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Los resabios de la filosofía Yoga y consecuencias de sus prácticas -Parte I-

La concentración mental base del Yoga. Nuestro concepto sobre concentración mental. Diferencia fundamental entre las pretendidas prácticas yogues y mentalistas y la concepción logosófica sobre la función verdadera del pensamiento en la concentración mental.

Por Carlos Bernardo González Pecotche.

De su libro Biognosis (1940, capítulo V)

… Urge hacer una revisión de algunas popularizadas ideologías sobre mejoramiento espiritual, cuya boga ha continuado, a pesar del reiterado fracaso que sus métodos arrojaron en la práctica. Se diría que la esperanza humana sigue inconscientemente aferrada a ese débil y adulterado reflejo de las verdades de otro tiempo, no obstante los severos contrastes con que la realidad le advierte que debe dirigirse a mejores fuentes de saber.

Consideremos, por ejemplo, la doctrina del Yoga, cuyas exposiciones, comentarios y derivados ocupan tanto lugar en las bibliotecas modernas, y que no hace mucho merecieron una apología de Romain Rolland. Se entenderá que nos referimos al yoga o a cualquiera de sus derivaciones mentalistas, en la forma que circulan actualmente. Lejos estamos de aludir a la vieja disciplina, tal cual floreció en la India unos cuarenta siglos atrás, pues de, ese monumento sólo quedan ruinas y recuerdos; así lo reconoce el más renombrado de sus expositores modernos, Swami Vivekananda, cuando nos dice: “En la India, debido a diversas causas, el Raja-Yoga cayó en manos de personas que perdieron el noventa por ciento de este conocimiento y del resto que les quedó trataron de hacer un gran secreto”. Y más adelante añade: “… y es un hecho sorprendente que cuanto más moderno es el comentarista que de ella se ocupa, tanto más equivocadamente la interpreta”.

Cuanto se diga de la historia del Yoga, de la vida de sus primitivos expositores, de las épocas en que surgió, etc., será indudablemente, muy interesante y podrá dar lugar a que se escriban páginas brillantes. Pero, en lo que al conocimiento de sí mismo se refiere, la utilidad de esas páginas ya es harina de otro costal. La humanidad de hoy exige métodos preciosos. y científicos, de base homogénea y de absoluta certeza y seguridad en sus resultados, que es inútil pedirlos a una filosofía que data de hace más de treinta siglos, escrita en idiomas que cuanto más se conocen, más enseñan a desconfiar de traducciones e interpretaciones.

Los actuales tratados de yoga comienzan, generalmente, por indicar al estudiante ejercicios de concentración y vacío mental, laxaciones musculares, hábitos de aislamiento, meditaciones y repetición memórica de fórmulas  destinadas al logro de esta o aquella cualidad.

Por ejemplo: Ramacharaka aconseja, desde la primera lección, afirmar: “Yo soy el dueño de mi mente”; esto es afirmar una mentira, como si con la sola repetición de una frase pudiera lograrse el objetivo perseguido.

Para que el hombre llegue a ser dueño de su mente es menester que comprenda a fondo su naturaleza ; que se compenetre bien de sus modalidades; que conozca las actividades de los pensamientos, etc., etc. La fórmula que indica Ramacharaka – al igual que tantas otras que pueden encontrarse en libros análogos – no es más que un automatismo inconsciente por repetición de palabras o de gestos, sin ningún resultado práctico. Lo mismo valdría que el estudiante repitiese “yo soy el dueño de mi estómago” o “yo soy el dueño de mi nariz”. ¿Qué resultados podrían aguardarse de ello? Si le sobreviniese un estornudó, por ejemplo, por más dueño de su nariz que repita ser, tendrá que estornudar.

También recomienda el citado autor: “Haced que vuestra imaginación os vea a vosotros mismos como poseedores de una cualidad mental y como llevándola a cabo. Empleadla en vuestra imaginación una y otra vez tan a menudo como sea posible. .. “.

Ramacharaka cree que con tales ejercicios se desarrolla la cualidad imaginada. Pero no hay tal cosa, y es inadmisible la ingenuidad que presupone ese fantaseo autosugestivo.

El único resultado que puede brindar la repetición de semejantes fórmulas es la  hipertrofia de la imaginación, ya que es la única cualidad que actúa en el caso; por ejemplo, si una persona se pone a imaginar que posee la firmeza, no está cultivando la firmeza, sino la imaginación.

La realidad se ha encargado de demostrar esto a muchos ilusos, cuando al cabo de unos  meses de práctica sobre la voluntad, la energía o la memoria, tuvieron que recurrir a alguna de ellas y se encontraron con que habían acumulado un capital quimérico, que se evaporaba al contacto más leve con las asperezas de la vida corriente.

Prosiguiendo el análisis de esta clase de libros, encontramos igualmente tal ausencia del sentido de la realidad y tal abundancia de puerilidades, que no parece sino que los autores se hubieran propuesto convertir al hombre en un Tartarín frente a sí mismo. Tanto lo inducen a repetir e imaginar que es el dueño de su mente y de su destino; que es el centro en torno al cual gira el mundo, etc., etc., que hasta llegan a sugestionarle y hacerle creer que está en posesión de una cuantiosa fortuna espiritual representada por fuerzas, poderes y conocimientos de toda índole. La historia nos muestra  muchos antecedentes de esta viciosa inclinación de la naturaleza humana a la fantasía. Dícese que él rey Jorge IV, a fuerza de repetir a los demás que había asistido a la batalla de Walterloo, terminó por creerlo él mismo.

Quien se propone realizar el “Nosce te ipsum” debe estar muy en guardia contra los  extravíos de la imaginación. Es, precisamente, el excesivo y defectuoso desarrollo de esta facultad uno de los más serios adversarios con que se encuentra el hombre moderno que se propone superar su condición espiritual.

Ninguno de los sistemas yoguis contiene una palabra de advertencia al respecto; muy al contrario, aconsejan exacerbar la fantasía y desenfrenar totalmente la imaginación, haciendo que el hombre sueñe estar en posesión de toda clase de facultades superiores, día tras día y en forma rutinaria. Este parece ser el único “método de mejoramiento espiritual que recomiendan, pues según ellos, el medio más eficaz de adquirir cualidades superiores es imaginando uno poseerlas.

Ahora bien; es casi imposible determinar los absurdos a que puede llegar un hombre abandonado a sí mismo, sin más guía que la de esos consejos rudimentarios e indicaciones vagas, y sin el auxilio de otra facultad que la imaginación, de la que tanto debería prevenirse. No obstante, puede señalarse como norma general, que la insistencia en tales ejercicios conduce al desequilibrio, al hastío o a estados agudos de sobreexcitación psíquica y nerviosa. Lo único que puede obtener el hombre de las “concentraciones del pensamiento” que se le indican como llave de todo conocimiento, es un dolor de cabeza después de cada sesión o bien, quedarse profundamente dormido en el curso de la misma.

Nadie hasta aquí ha denunciado la verdad sobre esos resultados, obedeciendo ello, sin duda, más que nada a ese temor al ridículo que experimentan quienes practicando el yoga se han vuelto insensatos hasta el punto de afirmar que han logrado realizar lo que en semejante forma es completamente inalcanzable. La Logosofía pone al descubierto tales errores y absurdos, basada no sólo en razones de lógica esencial, sino en la observación directa de múltiples casos que por ser públicos y notorios, nos eximimos de comentar.

El lector que tal vez no ha tenido oportunidad de presenciar estos casos y que muy posiblemente sólo haya escuchado alabanzas respecto al yoga, ¿duda de la seriedad de esta afirmación? Perfectamente. He aquí, entonces, algunos trozos de la ya citada obra de Vivekananda que evidencian sin réplica a qué extremos puede llegar la persona mejor intencionada, por medio de estos equivocados manejos mentales:

“Si concentráis vuestro pensamiento sobre la punta de la nariz, dentro de algunos días principiaréis a sentir las más exquisitas fragancias”

“Aquellos que practican asidua y constantemente observarán muchos otros signos. Algunas veces percibirán sonidos a manera de un repique de campanas oídas a distancia, que a su oído parecerán como un sonido continuo. Otras veces verán diminutos puntos de luz que flotan y cada vez se hacen mayores. Cuando esto suceda, tened por seguro que estáis progresando rápidamente…” (pág., 104)

Es evidente que para estos consejos habría que añadir algunos artículos al código Penal. Inducir a tales desatinos y todavía afirmar que esos síntomas de debilitamiento nervioso son señales de progreso, es un crimen de lesa humanidad; un atentado contra la sabiduría de ayer y de hoy, cuyos verdaderos representantes jamás aconsejaron semejantes locuras.

He aquí otra prueba que figura un poco más adelante: “observaréis que al principio las cosas más tenues os desequilibran. Una pequeña cantidad de alimento de más o de menos llevará la perturbación a todo el sistema hasta tanto que logréis un perfecto dominio, en cuyo caso podréis comer lo que os plazca. Cuando principiéis a concentraros, notaréis que la caída de un alfiler os hará el efecto de un trueno que hubiese pasado a través de vuestro cerebro” (pág., 105).

Tales son, indudablemente, los síntomas del estado de sobreexcitación que enunciáramos. Confundirlos con los del mejoramiento espiritual es tomar la enfermedad por salud y el debilitamiento por vigor. ¿A dónde conduciría un médico que padeciese análogos errores?

(continuará)

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En Defensa de la Moral Social

Publicado por González Pecotche, en El Heraldo Raumsólico N° 42  (febrero de 1939)

Cuantos esfuerzos se hagan y cuanto se diga en defensa de los derechos humanos y la moral social será poco,  pues nadie ignora cuanto se ha resentido en nuestros tiempos el respeto común que fuera la piedra angular del edificio social.

Ello es debido a que muy pocos se toman el trabajo humanitario de defender la integridad del cuerpo cuando éste es atacado en cualquiera de sus partes. Es que para realizar tan valiente actitud se requiere autoridad, prestigio, méritos de indestructible esencia.

Existen, empero, muchos medios de defender la sociedad y no se irá muy lejos si se advierte que un gran paso se daría si los mismos que la componen fueran más humanos, vale decir, si hubiera tan sólo más piedad en las almas.

En efecto  la sociedad humana ha ido carcomiendo poco a poco durante siglos sus propios valores; diremos más, su propia naturaleza de entidad moral. De ahí ese caos, esa descomposición social que amenaza con destruir la civilización del presente. ¿Y todo ello porqué? ¿Cuál es la causa a la cuál pueda señalársele de autora de semejante infortunio público? No nos equivocaremos muy lejos si decimos claramente que a las injusticias que comete el hombre se deben las aflicciones que luego han de padecer unos y otros en el conjunto de las relaciones sociales.

La moral humana, es decir la del hombre, sufre hora tras hora el ultraje de sus semejantes. Parecería como si no pudiesen vivir sin calumniarse, sin difamarse los unos a los otros, o por lo menos admitir éstos de aquellos cuantas falsedades hagan circular las malas lenguas con la evidente mala intención de atentar contra la moral de su prójimo. Pero es el caso que nadie está exento de semejante agravio, y cuando menos lo piensa el que con sonrisa siniestra, menosprecia al injuriado creyendo con entera facilidad y hasta con hipócrita compasión los chismes del perverso, se ve de pronto frente a otros que sienten frente a él, idénticas sensaciones de “piedad”. Entonces vienen las sorpresas, las solícitas explicaciones, los asombros…

El cobarde huye siempre protegido por las sombras de su anonimato, pero salpicando por todos partes su repugnante baba, contagiando a los débiles que luego repiten sus infamias.

En todos las épocas operó como un cáncer de la sociedad, una secta, que a poco de comenzar sus actividades siniestras era descubierta por alguien que daba el toque de alarma y por más esfuerzos que hubiera hecho en ocultarse, acababan por ser conocidos todos esos individuos indeseables que la gente culta repudiaba por constituir un atentado contra las buenas costumbres y probidad de la familia humana.

Ésa secta, que al fin de cuentas es como una mafia con diversos barnices, se compuso siempre, como en nuestros días, de sujetos llamados fariseos. Los de hoy descienden de aquellos renegados que cometieron el crimen del Gólgota; los de ayer provenían de las primeros hundidas que tuvo la humanidad.

Usan falsos títulos de “doctores”, “ingenieros” y “arquitectos”. Su manera de obrar, la amenaza, la extorsión, la defraudación y cuanto delito puedan cometer a fin de satisfacer todas sus inconfesables bajezas, llegando a utilizar a sus propias mujeres para el logro de prebendas o sobornos degradantes a fin de salir impunemente de las redes de la justicia cuando son llevados a ésta por alguna de sus víctimas.

En los momentos actuales está ocurriendo algo de eso. Ya hemos dado a publicidad una serie de hechos que constituyen todo un peligro para la sociedad.

Observamos que al principio hubo mucha indiferencia. Se pensó que esa gente actuaba movida por algún interés mezquino y los hombres se encogieron como de costumbre, pero, los que con tanto ensañamiento pretendieron enlodar nombres honorables no era por simples causas de encono, sino porque la Obra que realiza la Escuela Raumsólica de Logosofía, empeñándose en dar  al hombre las defensas mentales que tanto necesita, les descubría sus estigmas vergonzosos y ese fue el origen de la campaña difamatoria que llevaron encarnizadamente contra la misma y su fundador con los tristes resultados para ellos, que hoy puede apreciar cualquier persona inteligente y sobre todo bien intencionada.

Si alguna satisfacción muy íntima hemos tenido de las innumerables que conquistamos en la lucha contra esos entes del mal, sobre toda en estos últimos meses,  fue la de estrechar tantas manos amigas y sinceras, y la de anotar como rasgos de alto significado, los generosos ofrecimientos que se hicieron y que la mayoría no se aceptaron pensando que ellos no serían ya necesarios para derrotar y aplastar definitivamente a quienes tan injusta como ignominiosamente las atacaron llegando hasta fraguar planes para consumar atentados incalificables.

Sean, pues, estas líneas el modo más elocuente que se le ocurre a nuestra pluma, fiel intérprete de nuestros pensamientos, para expresar a todos los que desinteresada y generosamente nos brindaron su colaboración y pusieron a nuestro alcance sus valiosos servicios y sus mejores empeños.

 

Fenómenos

A un Maestro un importuno le pedía
.. que le mostrase su sabiduría
con espectáculos “sobrenaturales”
¡A tantos les sacó de sus cabales
buscar esas groseras invenciones
que revelan las degeneraciones
en que cayeron sujetos ya famosos
buscadores de mediums y de histriones!
Preguntó el Maestro: ¿Estáis ansiosos
por ver un fenómeno, realmente?
Sí, contestó el curioso impertinente
y con él la divertida concurrencia
que quería gozar de la experiencia.
Le ordenó al personaje: Bien. Paraos.
Manteneos muy firme… Ahora quitaos
la corbata… el cuello.., la camisa…
y al revés que pongáis, ya se precisa,
los bolsillos de vuestros pantalones.
Paso a paso siguió las instrucciones
cumpliéndolas estrictas el cuitado.
Pensaba en su pedido, entusiasmado
por la magna visión que alcanzaría…
¡y en su afán por ver, ni ver podía
su ridícula y triste catadura,
fruto de pretensiones imprudentes!
Mostrando el personaje y la figura
en que quedó tras tanto prolegómeno,
el Maestro les dijo a los presentes:
Tenéis ante los ojos… El fenómeno
      * * * * * * * * * * * * * * *
El torpe aventurero que se lanza
En pos de una quimérica esperanza
Pierde de la razón el firme báculo
Y al querer estaturas que no alcanza
Se convierte a si mismo en espectáculo.

¿Por qué triunfa la Logosofía?

1) Porque en estos momentos de desorientación universal posee una  ruta definida e inconfundible; porque en esta época en que todo el mundo pregunta, ella responde.

2) Porque no exige creencias ni implanta dogmas; porque concilia la sagrada libertad de pensar con la imprescindible disciplina del conocimiento.

3) Porque reabre las perspectivas del espíritu y restaura su jerarquías, casi ahogadas bajo el peso de ideologías brutales e instintivas.

4) Porque dirige su enseñanza en derechura al proceso de la vida humano, sin generalizaciones, ambigüedades ni literatura; porque trabaja sobre la realidad humana y no sobre esquemas imaginativos o teóricos; porque trata la psique humanamente, tal cual es y no tal cual fue hace veinte siglos, o tal cual debiera ser o tal cual se cree que será dentro de muchas épocas.

5) Porque sólo puede aprenderse en forma experimental, a través de comprobaciones sucesivas, de manera que no deja lugar a las dudas, confusiones, titubeos, quimeras, y otros vástagos de la incertidumbre, que representan tan graves pérdidas de tiempo en  el común de las vidas humanas, cuando no la pérdida de la vida entera. –

(El Heraldo Raumsólico, 1939)

 

 

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Guía para la formación de Centros de Estudio y Filiales Logosóficas

Publicado por Carlos Bernardo González Pecotche en 1960 en forma de boletín para su difusión pública.

Propósito: Orientar la tarea inicial.  

 INDICE

I.  BASES PARA LA TAREA
II. PRIMERA ETAPA
III. SEGUNDA ETAPA
IV.TERCERA ETAPA
V. PRINCIPALES CONCLUSIONES
VI. CONCLUSIONES SOBRE LA TAREA
VII.  BASES PARA RESPONDER A POSIBLES PREGUNTAS DE LOS ESTUDIANTES
CONCEPTO SOBRE EL PODER DE ADAPTACIÓN

 

I.  BASES PARA LA TAREA

1. La formación de un centro de estudio o de una filial logosófica es una tarea delicada que debe cumplirse con gran responsabilidad. Varios son los factores que habrán de ser considerados con toda atención. Entre los principales mencionamos los siguientes:

a)  La persona que presida esta labor, al no poseer experiencia logosófica anterior, se verá obligada a experimentar lo que estudia a la par de los demás. Por tal causa adoptará una posición de discreción y prudencia frente a los participantes, a quienes señalará, por otra parte, que no deben tomar su palabra como la oficial de la Fundación Logosófica, reservada al creador de la ciencia.

b) Los integrantes tomarán contacto con un nuevo género de conocimientos, los que, debidamente tratados, se transformarán en fuente de trascendentales beneficios para sus cultores. Negar el acceso a ellos a quienes reuniendo condiciones básicas de cultura corriente estén en condiciones de asimilarlos, o motivar su alejamiento, entraña grave responsabilidad por todo lo que se negaría a esos seres, aspecto éste que se irá comprendiendo más ampliamente a medida que se avance en el proceso de evolución consciente.

c)  Las características psicológicas de los que integren el conjunto podrán ser variadas, como también los conocimientos de orden corriente que cada uno posea; sin embargo, el método logosófico ofrecerá a todos idénticas posibilidades, pero a condición de que quien esté al frente de la tarea respete esas características individuales y contribuya a generar un ambiente de tolerancia y respeto por la opinión ajena. Cuando los integrantes comprendan que nadie entre ellos es dueño de la verdad y que hay quienes vierten comprensiones que superan las propias y aún ayudan a rectificar un error o a completar un enfoque, aprenderán a escuchar con atención y paciencia; no interrumpirán la exposición en desarrollo, justamente porque existirá en ellos verdadero interés por escuchar el pensamiento completo, sin las mutilaciones provocadas por la impaciencia. Así, el estudiante mentalista podrá recoger elementos de valor del que es sensible, y viceversa, y ambos escucharán con respeto e interés y hablarán con el mismo derecho.

d)  Se recordará que Logosofía es ciencia y es culto al afecto, por lo cual todos los estudiantes brindarán de sí lo mejor para generar el clásico ambiente logosófico de franco y respetuoso compañerismo. La controversia, polémica o discusión deberán desterrarse, porque a menudo se tiende en ellas a restar mérito a la comprensión ajena en beneficio de la propia; además, suelen dar lugar a rozamientos u otras molestias del ánimo. En su lugar habrá diálogos amigables, que permitan extraer de cada reunión un resultado positivo, útil para el conjunto.

e) En la tarea de formación logosófica no habrá apresuramientos; todo requiere tiempo. Sin embargo, ello no inducirá a la indolencia, que tan a menudo se confunde con la paciencia. La paciencia será activa, es decir, se esperará pacientemente que se produzcan los resultados mientras se trabaja activamente para lograrlos. En relación con esto se considerará también la necesidad de asistir con regularidad a las reuniones que se realicen y de estudiar con continuidad, ya que la suspensión del esfuerzo antes que cristalicen los resultados impondrá luego la necesidad de recomenzar la tarea.

f)  Siendo la enseñanza logosófica absolutamente original, los estudiantes evitarán la pérdida de tiempo que significa buscarle puntos de semejanza o contacto con tal o cual ciencia, teoría o disciplina, lo que además servirá para crear confusiones y retardar el proceso de adquisición de los nuevos conocimientos. Dado el interés inicial con que se supone cada integrante concurrirá a las reuniones –interés que no puede ser otro que el de aprovechar en beneficio de su perfeccionamiento el conocimiento Logosófico–, lo sensato será dedicar el máximo de esfuerzo al estudio de Logosofía, postergando las confrontaciones para el momento en que su contacto permita formarse un juicio claro, sereno y meditado. Por otra parte, es lógico pensar que para comparar Logosofía con otras ciencias es necesario conocerla, lo cual se logra sólo a través del ejercicio de su propio y original método. Pese a lo manifestado, podrá ocurrir que los estudiantes formulen preguntas a la dirección del centro de estudio logosófico a que pertenecen respecto de la relación que pudiera haber entre los nuevos conocimientos y otros. Para satisfacerlas ofrecemos más adelante bases para las respuestas.

2. Formas de estudio logosófico

a)  El método logosófico establece claras normas para la asimilación del conocimiento trascendente, del cual es parte inseparable. Una de las claves que asegura dicha asimilación es la aplicación de la enseñanza a la vida individual. Para lograr esa aplicación es menester cumplir un proceso previo de interpretación a través del estudio meditado de la enseñanza, en lo cual juega papel muy importante la labor de conjunto.

b)  Propuesto el estudio de una enseñanza, cada integrante cumplirá la etapa de estudio en lo individual mediante la lectura reflexiva de la amplia bibliografía que Logosofía le ofrece. La consecuencia de ese esfuerzo será la interpretación de la enseñanza. Expondrá luego su trabajo en las reuniones, procediendo de la misma manera todos los participantes, con lo cual se logrará el intercambio de comprensiones en lo colectivo. La limitación de la propia interpretación se diluirá así en presencia de otras, más amplias o mejor enfocadas, surgiendo de ello la posibilidad de aprovechar el esfuerzo de los demás en propio beneficio, a la vez que de contribuir con el particular esfuerzo a la mayor capacitación de todos. Si en lugar del estudio conceptual de una enseñanza se tratase del intercambio de resultados obtenidos mediante su aplicación a la vida, los beneficios se ampliarán igualmente, porque cada estudiante es una entidad distinta y distintas son también las situaciones por que pasa y su actitud frente a ellas, lo cual brindará la prerrogativa de ampliar la experiencia personal con el variado aporte colectivo.

e) La bibliografía logosófica incluye múltiples enseñanzas sobre el valor del campo experimental, que es el mundo logosófico, los breves aspectos que sobre este tema hemos señalado deberán ser completados con el estudio de las enseñanzas que responden al mismo.

II. PRIMERA ETAPA

1.  Manifestamos anteriormente, que Logosofía presenta un nuevo género de conocimientos; esta afirmación será comprobada a corto plazo por el estudioso de esta nueva ciencia, pero le será preciso, mientras forja esa convicción, brindar a las enseñanzas el tratamiento que el método logosófico prescribe. A ello tiende esta primera parte del estudio, que abarca, en general, los aspectos que se indican como programa para la capacitación inicial.

2.  Cada tema motivo de investigación será estudiado, en primer lugar, para lograr la interpretación de su contenido. Lo que en tal sentido se alcance por el esfuerzo individual será completado posteriormente por el intercambio que se realice en la tarea de conjunto. Toda interpretación deberá tener por objeto llevar los elementos extraídos de la enseñanza a la vida individual, a la experiencia, a través de lo cual podrá medirse el acierto logrado tanto en la ejecución interpretativa como en el uso que se haga de la misma, y, en consecuencia, podrá apreciarse mejor el valor de la verdad logosófica con la que se ha tomado contacto directo, comprobar los beneficios provenientes de su aplicación o asociación a la vida, conocer los inconvenientes que habrán de ser superados en lo sucesivo, etc. El estudio de esta vivencia hará que la interpretación deje de ser una teorización para pasar a ser una comprensión que se apoya en la vivido por el estudiante. La reiteración de una buena labor irá ampliando las comprensiones, ligando unas con otras y brindando al ser la fuerza que surge de la posesión gradual de lo que será ya un conocimiento.

3. El estudio logosófico se caracteriza por ser extensivo, pues es particularidad de nuestro método no dar por terminado el estudio de una enseñanza por satisfactorios que hayan sido los resultados obtenidos tras los primeros esfuerzos. La experimentación en esta clase de conocimientos va brindando al entendimiento una nueva y más amplia capacidad para alcanzar regiones del pensamiento antes vedadas, tras lo cual se comprueba que al volver sobre una enseñanza ya estudiada, cuyo contenido se pensó haber agotado, surgen de la misma otras posibilidades y se observan en ella nuevos aspectos. Por eso hemos afirmado muchas veces que la enseñanza logosófica es una fuente inagotable de conocimientos.

4. Programa para la primera etapa

a)  Logosofía; nuevo mensaje que trae al hombre y a la humanidad. Sus objetivos.

b)  Enseñanzas que representan a la nueva ciencia. Requisitos para su asimilación. Ambiente mental a crearles. Tiempo que se dedicará a su estudio. Conveniencia de no teorizar. Labor de estudio en lo individual; intercambio de interpretaciones en lo colectivo. Resistencias mentales que deben evitarse.

c) Proceso de evolución consciente. Proceso de superación individual. Cambios a propiciar. Resistencia a los cambios. Constancias de avances logrados. Propósitos de superación a forjar.

5. Esta primera etapa es preparatoria y los temas apuntados constituyen la base sobre la que se apoyarán los esfuerzos posteriores. Después de desarrollar un número de reuniones suficiente para lograr un trabajo de interpretación adecuado –lo que se hará con el constante auxilio de la bibliografía logosófica–, se estará en condiciones de iniciar la segunda etapa. Se recordará que el hecho de que no insistamos en el dominio profundo de los temas no significa que baste el estudio superficial de las enseñanzas; se volverá luego sobre ellos, pero ya con bases experimentales, con comprobaciones, para entender mejor y más ampliamente su significado.

III. SEGUNDA ETAPA

1. Experimentar lo que se estudia.

2. En esta segunda etapa ya será tiempo de actuar sobre los integrantes haciéndoles notar la necesidad de que el afecto y el respeto se manifiesten. El afecto deberá expresarse con naturalidad y traducirse en sinceridad y en amplitud para dar y recibir. El respeto se genera sobre la base del ideal de superación. El esfuerzo que cada uno haga por llevar adelante ese ideal será honesto y sincero. Si alguien faltase a esa regla estaría revelando una deficiencia; deberá sin embargo ser comprendido y ayudado en su lucha contra ella, a la vez que se le estará agradecido por haber ahorrado a los demás el caer en similar actitud. Poco a poco se verá surgir poderoso el ambiente logosófico con sus características inconfundibles, y podrán observarse los progresos que cada una vaya evidenciando en la superación de las primeras dificultades.

3. La vinculación de las enseñanzas con la vida es un aspecto destacado del método logosófico y una de las claves de la evolución consciente. De las enseñanzas expuestas con profusión en los libros logosóficos puede lograrse lo que hemos llamado interpretación mental. Si el estudiante no pasara de allí estaría teorizando. Ahora bien, lo imprescindible es comprobar la verdad que ofrece la enseñanza y asimilar esa verdad, gradualmente; ello se logra experimentando lo que se estudia.

Al hablar de experiencias hemos de señalar que existen dos posibilidades generales: experimentar en uno mismo y en los demás. Ambas son valiosas, pero dado que el conocimiento logosófico tiende a que el ser se conozca a sí mismo, la experiencia sobre el propio ser debe ser el norte, sirviendo la otra de complemento y de punto de referencia.

4.  Programa para la segunda etapa

En toda vivencia (acto vivido) juegan papel preponderante los pensamientos, o, más ampliamente, el sistema mental; corresponde, pues, a esta segunda etapa el estudio de las enseñanzas sobre el sistema mental y los pensamientos, a fin de contar con puntos de referencia para observar y analizar la vivencia. Dado que se encara este estudio por primera vez, se retendrá solamente lo fundamental de esas enseñanzas, en la seguridad de que lo que se vaya viviendo y experimentando habrá de ampliar el caudal retenido y comprendido.

5. Cumplido el paso anterior, los participantes estarán en condiciones de iniciar sus primeras observaciones internas, para lo cual se preparará la experimentación de los estudios. Para el caso será conveniente seleccionar una enseñanza de fácil interpretación y amplia vigencia en la vida, a fin de que el conjunto pueda realizar un eficiente trabajo. Como ejemplo se sugiere la enseñanza referida al poder de adaptación, tratada en “introducción al conocimiento logosófico”. Hallándose agotado. este libro, transcribimos al final de esta guía algunos párrafos que desarrollan ese punto.

6. Preparación para la experiencia

a)   Esta enseñanza descubre una realidad desconocida para el hombre en sus profundos aspectos; puede discutírsela y negársela sin que por ello varíe un ápice su contenido de verdad; lo sensato es comprenderla y así lo aconseja el método logosófico.

b) Después de una lectura cuidadosa, tratará el estudiante de interpretar su significado, de captar su contenido, de recibir su mensaje. Su esfuerzo, sumado al de los demás participantes en el intercambio que efectúen, le dará una interpretación suficientemente amplia de ella que incluirá un análisis de cuáles son las situaciones que el hombre se ve obligado a enfrentar en la vida, a las que debe adaptarse. Este trabajo podrá cumplirse en una o dos reuniones.

c) La conclusión primordial a que habrá de arribarse es la siguiente: El hombre es un ser ampliamente habilitado para adaptarse por deliberación propia a cualquier situación que se le presente; si no lo logra es porqué sus pensamientos se lo impiden negándole el uso de la razón que debiera asistirlo. El poder de adaptación es algo que el hombre puede adquirir si aprende a manejar los elementos que intervienen en cada situación, especialmente los internos; ese poder se manifiesta como una fuerza interior cuando la adaptación que se procura busca la superación del individuo y no una simple conformidad. Tal conclusión bastará en los comienzos.

d) El centro o la filial en formación deberá ahora internarse en el campo experimental que la vida ofrece al hombre y Logosofía le descubre, para poner en práctica los conocimientos adquiridos. Será imprescindible que cada estudiante permanezca atento a las situaciones que desde ese momento se le presenten, para observar lo que ocurre en su propio ser. La observación deberá ser prolija, atenta, y de no ser posible llevarla a cabo en el instante mismo de manifestarse la rebeldía o resistencia a la nueva situación, se la hará posteriormente, tratando de reconstruir mentalmente el pasaje vivido y sacando conclusiones para conducirse como convenga en otra circunstancia.

e) Expondremos seguidamente un ejemplo de la conducta habitual en los casos que se relacionan con la enseñanza en estudio, y, a continuación, la forma de contrarrestar esa conducta: Si el jefe de la oficina donde trabajamos imparte una disposición que no es de nuestro agrado, en el mismo instante de conocerla es muy probable que se rebelen los elementos de nuestra mente (pensamientos) y se posesionen de nuestra razón, a partir de ese momento quedaremos indefensos contra su acción perturbadora y manifestaremos nuestro desagrado de hecho o de palabra, cumpliendo a desgano lo ordenado, soportando como una carga la tarea que haya que cumplir y hasta ganándonos una reprimenda; en definitiva, un día de disgusto, una pesadumbre que muy probablemente llevaremos al hogar y que tendrán que compartir nuestros seres queridos. En cambio, los recursos que el estudio logosófico ha incorporado a nuestra mente han de permitirnos esta otra actitud: Conocida la disposición tomada por nuestro jefe, es igualmente posible que se rebelen en nosotros los mismos elementos negativos que en el caso anterior, pero en ese preciso momento, porque estamos atentos a su acción, además de conocer conceptualmente su influencia nociva, decidimos no dejarlos actuar e impedimos que se posesionen de nuestra razón. Esta quedará libre para intervenir y podremos con serenidad analizar los hechos; comprenderemos entonces que lo sensato es ver si esa disposición es correcta en sí misma aunque no nos agrade. Si no lo es, acudiremos a quien la impartió para señalarle nuestro pensar con todo el tacto de que seamos capaces; si lo es, nos dispondremos a cumplirla con eficiencia; de otra manera perderemos el derecho de juzgar sus resultados, ya que éstos se hallarían afectados por la especie de sabotaje que les hemos impuesto. Los elementos negativos cederán al influjo de estas reflexiones y recobraremos la serenidad, pero no olvidemos que volverán una y más veces a la carga, tratando de sorprender el descuido de nuestra atención, por lo que ésta debe permanecer en guardia hasta que cese totalmente la lucha. Este esfuerzo se hará con placer, teniendo en cuenta que es una de las claves de la superación individual; al final quedará un caudal de interesantes observaciones que cada participante estudiará para extraer las conclusiones adecuadas.

f)  Inicialmente deben preferirse situaciones simples, circunstanciales, por ser de más fácil observación, postergando las más complejas para cuando se posea mayor capacidad. Esta es la razón por la cual no hemos tratado aquí otros aspectos que pueden derivarse del ejemplo citado.

IV.TERCERA ETAPA

1. Estudiar lo que se experimenta

2. El término de una semana podrá ser período suficiente para observar vivencias en las que haya tenido vigencia la enseñanza elegida. Toca ahora estudiar lo que se experimentó y concretar los resultados. El estudio se iniciará sobre lo individual porque allí está el campo más inmediato para las observaciones y el primero sobre el que se debe trabajar. Se trata de comprender lo vivido: causas que motivaron el hecho o episodio, efectos provenientes de esas causas, inconvenientes, disposiciones naturales en favor o en contra de los propósitos, etc.

3. Las vivencias que aporten los estudiantes se referirán a aspectos variados de la vida, ya que variadas son las situaciones por que atraviesan. Las habrá vinculadas con la vida de hogar (dificultades económicas, de comodidad, desentendimientos); con las ocupaciones diarias (problemas del trabajo, disposiciones que no agradan, carencia de aptitudes); con la vida de relación, etc. Esto muestra ya cómo la propia experiencia habrá de beneficiarse con la de los que participen en el intercambio, ahorrando a todos actuaciones inconvenientes por conocer de antemano cómo evitarlas.

4.  Reunidos los estudiantes, cada uno irá relatando lo que le ha ocurrido en el curso de los días anteriores, presentando especialmente las observaciones hechas sobre sus pensamientos, la lucha que hubieron de sostener, los pensamientos que los ayudaron en la emergencia, los que la hicieron difícil y el resultado final de sus respectivas vivencias. En unos casos la situación habrá culminado con el triunfo de la razón, pudiéndose comprobar entonces sus ventajas y el estímulo que resulta de saberse capaz de manejar en cierta medida los recursos logosóficos; en otros, habrán triunfado los pensamientos negativos, pero eso no indicará el fracaso del estudiante, siempre que lo vivido enriquezca el caudal de sus observaciones y le disponga mejor para enfrentar situaciones futuras. Repetimos, no podrá hablarse en este caso de fracaso del estudiante, sino de actuación desafortunada del mismo, exitosa en el fondo, por cuanto éste habrá logrado sorprender dentro de sí, en plena actuación, a esas entidades animadas y autónomas que Logosofía le enseña a conocer y que son sus pensamientos. Es en cambio desfavorable y poco edificante para el estudiante, el no extraer consecuencia alguna de las cosas que le acontecen, y procurará cuanto antes salir de esa situación. Para terminar agregaremos que las observaciones que provengan de estas primeras vivencias irán configurando los esbozos iniciales del conocimiento de sí mismo.

5. La parte ponderable de las experiencias que vive el estudiante son las conclusiones que alcanza, y éstas han de estar siempre ligadas a algún aspecto del conocimiento logosófico. Para extraer tales conclusiones se necesitará hacer un verdadero estudio de los factores que intervinieron en la vivencia, estudio en el que será guía inapreciable la enseñanza, que, leída nuevamente, ahora a la luz de la experiencia, ayudará a desentrañar en mayor medida su significado. Por de pronto se hará una reconstrucción de la misma, ayudándose con algunas notas que sugerimos tomar sin demora después del episodio vivido; se analizará luego qué papel jugaron los pensamientos, cómo aparecieron en el escenario mental, quién los convocó a actuar, qué actitud sugerían, cuáles fueron las consecuencias del comportamiento adoptado, qué grado de resistencia se les opuso, y así siguiendo; se verá asimismo cómo se desarrolló la lucha mental, cuáles fueron los bandos en pugna, cuál el resultado. Recomendamos, no dejar a un lado la enseñanza en estudio que trata sobre el poder de adaptación y sugerimos hacer sobre la misma estas reflexiones: qué ocurría antes en iguales circunstancias; qué factores perturbadores de la adaptación se identifican ahora; qué enseñanzas han permitido conocerlos; qué efectos tuvieron éstas; qué consecuencias se obtienen aplicándolas a la vida, etc.

V. PRINCIPALES CONCLUSIONES

Cuando el estudiante cumpla la tarea de extraer conclusiones de su experiencia, comprobará que es inagotable la posibilidad que en tal sentido brinda una sola de ellas en virtud de la riqueza de enfoques que permite hacer el conocimiento logosófico. Como simple muestra de esa posibilidad y lejos de haber sido agotadas, señalamos a continuación algunas conclusiones aptas para ser obtenidas de una experiencia (vivencia estudiada) del tipo tomado como ejemplo.

1. Referidas a los pensamientos

a) Su carácter de entidades autónomas y animadas, con gran injerencia en la vida y al margen de la voluntad del ser.
b)  La resistencia que ejercen cuando se trata de controlarlos, debido a la libertad de que han gozado.
c)  Los múltiples disfraces que adoptan para engañar al incauto; argucias y argumentos falaces que emplean.
d)  Qué sería la vida del hombre si lograra pleno dominio sobre ellos.
e)  Trascendencia del pronunciamiento logosófico sobre los pensamientos y su importancia en la vida del hombre. Esta conclusión, en particular, deberá ser refirmada paulatinamente por observación reiterada de la naturaleza de los pensamientos.

2. Referidas al sistema mental

a)   Grado de conocimiento que la humanidad tiene de él.
b)  Estado actual de disciplina que acusa.
c)  Posibilidad que le asiste de gobernar la vida del hombre.
d)  Conveniencia y posibilidad de poner la mente al servicio del perfeccionamiento individual.
e) Función de la facultad de observar y valor de la observación orientada hacia la propia superación.
f) Importancia que adquiere la propia razón y necesidad de acumular conocimientos para que pueda cumplir su función con plenitud.
g) Necesidad de controlar los juicios de la razón en tanto no se basen en conocimientos reales, trascendentes; caudal de estos conocimientos de que dispone actualmente la humanidad.

3. Referentes a Logosofía

a) Sentido de la afirmación hecha en “Logosofía, Ciencia y Método”, pág. 16, párr. 1 y siguientes, de que “Logosofía parte de la verdad”.
b) Valor de las enseñanzas logosóficas para superar lo que el ser es.
c) Importancia del método logosófico para evolucionar conscientemente; paulatina interpretación de lo que es en sí ese método.
4. Referentes al estudio en conjunto
a) Valor de la colaboración en la experimentación de lo que se estudia y el estudio de lo que se experimenta.
b) Generosidad en el intercambio de comprensiones y experiencias.
c) Consideraciones sobre el afecto y el respeto que se generan como consecuencia del fortalecimiento de las convicciones sobre la superación individual.
d) Importancia de no discutir y sí intercambiar.
e) Estímulos que resultan de la labor cumplida.

5.   Aspectos varios

a)  Refirmación de los propósitos de superación.
b)     Cómo logra Logosofía sus objetivos.
c)      Valor de la experiencia para la superación individual.
d)     Conocimiento positivo logrado de sí mismo.
e) Comprobación sobre propias deficiencias psicológicas, como primera evidencia de su existencia.
f) Resistencia a los cambios internos; necesidad de eliminarla.

VI. CONCLUSIONES SOBRE LA TAREA

1.   La labor del estudiante de Logosofía es investigar sin apremios la verdad; por ello no pueden tener cabida en él la impaciencia y el apuro([1]). De la misma manera, quien se dedica al estudio de Logosofía debe hacerlo con la firme disposición de no dejarse perturbar en sus propósitos. Aquí pueden ser un gran inconveniente las dudas que la propia mente plantea a veces al estudiante y que éste manifiesta en forma de preguntas que traducen desconfianza, escepticismo, prejuicios, etc. Tales dudas son “piedras” que estorban la marcha por el camino del perfeccionamiento y hasta pueden detenerla.

La actitud inteligente, logosófica, es dejarlas a un lado; postergarlas hasta poseer más elementos de juicio, elementos que justamente no pueden alcanzarse si el estudiante se empeña en resolver lo que aún no está en condiciones de lograr. Más tarde, cumplido el proceso correspondiente, éste comprobará con alegría que él mismo ha hallado la solución que antes buscó fuera de sí mismo. Lo expresado no significa en modo alguno negar al estudiante libertad para formular todos aquellos interrogantes que evidencien la noble necesidad de orientación, de ayuda para salir de un estado de vacilación, de incomprensión, de desánimo, etc. Por último, recomendamos tener siempre presente que toda duda será bien resuelta con el auxilio de las enseñanzas si el esfuerzo es presidido permanentemente por el pensamiento de superación, el cual deberá merecer lugar preponderante en la mente del estudiante, quien no escatimará esfuerzos por fortificarlo y defenderlo ([2]).

2.  La tarea logosófica, que es un elevado y provechoso quehacer, lleva al hombre a pensar en los aspectos fundamentales de su existencia, devolviendo a la facultad de pensar la función que nunca debió perder. De la misma manera actúa sobre las facultades de razonar y observar, que, con la anteriormente mencionada, forman la trilogía básica sobre la que se promoverá la activación mental que exige la evolución consciente. El esfuerzo mental que implica experimentar lo que se estudia y estudiar lo que se experimenta obligará –según las normas del método logosófico– a usar conscientemente las facultades de pensar, observar y razonar, significando esto que todo lo que en adelante se observe, piense y razone tendrá que ser de utilidad para el propio proceso de evolución consciente. Es decir, no observar, no pensar, no razonar circunstancialmente, en forma intrascendente, sino acostumbrarse a observar, razonar y pensar en forma de que cada acto en el que intervienen esas facultades permita recoger elementos de valor, elementos que favorezcan la comprensión del conocimiento logosófico y faciliten la aplicación de ellos a los fines del desarrollo mental, psicológico y espiritual comprendidos en el proceso de evolución consciente.

3. Las conclusiones que incluimos como orientación y ejemplo no podrán lógicamente ser extraídas desde los comienzos del trabajo. Es un método nuevo y original el que se está tratando de emplear y su dominio se logrará paso a paso. Esto significa que no deberá aspirarse a ello en el primer momento, lo que no impedirá ejercitar el esfuerzo hasta el límite que señala la Propia capacidad, en la seguridad de que por ese camino se ampliarán progresivamente las posibilidades, cosa que ha sucedido ya en repetidas ocasiones ampliamente comprobadas en todos los centros de investigación logosóficos. La tarea demanda tiempo y paciencia, pero el objetivo que se anhela justifica la realización del esfuerzo, lo cual se hará sin apremios, ya que debe ser tarea para toda la vida, especialmente si el estudiante está animado por un real anhelo de trascender las limitaciones que envuelven su vida.

En el presente trabajo, cuya finalidad ha sido orientar la tarea de formación de los nuevos centros de estudio y filiales logosóficas, hemos trazado en síntesis las etapas más importantes a cumplir. Quedan sin mencionar muchos otros aspectos, que no hemos considerado necesario citar por cuanto están tratados en innumerables enseñanzas logosóficas y serán bien interpretados a poco que se apliquen estas instrucciones. Finalmente, cualquiera sea la dificultad que se presente, siempre el estudiante será asistido por el creador de la ciencia, a  quien sus discípulos llaman Maestro porque enseña conocimientos trascendentes para la vida del ser humano. Su paternal asistencia directa hace que el estudiante se vincule a él mental y sensiblemente, generándose un vínculo de gratitud y correspondencia por el bien recibido, lazo de unión que exige ineludiblemente que el discípulo haga partícipe a otros de los beneficios que disfruta, con lo cual colabora efectivamente en la obra de superación humana que realiza desde hace treinta años la Fundación Logosófica.

 

VII.  BASES PARA RESPONDER A POSIBLES PREGUNTAS DE LOS ESTUDIANTES

    Es normal que quien inicia los estudios logosóficos se formule una serie de preguntas, cuyo origen es variado. En primer lugar surgen aquellas que se originan en dificultades de comprensión ante los nuevos conocimientos con los que se va tomando contacto; estos interrogantes, que pueden considerarse legítimos, se resuelven naturalmente durante los estudios, por lo que la posición sensata del estudiante es hacer el mayor esfuerzo de interpretación, dentro de los límites de su capacidad, y proseguir los estudios; si el interrogante fuera de naturaleza tal que no permitiese seguir el estudio hasta ser dilucidado, cabe elevar la consulta a quienes están en condiciones de responderlo.

En segundo lugar se presentan las preguntas que tienen origen en una simple curiosidad: Se comprenderá que éstas no deben de ninguna manera detener el curso de los estudios, en la seguridad de que oportunamente y por gravitación de los conocimientos que el estudiante va acumulando se contestan ampliamente. En tercer lugar están las preguntas que se originan en escepticismo y desconfianza ante los enunciados que Logosofía hace; tampoco debieran ser motivos de demora en los estudios, pero el estado mental del estudiante puede no permitirle comprender que así debe ser, por lo que tiende a detenerse, buscando comparaciones o similitudes que nada hacen en bien de la capacitación que anhela. Las bases que se agregan son para dar respuesta a estas preguntas, a fin de que el estudiante cuente con elementos que le permitan superar la etapa de duda.

Cualquiera sea el origen de la pregunta, la bibliografía logosófica brinda variados elementos para ayudar a responder a quien asuma la responsabilidad de orientar los estudios.

1.      Pregunta: Sobre la originalidad de Logosofía, la fuente de donde se han extraído, los conocimientos que brinda, el autor, etc.

 Bases para la respuesta: El autor ha extraído los conocimientos logosóficos de la Creación misma, sin seguir huellas de nadie; sus concepciones son, por lo mismo, totalmente originales, como lo es la naturaleza de los conocimientos revelados por él. Siendo muy joven se encontró dueño de conocimientos que la humanidad no poseía, por lo que estructuró un plan para hacerlos llegar a todos los seres humanos, plan que se viene cumpliendo paso a paso desde hace más de treinta años; las razones que posibilitaron lo anterior las hallará el estudiante expuestas en la obra “La herencia de sí mismo” ([3]).

2.      Pregunta: Relación entre Logosofía y otras doctrinas que se refieren a la mente y los pensamientos.

 Bases para la respuesta: Logosofía no presenta sus conocimientos de la mente y los pensamientos en forma aislada, sino como, parte de su concepción; el estudio aislado de los mismos no conduce a la superación integral porque no propicia la evolución consciente del ser. Por otra parte, el método experimental para asimilarlos a la vida es único de Logosofía y el carácter consciente de esa asimilación habilita al ser para ayudar a otros en la misma realización, lo que unido a la trascendencia de los beneficios que ello representa para el hombre, coloca al estudiante de Logosofía ante la posibilidad de hacer el bien, de acuerdo con las Leyes Universales que Logosofía le descubre y enseña a conocer, aspectos éstos que se irán comprendiendo a medida que se avance en el proceso de evolución consciente.

3.      Pregunta: Relación entre Logosofía y las filosofías.

Bases para la respuesta: Las diferencias son profundas e insalvables:

a)   El conocimiento filosófico busca la verdad y la busca fuera del hombre; Logosofía parte de la verdad y lleva al hombre a descubrirla en sí mismo, en su ser interno.
b)   El conocimiento filosófico es intelectual y, por ende, externo al hombre; el conocimiento logosófico es experimental, con claros objetivos en cuanto a la superación humana y en relación con lo interno del ser.
c)   Filosofía es el conocimiento de teorías, doctrinas, conceptos, en contraposición unos con otros; Logosofía es conocimiento de vivencias, de experimentación; es conocimiento vivo.
d)   Filosofía busca el conocimiento por el conocimiento mismo, con independencia del uso que el hombre pueda hacer de él, habiéndose llegado a aceptar que a ese conocer no puede dársele uso concreto. Logosofía edifica con ese saber una nueva vida, llevando al hombre al esclarecimiento de los grandes enigmas de su existencia y al cumplimiento de su finalidad humana.

4.      Pregunta: Relación entre Logosofía y psicología.

Bases para la respuesta: La psicología, aun cuando aparenta desarrollar un tipo especial de conocimientos, no se diferencia de otras ciencias por cuanto es externa al ser; los psicólogos estudian lo que ocurre dentro del ser humano, con las limitaciones de los métodos de esta ciencia, pero no estudian su propia psicología individual, ni conectan sus estudios con altos fines humanos; en suma, la psicología no lleva al conocimiento de sí mismo, de los semejantes, de la Creación y sus Leyes, de Dios, como lo hace Logosofía, que estudia la psiquis en íntima relación con el espíritu.

5.      Pregunta: Relación entre Logosofía y las religiones.

Bases para la respuesta: Logosofía no postula ninguna actitud determinada frente a las religiones; es el estudiante de Logosofía quien se ubica frente a ellas a medida que avanza por el camino del saber. Esta nueva ciencia es afirmativa de verdades que el investigador puede comprobar a través del proceso de evolución consciente; para hacerlo no exige que el hombre abjure de la corriente de pensamiento de sus simpatías, pero éste deberá valorizar lo que ahora tiene, frente a lo que antes tenía. Logosofía esclarece la conciencia, haciendo conocer lo que se desconocía; sitúa al ser en el centro de sus posibilidades. Haciéndole recuperar la fe en sus propios valores y sustituyendo la fe ciega por la fe consciente, basada en el conocimiento de la verdad.

6.      Pregunta: Por qué no puede compararse Logosofía con otras ciencias.

Bases para la respuesta: Para tales comparaciones es necesario conocer suficientemente Logosofía, y ello se logra siguiendo las normas de su método; cuando se la conozca, no habrá inconveniente en dedicarse a ellas.

CONCEPTO SOBRE EL PODER DE ADAPTACION

Transcripto de “Introducción  al conocimiento Logosófico.”

“Hay en los seres humanos un poder que éstos no saben utilizar, pero del cual deben servirse inconscientemente, por rigor de las circunstancias, para alcanzar objetivos naturales en el correr de las edades. Este poder es el de adaptación, uno de los que con mayor precisión ejercen su cometido.

El hombre, por su constitución psíquica, mental, espiritual y física es un ser adaptable a todos los cambios y a todas las situaciones en que lo coloca la vida a medida que avanza hacia su perfeccionamiento.

Puede decirse que es general –ya que se produce en todos– la reacción que experimenta el ser cuando, apremiado por las circunstancias, debe aceptar situaciones a las que por propia voluntad no habría jamás tratado de adaptarse. El tiempo, con la serie de reflexiones que sustenta en sus poderosos medios de expresión, hace que el hombre admita, acepte y se adapte a esas situaciones, pero sin alcanzar –salvo excepciones– la comprensión exacta de tales hechos. He ahí la diferencia entre los que se adaptan por obligación y los que buscan la adaptación natural con plena noción de lo que ello significa para su proceso evolutivo.

Nadie ignora que en la vida suceden muchos episodios que suelen terminar en tragedias, cambiando casi instantáneamente las situaciones individuales. Si no se utiliza en tales casos el poder de adaptación, el sufrimiento se torna por lo común desesperante, consume la vida y pliega el espíritu haciendo que éste se acurruque en el interior del ser, cohibido y triste, sin esperanzas de redención” (Pág. 161).

“La Ley de Adaptación es tan inflexible que no admite términos medios entre una y otra situación: se cambia o no se cambia. De manera que si ha acontecido un hecho que obliga a un cambio, el permanecer en el mismo estado o condición equivale a vivir al margen de la realidad y, por ende, a sufrir intensamente. Esto es lo que acontece cuando el hombre se resiste a los cambios; de ahí que brote por doquier el dolor, la miseria, la angustia, y sea el sufrimiento un visitador casi permanente de los corazones humanos” (Pág. 162).


[1] Ver “Logosofía. Ciencia y método”. Págs. 91, 133 y 135, “Mecanismo de la vida consciente”, pág. 50, “Exégesis logosófica”, pág. 101.

[2] Ver “Logosofía. Ciencia y método”, págs. 68, 69 y 70.

[3] Ver “Boletín Logosófico”.  N 4, pág. 3, publicado en diciembre de 1956, en Paraná, (Rep. Argentina)

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Un paréntesis que no se pudo cerrar

Publicado por Luis Felipe Monteverde, en el semanario Brecha de Montevideo, en setiembre de 1995

Benedetti y la Logosofía

Hemos leído en una crónica de avance del libro del escritor y periodista argentino Mario Paoletti “El Aguafiestas”, de próxima aparición, sobre la vida de “un personaje llamado Mario Benedetti” (Brecha 1-set-1995).

Por lo que la crónica trasluce, parece que se trata de un estilo periodístico muy particular, por cuanto se percibe un mimetismo de tal intensidad entre ambos escritores, que crea serias dudas en el mismo lector acerca de quién es el que realmente escribe.

Más parece que el presunto entrevistado es el autor de lo que allí se consigna, que haciendo uso de facultades de ventriloquia que no le conocíamos, habla por el entrevistador. Y dice todo lo que Mario Benedetti quiere decir sobre un pequeño espacio de dos años de su vida “de búsquedas fallidas, de timideces, de prejuicios, de amargas soledades”, “sesenta años más tarde”.

Y no cabe duda que debemos considerarla como una autoentrevista por cuanto todo lo que allí se describe y consigna, tiene el sello inconfundible de Mario Benedetti. Sólo Mario Benedetti puede decirlo.

Queremos pensar que Mario Paoletti desconoce el cúmulo de falsedades a que fue inducido, por cuanto él, no vivió ni vio lo que el entrevistado le cuenta. Sólo repite y no puede dar fe.

Pero en algo indiscutiblemente cierto sí se puede coincidir con Mario Benedetti: esos dos años de su vida, aún “sesenta años más tarde” han quedado impresos en forma indeleble en el subconsciente en forma tan profunda que recuerdan las fijaciones que se transforman en neurosis en algunas personas.

A través de los años, en cada entrevista que le han hecho, en cada publicación, directa o indirectamente, vuelve sobre ese tema en forma sospechosamente recurrente. ¿Por qué será?

No vamos a detenernos a poner nuevamente en evidencia cuanta mistificación y embuste trasmite a su transcriptor el protagonista de la entrevista por cuanto ya lo hemos hecho en otras oportunidades, por la prensa y en forma personal en circunstancias anteriores, sin que hubiéramos obtenido hasta la fecha respuesta alguna.

Sólo queremos dejar por otra vez constancia de que Mario Benedetti tuvo sobradas oportunidades de hablar de González Pecotche y decir todo lo que quería de él, de su obra, de sus actitudes y procederes por cuanto a la fecha de su fallecimiento, él tenía ya más de cuarenta años.

Pero nunca dijo nada. Absolutamente nada; todo ese tiempo –más de veinte años- vivió en la prudencia agazapada del silencio. Y ahora que no está González Pecotche para escucharlo, pretende denigrarlo, apostrofarlo, agraviarlo. Las calidades morales hacen formas de vida. Cuando se carece de ellas, la vida pierde sus formas humanas.

Lo que no ha dicho antes ni ahora Mario Benedetti es que las primeras poesías que vieron la luz pública, lo hicieron en las revistas “Logosofía”, de las que se publicaron al inicio de la década del 40.

Y en la revista Logosofía No. 22, página 19, termina uno de sus poemas diciendo:

“Y más que triste, infernal
haber abierto un paréntesis
y no poderlo cerrar”.

¿No será ese su problema insoluble?

Finalmente decimos que de la lectura de la crónica del libro “El Aguafiestas” surge claramente que para Brecha esos dos años que trabajó Mario Benedetti al lado del Maestro Raumsol, han sido los más importantes de toda su vida. Temperamento que compartimos.

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N. de D. de Brecha: Las opiniones del lector Monteverde son, obviamente, suyas. En cuanto a los criterios de Brecha para seleccionar el fragmento publicado como anticipo de El Aguafiestas, nada tiene que ver con la importancia que esos dos años puedan haber tenido en la formación de Mario Benedetti, sino más bien el hecho de que allí se recoge una etapa de su vida tan folclórica como poco conocida por la mayor parte de los lectores.

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El cuadro mental y psicológico que presenta el mundo

Importancia capital que frente al mismo asume el conocimiento logosófico

Conferencia pronunciada por Carlos B. González Pecotche (Raumsol) en la sede de la Escuela de Logosofía en ocasión de su última visita a la capital uruguaya efectuada en febrero de 1941. (Revista Logosofía Nº 3)

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No puedo menos, discípulos, que manifestar la felicidad que siento al encontrarme nuevamente entre vosotros, rodeado del afecto de todos y del propósito común de continuar esta obra de bien, pese a las múltiples dificultades que habrán de presentarse en la marcha hacia el triunfo final.

Me habéis visto ya en otras oportunidades dirigiros la palabra, ya para preconizar el ideal logosófico, ya para vaticinar acontecimientos que luego aparecieron en el escenario del mundo como inevitables consecuencias de las causas que con antelación os señalara. Nos encontramos ahora atravesando uno de los más singulares trechos de la historia, y como las épocas se van sucediendo unas a otras y a veces ellas marcan en el tiempo rutas, es necesario tenerlas en cuenta para no extraviarse en los momentos de vacilación.


Advertencias sobre la confusión reinante.

Toda obra grande requiere grandes esfuerzos, continuados trabajos, afanes comunes que no es posible se manifiesten con la rapidez que sería de anhelar, pues a medida que se vayan cimentando las convicciones individuales se irá uniendo en la comprensión y el anhelo común el sentido de todos hacia un mismo idea.

Hemos pasado –la Providencia lo ha querido– épocas de calma y de agitación, pero siempre en la paz del ambiente; mas vendrán días inciertos para la humanidad, épocas en que será menester estar muy seguros de sí mismo, para sentirse efectivamente como un alma que vive y experimenta la realidad de la vida.

Os ha tocado, como a los demás humanos de esta existencia, atravesar una de las etapas más difíciles de la historia. Es la primera vez, os lo aseguro, que los elementos del mal atacan en forma directa la mente de los hombres. Parecería como si gozaran al observar las torturas mentales que está sufriendo gran parte de la humanidad. Puede decirse que mucho de lo que está ocurriendo proviene del descuido, del abandono casi total de los hombres en el sentido de superar su cuadro mental y psicológico, en el sentido de conocer las virtudes del espíritu y cultivarlas a fin de elevar las condiciones de vida y colaborar en hacer mejor la existencia de los demás.

En tal estado de decadencia espiritual, la mente de la mayoría es presa fácil de los pensamientos del mal, los que invaden y someten a las mentes indefensas, incultivadas, que fueron creando a su alrededor ambientes ficticios y que en muchos casos llegaron hasta la más cruda extravagancia.

Son estos desvíos de la razón los que han producido tanta confusión y desorden en el mundo, arrastrándolo hacia un destino cruel al incitar constantemente en el fuego de las pasiones humanas, el despertar, no de la mente en el espíritu, sino de la mente en la materia. Pero esta situación no podía continuar; tenía que culminar en una detención del desenfreno de las pasiones y optar por una renovación de conceptos básicos sobre la vida, o precipitarse los hombres uno contra otro movidos por ansias inconfesables de venganza y exterminio.

Si contempláis el panorama del mundo, cuyo aspecto primordial es ofrecido por las reacciones mentales de los hombres que se hallan en los diferentes puntos del globo, y observáis sus efectos y sus repercusiones en la psicología de unos y otros, a medida que las grandes conmociones chocan, o, mejor dicho, hacen chocar las mentes de los mismos contra una realidad que, por cierto, estuvieron lejos de presentir, veréis que a la mayoría los toma de sorpresa y por ello les es tan difícil sobreponerse a la sugestión del espanto que en el ánimo común opera con tanta violencia, sea por el carácter inesperado de los hechos que acontecen como por la calidad atroz e inhumana de los mismos.

Lo he dicho en otra oportunidad y lo puedo ratificar ahora, que si los hombres del Viejo Mundo hubieran detenido a tiempo esa desenfrenada marcha hacia el encuentro de una situación como la actual, la más horrible que hayan podido pasar en el curso de la historia, y hubiesen emprendido una verdadera obra de renovación integral, hoy no presentaría el mundo este aspecto tan triste, tan macabro y tan siniestro en todas sus manifestaciones.

Acción de los pensamientos en el campo mental.

En nuestros días no todas las mentes podrán soportar el cataclismo moral, social y espiritual que está sobreviniendo en el mundo, porqué no se hallan preparados para ello. Las fuerzas de la inteligencia se han debilitado mucho para poder resistir semejante transición y el hombre no está en condiciones de comprender la magnitud de la misma.

He expresado en múltiples artículos que cuanto está aconteciendo no es más que el juego de diversos pensamientos que tomaron forma monstruosa atrapando a los hombres de uno y otro país, para luego estrujarlos en su vientre; me refiero a los pensamientos monstruos, que absorbiendo primeramente la vitalidad intelectual de los hombres, hacen de sus mentes campo propicio para toda clase de idea extremista que se encuentra fuera de la realidad humana. Nada puede ser tolerado por una razón equilibrada como no sea aquello que presente aspectos de equilibrio. Todo lo que obstruya la marcha regular de la existencia, que presente caracteres anormales o atente contra la propia existencia de los hombres, es rechazado por ella.

Discípulos, con esto os quiero decir que en un futuro no lejano habremos de cruzar momentos difíciles, pero puedo aseguraros también que estaréis en mucho mejores condiciones que los demás seres, porque las dificultades que tendréis serán menores que las del resto de la humanidad, pues vosotros tenéis muchos conocimientos que son eficientes elementos de defensa para neutralizar los efectos de la adversidad que ya amenaza cernirse sobre este desdichado mundo. Por tanto, será necesario fortificar día a día la mente con todos aquellos pensamientos que le ofrezcan mejor perspectiva para poder situarse dentro de este panorama que acabo de presentar sin que la afecten mayormente las alternativas que habrán de presentar las otras mentes.

No olvidéis que en estos momentos, y constantemente, es sorprendida la mente de los hombres por pensamientos de diversa índole que se lanzan desde un punto a otro del mundo haciendo que los seres vivan en constante zozobra. Cuando la resistencia se afloja y se debilitan las fuentes internas, se está entonces a merced de las circunstancias. Es menester, pues, enfrentar con valentía el instante en que vivimos, y saber colocarse en la posición de hombre íntegro, es decir, de ser individual, responsable de sus actos y de sus pensamientos, y desechar siempre los moldes mentales que ofrecen quienes quieren inducir al mundo a ser juguete de los únicos que se creen con derecho a ser libres y a esclavizar al resto de sus semejantes.

Yo preguntaría a los que pudieran tener algún pensamiento afín con aquello que ataca la libertad del hombre y la augusta soberanía del hogar, bajo qué signo y merced a qué prerrogativas pueden emitir su opinión, si no es bajo el signo y las prerrogativas de las naciones libres, de las naciones nobles, que saben escuchar sin irritarse a los mandatarios y al pueblo, mientras corrigen sus errores y encauzan sus destinos. Ya se ha visto, pese a todo, cómo éstos pueden sobrevivir a las catástrofes, porque saben defender por su propia cuenta sus hogares y su patria.

Por esto, la Logosofía, vierte la naturaleza esencial de la vida de los pensamientos en el alma del hombre que es la mente, que es la que respira el oxígeno vital del espíritu, la que amamanta la inteligencia, y por la cual el ser humano concibe, percibe y constata que existe, que vive y que puede accionar.

Logra más el hombre que domina sus pensamientos, que los acondiciona a su voluntad y los maneja con inteligencia, que aquel que es juguete de los mismos y jamás es defendido por ellos. Pero logran infinitamente más, muchas mentes, capaces de acondicionar con disciplina sus pensamientos, convivir con los mejores y establecer un vínculo permanente y eterno entre ellos, porque muchas mentes, es indudable, pueden más que una en este sentido.

Recuerdo que una vez alguien preguntó a un sabio si la humanidad se sumergiría en la ignorancia suponiendo que algún día se destruyeran todos los libros que existen en el mundo. Y el sabio contestó: Dos cosas son necesarias para reconstruir inmediatamente todos los libros que existen y que se hubieran destruido: la Naturaleza, que es el libro más grande que hay en el Universo, y una mente que perciba y pueda trasmitir a los demás las imágenes que de ella tome. Las páginas de ese gigantesco libro son los días y las noches que cada hombre da vuelta sin cesar mientras dura su existencia.

De modo que mientras haya una sola mente en el Mundo, ésta podrá reconstruir una, mil y un millón de veces cuanto el hombre pudo extraer de ese libro, pero lo que no puede reconstruirse más, lo que no puede repararse, es la transición de los que pasan bruscamente de la vida a la muerte física sin haber tenido la más mínima oportunidad de realizar el proceso de su existencia, que es ese gran objetivo que Dios dispuso como ley para los hombres. Por consiguiente, podrán reproducirse todos los caracteres que existen en el Universo, más lo que no ha de reproducirse sin sufrir la cruda alteración de la ley, cosa harto imposible de acontecer, es la vida humana cuando se troncha bruscamente. Pero dejemos que las leyes accionen sobre los culpables al determinarse las causas y las responsabilidades, y aprestémonos en tanto a edificar invulnerables muros mentales para que no puedan penetrar en nuestro interno ser las miserias del mundo, las lacras que vendrán rodando por los aires y por los mares, los parásitos mentales propios de ese estado de descomposición en que se encuentra el Viejo Mundo y que buscan nuevos puertos para continuar su obra de destrucción.

Vuelvo a repetir: si queréis conservar vuestra paz interna y no veros sorprendidos en un futuro por pensamientos de índole extraña a vuestra naturaleza, a vuestro sentir y a vuestro pensar, cubríos de todas maneras y estad siempre alerta.

En esta labor de evolución incansable en que estamos empeñados, ardua por cierto, debéis convenir conmigo en que es necesario duplicar los esfuerzos para que podáis colocaros rápidamente en un plano superior a aquél en que hoy estáis; cuanto más logréis elevaros por encima de las miserias que está padeciendo el mundo –me refiero siempre en el orden mental en primer lugar-, más os distanciaréis de todo peligro y más lejos os sentiréis de ser presa del mal.

Mi mayor anhelo es poder un día encontraros a todos entre las nubes de la tormenta, cuando ella hubiese ya pasado, sanos y salvos, intactos, para dirigiros nuevamente la palabra. Me sería muy triste notar la ausencia de alguno de vosotros, pues no podría ser completa mi felicidad si aquellos que conmigo marchan desde hace tiempo, dejasen de escucharme y de convivir con los pensamientos que constantemente coloco a su alcance profundos conocimientos para una mayor capacitación mental.

Cuanto os digo quiere significar, discípulos, que no debéis entreteneros en pequeñas cosas que desviarán vuestra vista del punto de mira. Es hora ya de que os preparéis lo mejor posible para estar en condiciones de sobrellevar con entereza todas las adversidades que puedan presentarse, a fin de ser dignos de disfrutar un merecido triunfo al final de esta jornada. Para ello será necesario –repito–, no descuidar un instante los movimientos de la mente. Diría que uno de los mejores elementos de auxilio que tiene el discípulo para no verse asediado nunca por pensamientos extraños –como he dicho– a su naturaleza y a su mente, es trabajar. Cuando descanse, que éste sea un descanso reparador, que jamás se convierta en ocio, porque el ocio es el espacio que el diablo utiliza para introducirse en la mente.

Quiero destacar que si el descanso es reparador de las energías gastadas en la actividad, el trabajo es, a su vez, reparador de los debilitamientos ocasionados por la inercia mental. Conviene, pues, desde todo punto de vista, que la mente siempre esté ocupada en algo útil.

Ha de tenerse por conducta el desarrollo de una constante labor de adiestramiento mental en el sentido de predisponer el ánimo a sostener una resolución con firmeza y contrarrestar así todos los amagos de indecisión y pereza.

La paciencia debe ser una de las virtudes que más ha de cultivarse, por ser ella quien crea la inteligencia del tiempo.

Comprender el lenguaje del tiempo y obrar inspirado en sus consejos, debe constituir una de las máximas aspiraciones del ser humano, pues el arcano que con ello se revela a la conciencia trasciende todos los límites de lo imaginado.

Para el hombre consciente, para el que sabe esperar con sensatez las cosas que son objeto de su preocupación, por más variadas y hasta si se quiere adversas en apariencia a su agrado, deben seguir existiendo para su razón todo el tiempo que sea necesario en tanto ellas se vinculen a su vida y armonicen con sus aspiraciones, si éstas son justas y realizables. En otras palabras, las grandes obras, como las pequeñas, requieren su tiempo; pero he ahí que ese tiempo debe ser fértil y no estéril. En consecuencia, logrará merecidos triunfos quien persevera y no desmaya en sus afanes mientras obra con inteligencia, discreción y tolerancia.

Toda interrupción es perniciosa y compromete la eficacia de los medios honestos y útiles que se emplean, y también, los resultados a que se aspirase llegar.

En la misma naturaleza, cuando se interrumpe un proceso se altera la armonía de sus combinaciones, se perturban las funciones de los elementos que intervienen en el mismo y, finalmente, se malogra su manifestación, o sea, la resultancia del proceso. Y si esto ocurre exactamente en los seres más visibles de la creación, no es admisible que tratándose del hombre exista una excepción.

El secreto está, pues, en la continuidad, en la no interrupción de las energías que se disponen para alcanzar un propósito que habrá de vincularse estrechamente a la vida. Nunca se logrará una culminación feliz si en cualquiera de los estados en que se encuentre el proceso iniciado, se rompen bruscamente los hilos de conexión con la conciencia. Puede ilustrarse esta imagen en forma más gráfica si tomamos un ejemplo corriente, como ser el de un estudiante de derecho o de medicina que interrumpe sus estudios. No alcanzará, lógico es admitirlo, a terminar su carrera, desde que habrá malogrado el proceso que debía llevarlo al término de la misma. Un hecho que se repite muchas veces y que evidencia esta tesis, es que todo aquel que cesa en sus empeños, hoy en esto y mañana en aquello, siempre se halla en los comienzos y no varia su posición aunque los años al pasar sacudan un tanto su altivez.

Los seres comprendidos en este cuadro jamás lograrán a conquistar nada, puesto que se lo impedirán la inconstancia y la imprevisión.

Deja de ser lo que eres –reza el axioma que sintetiza el mandato supremo instituido por la Ley de los Cambios- si quieres ser aquello que aspiras ser.

Los más grandes éxitos obtenidos por el hombre en la conquista del bien, han sido logrados merced a su perseverancia y a sus continuados esfuerzos en dirección al ideal perseguido.

La naturaleza humana es frágil. De ahí que el hombre deba luchar tanto contra sus propias debilidades, ya que éstas son, precisamente, las que le hacen ser inconsecuente, movedizo y poco amante de todo lo que le insuma algún esfuerzo continuado. Busca siempre el halago de los pasos inciertos, el azar con todos sus falsos reflejos, y no la realidad que le ofrecen los pasos seguros. Cuántos se han extraviado en-innumerables laberintos lamentando después no haber seguido un camino recto.

Ahora bien; si observáis con alguna detención el cuadro psicológico–mental que presenta el ser común en general, tendréis, por una parte, que esa inestabilidad que se advierte en la mente humana es el producto o la consecuencia de la variabilidad de los pensamientos, y por otra, el hecho de desconocer cuáles son sus posibilidades mentales y cuál la función real y específica que corresponde a la mente en el conjunto de su naturaleza y como parte substancial de su existencia. Por ello aquel que logra fijar la mente, es decir, estabilizarla para que no sufra más las continuas alteraciones a que la ha expuesto la ignorancia y hace resplandecer dentro de la misma sus mejores propósitos, ha enfocado por cierto las miras hacia un destino mejor, lo cual, incuestionablemente, irá operando en su vida los cambios más notables que jamás pudiera imaginar.

En conocimiento de esto, ¿quién no se apresta a dejar ese destino mísero señalado al que tiene de la vida los limitadas y torpes conceptos tan puestos de manifiesto por su escepticismo y despreocupación? El hombre, que no ha sido hecho una bestia no tiene por qué comportarse como un animal. Algo extrahumano existe dentro del ser a quien Dios dotó de facultades que fueron vedadas a todas las demás especies del universo.

No debemos, pues, ser ingratos con el Dador de ese supremo bien, y que al subir el último peldaño de nuestra existencia seamos dignos de exclamar con júbilo: Hemos luchado y hemos vencido.

No es posible concebir que el hombre que ha experimentado siquiera una vez la sublime sensación que concede al espíritu la comprensión de los conocimientos, se sumerja luego en la nociva inercia mental que tanto corrompe el ánimo y endurece los resortes del entendimiento, porque es, precisamente, en la comprensión del conocimiento que se asocia a la vida, donde el alma siente con mayor intensidad la inmanencia de Dios dentro de sí y en todos los puntos en que asome la inteligencia para descubrir un detalle de Su Magna Creación.

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El esfuerzo mental de los científicos

Por Alcira López Ibarburu – de su libro “Imágenes aleccionadoras” (1993)

Estábamos en Brasil durante la histórica visita que el Maestro González Pecotche hizo en 1959 a sus discípulos de ese país.

Uno de los paseos programados con el Maestro fue a la “Quinta de Boa Vista”. Varios ómnibuses con discípulos integraban la caravana. Yo iba en uno de ellos junto a una condiscípula de profesión médica. Siempre he experimentado mareos y náuseas cuando subo alturas, de manera que al advertir que el ómnibus comenzaba a subir la montaña, extraje mi reserva de “Dramamine” – así se llamaba el producto – y tomé una pastilla que ya sabía por experiencias anteriores que detendría cualquier malestar.

La condiscípula a mi lado sorprendida me preguntó:

“¿Por qué toma eso? ¿Ud. no sabe que esos mareos son de origen psicológico y que se pueden dominar realizando un esfuerzo mental?”

Respondí: “Nunca lo oí decir pero acontece que yo no sé cómo se realiza ese esfuerzo mental. Por mi parte he aprendido con Logosofía que toda vez que intente un nuevo experimento en mi campo mental, debo transitar por él firmemente tomada de mano del conocimiento, y yo carezco de ese recurso”,

Le pregunté si ella lo tenía. Me dijo que no, pero que se trataba de un criterio que se manejaba en medicina. Luego de un intercambio quedamos en que la primera que alcanzara el dominio de ese conocimiento se lo comunicaría a la otra.

Al regreso y ya en la Filial de Río de Janeiro, tuve oportunidad de hablar con el Maestro sobre este episodio. Le relaté lo conversado a la vez que procuraba alguna orientación al respecto.

Con su lógica tan particular y convincente me respondió:

“Dígale a la discípula que el esfuerzo mental ya ha sido realizado… que esa pastilla que Ud. toma representa el esfuerzo mental de los científicos para dominar el mareo”. Y agregó sonriendo:

“…por consiguiente al tragarse Ud. el esfuerzo mental de los científicos, queda liberada de esa preocupación.”

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El cuandro mental y psicológico que presenta el mundo

Importancia capital que frente al mismo asume el conocimiento logosófico

Conferencia pronunciada por Carlos B. González Pecotche (Raumsol) en la sede de la Escuela de Logosofía en ocasión de su última visita a la capital uruguaya efectuada en febrero de 1941. (Revista Logosofía Nº 3)

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No puedo menos, discípulos, que manifestar la felicidad que siento al encontrarme nuevamente entre vosotros, rodeado del afecto de todos y del propósito común de continuar esta obra de bien, pese a las múltiples dificultades que habrán de presentarse en la marcha hacia el triunfo final.

Me habéis visto ya en otras oportunidades dirigiros la palabra, ya para preconizar el ideal logosófico, ya para vaticinar acontecimientos que luego aparecieron en el escenario del mundo como inevitables consecuencias de las causas que con antelación os señalara. Nos encontramos ahora atravesando uno de los más singulares trechos de la historia, y como las épocas se van sucediendo unas a otras y a veces ellas marcan en el tiempo rutas, es necesario tenerlas en cuenta para no extraviarse en los momentos de vacilación.

 

Advertencias sobre la confusión reinante.

Toda obra grande requiere grandes esfuerzos, continuados trabajos, afanes comunes que no es posible se manifiesten con la rapidez que sería de anhelar, pues a medida que se vayan cimentando las convicciones individuales se irá uniendo en la comprensión y el anhelo común el sentido de todos hacia un mismo idea.

Hemos pasado –la Providencia lo ha querido– épocas de calma y de agitación, pero siempre en la paz del ambiente; mas vendrán días inciertos para la humanidad, épocas en que será menester estar muy seguros de sí mismo, para sentirse efectivamente como un alma que vive y experimenta la realidad de la vida.

Os ha tocado, como a los demás humanos de esta existencia, atravesar una de las etapas más difíciles de la historia. Es la primera vez, os lo aseguro, que los elementos del mal atacan en forma directa la mente de los hombres. Parecería como si gozaran al observar las torturas mentales que está sufriendo gran parte de la humanidad. Puede decirse que mucho de lo que está ocurriendo proviene del descuido, del abandono casi total de los hombres en el sentido de superar su cuadro mental y psicológico, en el sentido de conocer las virtudes del espíritu y cultivarlas a fin de elevar las condiciones de vida y colaborar en hacer mejor la existencia de los demás.

En tal estado de decadencia espiritual, la mente de la mayoría es presa fácil de los pensamientos del mal, los que invaden y someten a las mentes indefensas, incultivadas, que fueron creando a su alrededor ambientes ficticios y que en muchos casos llegaron hasta la más cruda extravagancia.

Son estos desvíos de la razón los que han producido tanta confusión y desorden en el mundo, arrastrándolo hacia un destino cruel al incitar constantemente en el fuego de las pasiones humanas, el despertar, no de la mente en el espíritu, sino de la mente en la materia. Pero esta situación no podía continuar; tenía que culminar en una detención del desenfreno de las pasiones y optar por una renovación de conceptos básicos sobre la vida, o precipitarse los hombres uno contra otro movidos por ansias inconfesables de venganza y exterminio.

Si contempláis el panorama del mundo, cuyo aspecto primordial es ofrecido por las reacciones mentales de los hombres que se hallan en los diferentes puntos del globo, y observáis sus efectos y sus repercusiones en la psicología de unos y otros, a medida que las grandes conmociones chocan, o, mejor dicho, hacen chocar las mentes de los mismos contra una realidad que, por cierto, estuvieron lejos de presentir, veréis que a la mayoría los toma de sorpresa y por ello les es tan difícil sobreponerse a la sugestión del espanto que en el ánimo común opera con tanta violencia, sea por el carácter inesperado de los hechos que acontecen como por la calidad atroz e inhumana de los mismos.

Lo he dicho en otra oportunidad y lo puedo ratificar ahora, que si los hombres del Viejo Mundo hubieran detenido a tiempo esa desenfrenada marcha hacia el encuentro de una situación como la actual, la más horrible que hayan podido pasar en el curso de la historia, y hubiesen emprendido una verdadera obra de renovación integral, hoy no presentaría el mundo este aspecto tan triste, tan macabro y tan siniestro en todas sus manifestaciones.

 

Acción de los pensamientos en el campo mental.

En nuestros días no todas las mentes podrán soportar el cataclismo moral, social y espiritual que está sobreviniendo en el mundo, porqué no se hallan preparados para ello. Las fuerzas de la inteligencia se han debilitado mucho para poder resistir semejante transición y el hombre no está en condiciones de comprender la magnitud de la misma.

He expresado en múltiples artículos que cuanto está aconteciendo no es más que el juego de diversos pensamientos que tomaron forma monstruosa atrapando a los hombres de uno y otro país, para luego estrujarlos en su vientre; me refiero a los pensamientos monstruos, que absorbiendo primeramente la vitalidad intelectual de los hombres, hacen de sus mentes campo propicio para toda clase de idea extremista que se encuentra fuera de la realidad humana. Nada puede ser tolerado por una razón equilibrada como no sea aquello que presente aspectos de equilibrio. Todo lo que obstruya la marcha regular de la existencia, que presente caracteres anormales o atente contra la propia existencia de los hombres, es rechazado por ella.

Discípulos, con esto os quiero decir que en un futuro no lejano habremos de cruzar momentos difíciles, pero puedo aseguraros también que estaréis en mucho mejores condiciones que los demás seres, porque las dificultades que tendréis serán menores que las del resto de la humanidad, pues vosotros tenéis muchos conocimientos que son eficientes elementos de defensa para neutralizar los efectos de la adversidad que ya amenaza cernirse sobre este desdichado mundo. Por tanto, será necesario fortificar día a día la mente con todos aquellos pensamientos que le ofrezcan mejor perspectiva para poder situarse dentro de este panorama que acabo de presentar sin que la afecten mayormente las alternativas que habrán de presentar las otras mentes.

No olvidéis que en estos momentos, y constantemente, es sorprendida la mente de los hombres por pensamientos de diversa índole que se lanzan desde un punto a otro del mundo haciendo que los seres vivan en constante zozobra. Cuando la resistencia se afloja y se debilitan las fuentes internas, se está entonces a merced de las circunstancias. Es menester, pues, enfrentar con valentía el instante en que vivimos, y saber colocarse en la posición de hombre íntegro, es decir, de ser individual, responsable de sus actos y de sus pensamientos, y desechar siempre los moldes mentales que ofrecen quienes quieren inducir al mundo a ser juguete de los únicos que se creen con derecho a ser libres y a esclavizar al resto de sus semejantes.

Yo preguntaría a los que pudieran tener algún pensamiento afín con aquello que ataca la libertad del hombre y la augusta soberanía del hogar, bajo qué signo y merced a qué prerrogativas pueden emitir su opinión, si no es bajo el signo y las prerrogativas de las naciones libres, de las naciones nobles, que saben escuchar sin irritarse a los mandatarios y al pueblo, mientras corrigen sus errores y encauzan sus destinos. Ya se ha visto, pese a todo, cómo éstos pueden sobrevivir a las catástrofes, porque saben defender por su propia cuenta sus hogares y su patria.

Por esto, la Logosofía, vierte la naturaleza esencial de la vida de los pensamientos en el alma del hombre que es la mente, que es la que respira el oxígeno vital del espíritu, la que amamanta la inteligencia, y por la cual el ser humano concibe, percibe y constata que existe, que vive y que puede accionar.

Logra más el hombre que domina sus pensamientos, que los acondiciona a su voluntad y los maneja con inteligencia, que aquel que es juguete de los mismos y jamás es defendido por ellos. Pero logran infinitamente más, muchas mentes, capaces de acondicionar con disciplina sus pensamientos, convivir con los mejores y establecer un vínculo permanente y eterno entre ellos, porque muchas mentes, es indudable, pueden más que una en este sentido.

Recuerdo que una vez alguien preguntó a un sabio si la humanidad se sumergiría en la ignorancia suponiendo que algún día se destruyeran todos los libros que existen en el mundo. Y el sabio contestó: Dos cosas son necesarias para reconstruir inmediatamente todos los libros que existen y que se hubieran destruido: la Naturaleza, que es el libro más grande que hay en el Universo, y una mente que perciba y pueda trasmitir a los demás las imágenes que de ella tome. Las páginas de ese gigantesco libro son los días y las noches que cada hombre da vuelta sin cesar mientras dura su existencia.

De modo que mientras haya una sola mente en el Mundo, ésta podrá reconstruir una, mil y un millón de veces cuanto el hombre pudo extraer de ese libro, pero lo que no puede reconstruirse más, lo que no puede repararse, es la transición de los que pasan bruscamente de la vida a la muerte física sin haber tenido la más mínima oportunidad de realizar el proceso de su existencia, que es ese gran objetivo que Dios dispuso como ley para los hombres. Por consiguiente, podrán reproducirse todos los caracteres que existen en el Universo, más lo que no ha de reproducirse sin sufrir la cruda alteración de la ley, cosa harto imposible de acontecer, es la vida humana cuando se troncha bruscamente. Pero dejemos que las leyes accionen sobre los culpables al determinarse las causas y las responsabilidades, y aprestémonos en tanto a edificar invulnerables muros mentales para que no puedan penetrar en nuestro interno ser las miserias del mundo, las lacras que vendrán rodando por los aires y por los mares, los parásitos mentales propios de ese estado de descomposición en que se encuentra el Viejo Mundo y que buscan nuevos puertos para continuar su obra de destrucción.

Vuelvo a repetir: si queréis conservar vuestra paz interna y no veros sorprendidos en un futuro por pensamientos de índole extraña a vuestra naturaleza, a vuestro sentir y a vuestro pensar, cubríos de todas maneras y estad siempre alerta.

En esta labor de evolución incansable en que estamos empeñados, ardua por cierto, debéis convenir conmigo en que es necesario duplicar los esfuerzos para que podáis colocaros rápidamente en un plano superior a aquél en que hoy estáis; cuanto más logréis elevaros por encima de las miserias que está padeciendo el mundo –me refiero siempre en el orden mental en primer lugar-, más os distanciaréis de todo peligro y más lejos os sentiréis de ser presa del mal.

Mi mayor anhelo es poder un día encontraros a todos entre las nubes de la tormenta, cuando ella hubiese ya pasado, sanos y salvos, intactos, para dirigiros nuevamente la palabra. Me sería muy triste notar la ausencia de alguno de vosotros, pues no podría ser completa mi felicidad si aquellos que conmigo marchan desde hace tiempo, dejasen de escucharme y de convivir con los pensamientos que constantemente coloco a su alcance profundos conocimientos para una mayor capacitación mental.

Cuanto os digo quiere significar, discípulos, que no debéis entreteneros en pequeñas cosas que desviarán vuestra vista del punto de mira. Es hora ya de que os preparéis lo mejor posible para estar en condiciones de sobrellevar con entereza todas las adversidades que puedan presentarse, a fin de ser dignos de disfrutar un merecido triunfo al final de esta jornada. Para ello será necesario –repito–, no descuidar un instante los movimientos de la mente. Diría que uno de los mejores elementos de auxilio que tiene el discípulo para no verse asediado nunca por pensamientos extraños –como he dicho– a su naturaleza y a su mente, es trabajar. Cuando descanse, que éste sea un descanso reparador, que jamás se convierta en ocio, porque el ocio es el espacio que el diablo utiliza para introducirse en la mente.

Quiero destacar que si el descanso es reparador de las energías gastadas en la actividad, el trabajo es, a su vez, reparador de los debilitamientos ocasionados por la inercia mental. Conviene, pues, desde todo punto de vista, que la mente siempre esté ocupada en algo útil.

Ha de tenerse por conducta el desarrollo de una constante labor de adiestramiento mental en el sentido de predisponer el ánimo a sostener una resolución con firmeza y contrarrestar así todos los amagos de indecisión y pereza.

La paciencia debe ser una de las virtudes que más ha de cultivarse, por ser ella quien crea la inteligencia del tiempo.

Comprender el lenguaje del tiempo y obrar inspirado en sus consejos, debe constituir una de las máximas aspiraciones del ser humano, pues el arcano que con ello se revela a la conciencia trasciende todos los límites de lo imaginado.

Para el hombre consciente, para el que sabe esperar con sensatez las cosas que son objeto de su preocupación, por más variadas y hasta si se quiere adversas en apariencia a su agrado, deben seguir existiendo para su razón todo el tiempo que sea necesario en tanto ellas se vinculen a su vida y armonicen con sus aspiraciones, si éstas son justas y realizables. En otras palabras, las grandes obras, como las pequeñas, requieren su tiempo; pero he ahí que ese tiempo debe ser fértil y no estéril. En consecuencia, logrará merecidos triunfos quien persevera y no desmaya en sus afanes mientras obra con inteligencia, discreción y tolerancia.

Toda interrupción es perniciosa y compromete la eficacia de los medios honestos y útiles que se emplean, y también, los resultados a que se aspirase llegar.

En la misma naturaleza, cuando se interrumpe un proceso se altera la armonía de sus combinaciones, se perturban las funciones de los elementos que intervienen en el mismo y, finalmente, se malogra su manifestación, o sea, la resultancia del proceso. Y si esto ocurre exactamente en los seres más visibles de la creación, no es admisible que tratándose del hombre exista una excepción.

El secreto está, pues, en la continuidad, en la no interrupción de las energías que se disponen para alcanzar un propósito que habrá de vincularse estrechamente a la vida. Nunca se logrará una culminación feliz si en cualquiera de los estados en que se encuentre el proceso iniciado, se rompen bruscamente los hilos de conexión con la conciencia. Puede ilustrarse esta imagen en forma más gráfica si tomamos un ejemplo corriente, como ser el de un estudiante de derecho o de medicina que interrumpe sus estudios. No alcanzará, lógico es admitirlo, a terminar su carrera, desde que habrá malogrado el proceso que debía llevarlo al término de la misma. Un hecho que se repite muchas veces y que evidencia esta tesis, es que todo aquel que cesa en sus empeños, hoy en esto y mañana en aquello, siempre se halla en los comienzos y no varia su posición aunque los años al pasar sacudan un tanto su altivez.

Los seres comprendidos en este cuadro jamás lograrán a conquistar nada, puesto que se lo impedirán la inconstancia y la imprevisión.

Deja de ser lo que eres –reza el axioma que sintetiza el mandato supremo instituido por la Ley de los Cambios- si quieres ser aquello que aspiras ser.

Los más grandes éxitos obtenidos por el hombre en la conquista del bien, han sido logrados merced a su perseverancia y a sus continuados esfuerzos en dirección al ideal perseguido.

La naturaleza humana es frágil. De ahí que el hombre deba luchar tanto contra sus propias debilidades, ya que éstas son, precisamente, las que le hacen ser inconsecuente, movedizo y poco amante de todo lo que le insuma algún esfuerzo continuado. Busca siempre el halago de los pasos inciertos, el azar con todos sus falsos reflejos, y no la realidad que le ofrecen los pasos seguros. Cuántos se han extraviado en-innumerables laberintos lamentando después no haber seguido un camino recto.

Ahora bien; si observáis con alguna detención el cuadro psicológico–mental que presenta el ser común en general, tendréis, por una parte, que esa inestabilidad que se advierte en la mente humana es el producto o la consecuencia de la variabilidad de los pensamientos, y por otra, el hecho de desconocer cuáles son sus posibilidades mentales y cuál la función real y específica que corresponde a la mente en el conjunto de su naturaleza y como parte substancial de su existencia. Por ello aquel que logra fijar la mente, es decir, estabilizarla para que no sufra más las continuas alteraciones a que la ha expuesto la ignorancia y hace resplandecer dentro de la misma sus mejores propósitos, ha enfocado por cierto las miras hacia un destino mejor, lo cual, incuestionablemente, irá operando en su vida los cambios más notables que jamás pudiera imaginar.

En conocimiento de esto, ¿quién no se apresta a dejar ese destino mísero señalado al que tiene de la vida los limitadas y torpes conceptos tan puestos de manifiesto por su escepticismo y despreocupación? El hombre, que no ha sido hecho una bestia no tiene por qué comportarse como un animal. Algo extrahumano existe dentro del ser a quien Dios dotó de facultades que fueron vedadas a todas las demás especies del universo.

No debemos, pues, ser ingratos con el Dador de ese supremo bien, y que al subir el último peldaño de nuestra existencia seamos dignos de exclamar con júbilo: Hemos luchado y hemos vencido.

No es posible concebir que el hombre que ha experimentado siquiera una vez la sublime sensación que concede al espíritu la comprensión de los conocimientos, se sumerja luego en la nociva inercia mental que tanto corrompe el ánimo y endurece los resortes del entendimiento, porque es, precisamente, en la comprensión del conocimiento que se asocia a la vida, donde el alma siente con mayor intensidad la inmanencia de Dios dentro de sí y en todos los puntos en que asome la inteligencia para descubrir un detalle de Su Magna Creación.

 

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