar las torturas mentales que está sufriendo gran parte de la humanidad. Puede decirse que mucho de lo que está ocurriendo proviene del descuido, del abandono casi total de los hombres en el sentido de superar su cuadro mental y psicológico, en el sentido de conocer las virtudes del espíritu y cultivarlas a fin de elevar las condiciones de vida y colaborar en hacer mejor la existencia de los demás.

En tal estado de decadencia espiritual, la mente de la mayoría es presa fácil de los pensamientos del mal, los que invaden y someten a las mentes indefensas, incultivadas, que fueron creando a su alrededor ambientes ficticios y que en muchos casos llegaron hasta la más cruda extravagancia.

Son estos desvíos de la razón los que han producido tanta confusión y desorden en el mundo, arrastrándolo hacia un destino cruel al incitar constantemente en el fuego de las pasiones humanas, el despertar, no de la mente en el espíritu, sino de la mente en la materia. Pero esta situación no podía continuar; tenía que culminar en una detención del desenfreno de las pasiones y optar por una renovación de conceptos básicos sobre la vida, o precipitarse los hombres uno contra otro movidos por ansias inconfesables de venganza y exterminio.

Si contempláis el panorama del mundo, cuyo aspecto primordial es ofrecido por las reacciones mentales de los hombres que se hallan en los diferentes puntos del globo, y observáis sus efectos y sus repercusiones en la psicología de unos y otros, a medida que las grandes conmociones chocan, o, mejor dicho, hacen chocar las mentes de los mismos contra una realidad que, por cierto, estuvieron lejos de presentir, veréis que a la mayoría los toma de sorpresa y por ello les es tan difícil sobreponerse a la sugestión del espanto que en el ánimo común opera con tanta violencia, sea por el carácter inesperado de los hechos que acontecen como por la calidad atroz e inhumana de los mismos.

Lo he dicho en otra oportunidad y lo puedo ratificar ahora, que si los hombres del Viejo Mundo hubieran detenido a tiempo esa desenfrenada marcha hacia el encuentro de una situación como la actual, la más horrible que hayan podido pasar en el curso de la historia, y hubiesen emprendido una verdadera obra de renovación integral, hoy no presentaría el mundo este aspecto tan triste, tan macabro y tan siniestro en todas sus manifestaciones.

Acción de los pensamientos en el campo mental.

En nuestros días no todas las mentes podrán soportar el cataclismo moral, social y espiritual que está sobreviniendo en el mundo, porqué no se hallan preparados para ello. Las fuerzas de la inteligencia se han debilitado mucho para poder resistir semejante transición y el hombre no está en condiciones de comprender la magnitud de la misma.

He expresado en múltiples artículos que cuanto está aconteciendo no es más que el juego de diversos pensamientos que tomaron forma monstruosa atrapando a los hombres de uno y otro país, para luego estrujarlos en su vientre; me refiero a los pensamientos monstruos, que absorbiendo primeramente la vitalidad intelectual de los hombres, hacen de sus mentes campo propicio para toda clase de idea extremista que se encuentra fuera de la realidad humana. Nada puede ser tolerado por una razón equilibrada como no sea aquello que presente aspectos de equilibrio. Todo lo que obstruya la marcha regular de la existencia, que presente caracteres anormales o atente contra la propia existencia de los hombres, es rechazado por ella.

Discípulos, con esto os quiero decir que en un futuro no lejano habremos de cruzar momentos difíciles, pero puedo aseguraros también que estaréis en mucho mejores condiciones que los demás seres, porque las dificultades que tendréis serán menores que las del resto de la humanidad, pues vosotros tenéis muchos conocimientos que son eficientes elementos de defensa para neutralizar los efectos de la adversidad que ya amenaza cernirse sobre este desdichado mundo. Por tanto, será necesario fortificar día a día la mente con todos aquellos pensamientos que le ofrezcan mejor perspectiva para poder situarse dentro de este panorama que acabo de presentar sin que la afecten mayormente las alternativas que habrán de presentar las otras mentes.

No olvidéis que en estos momentos, y constantemente, es sorprendida la mente de los hombres por pensamientos de diversa índole que se lanzan desde un punto a otro del mundo haciendo que los seres vivan en constante zozobra. Cuando la resistencia se afloja y se debilitan las fuentes internas, se está entonces a merced de las circunstancias. Es menester, pues, enfrentar con valentía el instante en que vivimos, y saber colocarse en la posición de hombre íntegro, es decir, de ser individual, responsable de sus actos y de sus pensamientos, y desechar siempre los moldes mentales que ofrecen quienes quieren inducir al mundo a ser juguete de los únicos que se creen con derecho a ser libres y a esclavizar al resto de sus semejantes.

Yo preguntaría a los que pudieran tener algún pensamiento afín con aquello que ataca la libertad del hombre y la augusta soberanía del hogar, bajo qué signo y merced a qué prerrogativas pueden emitir su opinión, si no es bajo el signo y las prerrogativas de las naciones libres, de las naciones nobles, que saben escuchar sin irritarse a los mandatarios y al pueblo, mientras corrigen sus errores y encauzan sus destinos. Ya se ha visto, pese a todo, cómo éstos pueden sobrevivir a las catástrofes, porque saben defender por su propia cuenta sus hogares y su patria.

Por esto, la Logosofía, vierte la naturaleza esencial de la vida de los pensamientos en el alma del hombre que es la mente, que es la que respira el oxígeno vital del espíritu, la que amamanta la inteligencia, y por la cual el ser humano concibe, percibe y constata que existe, que vive y que puede accionar.

Logra más el hombre que domina sus pensamientos, que los acondiciona a su voluntad y los maneja con inteligencia, que aquel que es juguete de los mismos y jamás es defendido por ellos. Pero logran infinitamente más, muchas mentes, capaces de acondicionar con disciplina sus pensamientos, convivir con los mejores y establecer un vínculo permanente y eterno entre ellos, porque muchas mentes, es indudable, pueden más que una en este sentido.

Recuerdo que una vez alguien preguntó a un sabio si la humanidad se sumergiría en la ignorancia suponiendo que algún día se destruyeran todos los libros que existen en el mundo. Y el sabio contestó: Dos cosas son necesarias para reconstruir inmediatamente todos los libros que existen y que se hubieran destruido: la Naturaleza, que es el libro más grande que hay en el Universo, y una mente que perciba y pueda trasmitir a los demás las imágenes que de ella tome. Las páginas de ese gigantesco libro son los días y las noches que cada hombre da vuelta sin cesar mientras dura su existencia.

De modo que mientras haya una sola mente en el Mundo, ésta podrá reconstruir una, mil y un millón de veces cuanto el hombre pudo extraer de ese libro, pero lo que no puede reconstruirse más, lo que no puede repararse, es la transición de los que pasan bruscamente de la vida a la muerte física sin haber tenido la más mínima oportunidad de realizar el proceso de su existencia, que es ese gran objetivo que Dios dispuso como ley para los hombres. Por consiguiente, podrán reproducirse todos los caracteres que existen en el Universo, más lo que no ha de reproducirse sin sufrir la cruda alteración de la ley, cosa harto imposible de acontecer, es la vida humana cuando se troncha bruscamente. Pero dejemos que las leyes accionen sobre los culpables al determinarse las causas y las responsabilidades, y aprestémonos en tanto a edificar invulnerables muros mentales para que no puedan penetrar en nuestro interno ser las miserias del mundo, las lacras que vendrán rodando por los aires y por los mares, los parásitos mentales propios de ese estado de descomposición en que se encuentra el Viejo Mundo y que buscan nuevos puertos para continuar su obra de destrucción.

Vuelvo a repetir: si queréis conservar vuestra paz interna y no veros sorprendidos en un futuro por pensamientos de índole extraña a vuestra naturaleza, a vuestro sentir y a vuestro pensar, cubríos de todas maneras y estad siempre alerta.

En esta labor de evolución incansable en que estamos empeñados, ardua por cierto, debéis convenir conmigo en que es necesario duplicar los esfuerzos para que podáis colocaros rápidamente en un plano superior a aquél en que hoy estáis; cuanto más logréis elevaros por encima de las miserias que está padeciendo el mundo –me refiero siempre en el orden mental en primer lugar-, más os distanciaréis de todo peligro y más lejos os sentiréis de ser presa del mal.

Mi mayor anhelo es poder un día encontraros a todos entre las nubes de la tormenta, cuando ella hubiese ya pasado, sanos y salvos, intactos, para dirigiros nuevamente la palabra. Me sería muy triste notar la ausencia de alguno de vosotros, pues no podría ser completa mi felicidad si aquellos que conmigo marchan desde hace tiempo, dejasen de escucharme y de convivir con los pensamientos que constantemente coloco a su alcance profundos conocimientos para una mayor capacitación mental.

Cuanto os digo quiere significar, discípulos, que no debéis entreteneros en pequeñas cosas que desviarán vuestra vista del punto de mira. Es hora ya de que os preparéis lo mejor posible para estar en condiciones de sobrellevar con entereza todas las adversidades que puedan presentarse, a fin de ser dignos de disfrutar un merecido triunfo al final de esta jornada. Para ello será necesario –repito–, no descuidar un instante los movimientos de la mente. Diría que uno de los mejores elementos de auxilio que tiene el discípulo para no verse asediado nunca por pensamientos extraños –como he dicho– a su naturaleza y a su mente, es trabajar. Cuando descanse, que éste sea un descanso reparador, que jamás se convierta en ocio, porque el ocio es el espacio que el diablo utiliza para introducirse en la mente.

Quiero destacar que si el descanso es reparador de las energías gastadas en la actividad, el trabajo es, a su vez, reparador de los debilitamientos ocasionados por la inercia mental. Conviene, pues, desde todo punto de vista, que la mente siempre esté ocupada en algo útil.

Ha de tenerse por conducta el desarrollo de una constante labor de adiestramiento mental en el sentido de predisponer el ánimo a sostener una resolución con firmeza y contrarrestar así todos los amagos de indecisión y pereza.

La paciencia debe ser una de las virtudes que más ha de cultivarse, por ser ella quien crea la inteligencia del tiempo.

Comprender el lenguaje del tiempo y obrar inspirado en sus consejos, debe constituir una de las máximas aspiraciones del ser humano, pues el arcano que con ello se revela a la conciencia trasciende todos los límites de lo imaginado.

Para el hombre consciente, para el que sabe esperar con sensatez las cosas que son objeto de su preocupación, por más variadas y hasta si se quiere adversas en apariencia a su agrado, deben seguir existiendo para su razón todo el tiempo que sea necesario en tanto ellas se vinculen a su vida y armonicen con sus aspiraciones, si éstas son justas y realizables. En otras palabras, las grandes obras, como las pequeñas, requieren su tiempo; pero he ahí que ese tiempo debe ser fértil y no estéril. En consecuencia, logrará merecidos triunfos quien persevera y no desmaya en sus afanes mientras obra con inteligencia, discreción y tolerancia.

Toda interrupción es perniciosa y compromete la eficacia de los medios honestos y útiles que se emplean, y también, los resultados a que se aspirase llegar.

En la misma naturaleza, cuando se interrumpe un proceso se altera la armonía de sus combinaciones, se perturban las funciones de los elementos que intervienen en el mismo y, finalmente, se malogra su manifestación, o sea, la resultancia del proceso. Y si esto ocurre exactamente en los seres más visibles de la creación, no es admisible que tratándose del hombre exista una excepción.

El secreto está, pues, en la continuidad, en la no interrupción de las energías que se disponen para alcanzar un propósito que habrá de vincularse estrechamente a la vida. Nunca se logrará una culminación feliz si en cualquiera de los estados en que se encuentre el proceso iniciado, se rompen bruscamente los hilos de conexión con la conciencia. Puede ilustrarse esta imagen en forma más gráfica si tomamos un ejemplo corriente, como ser el de un estudiante de derecho o de medicina que interrumpe sus estudios. No alcanzará, lógico es admitirlo, a terminar su carrera, desde que habrá malogrado el proceso que debía llevarlo al término de la misma. Un hecho que se repite muchas veces y que evidencia esta tesis, es que todo aquel que cesa en sus empeños, hoy en esto y mañana en aquello, siempre se halla en los comienzos y no varia su posición aunque los años al pasar sacudan un tanto su altivez.

Los seres comprendidos en este cuadro jamás lograrán a conquistar nada, puesto que se lo impedirán la inconstancia y la imprevisión.

Deja de ser lo que eres –reza el axioma que sintetiza el mandato supremo instituido por la Ley de los Cambios- si quieres ser aquello que aspiras ser.

Los más grandes éxitos obtenidos por el hombre en la conquista del bien, han sido logrados merced a su perseverancia y a sus continuados esfuerzos en dirección al ideal perseguido.

La naturaleza humana es frágil. De ahí que el hombre deba luchar tanto contra sus propias debilidades, ya que éstas son, precisamente, las que le hacen ser inconsecuente, movedizo y poco amante de todo lo que le insuma algún esfuerzo continuado. Busca siempre el halago de los pasos inciertos, el azar con todos sus falsos reflejos, y no la realidad que le ofrecen los pasos seguros. Cuántos se han extraviado en-innumerables laberintos lamentando después no haber seguido un camino recto.

Ahora bien; si observáis con alguna detención el cuadro psicológico–mental que presenta el ser común en general, tendréis, por una parte, que esa inestabilidad que se advierte en la mente humana es el producto o la consecuencia de la variabilidad de los pensamientos, y por otra, el hecho de desconocer cuáles son sus posibilidades mentales y cuál la función real y específica que corresponde a la mente en el conjunto de su naturaleza y como parte substancial de su existencia. Por ello aquel que logra fijar la mente, es decir, estabilizarla para que no sufra más las continuas alteraciones a que la ha expuesto la ignorancia y hace resplandecer dentro de la misma sus mejores propósitos, ha enfocado por cierto las miras hacia un destino mejor, lo cual, incuestionablemente, irá operando en su vida los cambios más notables que jamás pudiera imaginar.

En conocimiento de esto, ¿quién no se apresta a dejar ese destino mísero señalado al que tiene de la vida los limitadas y torpes conceptos tan puestos de manifiesto por su escepticismo y despreocupación? El hombre, que no ha sido hecho una bestia no tiene por qué comportarse como un animal. Algo extrahumano existe dentro del ser a quien Dios dotó de facultades que fueron vedadas a todas las demás especies del universo.

No debemos, pues, ser ingratos con el Dador de ese supremo bien, y que al subir el último peldaño de nuestra existencia seamos dignos de exclamar con júbilo: Hemos luchado y hemos vencido.

No es posible concebir que el hombre que ha experimentado siquiera una vez la sublime sensación que concede al espíritu la comprensión de los conocimientos, se sumerja luego en la nociva inercia mental que tanto corrompe el ánimo y endurece los resortes del entendimiento, porque es, precisamente, en la comprensión del conocimiento que se asocia a la vida, donde el alma siente con mayor intensidad la inmanencia de Dios dentro de sí y en todos los puntos en que asome la inteligencia para descubrir un detalle de Su Magna Creación.

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